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El autor, conocido ensayista católico uruguayo vinculado desde hace décadas a la Izquierda Nacional, advierte que el eje de la divisoria entre la “nueva izquierda” y la “izquierda tradicional” pasa por la interpretación de la Cuestión Nacional Latinoamericana. Escrita en 1973, cuando acababa de frustrarse la “vía chilena al socialismo”, y cuando el foquismo guevarista fracasaba, Methol visualiza en la Izquierda Nacional una alternativa a ambas experiencias frustradas: “un marxismo indiano”, latinoamericanista y no eurocéntrico, es la propuesta del autor.
(Nota de IN)
La gigantesca victoria democrática y nacional del general Perón en la Argentina se contrapone en pocos días al sangriento golpe de la derecha chilena contra Allende. Este mes de setiembre de 1973 indica un nuevo vuelco extraordinario de la política latinoamericana, de las correlaciones de fuerzas en pugna en tan vasto escenario.
Nos interesa señalar aquí sólo el aspecto que atañe a los movimientos de izquierda latinoamericanos y más especialmente a los marxistas. Es un hecho que en la década del 60 el marxismo hizo una irrupción sin precedentes a través de la revolución cubana y las teorías del "foquismo" guerrillero. Esta etapa cerró su ciclo en el 68, con la muerte del Che, y tuvo sus últimos estertores con el fin igualmente trágico de Caamaño en Santo Domingo.
Le siguió una segunda etapa, la llamada "vía pacífica" chilena a partir de la victoria de la Unidad Popular en 1970. El epicentro de irradiación pasó de Cuba a Chile. Ahora se cierra también esta etapa. ¿Cuál será la etapa siguiente? ¿Qué nuevas perspectivas se abren a la izquierda en América Latina? ¿Acaso una recaída en las vías violentas de la etapa anterior a Allende? ¿Un reverdecimiento de la guerrilla y el terrorismo?
Quizás eso suceda como primera desesperación. Pero no hay vuelta atrás en la historia. Las viejas derrotas no son modelos de nuevas victorias. ¿Y entonces? ¿Hay algún indicio objetivo, algún suceso real que nos salve de las meras imaginaciones prospectivas? Creemos que sí. Que hay indicios reales de una nueva etapa, de sus rasgos, de sus senderos. Y esa, nos parece, comienza justamente a dibujarse en la Argentina, confluyente y al amparo del triunfo de Perón.
El nuevo marxismo nacional latinoamericano, cuyo primer nombre propio es el de Jorge Abelardo Ramos. Desde allí es que pueden percibirse los caracteres de un nuevo ciclo en la historia del socialismo en América Latina. El vacío actual que deja la frustración chilena, ¿por qué y quiénes comenzará a ser llenado? Por una nueva izquierda. Ese es el único indicio real, pujante, en todo el panorama latinoamericano. Pueden apuntarse algunos rasgos de esa nueva izquierda, que seguramente adquirirá variantes muy diferentes en otros ámbitos latinoamericanos, y que suscitará nuevas amistades y enemistades.
Una breve historia de sus orígenes: el sector de Jorge Abelardo Ramos fue el único grupo socialista que apoyó críticamente el surgimiento del peronismo en 1946. Tuvo una lucha sin cuartel con el viejo socialismo liberal y con el partido comunista estalinista. Una gran divisoria se trazó entonces y esa divisoria puede sintetizarse en una sola cuestión: la "cuestión nacional latinoamericana".
Así, la primera obra de Ramos, significativamente titulada "América Latina, un país", de 1949, comienza a fijar los nuevos puntos de vista, una ruptura con la izquierda tradicional. Una intensa lucha ideológica ha caracterizado el surgimiento de esta izquierda nacional argentina, en franca ruptura con los estereotipos europeos y moscovitas. Y aquí hay algo interesante que señalar: esa izquierda nacional viene de León Trotsky. El único revolucionario de la vieja guardia que vivió y murió en América Latina, cuando era "el profeta desarmado", en México.
Pero esa herencia de Trotsky se desarrolla a partir de las intuiciones de éste sobre América Latina y no en la repetición abstracta, cosmopolita, de la pequeña cuarta internacional. Así, Ramos reanudó su marcha creando, para usar una expresión elegante y algo burlona, un "marxismo indiano".
Ese marxismo indiano se ha caracterizado por reasumir la historia a dos puntas: la de su propio país argentino que ve como fruto de la "balcanización" de América Latina por la conjunción del imperialismo y las oligarquías nativas exportadoras, y el esfuerzo "totalizador" de toda la historia de América Latina.
Esto se refleja en sus dos obras principales: "Revolución y Contrarrevolución en la Argentina" e "Historia de la Nación Latinoamericana". El último título es índice claro de la radicalidad del planteo, del que por otra parte, sabe recoger y trascender la línea iniciada por Bolívar, tiene nombres egregios en nuestro siglo, en diferentes momentos, y con diversas situaciones e inflexiones, en Carlos Pereyra, Manuel Ugarte, Luis Alberto de Herrera, en el primer Haya de la Torre, José Vasconcelos y tantos otros.
Como puede verse, esa Nueva Izquierda de Abelardo Ramos destruye los viejos estereotipos liberales y positivistas que eran un lastre en toda la izquierda latinoamericana, y recrea su tradición con otra amplitud y grandeza, sin sus dogmatismos asfixiantes. Claro está, este "marxismo bolivariano", que rompe de raíz con la dependencia de moda con los marxistas metropolitanos, abre dimensiones y perspectivas inusitadas.
Un cuarto de siglo de preparación ideológica y política se expresa ahora en la Argentina, cuando casi un millón de argentinos manifiesta a través de Ramos, otra vez como en el 46 –"pero qué diferencia de cantidad y calidad"– su apoyo crítico a Perón. Este hecho, a nuestro criterio de importancia inmensa, no es sólo el fin de la "vieja izquierda" argentina, la que era dominante en el 46 y hoy camina a su sepultura sin gloria.
Es mucho más. Es un hecho también latinoamericano. Es la fuerza que se revela apta para ocupar, no por sí misma, sino por irradiación, por fecundación, el vacío actual de la Izquierda Latinoamericana, todavía aturdida por la magnitud de la tragedia chilena, desconcertada y con la tentación de refugiarse en el horror. Pero sin olvidar el horror, la vida sigue su marcha, y otros tomarán la posta. (...) De algún modo, los hechos cubanos y chilenos fueron como una transición entre la "izquierda tradicional" y la nueva izquierda. Transición sellada todavía por la importancia de la influencia de los partidos comunistas y por las abstracciones althusserianas, por las peculiaridades de un marxismo alimentado por los trabajos de la Cepal, pero sin lo principal: visión arraigada de la propia historia latinoamericana.
Este será el camino de la Nueva Izquierda: por la cuestión nacional latinoamericana, viene la historia. El sentido arraigado de nuestras historias, en una sola historia. Y la historia es el camino de la madurez. ¿Será que el Socialismo Nacional Latinoamericano entra en la madurez? ¿Será posible?
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