Publicado en el momento mismo en que la izquierda peronista, Juventud Peronista y Montoneros rompían con Perón y lo acusaban de “traidor”, este trabajo de Blas Alberti, fallecido en 1997, expone tanto las causas sociales de esa ruptura como los errores teóricos de quienes invocaban el “socialismo nacional”. Aparecen expuestos, al mismo tiempo, los fundamentos de la Izquierda Nacional y sus diferencias con la izquierda peronista. Alberti fue uno de los más destacados representantes de la Izquierda Nacional. Fue uno de los fundadores del Partido Socialista de la Izquierda Nacional, del Frente de Izquierda Popular y del Movimiento Patriótico de Liberación. A partir de 1990 condenó al menemismo y participó en encuentros por la Reunificación de la Izquierda Nacional.
(Nota de IN).
(Publicado en “Izquierda Nacional” N° 28, febrero de 1974)
Juan Pablo Franco* nos aclara de entrada que con sólo “Encarar la polémica“ se realiza “una concesión“, ya que la misma “en el seno de la clase trabajadora, no tiene ningún sentido: la certidumbre peronista es total y sólo se discute cuál es la forma de orientar con mayor eficacia el proceso revolucionario...”.
La soberbia de esta afirmación no surge de la convicción fundada de quien la dice. Eso es lo de menos. Franco no aporta nada. Se subordina a "la certidumbre" de las masas cuyo peronismo es “total“. Sin embargo, esta novedosa epistemología no es tal a poco que rastreemos en los románticos alemanes del siglo XIX, para quienes "el espíritu del pueblo" y no la "verdad de razón" constituía el vínculo básico de todo conocimiento de la realidad. Por este camino la irracionalidad se abre paso y sus diversas síntesis, "predestinación", "pueblo elegido", "destino manifiesto", etc., no hacen más que reflejar el escepticismo histórico de la burguesía por percibir el mundo que ella misma ha creado, fuera de su alcance por las contradicciones que la sobrepasan.
Por supuesto que el optimismo naturalista a secas del materialismo histórico tampoco permite fundar un conocimiento del hecho social, cuya irreductibilidad con lo "natural" es su esencia histórica, pero resulta que Franco para negarle validez, "reinventa" el método de los románticos alemanes ("el conocimiento sólo puede surgir del pueblo, del cual captamos la esencia, el volkgeist, el espíritu") cuyo remate ideológico es el nazismo. Y de esto no sólo resulta un flaco favor al peronismo, sino la subordinación de los ideales socialistas de Franco ante la burguesía nacional, con quien no discute críticamente, limitándose a aceptar el hecho (la "certidumbre peronista" de las masas) tal cual es empíricamente. De paso le permite al Partido Comunista argentino "confirmar" su tesis de identificación del peronismo con el fascismo.
Sin embargo, la "certidumbre peronista" de las masas es utilizada sólo a modo de pantalla en el análisis de Franco, ya que frecuentemente introduce de contrabando sus propias vivencias y deseos, realizando afirmaciones tan incorrectas como erróneas e insensatas. Franco adjudica a las masas la tendencia al "cambio total del sistema", afirmación que por lo general puede ser aceptada por los más variados intereses, a menos que señalemos con precisión qué sistema hay que cambiar y qué cambio es el que hay que realizar, cosa que tanto en Álvarez como en Franco sólo es definido como "socialismo nacional" sin ningún agregado.
Pero lo interesante es que lejos de subordinarse a las masas, Franco pretende iluminarlas al afirmar que esa tendencia de la que hablamos más arriba "es reemplazada por una visión, elevada al plano de opción estratégica, golpista en algunos casos, electoralista en otros...". A renglón seguido viene la categórica afirmación del peronismo actual: "el movimiento peronista sigue siendo el hecho maldito del régimen burgués, y no por casualidad se desarrolla cada vez con mayor intensidad en la perspectiva estratégica de Perón que es la guerra revolucionaria a través de las organizaciones de las bases obreras peronistas y sus formaciones especiales".
En primer lugar debemos decir que esperamos la rectificación total de Franco ante la unánime concurrencia de las masas a las elecciones de 1973, o en su defecto la identificación del o los responsables dentro del peronismo (¡tendrá algo que ver Perón en esto!) de la "desviación" del "verdadero" objetivo de las masas. En segundo término, esperamos que Franco nos demuestre en qué lugar y circunstancia Perón ha afirmado, después del 23 de septiembre de 1973, la "estrategia de la guerra revolucionaria" a través de "las organizaciones de las bases peronistas y sus formaciones especiales". Si señalamos con énfasis estas contradicciones de Franco, no es para afirmar, como lo harían los aliados stalinistas de la Juventud Peronista, que "Perón no es un revolucionario" sino para mostrar cómo el autor pone en un callejón sin salida al peronismo y al propio Perón, al atribuirle caracteres que nunca poseyeron, ubicándose el propio Franco entre la espada y la pared, que si es fiel con sus afirmaciones de 1972 debería concluir lo mismo que sus aliados stalinistas.
En lugar de condenar a la izquierda cipaya (variante histórica del marxismo semicolonial), Franco condena al "marxismo leninismo" –la ideología desde afuera- y se priva y priva a sus numerosos y obligados lectores universitarios que son sus alumnos o alumnos de sus correligionarios, de la utilización del método marxista, única síntesis que permite explicar al peronismo, enfrentar prácticamente a los enemigos comunes, ayudando a las masas (en especial a la clase obrera) a realizar críticamente la experiencia peronista a fin de que pueda crecer en el proletariado la convicción de que sólo el socialismo representa sus intereses históricos y que la progresividad del peronismo no excluye su insuficiencia.
Esto significa una política francamente revolucionaria tendiente al fortalecimiento del partido de la clase obrera, no partiendo de la oposición frontal al peronismo, postura que caracteriza a la izquierda cipaya, sino asumiendo la propia experiencia de las masas como un componente teórico-práctico del socialismo revolucionario. Por ello, el marxismo de la Argentina adquirió el nombre de Izquierda Nacional y combatió desde dicha posición tanto a la izquierda imperialista (gorila) como al oportunismo hacia la burguesía nacional, que es el que practica Franco.
Tanto es así que cuando Franco critica a la izquierda lo hace tomando como "izquierda" a los sectores antinacionales del marxismo argentino y nos omite (Izquierda Nacional y sus manifestaciones concretas, el PSIN y el FIP). Esta conducta, común en todo el peronismo pequeñoburgués, ratifica la poderosa influencia de la Izquierda Nacional sobre el pensamiento revolucionario argentino. Franco elige el camino más fácil: atacar a los stalinistas y diversas sectas del socialismo amarillo, cuyo antiperonismo esencial los convierte en blanco sencillo de quien pretenda explicar al peronismo a treinta años de su conformación.
Pero la omisión de Franco tiene un sentido profundo: niega la decisiva importancia del Partido Revolucionario de la Clase Obrera, admisible, claro está, sólo a la luz de la propuesta de la Izquierda Nacional, y capitula ante el "movimientismo" nacional-burgués. Dice Franco: "Por supuesto que este concepto de movimiento no supone la inexistencia de un firme propósito de lograr la verdadera organización integral de la clase trabajadora... Sabemos que, sin dicha organización superior, sólo podremos jaquear al régimen, nunca voltearlo. Pero concebirnos como movimiento supone desde el vamos una voz de alerta contra todo intento de "sustitución" de la actividad conciente de las masas peronistas".
El señor Franco ha caído en su propia trampa. Precisamente, el concepto de "verticalidad" que rige al movimiento del que él forma parte, supone la sustitución de la actividad conciente de las masas, y esta forma de conducción política ha impedido hasta el presente la democracia sindical, por ejemplo; ha impedido que el señor Franco y sus compañeros sigan hablando de "Patria Socialista" a riesgo de quedar fuera del peronismo. Precisamente la Izquierda Nacional critica dicha forma de conducción por considerar que refleja la influencia de la burguesía nacional, que necesita sustituir la actividad conciente de las masas a fin de evitar el desarrollo de las contradicciones de clase que envuelven al movimiento nacional. Si la Izquierda Nacional hubiera seguido los consejos de los amigos Franco y Álvarez, habría conquistado algunas bancas parlamentarias. Esto le hubiera impedido condenar enérgicamente toda medida contraria a los intereses populares en el contexto de apoyo crítico al peronismo, como por ejemplo la ley de asociaciones profesionales, que consolida a la burocracia sindical y que la juventud peronista apoyó, contrariando lo prometido a la clase obrera durante la campaña electoral.
Condenamos todo sustituismo; tanto aquel que proviene de la concepción burocrática del stalinismo o del intelectualismo pequeñoburgués, como el que se origina en la tentativa de la burguesía nacional de los países semicoloniales y que pretende sustraer a las masas el papel protagónico en la revolución antiimperialista, antioligárquica y hacia el socialismo. Sólo una organización centralista y democrática es capaz de garantizar la unidad indispensable por un lado y la capacidad de autogestión de las bases por el otro.
Las circunstancias históricas provocaron la degeneración del partido leninista en Rusia, después de la muerte del mismo Lenin y de la liquidación de Trotsky y la Oposición de Izquierda, pero ese hecho no hace más que confirmar ampliamente el principio de la democracia proletaria basada en la autogestión de las organizaciones de base para nombrar a sus representantes, y asegurada por el derecho de revocatoria de los mandatos, única garantía contra el sustituismo del que nos habla Franco.
El Estado peronista como un "estado de nuevo tipo"
Analicemos algunos aspectos señalados por Franco. El Estado peronista vendría a ser algo así como la transición al socialismo; porque... "Las tareas nacionales (antiimperialistas) y sociales (anticapitalistas) están necesariamente entrelazadas, de allí que el general Perón comprendiera que la independencia económica y la soberanía política sólo podrán encontrar como sujeto fundamental a la clase trabajadora".
Cuando Perón era muy niño, Trotsky señalaba esto mismo, con la diferencia de que el entrelazamiento de las tareas nacionales con el socialismo surgía de la impotencia del capitalismo semicolonial por desarrollarse autónomamente. Y Trotsky concluía en la necesidad de que el proletariado asumiera el control político del Estado. Este "Estado de nuevo tipo" realizaría las tareas democráticas, asegurando la construcción de la sociedad socialista futura precisamente por el carácter de clase del nuevo estado. Pero Franco, que sigue confundiendo peronismo con socialismo, cree que durante el gobierno peronista anterior existía una "fundamental participación en el ejercicio del gobierno y transformación de la sociedad argentina por parte de los trabajadores", y que en este período se impulsaba "una tendencia hacia la disolución del régimen de propiedad capitalista y el tránsito hacia formas nacionales particulares de construcción del socialismo".
No sólo no hubo participación en el poder por parte de los trabajadores (en el sentido de coparticipación en el ejercicio del poder de decisión, que es el que Franco le da) sino que resulta carente de todo fundamento e indemostrable, que el gobierno peronista de la primera etapa impulsara "una tendencia hacia la disolución del régimen de propiedad". Desde las posiciones del antiperonismo de izquierda Franco ha ascendido un peldaño: comprende la importancia de la revolución nacional en el camino del mundo semicolonial hacia el socialismo; pero se pierde nuevamente cuando intenta definir al Estado Peronista, ya que nos dice casi todo ("el Estado se convierte en un monopolio que controla al conjunto de la actividad nacional...") pero omite los intereses históricos que ese Estado defiende en última instancia, o lo que es lo mismo, a qué clase social representa.
Citando a Astesano dice: "La revolución justicialista tiende a cumplir los objetivos de esta etapa, verdadero período de transición entre el fin de una sociedad capitalista dependiente y la instauración de una sociedad socialista". No cabe duda de que la Revolución Nacional, aún en su forma nacionalista burguesa (tal el peronismo) forma parte de la revolución socialista mundial y no de la revolución democrático-burguesa. Pero la declinación mundial del capitalismo como forma histórica viable, que en su manifestación más desarrollada ha devenido imperialismo, impide a la burguesía semicolonial o a quien la sustituya (el ejército, por ejemplo) consumar la misma revolución nacional. Esto implica en primer lugar un impulso para el desenvolvimiento del Frente Nacional Antiimperialista que aún bajo conducción burguesa permite a la clase obrera, avizorar la importancia estratégica de la lucha antiimperialista a fin de disputar, a través de su propio partido de clase, el liderazgo de la emancipación nacional a su propia burguesía, en tanto la liberación del imperialismo prepara el terreno apto para la ulterior liquidación de todo régimen de propiedad, sea esta preburguesa o burguesa.
La combinación de la Economía de Estado con las formas de economía capitalista privada bajo control del primero, de que nos habla Franco citando a Astesano, no es otra cosa que la forma transitoria típica de la sociedad china, por ejemplo. Sin embargo, ambos, Astesano y Franco, omiten decir algo esencial; que el Estado Chino está dirigido por el proletariado a través del Partido Comunista Chino, y que precisamente, de la resolución del conflicto con la jefatura burguesa representada por el Kuomingtan en favor de la clase obrera pudieron, Mao Tse Tung y el Partido Obrero, usar esta forma de estado para liquidar en definitiva toda forma de propiedad privada.
Además, tanto Astesano como Franco han omitido o ignoran que fue un marxista. Preobrazhenski, quien pudo describir la economía y la sociedad del "Estado de nuevo tipo" del que hablan nuestros amigos en un libro titulado "La Nueva Economía". Allí Preobrazhenski analiza las dificultades del crecimiento de una economía en transición al socialismo por el escaso desarrollo de las fuerzas productivas, lo que obliga al Estado a compartir, sin perder el monopolio de la planificación económica, el mercado interno con la economía privada, en un esfuerzo tendiente a asegurar lo que se llamó a partir de 1926 (fecha de aparición de "La Nueva Economía") la "acumulación socialista originaria".
Este magnífico trabajo que fue sepultado por el stalinismo es ignorado por Astesano y Franco, por razones que sobre todo Astesano sabrá explicar, resultando que lo de "Estado de nuevo tipo" resulta un burdo plagio de lo que el marxismo revolucionario ha producido en el terreno mismo de la revolución hace ya muchos años.
Además, una política se discute sobre todo en sus resultados y Franco no podrá demostrar que en la primera etapa del régimen peronista haya sucedido algo parecido a la supresión de la propiedad privada. ¿Le será más fácil, quizá, demostrarlo en la segunda etapa comenzada entre marzo y septiembre de 1973?
Franco se contradice nuevamente cuando nos habla de "La economía de estado como instrumento de liberación". No siempre la "Economía de Estado" es instrumento de liberación, como nos lo enseña el propio Franco al hablar del intervencionismo oligárquico de la década infame. La progresividad del peronismo respecto a dicho período consistía en que intentó revertir el proceso de acumulación originado en las dificultades del imperialismo (crisis, guerra), en beneficio de la economía nacional. Para ello debió planificar el proceso económico por un lado y dar participación en los beneficios a todos los sectores interesados en el desarrollo de la economía capitalista ligada al mercado interno, por el otro, democratizando de este modo la desvencijada estructura de la sociedad oligárquica. Por ello fue combatido por la oligarquía y la izquierda cipaya.
Pero si esta economía significaba un avance considerable respecto a la anterior, porque liberaba a las fuerzas de la expansión económica y social del país, no era capaz de eliminar las causas últimas de la dependencia. Por eso Perón fue derrotado. Franco se afana en demostrar las virtudes del régimen peronista, que son muchas, eximiéndolas de toda crítica. Toma para ello los ejemplos que más favorecen nuestra crítica: el IAPI.
Este organismo estatal que regulaba el comercio exterior ponía en manos del gobierno la fijación de los precios embolsando una parte del producido por el intercambio que iba a las cajas del banco nacionalizado. Desde allí se reintroducía en el proceso económico a través de los créditos del Banco de Crédito Industrial Argentino que beneficiaba a la pequeña y mediana industria nacional. Tal política, que nosotros consideramos altamente beneficiosa para los intereses nacionales, establecía una competencia entre el sector público y el privado que en el caso que analizamos tuvo singulares características.
Mientras el Estado estuviese controlado por el Ejército nacionalista a través de la persona de Perón, con apoyo de las masas y en especial del proletariado, la competencia tendía a resolverse a favor de los intereses populares. Pero como la economía privada no era el sector burgués del que hablan Astesano y Franco citándolo, sino la oligarquía parásita y el sistema de la rosca financiera intermediaria, la resolución final del litigio a favor de la oligarquía y sus aliados no dependía de la política del IAPI sino de la subsistencia de la propiedad de la tierra, base del monopolio financiero comercial manejado en benéfico del imperialismo.
De la insuficiencia del IAPI nos habla el propio Franco cuando dice que "hubo casos... en que por la demora del IAPI para liquidar los importes de las cosechas compradas, muchos chacareros arrendatarios vendieron anticipadamente al acopiador". La sobrevivencia de los acopiadores, engranaje del sistema comercial y financiero de la oligarquía, no hacía otra cosa que dilatar el momento del enfrentamiento del gobierno popular con la alternativa estratégicamente impostergable: la expropiación de la oligarquía terrateniente como paso previo y fundamental de la liberación nacional. La debilidad ideológica del peronismo, originada en el carácter nacionalista burgués de su conducción, determinó que dicha medida no fuera ejecutada. Sin embargo Franco insiste en otorgar al gobierno peronista caracteres del que éste careció y carece, con lo cual, en lugar de esclarecer la discusión la oscurece completamente y lo que es mucho peor la tergiversa, poniendo a Perón en el banquillo en donde tendrían que estar la oligarquía y el imperialismo.
Vamos a explicar. Si se analiza al peronismo tal como lo ha hecho la Izquierda Nacional se evita el doble peligro de considerarlo tanto fascismo como socialismo. Al considerarlo como socialismo, tal el caso de Álvarez y Franco, se lo somete a una imposible prueba: demostrar el carácter socialista del peronismo tanto en el plano de la ideología como en el de las realizaciones prácticas. Como esto es insostenible después de treinta años de experiencia, resulta que la izquierda cipaya tiene razón: "Perón es un fascista" y en lugar de mandar al cadalso de la historia a los verdaderos enemigos del pueblo argentino, el imperialismo y la oligarquía, se condena al propio Perón. En todo caso las masas populares y el proletariado podrán juzgar a Perón a partir de la incapacidad demostrada por éste en realizar lo prometido, pero en ese caso se trata de la capitulación del aliado táctico ante el enemigo común y de esa verificación resultará un nivel superior de enfrentamiento con las fuerzas antinacionales.
Por diversos motivos, el petróleo
y la Unión Soviética le inquietan a Franco
Todo el detalle de la política industrial del peronismo que hace Franco no sólo no agrega un ápice a lo que ha dicho, sino que incrementa las bases de nuestra crítica; por eso no nos detendremos en el análisis de las páginas que siguen. Recalcaremos, sí, dos garrafales contradicciones de nuestro autor. En primer lugar la cuestión, tan meneada por la oligarquía y la izquierda cipaya, del contrato con la California Argentina, contrato que fue sólo un proyecto y que sirvió para que la contrarrevolución oligárquica tuviera un motivo "de izquierda" para derrocar a Perón. En lugar de dar su opinión sobre el tema Franco transcribe, sin ningún comentario, declaraciones de John William Cooke ante una comisión investigadora del petróleo en 1964. La mala conciencia de Franco le impide decir lo que verdaderamente piensa del tema dejando a Cooke y a Perón solos ante el juicio del lector, que en el caso nuestro comparte la explicación, sin que se sepa qué opina Franco del asunto. Dado que en el interrogatorio que se transcribe Cooke critica el contrato con la California "por entender que era un mal precedente, y que no era ese el camino para lograr el autoabastecimiento", no queda bien claro si Franco realiza la omisión de su punto de vista porque él acepta la verticalidad, es decir, que su conciencia sea sustituida, o si por el contrario le falla el "peronismo"que ha recreado a través de ilusión.
Pero nuestro asombro llega a sus límites cuando Franco intenta explicarnos la política exterior durante el peronismo. "En la actualidad, hasta obtener su liberación económica total, es decir en términos más generales, hasta consolidar su liberación, la Cuba socialista debe vincularse con lazos estrechos a la URSS, con los consecuentes problemas que esta situación acarrea, dada la política de coexistencia pacífica que caracteriza a aquella potencia". Esta frase, que no tiene desperdicio, le permite fundar la afirmación circunstancial y sin otro sentido que el juego táctico, de Perón, quien respondiendo a un reportaje que Franco transcribe afirma: "Y quizás, si en 1955 los rusos hubieran estado en condiciones de apoyarnos, yo hubiera sido el primer Fidel Castro de América".
Franco nos había dicho que debíamos comprender "el proceso histórico, bajo la forma de su automovimiento y en donde la presencia de las mayorías populares, en especial la clase obrera, es el hito para buscar su sentido progresivo y positivo". A esto le agrega el deslinde de los "imperialismos", que como se sabe alude a la Unión Soviética como potencia "imperialista". Ahora cae en la abyecta argumentación staliniana para explicar el socialismo en Cuba, es decir justifica el factor externo que antes condenó y además pretende convencernos de que si la URSS hubiera estado en condiciones nos habríamos salvado en 1955.
Mezquino resultado el que produce este enanismo teórico construido en base a frases y dichos ajenos. Ahora el sustituismo se adjudica a la URSS, que al parecer constituye la garantía de la estabilidad del pobre Fidel Castro, y se lo pone en boca de Perón, quien también reconoce la "verticalidad" de la Unión Soviética en materia de política internacional. Bastaría el ejemplo del Vietnam para arrojar al improvisado teórico al basurero de la historia, pero los acontecimientos obran más que nuestras palabras. Los circunstanciales aliados stalinistas de la Juventud Peronista (los del aparato) no harán seguramente ninguna objeción a estos párrafos de Franco. Y la política "socialista" del señor Gelbard, y las afirmaciones de Perón respecto a la "vía pacífica del cambio de estructuras", le aseguran un futuro promisorio.
Franco plagia a la Izquierda Nacional
El plagio termina siempre en una mala versión porque el que lo realiza por lo general quiere imponer su propia melodía. Este es el caso de Franco cuando nos intenta explicar algunas cuestiones teóricas. Después de reafirmar la hegemonía proletaria en el peronismo, nuestro autor comienza a polemizar con lo que él reconoce como la "izquierda", o sea la izquierda cipaya. Entre otras cosas le achaca el no comprender "otra antinomia que la de burguesía-proletariado" y en esto no podemos menos que estar de acuerdo. Pero resulta que nuestro autor le explica al interlocutor cipayo que existe la contradicción nacional como "contradicción principal": "La lucha contra el imperialismo y la oligarquía-gran burguesía interna convoca a todos los sectores globalmente perjudicados por tal situación a una lucha por el rescate de la nación enajenada... En el curso de esa lucha con la modificación de las condiciones... se produce una modificación en el seno de las fuerzas populares con el abandono de aquellas clases o fracciones de clases..." Y citando "Cartas de un guerrillero preso, Nuevo Hombre N° 18", agrega: "Al ser la Argentina un país capitalista dependiente que lucha por su liberación, la alternativa a oponer a la política monopolista es sencillamente, una política nacional independiente, como la aludida por las tres banderas justicialistas. Dado el triunfo revolucionario de esta alternativa, ella creará nuevas contradicciones y en el curso de la resolución de las mismas la única estrategia coherente es la de un desemboque socialista". Y más adelante agrega: "En el mismo proceso, enfrentando las rémoras y los obstáculos, la clase trabajadora adquiere la conciencia de su necesidad hegemónica, ante la visión concreta de la magnitud de las tareas a realizar para la emancipación definitiva de nuestra Patria".
Toda esta parrafada y la que sigue explican mal las tesis que la Izquierda Nacional sostiene desde hace treinta años en la Argentina. Lo que Lenin expusiera en 1907 en el Congreso de Stutgart, y en las "Tesis sobre Oriente" de 1919, lo que Trotsky en su "Revolución Permanente" y muchos escritos más, las posiciones desarrolladas por Mao en "Sobre la nueva democracia", etc. etc.
Sin embargo las condiciones que impone la lucha revolucionaria en los países semicoloniales no elimina el factor principal de esa lucha, el papel estratégicamente fundamental del proletariado y su partido en la liberación nacional; lo que supone la conciencia de clase que Franco desprestigia. "En este contexto, la formación de una conciencia de pueblo no sólo es anterior sino también indispensable para la formación de una conciencia de la necesidad hegemónica en los trabajadores".
El esfuerzo por salir del peronismo permaneciendo en él le lleva a Franco a una doble capitulación: en primer lugar, ante la burguesía nacional, quien a través de la "conciencia de pueblo" no hace más que tratar de imponer su visión del mundo a las clases aliadas, el proletariado entre ellas, disolviendo el mismo concepto de clase en la entelequia "pueblo". En segundo lugar, ante el stalinismo, que concibe el desarrollo al socialismo a través de "etapas necesarias".
Por ello pierde sentido la afirmación posterior, correcta en su aspecto esencial: "La no visualización de la relación dialéctica existente entre las tareas nacionales y las tareas sociales en el proceso de afirmación de la conciencia de los trabajadores es producto en última instancia de una incorrecta comprensión del carácter de la revolución popular en un país capitalista dominado". Como puede verse, la versión plagiada, se bastardea al fin de cuentas por la insistencia del que plagia en imponer su propia melodía, consistente en negar el papel del partido revolucionario y desconocer al mismo tiempo el carácter del peronismo. Lo que acaba de decir Franco lo exponen mejor las fuentes que líneas más arriba hemos citado; pero su asunción plena llevaría a nuestro autor a enfrentarse autocríticamente con su pasado, o el de su clase social, tirando su antiperonismo esencial por la borda y asumiendo una posición nacional independiente. De todos modos hay que reconocer que el subconsciente de Franco funciona, aconsejándole no meterse con la Izquierda Nacional, única izquierda con quien no polemiza.
Conclusiones
Puntualizaremos algunas de las críticas que a nuestro juicio merecen destacarse.
1. Lo que más resalta en el texto comentado es la profunda incomprensión del peronismo manifestada por los autores. Esta afirmación, que parecerá curiosa al lector, ya que se trata de autores peronistas, no es tal ni bien indaguemos de acuerdo a las numerosas y autorizadas fuentes con que contamos. Nótese que del peronismo tal cual es no queda nada esencial al fin de la exposición. Se niega el papel del ejército, se afirma la inexistencia de intereses nacional-burgueses coincidiendo en ello con la izquierda cipaya, que considera a Perón continuador de la política oligárquica o como una "variante" del régimen. Se habla de la "hegemonía proletaria" sin que existan mayores elementos de juicio para tal afirmación. Se condena a los dirigentes sindicales del periodo peronista en el mismo nivel que a los de la década infame. Se ignora completamente el papel de FORJA durante los años treinta, así como también a sus más importantes mentores, como Jauretche, Scalabrini, etc. a los que sólo muy fugazmente se los menciona.
2. Otro aspecto que llama poderosamente la atención es la ignorancia de los autores hacia la Izquierda Nacional. Cuando se polemiza con la izquierda se toman los argumentos de la izquierda cipaya y muchas veces, sobre todo en la caracterización de la revolución semicolonial que hace Franco, se emplea el análisis de la Izquierda Nacional y del marxismo revolucionario sin mencionar las fuentes, y en una mala versión, por supuesto. La profusa circulación de la literatura marxista revolucionaria en la Argentina impedirá que estos señores aparezcan como "descubridores" de problemas archisabidos y archidiscutidos por el socialismo a escala mundial.
3. El culto al espontaneísmo es otra característica sobresaliente a lo largo del trabajo.
Frecuentemente aparecen expresiones como "al calor de la tarea se hace camino al andar", queriendo por vía de exageración ser fieles al concepto de praxis tan bastardeado por los "marxistas" de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires. Pero tampoco esto es original en Álvarez y Franco; ellos no hacen más que repetir como un eco de mil voces, común a amplios sectores de la pequeña burguesía impresionista de América Latina, los principios del practicismo sartreano, quien en su versión de la revolución cubana afirmaba la inexistencia de una ideología y que según él, "el proceso se dio sus propias luces mientras se fue cumpliendo". De esta manera el ideólogo existencialista francés recientemente aterrizado en el marxismo negaba, no sólo la existencia del proletariado a escala mundial y su revolucionaria de América Latina de la que el cubano Martí es un brillante exponente.
El culto al espontaneísmo le sirve a Álvarez y Franco para negarse a discutir no sólo la validez de la teoría revolucionaria, aspecto éste al que han renunciado, sino para escapar del juicio crítico al peronismo cuyo flanco más débil es precisamente la ideología. Prefieren capitular ante el nacionalismo burgués aceptando la "verticalidad" aunque afirmen, como lo hacen, su condena a todos los que pretenden "sustituir la actividad consciente de las masas".
4. Por esta vía se niega la posibilidad de realizar el juicio histórico del marxismo argentino y latinoamericano en su versión antinacional, subordinando la estrategia de la clase obrera, a la que se sigue dando relevancia como el "sector hegemónico", a los intereses del nacionalismo burgués. De esta manera se niega el valor estratégico del partido de la clase obrera ya que Perón aparece como su representante. Es el típico oportunismo del izquierdista cipayo desencantado que pasa del bloque oligárquico imperialista (antiperonismo) al bloque nacional, pero aceptando la jefatura burguesa. Así el marxismo es enjuiciado genéricamente acabándose en el antimarxismo.
5. El subjetivismo campea en todo el trabajo que comentamos. Por ejemplo: el meneado "socialismo nacional" es tomado en su aspecto semántico sin advertir que el mismo nunca ha sido definido ni podrá jamás ser definido por Perón o el peronismo, en virtud, sencillamente, de que el peronismo no es socialismo. Las pocas veces que se lo ha querido definir, se lo ha asimilado al justicialismo, doctrina que no tiene nada de socialismo; entendiendo por socialismo la abolición del régimen de propiedad privada y la gestión directa por parte de los productores de la actividad económico-social. Esto si queremos dar algún sentido a las palabras. Por lo tanto, el peronismo es lo que Perón dice, no lo que en verdad es, parcializándose su análisis a los aspectos subjetivos. Este método produce serias discrepancias entre el concepto y la realidad, como lo hemos hecho resaltar cuando comentamos la afirmación de la ""guerra revolucionaria y el apoyo a las formaciones especiales" por parte de Perón comentada por Franco como "demostración" del nuevo carácter del peronismo. A la luz de las circunstancias actuales los comentarios huelgan.
6. Al identificar la doctrina justicialista con el socialismo (aun en su versión concreta y particular de la Argentina) se cierra el camino para el establecimiento de un puente estratégico con la clase obrera a la que se priva de un elemento de análisis apto para hacer la crítica del peronismo. Los obreros no tienen por qué preocuparse, el socialismo está asegurado a través de la conducción vertical de Perón a quien nadie debe discutir. Esto es precisamente sustituismo.
Esta identificación demuestra su inconsistencia porque los mismos autores reconocen que la etapa 45-55 fue capitalista nacional. Lo que no admiten Álvarez y Franco es que la clase obrera de un país semicolonial pueda ser aliada táctica del nacionalismo burgués. Esta incomprensión lleva a explicar al peronismo a través del vínculo mesiánico que se verifica en la relación líder-pueblo, conclusión muy poco revolucionaria por cierto, ya que otorga un papel completamente secundario a las masas. Los discípulos de Gino Germani han sustituido el concepto de "liderazgo carismático" por este otro, idéntico en su sentido.
Pero al definir, sin ningún fundamento serio, al peronismo como socialismo nacional, se arriesgan a tener que enjuiciar a Perón como "traidor" si es que su gobierno no efectiviza, como puede verificarse actualmente, medidas concretas tendientes a instaurar el socialismo. Esto evidentemente hace el juego a la oligarquía, el imperialismo y la izquierda cipaya, quienes sólo han permitido volver a Perón al poder después de 18 años, gracias a la lucha de masas, que tanto Álvarez como Franco curiosamente no reivindican prácticamente en ningún pasaje del trabajo. Nos referimos por ejemplo al Cordobazo, al que Franco desprecia en la parte final.
El carácter caótico, contradictorio e impreciso del análisis que hemos comentado responde a una razón profunda. La pequeña burguesía que milita en el peronismo de izquierda ha llegado, como suele suceder, tarde al peronismo; y su arribo no ha sido tampoco el producto de meditadas y frecuentes abluciones en fuentes económicas o sociales. Ella ha sido arrojada por la historia reciente como resultado de la crisis crónica de la Argentina oligárquica.
Así no ha podido analizar con serenidad la magnitud del cambio que se ha operado. Las características específicas de la pequeña burguesía hacen que ella tienda a ver el mundo preferentemente desde la óptica de la conciencia. De esta forma, lo que es sólo una expresión de la mente aparece como lo real. Esta labilidad, producto de la escisión de la conciencia con la práctica, la convierte en "objeto" de las clases en pugna, por más "socialista" que ella crea ser. Las mismas categorías abstractas a través de las cuales la izquierda cipaya ha condenado a Perón permanecen en el análisis de esta peculiar "izquierda peronista". La incomprensión de la cuestión nacional bulle en todo el trabajo, objeto de nuestra crítica. De esta manera, sólo puede legarse al peronismo a condición de privarlo de su naturaleza esencial.
Pero de esta forma no sólo no se lo puede apoyar de la manera que la Izquierda Nacional ha señalado frecuentemente, sino que se obstaculiza el camino hacia la clase obrera. La pequeña burguesía de la izquierda peronista ha llegado al campo nacional, mas ello no significa que haya arribado al específico de la clase obrera. Si comprendiera que la disputa inmediata del proletariado en el seno del movimiento nacional no es el liderazgo de la revolución socialista (ya que Perón no es socialista) sino de la revolución nacional, por la incapacidad esencial del peronismo para resolver el problema nacional, estaría en condiciones de percibir la importancia decisiva del camino estratégicamente independiente del proletariado.
La comprensión de los límites históricos del peronismo, como expresión del nacionalismo defensivo de un país atrasado en la época del imperialismo, permite establecer el vínculo con él desde el socialismo revolucionario, comprendiendo la impracticabilidad de la subordinación táctica y estratégica a los intereses del nacionalismo burgués. La progresividaddel peronismo está demostrada por cuanto la clase obrera, al margen de sus direcciones formales (PS y PC), apoyó su política, aun a despecho del despojo ideológico en el que se encontraba, por las particulares características de la izquierda cipaya, que el marxismo de la Izquierda Nacional ha desnudado hasta sus últimas raíces. Pero esto no autoriza a pensar por sí que el peronismo haya sustituido en la Argentina al socialismo. Esta confusión es simétrica con laque considera al stalinismo argentino o al PS y sus sectas, el marxismo revolucionario.
Pero las circunstancias en que fue escrito el trabajo que firman Álvarez y Franco no son ya las mismas en que nosotros lo enjuiciamos. Ahora obra la "crítica de las armas" y la reflexión tendrá que reemplazar al impresionismo típico de quienes manejan más ideas que realidades concretas. La oligarquía, el imperialismo y la izquierda cipaya, enemigos mortales de la clase obrera y e la Patria, esperan el desencanto de los jóvenes para ofrecerles nuevamente una "alternativa de izquierda". Hay una sola y verdadera izquierda, cuando hay dos, es porque no hay ninguna.
(*) Franco, Juan Pablo y Álvarez, Fernando: “Peronismo, antecedentes y gobierno”. Cuadernos de Antropología del Tercer Mundo, N° 1, Buenos Aires, junio de 1972
|