18 Feb 2011Correspondencia
Spilimbergo escribe sobre Esteban Rey
La siguiente transcripción, corresponde a una carta del dirigente de la izquierda nacional, Jorge Enea Spilimbergo. En ella rescata a la figura de un dirigente de izquierda de amplia trayectoria en el norte argentino: Esteban Rey, nacido en Tucumán en 1915 y fallecido en San Salvador de Jujuy en el año 2003.
Estaban Rey contrajo matrimonio con Irma Campero Bonnencaze, de la rama jujeña de la Familia Campero, descendiente de Fernando Campero Barragán. Este texto, con innúmerables citas de siglas y nombres de personas que, hoy, forman parte de la Historia Argentina de la segunda mitad del siglo XX, nos trae a la luz, a un personaje que vivió con pasión sus ideas, luchó por ellas y dejó su huella en el pensamiento de la izquierda nacional. A su modo, integró esa línea revolucionaria que estuvo presente en el devenir de esta familia.
La carta dice así:
“Estimado Compañero:
Con retardo del que me excuso, le hago llegar estas notas sobre Esteban Rey. No es mucho lo que agregar al material que Vd. maneje, pero es lo que saco de mi memoria.
Conocí a Rey por referencias periodísticas, no personalmente, en informaciones de los años ‘45 o ‘46 por su participación activa en movilizaciones obreras de Jujuy. El, de algún modo, las encabezaba. Mejor información puede rastrearse en la prensa nacional de la época. Rey era ya un joven abogado laboralista.
El siguiente dato que registro se refiere a la Editorial “La Vanguardia” del Partido Socialista. Gran sorpresa que los socialistas amarillos, como los llamábamos, editaran a un revolucionario trotskista su libro “En Bolivia, la revolución recién comienza”.
Seguramente Vd. lo tiene, así que no me explayo.
Es recopilación de artículos publicados en “El Intransigente”, de Salta, propiedad de David Michel Torino, terrateniente azucarero, radical unionista.
En el espíritu de la época, la insurrección de la pequeña burguesía “democrática” de La Paz que colgó al mayor Villarroel, equivalía a la “revolución de febrero” y abría el curso de un curioso “poder dual” entre el proletariado minero y la “rosca”, que es como decir, entre Lenin y Nicolás segundo. Tal interpretación explica lo de Michel Torino y “La Vanguardia”, pero entonces no podíamos saberlo. Recuérdese que el Partido Comunista había saludado el derrocamiento y asesinato de Villarroel, “el presidente colgado” del excelente estudio de Augusto Céspedes. Dato curioso, hacia 1951, cuando ya la cosa estaba clara a partir del artículo de Abelardo Ramos en la revista “Octubre”, “La revolución del dólar en Bolivia” (1946), Hugo Bressano, el teórico del trotskismo antiperonista, reivindicaba el golpe contra Villarroel (en polémica con los trotskistas seminacionales de “Voz Proletaria”, grupo Cuarta Internacional, actual POR,t), citando profusamente como prueba, el libro de E.Rey. Tengo un ejemplar mimeografiado.
A Rey lo conocí personalmente cuando encabezó una pequeña escisión en el Partido Socialista, al cual estaba afiliado, denominada Movimiento Obrero Revolucionario (MOR), de fugaz trayectoria. Entonces viajó a Buenos Aires y reunió a un pequeño grupo de jóvenes (Carlos Lesca, Mabel Izcovich, Chiquita Constenla), provenientes del “maquis” estudiantil del ‘45, imbuidos de un romanticismo revolucionario antiperonista. Esteban Rey, entonces, era trotskista o trotskizante, y sobre él influían las tesis del Congreso minero de Pulacayo (Cob, Bolivia), que eran una traducción casi escolar de las tesis de la revolución Permanente de L.T. El inspirador de tal documento, que nos asombraba ya que parecía duplicar la revolución de Octubre, era sin duda Guillermo Lora. Dudo que uno solo minero boliviano haya bebido realmente de de ese manantial.
Rey era entonces un hombre bastante joven, dotado de carisma y prestigio para nosotros, con mucha gracia, espontaneidad y simpatía. Yo no integré‚ su grupo, pues pertenecía a otra organización trotskista (Unión Obrera Revolucionaria), pero estuve en reuniones con él. Opinaba que “los trabajadores votarán por Perón en las próximas elecciones, como quien arroja una papeleta al pasar”. Esto ocurría en 1948. El MOR fue una moda minúscula. No cuajó.
Al año siguiente, Esteban Rey tiene una activa participación como vocero, asesor e inspirador de la gran huelga de la FOTIA tucumana. Lo rodeaba un grupo de intelectuales del Noroeste, entre ellos los tucumanos Cuenya y Barbieri, y el jujeño Brizuela. Lázaro Barbieri sería posteriormente gobernador radical deTucumán.
Si se revisa la prensa de la época se podrían leerdeclaraciones de la Federación Obrera Tucumana de la Industria Azucarera, FOTIA, durante la huelga donde, a la manera de Pulacayo, se planea muy alto, casi en clave del Octubre rojo, en pleno verbalismo revolucionario, a contrapelo del proceso real de la gran huelga. La sustancia del hecho de masas, no puede asegurarlo, es que el 17 de octubre llegaba al proletariado de los ingenios tucumanos ... cuando ya gobernaba Perón. Y éste recibió el cimbronazo.
Entonces, Perón hizo lo que otras veces en aquella época: aplastó la huelga e, inmediatamente, concedió todas las demandas… o casi todas.
En lo más áspero de la confrontación, el “tirano” denunció por radio (aún no gozábamos del privilegio de la TV) a los agitadores con nombre y apellido. Rey,
Cuenya, Barbieri, Brizuela figuraban a la cabeza, en suma, los trotskos del NO. Pero nadie fue preso, que yo recuerde. Ver la prensa de la época, que abunda en información. Nosotros estábamos orgullosos (yo ingreso a la IN hacia 1951).
El siguiente registro sobre Esteban Rey yo lo tengo al fundarse el Partido Socialista de la Revolución Nacional (1954). Rey y sus amigos ingresan desde el NOA. Ya hay una evolución significativa en sus posiciones.
El Partido Socialista de la Revolución Nacional nace como una pequeña escisión encabezada por el viejo Enrique Dickman, que entrevista a Perón (pecado nefando!) y es ipso facto expulsado del “viejo y glorioso”. Pero el general tenía la mano muy pesada, aplasta al “viejo y glorioso” Partido Socialista, reconoce a los micro-escindidos y, con cómplices maniobras judiciales de grueso calibre, les entrega personería, infraestructura y locales. Allí convergimos las más variadas pequeñas tendencias: la que luego se llamaría Izquierda Nacional (Abelardos Ramos, etc.), el superoportunismo de Nahuel Moreno (Hugo Bressano, el Partido Obrero Revolucionario de entonces, antiguo GOM, años después Partidio Socialista de los Trabajadores ), Rey y sus amigos.
Para éste, como para el grupo Ramos, se trataba de encontrar una rendija en el centralismo del sistema peronista para abrir un camino socialista revolucionario como ala izquierda del movimiento nacional.
Sobreviene entonces la caída de Perón. El viejo núcleo del Partido Socialista de la Revolución Nacional, procedente del socialismo tradicional, cuya ilusión era ser el “verdadero” Partido Socialista, se eclipsa. El entonces secretario general, Carlos Bravo (hijo del viejo Mario Bravo) navega entre figurón y conciliador,
y entramos a tallar los “revolucionarios” adventicios, erigiéndose en protagónicos el “Colorado” y Esteban Rey. Son los últimos meses del 55 y principios del 56.
Las perspectivas divergen y sobreviene una fuerte lucha fraccional entre nosotros. Disputábamos a brazo partido el control de “Lucha Obrera”, órgano del PSRN, del que Rey fue director, pero que manejábamos nosotros. “Lucha obrera” superó tirajes de 100.000 ejemplares. Fueron ocho números hasta su clausura. En sus columnas se reflejaba la pugna entre ambas posiciones, una y otra, creo hoy, erróneas.
Por nuestra parte, opinábamos que, defendiendo al peronismo caído, había que “diferenciarse”. Un artículo de Saúl Hecker (Reula), joven militante trotskista, muy “mandado” y entonces próximo a nosotros (después viró hacia Esteban Rey), sintetiza lo peor de nuestra posición: “Ahora hay que construir el Partido Obrero”. Lo subrayado es una gorilada, “ahora” que la oligarquía derrocó a Perón, hay que fundar, etcétera.” León Rey, por su parte, viraba hacia la derecha, y planteaba una suerte de mimetización hacia el peronismo, convirtiendo al Partido Socialista Revolucionario Nacional, en una suerte del “peronismo legal”. La variante oportunista era menos mala, pero contenía concesiones inadmisibles propias
de un cierto agitacionismo romántico, que era consustancial a Rey. Toda la lucha interna conducía a nuestra expulsión del PSRN. Quedarse miméticamente con el peronismo en el llano y clandestino era una tentación lo suficientemente fuerte como para anular todo espíritu de negociación y pluralidad.
“Felizmente” para nosotros, el PSRN fue disuelto de un tajo juntamente con el PJ, creo que en el otoño del 56, y la lucha interna terminó.
Por lo que creo recordar, las relaciones con Esteban Rey quedaron suspendidas pero no rotas. a tal punto que cuando Ramos lanza la primera parte de una colección de folletos que le edita Peña Lillo hacia el año 1959, Rey es uno de los autores con su trabajo “¿Es Frondizi un nuevo Perón?”, que Vd. debe tener. Obviamente, Frondizi no es un nuevo Perón. Sin duda, Rey forma parte del movimiento nacional, con convicciones firmes.
…
No sé si salteo etapas intermedias, pero llego a la campaña electoral del Frente de Izquierda Popular para las elecciones de marzo de 1973. Rey, junto a Silvio Frondizi, es candidato extrapartidario en nuestras listas. Nosotros habíamos sobrestimado por total inexperiencia nuestras posibilidades electorales, engañados por el enorme éxito de nuestra leal campaña de afiliación. El tema merecería otros desarrollos, pero no aquí. A diferencia de nosotros, Rey captó lo falso de nuestra posición, y propuso que retiráramos nuestras listas y votáramos sin más, independientemente, al FREJULI. A mi modo de ver, era una posición correcta, lo correcto. Pero cuando se está embalado, uno se vuelve sordo. No le hicimos caso, y así nos fue.
Según mis recuerdos, este fue el último contacto orgánico que tuvimos con Esteban Rey. Sé que, posteriormente, él se comprometió más directamente, y en segunda o tercera línea, con el aparato y/o el gobierno justicialista. Pero ya le había perdido el rastro.
La Argentina de estas últimas décadas ha sido un país inhóspito. Rey no fue, creo, un cuadro “profundo”, pero fue un agitador viviente, de firme compromiso con el campo nacional, que pudo haber tallado en otras circunstancias históricas más favorables. Para mí, es un pedazo de nuestras vidas y de nuestras esperanzas.
Esas esperanzas que sólo terminan con el cierre del ciclo vital que a cada uno nos aguarda. No antes. “
JORGE ENEA SPILIMBERGO
Nota : La voz de Esteban Rey, no se acalló. Vivió los últimos años de su vida humildemente en San Salvador de Jujuy. Hoy su memoria comienza a ser rescatada. Personalmente, me interesó leer su biografía, insertada en el libro “Los Malditos, los excluídos en la Historia Argentina” de Norberto Galasso, en el cúal se despliega la historia social del noroeste argentino y las luchas del movimiento obrero azucarero. De esta historia fué parte Esteban Rey.
Su memoria continúa en parientes muy queridos… los Rey Campero de Jujuy



