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El escandaloso avance imperialista a través del New York Times, mereció una reacción muy moderada del gobernador de Santa Cruz y precandidato presidencial, que parece razonable suponer, refleja la opinión conjunta del “matrimonio imperial”, Néstor-Cristina.
El gobernador rechaza la idea pero declara “comprender” la actitud de los patagónicos, en función de que el abandono de la región (por el gobierno nacional, obviamente), “provoca algún sentimiento secesionista, no por mala fe sino por bronca guardada”.
De este modo da fe a la misteriosa encuesta en que se basó “el gran diario estadounidense”, sin identificarla, según la cual una mayoría de los pobladores reclama la independencia política para separarse del “desastre económico que es el resto de la Argentina”. (La Nación, 01/09/2002, pág. 15, “Breves”).
La declaración del gobernador, precandidato “a regir nuestros destinos”, es más escandalosa que el pútrido suelto del diario neoyorquino.
Durante más de una década ha gobernado la más extensa de las provincias australes, avaló por lo tanto las privatizaciones y el entreguismo colonizador del menemismo, privatizó él mismo en su provincia, contempló cómplice el aniquilamiento del ferrocarril, de 43.000 Km. de vías reducido a menos de 13.000, suscribió la degradación social de la Argentina y la depredación del capital financiero.
Desde luego echando al olvido el proyecto del gobierno del movimiento al que dice pertenecer, que propuso un ferrocarril desde La Quiaca a Tierra del Fuego, factor integrador, territorial y social, desechado por la Revolución Libertadora.
Eso sí, se autoproclama candidato de un “Frente Nacional y Popular”, como su congénere Rodríguez Saá se postula por un “Movimiento Nacional y Popular”.
Se atropellan en la memoria el discurso de Alfonsín, que iba a ir personalmente, con los gerentes de los bancos, a levantar las persianas de las fábricas cerradas, de Menem, que ofreció sangre para recuperar las Malvinas, de De la Rúa, “se acabó la fiesta para pocos”, todos discursos de campaña electoral de la partidocracia venal, elaborados para recrear ilusiones productoras de votos en el electorado de un pueblo azotado por la tragedia, pero con “destino manifiesto” en el cesto de papeles inservibles.
¿Tronará el escarmiento? Beraja y Pou fueron expulsados del Teatro San Martín por argentinos indignados. En la clase obrera, la mayoría popular, la unión de los patriotas, movilizados contra el imperialismo y los saqueadores impunes, está la respuesta y la clave del destino inmediato de la Argentina real.
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