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El Departamento de Estado en la era guerrerista del clan Bush no puede tolerar un gobierno patriótico en Venezuela, una situación explosiva en Colombia, la perspectiva del triunfo electoral de Lula en Brasil y una atmósfera semi-insurreccional en Argentina. En este marco hay que entender lo de Venezuela.
Fernando Cangiano
El golpe cívico-militar que derrocó a Chávez debe interpretarse en el marco de la extraordinaria ofensiva imperialista en América Latina. Reúne todas las características de un golpe cívico- militar clásico: una larga e insidiosa campaña de los medios de comunicación privados manipulando a la opinión pública , la embajada norteamericana conspirando desembozadamente, la burguesía local alentando la rebelión con desabastecimiento y fuga de capitales y la fracción liberal de las Fuerzas Armadas consumando la embestida final. Como telón de fondo, las clases medias acomodadas y culturalmente colonizadas proporcionándole una base "popular" al golpe.
Una reproducción exacta de lo sucedido en Chile en 1973 y en Argentina en 1955. La era de las "democracias coloniales" se acerca aceleradamente a su fin a remolque de la crisis económica y social que desintegra a América Latina. Se abre una etapa de represión y militarización creciente, encubierta tras la lucha contra el "terrorismo". El sistema oligárquico-imperialista vuelve a sus métodos clásicos de dominación: el golpe civico-militar combinado con el neoliberalismo ortodoxo de los gurúes del gran capital. Se desvanece la ilusión pequeño-burguesa del centroizquierda de conquistar la democracia sin alterar el régimen de explotación y sometimiento nacional al imperialismo.
El Departamento de Estado en la era guerrerista del clan Bush no puede tolerar un gobierno patriótico en Venezuela, una situación explosiva en Colombia, la perspectiva del triunfo electoral de Lula en Brasil y una atmósfera semi-insurreccional en Argentina. En este marco hay que entender lo de Venezuela.
Sea como sea, lo ocurrido allí deja una enseñanza inequívoca. Es imposible ir a fondo en un cambio social sin arrancarle el poder económico a la mafia de oligarcas, usureros y grandes empresarios que controlan el poder real. De igual modo, un gobierno revolucionario que desee sobrevivir a la arremetida de enemigos con un inmenso poder, debe democratizar la información expropiando a las mafias mediáticas privados que controlan a la opinión pública de las grandes urbes. El aparato propagandístico debe estar al servicio de la revolución y no de la contrarevolución. No hay "derecho de propiedad" que justifique el engaño y la conspiración descarada.
Chávez no pudo avanzar en esa línea y los resultados están a la vista. Pero es imposible contener la protesta social en una América que se desangra. Esa es la quimera irrealizable de los enemigos de la soberanía popular y de la emancipación nacional.
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