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La Central de Trabajadores Argentinos ha convocado a un paro y movilización para el 29 de mayo. La decisión de parar y ganar la calle se corresponde plenamente con la necesidad de los trabajadores y el pueblo argentino de manifestar a través de medidas de lucha su repudio a la política del gobierno. Esta política está encaminada a dar salida a la crisis capitalista preservando los intereses de los grupos económicos y del capital financiero transnacional, y condenando a la pobreza, a la indigencia y de modo creciente a la muerte, a millones de compatriotas. El trámite escandaloso de derogación de la ley de subversión económica para dar impunidad a los ladrones bancarios de guante blanco, o el intento de dar inmunidad a los directores del Banco Central, algunos de ellos agentes del capital extranjero como Pedro Pou y los que aún siguen en sus puestos respondiendo al CEMA, en ambos casos por exigencia del Fondo Monetario, ha dejado al desnudo el nivel de degradación, de traición, de cobardía política, de una dirigencia que por más de una década ha trabajado contra los intereses de país.
El paro y la movilización del 29 de mayo constituyen una necesidad del movimiento obrero, como lo fue la medida de fuerza lanzada entre marchas y contramarchas por una de los dos CGT, el pasado 22 de mayo. Esta necesidad está por encima del juicio que nos merezcan las actuales direcciones sindicales. En definitiva estas direcciones son las que pueden convocar a una medida de fuerza de alcance general. Depende de los trabajadores el carácter que finalmente asuman las acciones de protesta, y la posibilidad de superar las contradicciones, las vacilaciones y aún las traiciones de la conducción.
Al respecto conviene recordar lo siguiente. El paro del 29 fue convocado en la misma fecha que tres décadas atrás, el 29 de mayo de 1969, una concentración de trabajadores llamada por la CGT de Córdoba desbordó sus propósitos iniciales y dio curso a un levantamiento obrero y popular que selló la suerte de la dictadura de Onganía. Entre las lecciones que arrojó en aquel momento el cordobazo, figura en primer término aquella que dice que es la iniciativa de las masas el origen de los cambios políticos de fondo, los cambios que hacen historia. La rebelión de mayo del ´69 quebró el balance de fuerzas y abrió un período de luchas populares que terminaron por reestablecer el imperio de la soberanía popular en marzo de 1973. Un cuarto de siglo antes, en octubre de 1945, fueron las masas en la calle las que pusieron fin a un intento de restauración oligárquica, y encaminaron la historia en una nueva dirección.
Esa iniciativa hoy es más necesaria que nunca. De abajo hacia arriba, a partir de los organismos de empresa, desde los cuerpos de delegados y comisiones internas, pero también desde las organizaciones territoriales de desocupados, en un movimiento democratizante de todos los niveles del movimiento de los trabajadores, y a partir de la discusión de un programa obrero y popular, antiimperialista y democrático dirigido a poner término a la crisis y quebrar la estructura de la dependencia semicolonial.
Hoy por hoy la alianza entre la fábrica y la asamblea barrial es uno de los soportes básicos de un frente nacional revolucionario entre los trabajadores y las capas populares de clase media. De la materialización de esta alianza, en la movilización y la lucha, depende en buena medida la posibilidad de elevar el enfrentamiento con el régimen de la capitulación y la entrega a un nivel decisivo.
Foro de la Izquierda Nacional
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