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Hace 20 años, tropas argentinas desembarcaban en las Islas Malvinas, usurpadas desde hacía 133 años por el imperialismo inglés. Durante 74 intensos días y noches los argentinos defendieron con heroísmo la recuperación conmoviendo al mundo entero. Un tercio de la flota enviada por los colonialistas fue hundida por pilotos argentinos, y en tierra, los piratas pagaron un alto precio por cada palmo de terreno.
El pueblo vio lo esencial
El impacto político fue colosal. Gobernaba el país la nefasta dictadura militar instaurada en 1976, autora de crímenes y desapariciones masivas al tiempo que entregaba escandalosamente el patrimonio nacional y pactaba con los jefes terroristas en nombre de oscuros proyectos políticos.
El pueblo y los trabajadores no se llamaban a engaño sobre esta clase de gobernantes, con o sin uniforme, y los combatieron sin desmayo. A diferencia de los llamados partidos políticos “democráticos” que vieron con simpatía el derrocamiento del gobierno peronista y sostuvieron con diversas excusas al liberalismo oligárquico de Martínez de Hoz.
No obstante, el pueblo argentino percibió el giro histórico que acababa de producirse y se encolumnó como un solo hombre junto al gobierno detestable del “proceso”. Ya daría cuenta de ellos cuando, fortalecido por el triunfo sobre el imperialismo anglo-sajón, expulsara también, sino lo podía hacer antes, a la mafia interna de oligarcas, banqueros y grandes empresarios que apostaban a la derrota y saboteaban la guerra.
La Patria Grande se pone de pie y Las grandes potencias se sacan la careta
América Latina, al unísono, respaldó los derechos argentinos y brindó según los casos un apoyo directo a las fuerzas argentinas. Se destacó en particular la valiente posición de Panamá en el Consejo de Seguridad de la ONU, el apoyo de Fidel Castro que, sin los remilgos de la izquierda porteña, supo ubicarse en la esencia del conflicto, la solidaridad de Perú y Venezuela, conmocionadas ambas por gigantescas manifestaciones de simpatía por la casa argentina. Miles y miles de latinoamericanos se inscribieron como voluntarios en las embajadas y consulados argentinos. Se reinstaló el espiritu de la guerra por la independencia. San Martín y Bolívar volvían a cabalgar por la Patria Grande. Del otro lado, EEUU apoyó resueltamente, y con abundantes medios a su socio de la Otan, lo mismo que la Francia socialista y todos los gobiernos socialdemocrátas, liberales y cnservadores de Europa occidental. La Rusia soviética, los países de su bloque y China se abstuvieron Finalmente sobrevino la derrota. El régimen militar fue incapaz de llevar la lucha a fondo, contra potencias occidentales a las que hasta ayer nomás admiraba y servía. Se negó, en otras palabras, a llevar la acción militar al terreno económico y social, a vincular la justa guerra nacional con una revolución social y cultural que emancipara a la Patria toda.
Caida y resurgimiento de una causa nacional
La guerra que pudo haberse ganado, terminó con la caída de Puerto Argentino. Un golpe de estado entronizó al generalato favorable a la rendición y al realineamiento con el imperialismo pirata. No tardó éste en transformar una derrota cisrcunstancial en un derrumbe estratégico.
Daba comienzo la desmalvinización, en cuyo marco tuvimos una democracia formal, un endeudamiento usurero y una hiperdependencia que abrieron camino a la instalación en los noventa del modelo neoliberal. En Malvinas se demostró que en las grandes coyunturas históricas, en los países como el nuestro, sólo hay dos bandos, o si se quiere dos partidos.
Como hace 20 años, los argentinos deberán optar: con la Patria o con el imperialismo. Para que la causa nacional de Malvinas y la épica reconquista del 2 de abril sean entonces el digno prólogo de la emancipación nacional y social definitivas de la Argentina y América Latina.
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