18 Ago 201070 años del asesinato de León Trotsky
Trotsky y la izquierda nacional
Si la semicolonia pastoril, inmóvil y privilegiada, sometida a Gran Bretaña había tenido el marxismo que le correspondía —”una variante izquierdista del bizantinismo intelectual (aunque una variante mediocre y conformista)” la llamaría Jorge Abelardo Ramos— así la nueva sociedad argentina que emerge a la luz histórica en 1943/5 con su pujante industria, su creciente proletariado, su ejército nacionalista, sus inéditos enfrentamientos de clases, sus sindicatos de masas y sus gigantescas movilizaciones, crea la atmósfera social apropiada para que aparezca una Izquierda ligada al movimiento nacional en construcción. En ese clima revulsivo vendrán a arraigar ideas que venían incubándose desde años antes alrededor de la tesis de la Liberación Nacional defendida por “Quebracho” Justo en polémica con los trotskistas defensores de una “revolución socialista’’ inmediata. Las heréticas ideas constitutivas de la corriente que se llamaría “Izquierda Nacional” serían elaboradas por dos grupos de ex-militantes del PORS y ex-discípulos de “Quebracho”, en continua rivalidad/colaboración: el que constituían Aurelio Narvaja, Hugo Sylvester (“H. García Ledesma”), Enrique Rivera, Carlos Etkin y Adolfo Pérelman, nucleados alrededor del periódico “Frente Obrero Segunda época” (en la primera había sido órgano del PORS, como anotamos), y el que conducido por Jorge Abelardo Ramos editaba la revista Octubre: Mauricio Prelooker (“Niceto Andrés”), Alfredo Terzaga, Manuel Fernando Carpió, Alberto Convertí y —posteriormente— Jorge Enea Spilimbergo. En estas publicaciones, contra todas las interpretaciones hostiles y erróneas de la generalidad de la izquierda, Narvaja, antes que nadie y enseguida Ramos, identificaron correctamente los sucesos del 17 de Octubre de 1945 y proclamaron que el peronismo era una nueva manifestación del Movimiento Nacional. Diría Narvaja en el N° 1 de Frente Obrero, del mismo octubre del 45: “La misma masa popular que antes gritaba ¡Viva Yrigoyen!, grita ahora ¡Viva Perón! [...]. La verdad es que Perón, al igual que antes Yrigoyen. da una expresión débil, inestable y en el fondo traicionera, pero expresión al fin, a los intereses nacionales del pueblo argentino. Al gritar ¡Viva Perón!, el proletariado expresa su repudio a los partidos pseudo-obreros, cuyos principales esfuerzos, en los últimos años, estuvieron orientados en el sentido de empujar el país a la carnicería imperialista. Perón se les aparece, entre otras cosas, como el representante de una fuerza que resistió larga y obstinadamente esos intentos, y como el patriota que procura defender al pueblo argentino de sus explotadores imperialistas”.
Los jóvenes pensadores de los grupos Frente Obrero y Octubre habían asimilado las tesis centrales del Trotsky desterrado en Méjico, desde donde, de cara a la realidad latinoamericana, las venía elaborando: la consigna de la “Federación de Repúblicas Socialistas de América Latina”, la revalorización de la contradicción fundamental entre naciones oprimidas y naciones opresoras y su corolario: el carácter históricamente progresivo del nacionalismo periférico, el bonapartismo sui géneris en los países semicoloniales y dependientes, la necesidad de la reforma agraria en la mayor parte del continente, el virtual potencial socialista de las comunidades indígenas, la progresividad de las estatizaciones en Méjico, el control en la industria nacionalizada y el papel de los sindicatos.
Extracto de Enajenación y Nacionalización del Socialismo Latinoamericano, Córdoba, Alción, 2010



