ENTREVISTAS | Artículo de agosto de 2002
“Apoyar al movimiento nacional con una perspectiva revolucionaria”
ENTREVISTA CON ALBERTO CONVERTI
 

Queremos compartir el testimonio del compañero Alberto Converti, uno de los fundadores de la Izquierda Nacional. Memora la experiencia política que significó para su generación el Partido Socialista de la Revolución Nacional. Nos cuenta el suceso dela publicación Lucha Obrera en plena dictadura aramburista.

“Cuando el golpe de 1955 fuimos partidarios de dar batalla. Para imponerse contra la reacción creíamos indispensable la formación de milicias obreras. Denunciamos públicamente a los militares y eclesiásticos que estaban conspirando y criticamos a la burocracia del partido oficial que paralizaba al movimiento en esa hora decisiva. Ni bien Perón fue derrocado, salimos a la calle con Lucha Obrera, periódico que llegó a tener un tiro de 110,000 ejemplares.”

¿Cómo empezó su vida política?

Vivía en la ciudad de Córdoba donde se había trasladado mi familia por dificultades de salud que padecía mi hermana. En 1949 concurrí con un grupo de estudiantes universitarios a presenciar una conferencia de Jorge Alberto Ramos, que recientemente había cobrado notoriedad con su libro América Latina, un país. Tras la exposición, con los compañeros Hécker y Kaúsman iniciamos una conversación con Jorge Abelardo Ramos después de su exposición, de la cual nació una relación política duradera.

¿Cómo siguió la vinculación?

A finales de ese año me trasladé a Buenos Aires donde pude tomar contacto con Ramos y con Spilimbergo para coordinar acciones militantes en aquella provincia.

¿Cómo se organizaron en la docta?

Con los compañeros antes mencionados comenzamos las tareas en la capital cordobesa. Activábamos en la política universitaria entre la CGU oficialista y los reformistas antiperonistas. Lo hacíamos con una posición independiente y crítica de ambos sectores. Divulgábamos los materiales que nos mandaban de Buenos Aires. Unos eran de origen francés de los cuartistas que distribuían los compañeros de Aurelio Narvaja. Los de origen local estaban producidos por Etkin, Ramos, Sylvester, Spilimbergo, Rivera, Perelman, etc. Todos utilizaban seudónimos. Hacia 1953 me radiqué en Buenos Aires.

¿Qué militancia desarrolló en esta ciudad?

Con la proximidad incrementé vinculación con el grupo que lideraba Ramos. Nos reuníamos en mi casa ubicada en la Capital Federal o en el departamento de Ramos en Vicente López. Concurrían con asiduidad Perelman, Carpio, Spilimbergo, Artesi, los hermanos Quiernan y otros. Intercambiábamos información política, a veces discutíamos y, en general, la voz cantante la llevaban Ramos y Spilimbergo.

¿Había contactos con Liborio Justo?

No. Leíamos Quebracho pero no manteníamos contactos personales con él pues nos separaba su rechazo frontal al peronismo. Los mayores contactos eran con el grupo que respondía a Narvaja.

¿Cómo explica el nacimiento del partido Socialista de la Revolución Nacional?

Me he ido enterando que se han proporcionando las más variadas razones. Yo pienso que fue decisivo el malestar en los sectores obreros. La crisis económica de 1952 produjo una baja en el poder adquisitivo de los salarios de los trabajadores. Comenzaron las protestas y las huelgas. En el acto del 17 de octubre el secretario general de la CGT fue silbado y tuvo que renunciar a los tres días. Perón deseaba que ese disconformismo sea capitalizado por la izquierda tradicional. Por eso se decidió a favorecer la conformación del ala izquierdista del movimiento. Para ese entonces ya se había producido la entrevista de Enrique Dickman con el presidente de la nación. Se llegó a un entendimiento mínimo en virtud del cual podría volverse a publicar La Vanguardia y recobrarían la libertad los presos políticos socialistas. En tales circunstancias se pasó a la constitución del Partido Socialista de la Revolución Nacional en 1953.

Tengo entendido que en el nuevo partido no existía un posicionamiento político uniforme. ¿Cómo recuerda usted esa situación?

La heterogeneidad emergía de las fuentes originarias del agrupamiento. Por un lado estaban los que procedían del viejo socialismo (los Dickman, los Cavallieri, los Unamuno, todos casos de padre e hijos, etc.). Por otro lado participaban los que habían publicado Frente Obrero (Enrique Rivera Sylvester, Aurelio Narvaja, etc.). El tercer grupo era el nuestro, liderado por Ramos (Spilimbergo, Perelman, Carpio, etc.). Finalmente estaban los que procedían de la izquierda tradicional (Esteban Rey, Nahuel Moreno, etc.). El partido en la Provincia de Buenos Aires se mantenía bajo el control de Moreno y se daban a conocer mediante la publicación de La Verdad. En la Capital Federal existía un entendimiento entre el sector que respondía a Rey y el sector que dirigía Ramos (que publicaba la revista Izquierda).

¿Qué hicieron ante la inminencia del golpe de 1955?

Nosotros éramos partidarios de dar batalla. Para imponerse contra la reacción creíamos indispensable la formación de milicias obreras. Denunciamos públicamente a los militares y eclesiásticos que estaban conspirando y criticamos a la burocracia del partido oficial que paralizaba al movimiento en esa hora decisiva. Ni bien Perón fue derrocado, salimos a la calle con Lucha Obrera que sacaba el grupo de Ramos y el grupo de Rey.

¿Cómo fue la vida de Lucha Obrera?

Desplegó una existencia vertiginosa. Tenía 8 páginas de tamaño sábana y de entrada logró una gran repercusión. Sacamos 30 ediciones entre noviembre de 1955 y enero de 1956. Las mayores tiradas rondaron los 110.000 ejemplares. Lo hacíamos en la imprenta Arauco, del chileno socialista Benamente y del argentino peronista Abeucci. Se distribuía por la playa en Buenos Aires y en otra grandes ciudades. En las páginas amplias había lugar para que escribiéramos todos los compañeros del grupo de Ramos. Conformamos una de las voces más potentes contra la dictadura de la “libertadora”. Nuestro partido y el peronista fueron disueltos. La imprenta resultó clausurada y el periódico secuestrado y prohibido. La experiencia de Lucha Obrera fue muy rica. Nos brindó una resonancia que no teníamos. En la publicación se reflejaba el acuerdo elemental logrado con el grupo de Rey. También las distancias que ambos sectores manteníamos con el grupo de Moreno. Pero Rey era partidario de ingresar al peronismo y nosotros sosteníamos la necesidad de un partido socialista que apoyase al movimiento nacional con una perspectiva revolucionaria. El curso de los años demostró ese desacuerdo: Rey actuó en el peronismo y nosotros fundamos el Partido Socialista de la Izquierda Nacional.

¿Qué balance puede hacer de estos año?

Para los jóvenes que participamos de la jornada histórica del 17 octubre de 1945, la experiencia del PSRN fue altamente positiva. En el orden personal, por el aquilatamiento de una experiencia importante. Yo era un socialista independiente que se iniciaba en una corriente en formación, nacional y revolucionaria. En cuanto al partido mismo creo que tuvo más gravitación después de la caída de Perón que antes de ella. Considero ejemplos válidos para esta comparación los escasos votos logrados en la elección de diputados de 1945 y la notable repercusión de Lucha Obrera desde finales de 1955.

 
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