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- Artículo cargado el 06/01/2009 - 19:01
Klimovsky y el sionismo
En la autobiografía que ha publicado recientemente (Mis diversas existencias. A-Z editora, Buenos Aires, 2008), Gregorio Klimovsky dedica algunas páginas a informar sobre sus relaciones con el judaísmo, con el sionismo y con el estado de Israel.
Tratándose de un profesor de lógica y de epistemología, llaman la atención las contradicciones y otras desprolijidades en las que incurre Klimovsky, así como la vaguedad y ambigüedad de algunas de sus expresiones.
Por ejemplo, afirma que se siente judío debido a que, a través de sus parientes, le llegó “la visión del mundo y del espíritu que tiene su origen en el Antiguo Testamento y que se ha ido transmitiendo de generación en generación”. Pero lamentablemente no aclara en qué consiste esa “visión del mundo y del espíritu”. La única pista que ofrece es decir que “el judaismo es una religión con mucho contenido ético” y “con muchas características humanistas”. Como resulta obvio que los mil millones de musulmanes y los mil y pico de millones de cristianos podrían decir lo mismo respecto de sus propias religiones, es un verdadero misterio saber en qué consiste la especificidad del judaismo de Klimovsky.
Pero hay más. Dice: “de joven, yo era antisionista”. ¿Y por qué era antisionista? Porque rechazaba todos los nacionalismos (lo cual, dicho sea de paso, es un grave error): “mi creencia (era) que no existe lo francés, lo ario, lo judaico, lo alemán”. Sin embargo, Klimovsky cambió de opinión con la llegada de la guerra interimperialista (“mundial”, la llama): “comencé a ver que era bastante razonable que existiera un núcleo geográfico donde los judíos pudieran juntarse y constituir algo parecido a una nación” (construir una nación o algo parecido a una nación no es lo mismo, tal como explicaron los seguidores de Herzl y los de Ajad Haam, y es una lástima que Klimovsky no sea claro al respecto).
Obsérvese que entre el antisionismo de Klimovsky, fundado en su oposición a los nacionalismos de cualquier naturaleza, y su posterior filo-sionismo, hay un punto en común: la creencia de que el judaismo es una identidad étnica o nacional, y no una identidad religiosa: la creencia de que el judaismo está “en la sangre”, o “en los genes”, y no que es una elección de un individuo libre. Esta fue la posición explícitamente defendida por Hitler en Mi Lucha, donde ataca a los marxistas y a los asimilacionistas porque creen que “el judaísmo es una mera identidad religiosa”. Es una lástima que el riguroso profesor de lógica y epistemología no profundice en este punto. Tal vez haya un “obstáculo epistemológico” que afecte la lucidez del profesor popperiano.
Pero las vaguedades y ambigüedades se entremezclan con falsedades fácticas. Veamos. Dice que en 1945 “hubo que admitir que en territorio de Palestina había una región donde los judíos eran mayoría”. La frase es deliberadamente poco clara. ¿Quiere decir que en Palestina había mayoría de habitantes judíos? ¿O quiere decir que en algunas partes de Palestina, en ciertas aldeas, había mayoría de habitantes hebreos? Si quiere decir lo primero, miente. Si quiere decir lo segundo, diciéndolo de manera que se pueda interpretar lo primero, hay que señalar que la afirmación de Klimovsky es irrelevante a los fines que consideramos. En el Barrio Chino de Nueva York hay mayoría de chinos. ¿Justificaría esto construir un estado chino en Nueva York? Palestina era, hasta la llegada de los colonialistas europeos, justamente un país en el que convivían la minoría hebrea (mayoría en algunas aldeas) y la mayoría árabe (minoría en algunas aldeas). Pero esto no justifica en absoluto la división del país impuesta por el imperialismo y la burocracia soviética (interesados, ambos, en que exista un estado judío a través del cual ejercer su influencia en la región).
Sea como fuere, Klimovsky afirma que a partir de este momento —finalizada la segunda guerra mundial— abandonó su antisionismo. Sin embargo, a la vuelta de la página afirma que “en determinada ocasión, creo que por 1937, hubo que elegir delegados para enviar a un congreso sionista en Jerusalén; fui seleccionado junto a otras personas”.
¿No era que “de joven” había sido antisionista? En 1937 Klimovsky tenía unos 15 años. ¿Cómo es que los sionistas eligieron como delegado a un joven antisionista?
Sobre los últimos años afirma Klimovsky que “sigo teniendo contacto con dirigentes judíos y sionistas y de vez en cuando tengo que dar alguna charla o conferencia” . Es decir, este hombre que considera que su judeidad tiene un trasfondo humanista y ético colabora con un movimiento —el sionismo— que no sólo tiene una concepción racial del judaismo, sino que está llevando adelante una limpieza étnica en Palestina. ¿Cómo se entiende semejante cosa?
Para terminar, Klimovsky no deja dudas del lado de la barricada en que decide pararse. “No hay manera de hablar de igual a igual con los terroristas, con Hamas, con la Yihad islámica, con el Movimiento de Liberación de Palestina”. Sus amigos sionistas de Israel piensan lo mismo, y “como no hay maera de hablar”, descargan bombas racimo y de fósforo blanco sobre el territorio de Gaza. Como “no hay manera de hablar”, ya han asesinado a cientos de niños y ancianos en los últimos días. ¿Estará de acuerdo Klimovsky con esto?