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Tienen una página web, www.geocities.com/izquierda_nacional, un correo electrónico: izquierda_nacional@hotmail.com, un boletín de publicación semanal: “En Lucha” y realizan charlas debates todos los viernes a las 20 horas en Bartolomé Mitre 1618.
Tienen, algunos, muchos años de militancia, son docentes, trabajadores no calificados, estudiantes, desocupados, profesionales que no alcanzaron ese renombre o prestigio que brinda un sistema corrupto por naturaleza, escritores, investigadores.
Para concordar o disentir o simplemente para reflexionar La Gaceta te presenta, querido lector, este reportaje realizado en conjunto con los integrantes del por ahora llamado Foro de la Izquierda Nacional, por dos razones fundamentales: porque al realizar este trabajo encontré un elemento que me vincula, más allá de lo político, y más acá de lo sensorial, con este grupo, encontré, digo, un verdadero y constante hecho de transgresión y porque si bien el modelo agoniza, sus estertores son y serán —sin duda— de una ferocidad tal que requerirá de mucho más que de un voto.
¿Qué es el Foro de la Izquierda Nacional? ¿Están abocados a la tarea de construir un partido político?
Se trata de un proyecto que nació hace alrededor de un año a partir de la creación de una página web que permitiera difundir toda clase de informaciones acerca de la historia de nuestra corriente. Muy pronto el proyecto comenzó a dar resultados: se acercaron compañeros nuevos y también muchos otros que habían tenido una experiencia militante. Esto nos llevó a abrir un Foro de Debates, en el que comenzamos a intercambiar puntos de vista. La vocación militante de los compañeros confluyó con la situación excepcional que se abrió a partir del estallido del régimen político en diciembre pasado, y entonces pasamos del plano “virtual” al real: comenzamos a reunirnos periódicamente en Buenos Aires y también en algunos lugares del interior. Desde hace unas semanas, publicamos un boletín gráfico y electrónico llamado “En Lucha” e iniciamos un ciclo de mesas de debate sobre problemas políticos actuales. Hablar de un partido resulta por ahora prematuro, pero todo indica que avanzamos en esa dirección.
¿Dentro de todos los agrupamientos de izquierda que existen en nuestro país, cuáles son las diferencias —en términos generales— entre la llamada izquierda tradicional y la izquierda nacional?
Considere usted el escenario político en el que nació nuestra corriente. Si quisiéramos darle “fecha cierta”, diríamos que fue el 17 de octubre de 1945. Frente Obrero del 18 de octubre se pronuncia sobre los acontecimientos del día anterior en un documento firmado por Aurelio Narvaja(*). Ese pronunciamiento, en el que se afirma la progresividad histórica del peronismo en su planteo nacional antiimperialista explica la causa objetiva del apoyo obrero que concitó su política de derechos laborales y plena ocupación y se anticipó a la necesidad de que la clase obrera alcance independencia política construyendo su partido para acaudillar al movimiento popular, pues ni la burguesía nacional, ni la facción patriótica de las fuerzas armadas lograrían desempeñar ese papel por sí solas, frente a la previsible presión imperialista apoyada en la oligarquía, que arrastraría a la pequeña burguesía democratista.
Es decir, no fuimos peronistas ni antiperonistas en el cruce de caminos del 17 de octubre de 1945. Casi todo el resto de esa izquierda que usted menciona se enroló de una u otra manera en el antiperonismo, el frente oligárquico – imperialista, la Unión Democrática.
Aquí tiene una fuerte diferencia de inicio frente a una izquierda imbuida de “clasismo” y “antimilitarismo” abstractos, tanto sea enceguecida por su visión eurocéntrica o por su carácter de embajadora del stalinismo o por su extremo sectarismo pequeño burgués.
Diferencia tan importante que a su existencia se debe el surgimiento del Socialismo Revolucionario de Izquierda Nacional.
Es distintivo de la izquierda nacional no poseer la posición antimilitarista y anticlerical en un sentido abstracto y absoluto como si históricamente todas las fuerzas del clero y todas las fuerzas castrenses jugaron un papel antinacional. La izquierda nacional se ocupó de indagar en la historia argentina y ver cómo distinto sectores, en distintos momentos, de fuerzas armadas y religiosas jugaron un papel patriótico. Hay otras agrupaciones que se reivindican de izquierda nacional. Por ejemplo: Malón, Patria Libre, el PIN, el grupo de Galasso, etc. ¿Qué acuerdos y diferencias mantienen con ellas?
El término “izquierda nacional” puede ser empleado en sentido amplio o en sentido estricto. En el primer sentido, un tanto vago, integrarían la izquierda nacional las diferentes expresiones del peronismo de izquierda, por ejemplo. Aquellas organizaciones que se inspiran en los aportes de John W. Cooke o Hernández Arregui serían —desde esta perspectiva— de izquierda nacional. Pero a nuestro modo de ver esto llama a confusión. La izquierda nacional, en sentido estricto, no es equivalente al nacionalismo de izquierda. Mientras que Cooke y Hernández Arregui siempre se definieron peronistas y militaron dentro del peronismo, la izquierda nacional mantuvo una independencia política, ideológica y organizativa dentro, por supuesto, del campo nacional integrado mayoritariamente por el peronismo. La izquierda nacional en sentido estricto nace hacia 1945, como ya dijo el compañero, a partir de los trabajos y la práctica militante de hombres como Aurelio Narvaja y Abelardo Ramos. En los años 50 participa en el Partido Socialista de la Revolución Nacional. En los 60 forma el PSIN, y en los 70 impulsa el FIP. Es de esta tradición de la que procedemos. No somos ni hemos sido peronistas. Somos socialistas revolucionarios y patriotas latinoamericanos.
¿Qué hay entonces con el Partido de la Izquierda Nacional (PIN), que procede de esa misma tradición?
Sí, el PIN procede de nuestra misma tradición, pero la verdad es que no estoy muy al tanto de sus posiciones políticas. Sé que en los últimos tiempos apoyaron a Duhalde y que ahora están con Rodríguez Saá. Nosotros elegimos otro camino. No nos definimos a través del apoyo a una u otra figura del espectro político tradicional sino que intentamos recomponer una estructura de cuadros que se perdió. A eso apuntan todos nuestros pronunciamientos, nuestra acción y nuestra labor de difusión propagandística. El PIN concibe la política de otra forma. Es un grupo pequeño, inclinado a establecer contactos superestructurales con ciertos dirigentes políticos tradicionales. Fíjese que hasta carecen de prensa propia y se presentan no como PIN sino como Ateneo Jauretche o algo así. Sin ánimo de ser ofensivo, diría que el PIN es lo último que queda en pié de aquella Izquierda Nacional vigorosa de los años 60 y 70, mientras que nosotros emergemos como expresión de la nueva Izquierda Nacional del siglo XXI. De todos modos, hay en el PIN compañeros valiosos y más tarde o más temprano se acercarán a nosotros.
¿Y Galasso?
Es un compañero que ha realizado una valiosísima tarea de divulgación. Yo mismo he aprendido mucho leyendo sus monumentales biografías de Jauretche, Scalabrini, Manuel Ugarte, etc. Pero, que yo sepa, Galasso no se plantea construir una fuerza independiente de Izquierda Nacional.
En el boletín “En Lucha” ustedes sostienen que las fuerzas armadas son uno de los actores principales del escenario político. ¿Cómo debe entenderse esta apreciación?
El discurso democratista y antimilitarista con que los medios de comunicación y los aparatos ideológicos machacan desde hace dos décadas, ha presentado a los militares como el gran problema de la Argentina. Serían “el mal” por antonomasia, para decirlo a la manera de Bush. Pero para un marxista esto resulta inaceptable, o debería serlo, en realidad muchos “marxistas” han hecho suya la ideología antimilitarista. Las fuerzas armadas no están fuera del tiempo y del espacio, y las alternativas de la lucha de clases se expresan en su seno. El imperialismo trata de controlar a las fuerzas armadas a fin de que operen como la “ultima ratio” del orden semicolonial. Pero la lucha de las masas oprimidas por la emancipación nacional y social se expresa al interior de los cuarteles, y entonces surgen corrientes militares patrióticas, populares, nacionalistas. La historia de América Latina y de la Argentina abunda en ejemplos. El gobierno de Chávez, en Venezuela, expresa justamente la alianza entre los militares nacionalistas y las masas oprimidas. En 1989 el pobrerío venezolano se alzó sin contar con el apoyo de los militares nacionalistas, y fue aplastado. En 1992 se levantaron los militares nacionalistas. Tampoco alcanzó y fueron derrotados. Pero finalmente maduró la convergencia de ambos sectores, y se puso en marcha la revolución bolivariana que, por supuesto, aún tiene mucho trecho por recorrer y un final incierto, como todo en la vida. Sin la participación de la fracción patriótica de las fuerzas armadas no hay Frente Nacional Antiimperialista. Y sin éste último, la lucha por el socialismo es palabra vacía. La izquierda tradicional, infectada de demoliberalismo reformista o maximalista, tiene una política contra las fuerzas armadas. La izquierda nacional debe tener una política hacia las fuerzas armadas.
¿Tener una política hacia las fuerzas armadas significa pedir por la libertad de Seineldín, como piden ustedes?
Seineldín es un preso político de un régimen ilegítimo, que es repudiado masivamente día a día. Pedir por su libertad es una consigna democrática elemental. El menemismo no hubiera podido llevar a cabo su tarea destructiva si no hubiese disciplinado al ejército purgándolo de sus elementos nacionales, llamados despectivamente por los plumíferos, “carapintadas”. Esta es una historia que habrá que escribir para ilustrar a las nuevas generaciones. Por supuesto, nuestra identidad política e ideológica no es la misma que la de Seineldín. Pero tanto él como nosotros nos situamos en el campo de fuerzas nacional-populares. En esta coyuntura, fortalecer este campo, con la convergencia de sus diferentes expresiones, es la tarea decisiva.
¿Podrían hacer un “diagnóstico de la situación actual?
En primer lugar aparece en crisis el bloque de hegemonía en el bloque de clases dominantes, integrado en nuestro país por el capital extranjero, por el imperialismo. En segundo lugar, lo que se denomina “neoliberalismo”, paquete ideológico impuesto como discurso único durante décadas, con especial consolidación en la década Menem, está en franco repliegue. En la Argentina este hecho se expresa explícitamente a partir de la rebeldía popular de Diciembre, que se llevó a Caballo y De la Rúa y convirtió a los políticos tradicionales, de antiguo enquistamiento en las instituciones del Estado, y al sistema judicial descalificado, en blanco de ira generalizada.
El capitalismo semicolonial, con patrones de acumulación de base financiera, destructor de la industria y apropiador a precio vil de las empresas públicas, que fueron un entramado defensor de nuestra economía, no sólo está en crisis, sino que está siendo repudiado abiertamente. En sólo 25 años consiguió desmantelar la industria, desguazar al Estado, llevaron a índices inéditos de desempleo y marginalidad, desproteger legalmente a los trabajadores, hundir bajo la línea de pobreza a unos 20 milllones de personas, de 6 a 8 millones en estado de indigencia. Gran parte perteneció a la clase media, los “nuevos pobres” según la calificación al uso. Los sistemas públicos de salud y educación hacen agua por los cuatro costados. El sistema de seguridad social, jubilaciones y obras sociales, está en quiebra. Una masa de aportes jubilatorios ha sido cedida al negocio criminal de las AFJP.
Una deuda externa producto de una gigantesca estafa, condiciona a los distintos gobiernos del régimen y expresó todo el dramatismo social de la situación cuando los prestamistas externos, que se apropiaron y transfirieron hacia países imperialistas el resultado del hambre popular con la complicidad de los “organismos internacionales”, tipo FMI, nos cortaron el crédito en el 2001 y precipitaron la devaluación del 2002, tras la cual el único precio que permaneció congelado fue le del salario.
Esto condujo a un estado de permanente inestabilidad, encerró en la más completa ineficacia al gobierno entreguista de Duhalde y desnudó el cinismo de entente que lo sostiene en el Parlamento, justicialistas, radicales, frepasistas, provinciales conservadores, caballistas, un equipo variopinto que mueve la cola cada vez que O’Neill o el FMI estornudan.
Por otro lado, las Asambleas barriales y piqueteros, y separadamente la protesta de los ahorristas, no logran sobrepasar la instancia de una resistencia de resultados inciertos, incapaz de proyectarse articulada y orgánica.
¿A qué se debe esta particular circunstancia?
La ausencia de la clase obrera como prootagonista y organizadora de la rebeldía popular ha sido hasta ahora determinante de esta suerte de empantanamiento.
La dirigencia sindical se mueve con graves síntomas de desmoralización, cuando no actúa directamente cómplice lo que es especialmente claro en el caso CGT-Daer.
Mientras sus mejores cuadros no se reorganicen y se rearme política e ideológicamente, la clase obrera permanecerá probablemente enfeudada al nivel sindical economicista, hoy sin margen de maniobra, sin salida si atendemos a debilidad relativa que la desocupación le ha impuesto frente a la patronal.
Con la mirada puesta en el futuro ¿cómo cerrarían este diagnóstico?
Yo creo que lo que primero que habría qque señalar es que los máximos representantes de la política no van a encontrar una solución ni para el país ni para el pueblo. Nosotros entendemos que ha estallado el sistema político que ha fracasado y ha llevado a la ruina y al empobrecimiento de todos una política desarrollada durante décadas, que tienen expresión tres planes económicos, el plan de Martínez de Hoz, el plan de Sourrille y el plan de Cavallo.
En el corto plazo se puede esperar una elección dividida, que obligará al ballotage, entre quizá, Menem o de la Sota, Rodríguez Saa, Elisa Carrió... El gobierno próximo estará sujeto a las limitaciones de su debilidad e irrepresentatividad real, acentuadas por el hecho de que en la oferta electoral que está planteada no se ven programas, ni en sentido estrecho ni en sentido amplio, que pudieran dar respuestas, aún parciales, al drama social y al saqueo económico.
¿Se plantean como una vía alternativa en el campo político?
Este grupo de Izquierda Nacional intentaa consolidarse, abrir nuevas vías de propaganda militante, desarrollarse. Sería temerario decir que puede ser, en sí mismo, una vía alternativa. También sería sectario, creo.
Lo que sí nos proponemos es ayudar a construir eso Ud. llama vía alternativa, que debería ser una construcción política revolucionaria de nuevo tipo, que permita encarar el problema del poder y coloque al país, en el marco de la problemática latinoamericana, en un período de transformaciones de fondo, desde el capitalismo colonizado hacia una sociedad sin explotadores ni explotados, real y definitivamente sin explotadores ni explotados.
En esa construcción revolucionaria, allí estará nuestra corriente.
Sería algo así como la construcción de un frente nacional y popular, ¿hoy es posible?
Bueno, esta construcción política revolucionaria de que hablábamos; implica la formación de un frente de tipo nacional y popular, que nosotros entendemos como la herramienta fundamental para comenzar a demoler el régimen semicolonial.
Por eso decíamos que la clase obrera, en la medida de su recuperación ideológica y política, operaría como gran articulador de la protesta social, estaría en condiciones de formular un programa de liberación nacional y de transformaciones sociales de fondo, encarnando las aspiraciones de las mayorías populares. Un frente patriótico, nacional-popular incorpora a su seno a las corrientes del nacionalismo militar que desarrollen las fuerzas armadas. Para ver esto último tome usted el ejemplo del movimiento de amplia base popular que el Teniente Coronel Chávez encabeza en Venezuela.
Nota:
* María Peña, editora del periódico La Gaceta
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