|
Se impone la ruptura con los vampiros de la usura internacional, nacionalizando la banca y el comercio exterior, recuperando para el patrimonio público las empresas privatizadas, frenando los despidos, aumentando salarios y jubilaciones. Es decir, retomando el camino de la Revolución Nacional pendiente, que se resume en las banderas del nacionalismo económico, la soberanía política y la justicia social.
Como era previsible, el gobierno duhaldista, resultado del contubernio partidocrático entre justicialistas, radicales y frepasistas, no ha resuelto ninguno de los problemas que encontró en el momento de asumir. En estos casi cuatro meses de política mendicante ante el FMI, de humillantes idas y vueltas a Washington, la crisis se profundizó y hoy Duhalde está en situación semejante a la de De la Rúa-Cavallo antes de los levantamientos del 19 y 20 de diciembre.
La pregunta que se formulan millones de argentinos es qué sucederá de ahora en más. Pero la respuesta no está escrita en lugar alguno. Dependerá del comportamiento de los diferentes actores sociales.
La rosca oligárquico-imperialista que constituye el verdadero poder detrás de la patética fachada partidocrática tiene un programa que ofrecer y un plan para imponerlo. Es el que anuncian con bombos y platillos los restos del menemismo, los economistas del CEMA, Ambito Financiero, Radio 10, López Murphy y personajes igualmente siniestros.
Su programa consiste en allanarse a todas y cada una de las pretensiones del FMI abriendo las compuertas a la intervención militar –desembozada o disimulada– para garantizar su ejecución a sangre y fuego. De imponerse esta perspectiva, el futuro de la Argentina será una síntesis monstruosa entre lo peor de Menem y lo peor de Videla.
La otra alternativa pasa por la ruptura con los vampiros de la usura internacional, nacionalizando la banca y el comercio exterior, recuperando para el patrimonio público las empresas privatizadas, frenando los despidos, aumentando salarios y jubilaciones. Es decir, retomando el camino de la Revolución Nacional pendiente, que se resume en las banderas del nacionalismo económico, la soberanía política y la justicia social.
¿Resulta viable este camino? Para que lo sea, es necesario construir ya mismo el sujeto político que comience a transitarlo. Y ese sujeto político no es otro que el Frente Nacional y Antiimperialista, cuyos componentes hoy desarticulados son el movimiento obrero y los trabajadores desocupados, las nuevas generaciones estudiantiles y los soldados patriotas de las fuerzas armadas, los pequeños empresarios y la clase media de las asambleas barriales.
De la convergencia en un Frente Nacional Antiimperialista de estos componentes aún dispersos depende el futuro de la Argentina. La disyuntiva es entre la revolución y la contrarrevolución. Entre la emancipación nacional y social o la la prolongación indefinida de esta segunda Década Infame que padecemos desde hace cinco lustros y que en los últimos meses se ha tornado insoportable.
NO AL CONTUBERNIO PARTIDOCRATICO DE LOS SIRVIENTES DEL FMI
POR UN FRENTE NACIONAL ANTIIMPERIALISTA QUE UNA A LOS PATRIOTAS, CIVILES Y MILITARES
POR EL NACIONALISMO ECONOMICO, LA SOBERANIA POLITICA Y LA JUSTICIA SOCIAL
|