AMERICA LATINA / ARGENTINA | Artículo de agosto de 2003
Economía en tiempos del kirchnerismo
Norberto Demonte
 
Los medios de prensa dominantes presentan al presidente Kirchner como un hombre que está cambiando de raíz la política argentina. Estos mercenarios de la pluma y el papel pretenden hacernos olvidar que este señor llegó al poder con el apoyo de Duhalde y obteniendo un escasísimo porcentaje de votos, el menor de la historia. ¿Dónde estaba Kirchner durante el gobierno de Menem? ¿Oponiéndose al plan de vaciamiento del país o colocando fondos públicos en el extranjero? Ocurre que el presidente ha logrado el objetivo principal de la partidocracia justicialista y radical: presentar hacia adentro y hacia afuera un gobierno legal, pero que no modifica el esquema de poder vigente.

Pero, como la economía argentina padece desde los últimos veinticinco años una postración y sumisión sin precedentes, es en esta área donde se observa la absoluta inacción del kirchnerismo. ¿Ha modificado Kirchner la relación de fuerzas entre las clases de la sociedad argentina? ¿Alteró las formas económicas concentradas de la distribución de la renta? ¿Modificó la estructura impositiva para hacerla más progresiva y justa? ¿Reactivó algún proyecto estratégico? ¿Transformó el Estado en un organismo al servicio del bienestar de los argentinos?

La totalidad de los factores económicos decisivos para el desarrollo nacional se mantienen en las mismas condiciones que durante el gobierno de Duhalde. Los salarios permanecen en un nivel de subsistencia, contenidos por el desempleo masivo que induce a aceptar condiciones miserables de trabajo para continuar dentro del sistema. La extracción de plusvalía por parte de los empresarios alcanza una magnitud nunca vista en estas tierras. La colosal estafa que sufrimos los argentinos desde 1976 se aprecia cabalmente cuando vemos que el salario representaba históricamente un 50 % de la producción nacional y hoy representa sólo el 20 %. Esto quiere decir que el 80 % del valor de la producción va a los bolsillos de los empresarios locales y extranjeros. Dentro de las masas trabajadores el 40 % está “en negro”, sin cobertura social ni derechos laborales. El 50 % de la población total es pobre y subsiste con algún trabajo precario, los planes de empleo, la delincuencia y las variadas formas de la indigencia disfrazada de cuentapropismo. ¿Qué medidas se tomaron para solucionar estas cuestiones? ¿Tiene Kirchner un programa económico alternativo? ¿Quién es el economista kirchnerista que pondrá fin a esta vergüenza nacional? El Ministerio de Economía sigue en manos de Lavagna, un ex funcionario de Alfonsín presentado como el salvador de la patria ante las notables incompetencias de su antecesor, Remes Lenicov. El Banco Central continúa en manos de Prat Gay, un ex empleado de los usureros internacionales, más preocupado por acertar con el valor del dólar que por reactivar la economía. ¿Este es el equipo económico de la recuperación nacional?

El enfrentamiento con la oligarquía pampeana, que debería concretarse en su expropiación, o al menos en altos impuestos, ha sido reemplazada por el mucho menos conflictivo desplante del presidente a la inauguración de la muestra de la Sociedad Rural. Mientras las empresas públicas siguen en manos de los concesionarios amigos del menemismo (extranjeros en su mayoría) sin observarse cambios sustanciales en su accionar, las economías regionales vegetan libradas a sus propios recursos y esfuerzos. El valor del dólar, que fue manipulado en su momento por Martínez de Hoz y Cavallo para arruinar la industria nacional abaratando artificialmente los productos importados, continua en los 3 pesos, haciendo que los alimentos sean caros para los bolsillos populares. La brutal transferencia de recursos que implicó la llamada “pesificación asimétrica” de créditos y depósitos no tiene miras de solucionarse, como no sea cargando sobre las espaldas del pueblo (de nosotros y de nuestros hijos) una nueva deuda pública. El titular de la Sociedad Rural expresó que de cada 4 barcos llenos de soja que se exportan, 1 va para el Estado. La evidente miopía social de este comentario, basado en un cálculo correcto, debería complementarse diciendo que un desocupado que compra 4 paquetes de arroz aporta 1 al estado a través de los impuestos. La Argentina actual se parece a un gran campo sembrado de soja, rodeado de masas harapientas que buscan sobrevivir como pueden, mientras el “productor agropecuario” disfruta de la fertilidad pampeana y critica las retenciones a las exportaciones.

Un programa nacional y revolucionario exige reorientar los recursos nacionales en beneficio de los argentinos. Nuestro país carece de destino si no ponemos a trabajar productivamente a los técnicos y obreros, a los profesionales y militares, a los intelectuales y a los campesinos. Para ello es imperativo retomar el control de los resortes fundamentales de la economía y ponerlos en manos nacionales. Los bancos, el comercio exterior y las empresas de servicios públicos deben estar en la órbita estatal. El destino económico de Argentina se define en la industria. Ante la traición de la burguesía nacional (que vendió sus empresas y campos a firmas extranjeras durante el menemismo) se impone recrear la industria estratégica estatal (minería, energía, comunicaciones, siderúrgica, transportes, informática, etc.). No es posible dar trabajo a los argentinos sin recrear un mercado interno fuerte, con alto poder adquisitivo de la mayoría de la población. Las empresas vinculadas al mercado local no necesitan cursos de capacitación ni consultores, necesitan poder adquisitivo en manos de la totalidad de la población para volver a producir. La desigual distribución de los recursos que existe actualmente hace inviable la sociedad argentina y la condena a la inseguridad, la falta de perspectivas y el desaliento de sus nuevas generaciones.

La conformación de un frente nacional antiimperialista, que congregue a obreros, desempleados, técnicos, pequeños productores, militares nacionalistas, y sectores populares del clero es la única forma de propiciar las condiciones políticas para que la economía argentina vuelva al sendero de crecimiento.

 
En esta edicion
DE JUAN D. PERÓN A NESTOR KIRCHNER
Osvaldo Calello | El presidente Kirchner declaró recientemenste que el día del pago de la deuda al Fondo Monetario “lloraba en silencio porque terminaron las ataduras”. Ese día de enero pasado el país desembolsó 10.000 millones de dólares y saldó, de una vez, los compromisos pendientes con la institución que representa los intereses de la usura internacional. Al parecer Kirchner lloraba en silencio una vez ejecutada la decisión. Sin duda debería haberlo hecho, aunque no por las razones aludidas.
 
PABLO RIVERA | El poder nunca es individual, todo poder tiene una base social sobre la cual apoyarse. El individuo que lo ejerce, ya sea un monarca o un presidente es sólo la cabeza visible, la personificación del poder. Si el rey se muere se lo sustituye por otro rey, pero el feudalismo no desaparece. Entonces, para saber quién tiene el poder político, hay que ver qué intereses están detrás de éste, en otras palabras, hay que  buscar sus bases sociales.
 
MARIELA GARCIA | El documento del Ministerio sostiene que “la nueva ley debe reafirmar muchos de los fines y principios ya acordados (...) y avanzar hacia nuevos principios orientadores de la educación pública nacional hacia el futuro". Los fundamentos de esos "nuevos" principios, que el documento escamotea al debate, son indiscutiblemente los del Banco Mundial: una educación con fecha de vencimiento; una educación al servicio del mercado mundial.
 
JOAQUÍN FONT  | El Ingreso Ciudadano o Renta Básica es “un ingreso pagado por el Estado a cada miembro de pleno derecho de la sociedad incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre o, dicho de otra forma, independientemente de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quien conviva”.
 
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