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Transcurridos veinte años desde que el radicalismo prometió que con la “democracia” habría pan, salud y educación para todos, y poco más de una década después de que el justicialismo prometió el “salariazo” y la “revolución productiva” para ingresar al “primer mundo”, el resultado está a la vista. Casi 6 millones de compatriotas padecen el infierno del subempleo y el desempleo. Otros 3 millones sobreviven con 50 dólares al mes. La pobreza alcanza a más de la mitad de la población, parte de la cual entra en la categoría de indigente. Es decir, no tiene ni siquiera para comer. Basta con recorrer las calles del país para encontrarse con familias enteras saciando el hambre en los tachos de basura, niños mendigando y viejos durmiendo a la intemperie.
Son datos elocuentes que explican el reclamo generalizado: ¡qué se vayan todos!
Pero, en lugar de irse, los responsables de este horrendo genocidio se preparan para quedarse y continuar aplicando el programa de hambre y entrega que arruinó al país, que no es otro que el que imponen los norteamericanos y la usura internacional. Está visto que no se irán sin que se los eche. Y esa es la tarea urgente de la hora. Hay que unir a los patriotas en un Frente Nacional y Antiimperialista para que a la Argentina la gobernemos los argentinos, y no los cipayos genocidas de la partidocracia.
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