| Los medios de prensa dominantes presentan al presidente Kirchner como un hombre que está cambiando de raíz la política argentina. Estos mercenarios de la pluma y el papel pretenden hacernos olvidar que este señor llegó al poder con el apoyo de Duhalde y obteniendo un escasísimo porcentaje de votos, el menor de la historia. ¿Dónde estaba Kirchner durante el gobierno de Menem? ¿Oponiéndose al plan de vaciamiento del país o colocando fondos públicos en el extranjero? Ocurre que el presidente ha logrado el objetivo principal de la partidocracia justicialista y radical: presentar hacia adentro y hacia afuera un gobierno legal, pero que no modifica el esquema de poder vigente.
Pero, como la economía argentina padece desde los últimos veinticinco años una postración y sumisión sin precedentes, es en esta área donde se observa la absoluta inacción del kirchnerismo. ¿Ha modificado Kirchner la relación de fuerzas entre las clases de la sociedad argentina? ¿Alteró las formas económicas concentradas de la distribución de la renta? ¿Modificó la estructura impositiva para hacerla más progresiva y justa? ¿Reactivó algún proyecto estratégico? ¿Transformó el Estado en un organismo al servicio del bienestar de los argentinos?
La totalidad de los factores económicos decisivos para el desarrollo nacional se mantienen en las mismas condiciones que durante el gobierno de Duhalde. Los salarios permanecen en un nivel de subsistencia, contenidos por el desempleo masivo que induce a aceptar condiciones miserables de trabajo para continuar dentro del sistema. La extracción de plusvalía por parte de los empresarios alcanza una magnitud nunca vista en estas tierras. La colosal estafa que sufrimos los argentinos desde 1976 se aprecia cabalmente cuando vemos que el salario representaba históricamente un 50 % de la producción nacional y hoy representa sólo el 20 %. Esto quiere decir que el 80 % del valor de la producción va a los bolsillos de los empresarios locales y extranjeros. Dentro de las masas trabajadores el 40 % está “en negro”, sin cobertura social ni derechos laborales. El 50 % de la población total es pobre y subsiste con algún trabajo precario, los planes de empleo, la delincuencia y las variadas formas de la indigencia disfrazada de cuentapropismo. ¿Qué medidas se tomaron para solucionar estas cuestiones? ¿Tiene Kirchner un programa económico alternativo? ¿Quién es el economista kirchnerista que pondrá fin a esta vergüenza nacional? El Ministerio de Economía sigue en manos de Lavagna, un ex funcionario de Alfonsín presentado como el salvador de la patria ante las notables incompetencias de su antecesor, Remes Lenicov. El Banco Central continúa en manos de Prat Gay, un ex empleado de los usureros internacionales, más preocupado por acertar con el valor del dólar que por reactivar la economía. ¿Este es el equipo económico de la recuperación nacional?
El enfrentamiento con la oligarquía pampeana, que debería concretarse en su expropiación, o al menos en altos impuestos, ha sido reemplazada por el mucho menos conflictivo desplante del presidente a la inauguración de la muestra de la Sociedad Rural. Mientras las empresas públicas siguen en manos de los concesionarios amigos del menemismo (extranjeros en su mayoría) sin observarse cambios sustanciales en su accionar, las economías regionales vegetan libradas a sus propios recursos y esfuerzos. El valor del dólar, que fue manipulado en su momento por Martínez de Hoz y Cavallo para arruinar la industria nacional abaratando artificialmente los productos importados, continua en los 3 pesos, haciendo que los alimentos sean caros para los bolsillos populares. La brutal transferencia de recursos que implicó la llamada “pesificación asimétrica” de créditos y depósitos no tiene miras de solucionarse, como no sea cargando sobre las espaldas del pueblo (de nosotros y de nuestros hijos) una nueva deuda pública. El titular de la Sociedad Rural expresó que de cada 4 barcos llenos de soja que se exportan, 1 va para el Estado. La evidente miopía social de este comentario, basado en un cálculo correcto, debería complementarse diciendo que un desocupado que compra 4 paquetes de arroz aporta 1 al estado a través de los impuestos. La Argentina actual se parece a un gran campo sembrado de soja, rodeado de masas harapientas que buscan sobrevivir como pueden, mientras el “productor agropecuario” disfruta de la fertilidad pampeana y critica las retenciones a las exportaciones.
Un programa nacional y revolucionario exige reorientar los recursos nacionales en beneficio de los argentinos. Nuestro país carece de destino si no ponemos a trabajar productivamente a los técnicos y obreros, a los profesionales y militares, a los intelectuales y a los campesinos. Para ello es imperativo retomar el control de los resortes fundamentales de la economía y ponerlos en manos nacionales. Los bancos, el comercio exterior y las empresas de servicios públicos deben estar en la órbita estatal. El destino económico de Argentina se define en la industria. Ante la traición de la burguesía nacional (que vendió sus empresas y campos a firmas extranjeras durante el menemismo) se impone recrear la industria estratégica estatal (minería, energía, comunicaciones, siderúrgica, transportes, informática, etc.). No es posible dar trabajo a los argentinos sin recrear un mercado interno fuerte, con alto poder adquisitivo de la mayoría de la población. Las empresas vinculadas al mercado local no necesitan cursos de capacitación ni consultores, necesitan poder adquisitivo en manos de la totalidad de la población para volver a producir. La desigual distribución de los recursos que existe actualmente hace inviable la sociedad argentina y la condena a la inseguridad, la falta de perspectivas y el desaliento de sus nuevas generaciones.
La conformación de un frente nacional antiimperialista, que congregue a obreros, desempleados, técnicos, pequeños productores, militares nacionalistas, y sectores populares del clero es la única forma de propiciar las condiciones políticas para que la economía argentina vuelva al sendero de crecimiento.
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