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Un tema indispensable para el posicionamiento de cualquier grupo político que se encuentre fuera del círculo de poder cercano a Kirchner es la definición de éste y su gobierno. Para la derecha conservadora es algo claro y resuelto: es un gobierno progresista y de izquierda. Se basa para ello en la revisión de algunos aspectos en materia de derechos humanos, la postura internacional frente a Cuba y la postura frente a los acreedores externos.
A la luz de lo producido aun en estos temas, sin duda es bastante poco para definirlo como izquierda. Más bien se trata de un chicaneo macartista para "ablandarlo" y tornarlo más dócil y flexible a la hora de obtener concesiones.
Entonces, visto desde una postura nacional y de izquierda ¿quien es Kirchner? ¿qué intereses representa?
Un inevitable patrón de referencia para la resolución de estos interrogantes lo constituye Menem. El motivo es simple: éste ha sido quien piloteó políticamente la implantación a fondo (si bien hunde sus raíces en el Proceso) de este modelo neo-conservador que hoy sojuzga a nuestro patria.
Entonces, nos debemos preguntar: ¿es igual o diferente Kirchner a Menem? ¿ y si se diferencia, en qué medida?.
¿Qué representó Menem?
La reconversión global de la sociedad argentina llevada durante las dos presidencias de Menem (cuyo principal ejecutor en materia de política económica fue Cavallo) no ha sido un hecho aislado de lo acontecido tanto en América Latina como en el resto del mundo. Más allá de cuestiones de detalle menor y aspectos folklóricos que presentó el menemismo, su accionar se entroncó en una corriente a nivel mundial que denominaríamos "restauración neo-conservadora" , la que se inició hacia fines de la década de los 70 con los gobiernos de Thatcher y Reagan en Inglaterra y EEUU respectivamente y que posteriormente se expandió a nivel mundial como una consecuencia inevitable del desenlace final de la guerra fría producido con la caída del bloque soviético en 1989. Este acontecimiento político, unido a la necesidad del capital financiero internacional de generar una secuencia de nuevos negocios y de licuar parcialmente la fabulosa deuda externa de los países no-centrales, dio lugar a profundos cambios socioeconómicos principalmente en países de América Latina (Perú, Bolivia, Chile, Brasil, México, varios de Centro América, y desde luego Argentina) y ex comunistas de Europa Oriental.
El núcleo de este modelo neo-conservador los constituyen los siguientes puntos:
1. Privatización de los activos del Estado: esto lleva a un achicamiento del rol del Estado en la economía y limita su papel a la mínima expresión, la imprescindible para la defensa del modelo (seguridad publica y justicia). En suma, se convierte al Estado en un agente puramente represor y defensor de las minorías privilegiadas.
2. Desregulación económica: eliminación de todo tipo de trabas que implique algún grado de control o límites para los negocios de las grandes corporaciones extranjeras o nacionales. Esto incluye la eliminación de cualquier tipo de legislación laboral que signifique algún grado de protección de los trabajadores (accidentes, despidos, etc.).
3. Apertura económica: eliminación de todos los aranceles de importación de bienes y servicios. De este modo se quita cualquier tipo de protección de las industrias nacionales y se favorece claramente a las empresas multinacionales quienes están mejor preparadas para el desempeño en una economía de mayor escala.
El grado y la intensidad de estos objetivos dependió de cada caso en particular, siendo nuestro país donde, al menos en América Latina, tuvo el mayor alcance.
Los beneficiarios netos de este modelo fueron las empresas privatizadas de servicio y el sector financiero.
¿Qué cambio con Duhalde?
El patético interregno de De la Rúa no implicó mayores cambios de fondo, sino la continuidad de este esquema. El colapso de la convertibilidad a fines del 2001 y la posterior devaluación del peso, significó no una modificación sustancial del modelo, pero sí el cambio de manos de la hegemonía entre las clases dominantes del mismo, dicho de otro modo, quienes se llevan ahora la mejor tajada de los beneficios. La maxidevaluación del peso llevada delante de modo tan atropellado por el trío Duhalde-Remes Lenicov-de Mendiguren, significó principalmente que los principales beneficiarios del nuevo estado de situación pasaran ahora a ser los grupos económicos ligados a la exportación, y en menor grado aquellas empresas dedicadas a la sustitución de bienes y servicios, debido a que el cambio de la paridad peso-dólar estableció de hecho una barrera arancelaria para las importaciones y conllevó paralelamente una fuerte disminución de los costos dando a los productos argentinos de exportación una ventaja comparativa.
Paralelamente, este "golpe de mercado" implicó necesariamente una parcial pero muy significativa confiscación de los salarios, jubilaciones y ahorros de la inmensa mayoría del pueblo argentino. La pesificación de las deudas en dólares significó una brutal transferencia de dinero desde los ahorristas a los grandes deudores. Por lo tanto, este "cambio de manos" de la hegemonía económica tuvo adicionalmente como víctima al pueblo argentino.
¿Qué significa ser progresista?
Antes de continuar consideramos pertinente aclarar un poco la naturaleza de este término. Este nació, en cuanto posición política (no filosófica que es mucho anterior), a mediados de la década de 1930, cuando con posterioridad al ascenso del nazismo, Stalin como jefe supremo del movimiento comunista mundial decide replantear la táctica global del éste mediante la construcción de los llamados Frente Populares. Estos estarían formados por los propios partidos comunistas y como aliados a aquellos cercanos o con simpatías con alguna de sus posturas. En suma, progresista era todo aquella persona, grupo o partido potencialmente cooptable o manipulable por los PCs.
El PC argentino vivió durante décadas una búsqueda continua de "progresistas"; así para él progresistas lo fueron en su momento todos sus aliados de la Unión Democrática; posteriormente radicales (Frondizi, Sabbatini, Oscar Alende), demócrata cristianos (Sueldo, Néstor Vicente), socialistas e incluso ya a comienzos de los 70s algunos peronistas.
¿Cuál era entonces el perfil de un progresista? Era alguien cuya oposición contra el régimen capitalista pasaba más por las quejas puntuales de sus miserias que por un análisis profundo de él, un posicionamiento difuso acerca de temas que se consideran propios de la cultura de izquierda (derechos humanos, laicismo, libertad de expresión, etc.), la simpatía con algunos regímenes comunistas (Cuba, Nicaragua sandinista, Vietnam, etc.).
Con la caída del comunismo en la Unión Soviética, el término se independizó de sus inventores y paso a tener vida propia. En la Argentina mantienen en su discurso los rasgos fundamentales señalados arriba, pero más importante que indagar lo que dicen es ver que es lo que suelen hacer cuando acceden a posiciones de poder (porque en última instancia a las personas hay que medirlas más por lo que hacen que por lo que dicen)
Tienen dos rasgos esenciales:
a. En los temas que afectan a intereses económicos concretos, más allá de los discursos grandilocuentes iniciales, terminan actuando con una visión "posibilista" ("se hace lo que se puede", "hay que ganar espacios", etc.) Ejemplos: Alfonsin, Chacho Alvarez. En el mejor de los casos se termina cayendo en el más crudo asistencialismo (que es la caridad ejercida desde el Estado).
b. Compensan esta impotencia con gestos que sólo ejercen su impronta en el plano simbólico y cultural. Este es el caso de las acciones penales contra individuos -Videla, Massera, Julia Alsogaray, Alderete- quienes terminan (más allá de sus graves delitos y de la necesidad de un justo castigo) cumpliendo el rol de catarsis social, actuando como chivos emisarios de una realidad que no se modifica en lo sustancial. Esto acompañado con más gestos simbólicos: discursos grandilocuentes y contestatarios, cambios de nombre de calles, bajada de cuadros, etc.)
Como ejemplo palpable y muy reciente de esto último nos la da la noticia aparecida recientemente en varios diarios porteños: el legislador porteño Marcelo Ferreño, del partido Movimiento de Recuperación Popular, que en el orden nacional lidera Miguel Bonasso (que apoya a Kirchner), presentó un proyecto de ley en la Legislatura porteña para cambiar el nombre de la plaza Pedro Eugenio Aramburu por el de los automovilistas Oscar y Juan Gálvez. Sin duda Aramburu es un personaje histórico de muy triste recuerdo para el pueblo argentino, cuyo asesinato no lava el papel nefasto que cumplió durante la Revolución del 55. Pero en vez de dilapidar energía política en el cambio del nombre de una calle, sería mejor privilegiarla, por ejemplo, para intervenir en el mercado oligopólico del cemento, donde señorea Loma Negra, empresa en la que el hijo del Gral. Aramburu es un importante ejecutivo, para posibilitar el acceso a un vivienda digna a las miles de personas que duermen en la calle.
Conclusión: Resignación posibilista y compensación simbólica es lo que caracteriza a los progresistas. Ya que no se puede cambiar el fondo de las cosas, ellos se conforman con cambiar su apariencia.
¿Qué cambió con Kirchner?
El estado de cosas en materia económica no ha cambiado con la llegada de Kirchner al gobierno en recambio de Duhalde; basta con ver que su ministro de Economía es Lavagna, el mismo que suplantara de Remes Lenicov durante la presidencia de aquel y que consiguiera estabilizar la situación económica postdevaluación. Kirchner continúa sosteniendo políticamente el posicionamiento hegemónico de los exportadores y en especial de la gran burguesía nacional.
Ninguna de las medidas del gobierno afecta sustancialmente los intereses de estos grupos ni tampoco de los demás dominantes. Su gobierno surgió de los acuerdos y trenzas partidocráticas que apuntaron en última instancia a salvar este régimen de dependencia y los privilegios de la parasitaria clase política argentina, mediante la redistribución de espacios dentro del bloque dominante y reconstruyendo nuevamente la hegemonía de ese bloque sobre la inmensa mayoría del pueblo.
Los tironeos por tarifas entre funcionarios del gobierno y los grupos económicos no desdicen lo anterior; para salvar el todo hay que sacrificar a un parte de los intereses dominantes. A su vez la quita del 75% en el valor de los bonos en manos de tenedores privados no es tan heroica como parece; esta quita afectará las futuras jubilaciones de quienes se hallan en el sistema privado de jubilaciones.
En definitiva: su política económica reitera la visión posibilista que caracteriza a los llamados "progresistas"; baste recordar el gobierno de Alfonsin, durante el cual se pagaron cuantiosos intereses por la deuda externa, mientras paralelamente los entonces llamados "capitanes de la industria" (muchos de ellos los mismos que se están beneficiando con el nuevo estado de cosas) se beneficiaban con la famosa ley de promoción industrial" que sólo sirvió para que se llenaran los bolsillos de dinero y posteriormente los fugaran afuera previo a la crisis del 2001 poniéndolos a buen resguardo.
Entonces, ¿qué cambió con Kirchner?
¿de dónde nace su imagen de "progresista"?
Kichner, por varias de sus medidas tomadas desde el inicio de su gestión (la alianza con el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, la visita de Fidel Castro al país, el impulso al reinicio de procesos judiciales contra los represores de la última dictadura, el embate contra la denominada mayoría automática de la Corte Suprema, el Museo de la Memoria, etc.), ha despertado enormes simpatías en la mayoría del sector de la población que se autodefine como "progresista", a tal punto que para muchos partidos políticos que abrevan en dicho segmento el posicionamiento frente a Kirchner se convirtió en un dilema. Simultáneamente, estas medidas generaron un resultado algo inesperado: un renovado vínculo entre el justicialismo que el representa y varias grupos de centroizquierda. Así de hecho para los partidos de ese sector, este cúmulo de medidas planteó un dilema novedoso: cómo ser oposición ante un gobierno que toma medidas históricamente requeridas por el progresismo. Este dilema trascendió los espacios partidarios. La titular de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, afirmó en su momento que Kirchner "no es lo mismo que Duhalde ni que Menem"; también entre los piqueteros, la gestión de Kirchner genera expectativas. Al apoyo militante del titular de la Federación de Tierra y Vivienda, Luis D´Elía, se sumó un aval moderado de Barrios de Pie.
Resumiendo, en esto Kirchner reitera la otra característica común a los progresistas: la compensación simbólica.
La realidad del día a día sigue siendo la misma que desde hace años para la gran mayoría de los argentinos, pero con Kirchner se tiene la ilusión que cambia...
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