|
La movilización y el paro del 14 de abril decididos por una de las fracciones en que está dividido el movimiento obrero, expresa el repudio de los trabajadores a una política de gobierno que ha hecho del sometimiento a las imposiciones del Fondo Monetario y del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, la regla de oro de sus decisiones. Esa política tiene el propósito, inconfesado pero evidente, de descargar el mayor peso de la crisis sobre los asalariados y las capas empobrecidas de clase media. El abaratamiento del “costo laboral” mediante una brutal devaluación y, particularmente, la licuación del salario estatal con vistas a obtener superavit en las cuentas públicas, con el que se comprarán las divisas necesarias para seguir pagando una deuda externa fraudulenta e ilegítima, son sus resortes básicos. Los resultados de semejante “programa productivo” están a la vista: 50% de la población por debajo de la línea de la pobreza, desocupación que roza el 25% y otro tanto de subocupación, colapso de los sistemas de seguridad social, salud y educación y, como contrapartida, aumento de la desnacionalización de la economía mediante cambios en la ley de quiebras, e impunidad para los banqueros y delincuentes de guante blanco de la última década a través de la derogación o la modificación de la ley de subversión económica.
La CGT convocante al paro llega con notorio atraso a la conclusión de que el gobierno de Duhalde, a pesar de sus declaraciones en contrario, sigue en la línea consolidada durante la década infame menemista y el breve interregno aliancista. Hasta hace poco tiempo, mientras el imperialismo norteamericano imponía a las autoridades locales, una tras otra, concesiones deshonrosas, su secretario general sostenía que sin la ayuda del Fondo Monetario, Argentina podría terminar en un caos. La ausencia del movimiento obrero en todo el curso de la crisis político-institucional que se desató en diciembre, fue el hecho más notorio y la razón de que la crisis se prolongue, y a la vez de que hasta el momento hayan sido exclusivamente algunas de las fracciones del poder las que intenten imponer una salida al derrumbe del modelo neoliberal.
Sin embargo, los trabajadores toman en cuenta algo más importante que las contradicciones y desviaciones de sus conducciones sindicales. La necesidad de construir, a partir de la movilización del pueblo argentino una línea de resistencia nacional, popular, antiimperialista y democrática, que salga al cruce de la solución continuista impulsada por los círculos dominantes, constituye hoy por hoy una cuestión de importancia capital. En esta dirección, la irrupción de la clase trabajadora y de sus organizaciones en la arena de la lucha política es la presencia decisiva, en condiciones de elevar el movimiento iniciado a fines del año pasado a un nuevo nivel de combatividad y de resolución.
|