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Al fin y al cabo digno discípulo de Carlos Menem y Domingo Cavallo, a quienes apoyó con entusiasmo antes de reacomodarse al soplido de los nuevos vientos antiimperialistas que bajan desde Venezuela y Bolivia, el presidente Kirchner presentó el cumplimiento de la exigencia imperialista de pagar por adelantado al FMI como un “acto de soberanía”. Ahora, con el argumento de que el “acto de soberanía” obliga al gobierno a recuperar los dólares entregados, se anuncia un nuevo ajuste para el año próximo. Cualquier argumento es bueno para que los trabajadores, los jubilados y el pobrerío en su conjunto sigan pagando la crisis crónica del régimen semicolonial.
La decisión de pagar al FMI por adelantado la ilegítima deuda contraída por el gobierno de la Alianza radical-frepasista tiene un aspecto positivo que no ha sido debidamente destacado. Es un aspecto de gran importancia, puesto que responde un interrogante que estaba vigente desde comienzos de la gestión de Kirchner. El interrogante es el siguiente: ¿Por qué razón, si la economía venía creciendo tanto como dicen los voceros gubernamentales, el salario real de los trabajadores es sin embargo inferior al de la época menemista?
Ahora ya conocemos la respuesta: porque los recursos que el gobierno obtiene gracias a la cacareada recuperación económica se estaban juntando para... ¡transferírselos al Fondo Monetario Internacional, tal como lo había exigido el Tesoro norteamericano!
Pero ahora no sólo conocemos lo que ha pasado, sino también lo que pasará: el gobierno anunció la creación de un “fondo anticíclico” a fin de justificar que el supuesto “desendeudamiento” no debe hacer suponer que el año próximo se concederán mejoras de salarios y de jubilaciones. Por tal razón, hay que prepararse para atravesar un 2006 con grandes luchas populares por el salario, contra este gobierno partidocrático y contra el poder económico que sigue siendo el mismo que bajo el menemismo.
Alcanza con echar un vistazo sobre los personajes que ha convocado Kirchner con posterioridad a los comicios legislativos para tener una idea de la naturaleza de su gobierno. Vuelve Chacho Alvarez, el niño mimado de la socialdemocracia europea, es decir, de una fracción del imperialismo. Se suma Nilda Garré, a quien se recuerda porque en 1976 integró junto a Luis Sobrino Aranda, un astrólogo y hombre de los servicios de Inteligencia, el llamado “antiverticalismo” que apoyó el golpe militar.
Y ahí andan dando vueltas las funcionales Estela Carlotto, los funcionarios del grupo ex antiimperialista “patria libre”, el empresario periodístico antiperonista Miguel Bonasso y todos los tinterillos de “Página/12”, ese suplemento del grupo Clarín dirigido a formar cipayos de izquierda.
El gobierno kirchnerista y los ideólogos “progresistas” quieren hacernos creer que cumplir a rajatablas con el pago de la deuda significa “desendeudarse” y “comprar soberanía”. Pero no se compra soberanía pagando la deuda al FMI, al Banco Mundial y a todos los vampiros internacionales a costa de la depreciación salarial, de la congelación de los subsidios por desempleo y de las jubilaciones. Estamos en presencia de un montaje propagandístico que debe ser denunciado desde el campo nacional y popular.
Por otra parte, es falso que Argentina sea un país semicolonial porque lleva sobre sus hombros la carga de una deuda externa inextinguible. La verdad es que lleva sobre sus hombros esa deuda inexitinguible (y aún inextinguida, a pesar del golpe de efecto kirchnerista) porque es un país semicolonial. Y es un país semicolonial porque los resortes decisivos del poder económico, político y cultural están en manos de una oligarquía aliada al capital extranjero. Este bloque social que condena a la Argentina tiene en los políticos partidocráticos, tanto en los conservadores como en los progresistas (que, en realidad, son alternativamente una cosa o la otra, como lo prueban las idas y vueltas de los Borocotó o los Bielsa), a los gestores de sus intereses.
Para comprar soberanía hay que reestatizar la economía, expulsar a los ideólogos imperialistas del control de los medios de comunicación y a los políticos corruptos de esa cueva de ladrones que es el Congreso Nacional. En definitiva, para comprar soberanía hay que hacer una Revolución Nacional y Social. Hay que romper con el imperialismo.
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