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Las trasnacionales de la información cuyos directorios obedecen a las megapotencias ejercen una tiranía mediática. Ante ella se arrodillan los pueblos de la periferia comenzando por sus periodistas. Así el mundo se convence que Hussein merece la golpiza del Golfo Pérsico, el bloqueo a Cuba es legítimo, Londres estuvo en lo correcto al arrestar a Pinochet, la ocupación de Afganistán es necesaria para reprimir el terrorismo... El 20º aniversario de Malvinas es aprovechado para denostar la gesta descolonizadora y cubrir de laureles al Reino Unido... También se acepta como lo normal que La Haya juzgue a Milosevic. Antes, la invasión a Panamá con el encarcelamiento del general Noriega en EEUU es presentada como capítulo de la guerra contra el narcotráfico. También intervienen en lo valórico. Así presenta como expresión de la modernidad el divorcio y el aborto y el clima permisivo ante la drogadicción, la pornografía y el homosexualismo. De paso se dispara sobre “los enclaves autoritarios” con lo cual retroceden los padres ante los hijos, los docentes ante los alumnos, los gendarmes ante los reos, los policías ante los delincuentes. Es la promoción del “destape” cuya meta es triturar nuestra identidad. Así los imperialismos logran la sumisión a ínfimo costo y cero bajas. La hegemonía es obtenida a través del control de la conciencia.
Esta dictadura mediática –aparentemente inocua- dispone de apoyo interno. Se lo brinda la intelectualidad “progre” de apariencia izquierdista. Ambas fuerzas se asocian en difundir modas. Algunas ya anotadas. Otras igualmente letales como adherir –sin confesarlo- al neoliberalismo con su culto al consumo y el desdén por la soberanía. Esto último con el pretexto de la globalización. Otra es el ecologismo bloqueador del desarrollo. Allí está Ralco trancada y las madereras interdictas. Lo “progre” también es oponerse al Servicio Militar Obligatorio mientras se hace vista gorda frente a los F-16. En torno a 1992 –V Centenario- se inaugura la moda de las “minorías étnicas”. Con esa banderola se atomiza Yugoslavia, se amputa Timor a Indonesia y se programa fundar la República de Arauco. El indigenismo rechaza concebir, como campesinos indigentes, a chiapatecos y mapuches. Con criterio racista se alega que son minorías étnicas al estilo kosovar. Dotarlos de suelo, escuela y tecnología no basta. Se comienza exigiendo pluriculturalidad y autonomía. Los verdirrojos frotan la lámpara de Aladino y aparecen aimarás y atacameños. Se adjudican varios millones en activar el dialecto alacalufe que hablan 26 personas... A una alumna de apellido alemán me la encuentro... disfrazada de mapuche en Ahumada. Con orquestación mediática externa existe el ánimo de hacer picadillo a Chile fabricando pseudonacionalidades pigmeas.
* Centro de Estudios Chilenos (Cedech) cedech@chilesat.net
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