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  • Artículo cargado el 10/08/2009 - 12:34

Sobre la identidad de los judíos argentinos

Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

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En Clarín del martes 28 de julio, escribe el ex presidente de la AMIA, Luis Grynwald, una nota titulada “¿Cómo es realmente un buen judío?”. Es una nota en respuesta a las críticas del actual presidente de la AMIA a los judíos que fueron al acto del sábado 18 de julio , violando las prescripciones religiosas sobre el sabath. Pero lo que nos importa a nosotros es algo que Grynwald dice en un párrafo, recordándole al actual presidente de la AMIA que “él representa a todos los miembros de la comunidad: a laicos, conservadores, ateos, seculares y ortodoxos por igual”.

Que haya judíos laicos, conservadores, seculares y ortodoxos resulta comprensible. Pero… ¿judíos ateos? ¿Qué clase de judío es un judío que no cree en Dios? No cabe duda que considerar que hay judíos ateos supone una caracterización del judaísmo como algo diferente de una entidad religiosa. Grynwald expresa a los sectores de la comunidad judía más o menos “progresistas” que en las últimas elecciones fueron desplazados por la actual conducción conservadora y religiosa encabezada por el presidente Guillermo Borger. Los “conservadores” objetan a los “progresistas” algo elemental: si alguien se considera judío, debe cumplir con las prescripciones impuestas a los judíos por la religión judía. Podrá discutirse en particular la pertinencia de cada una de las prescripciones (como el respeto del sabath). Pero una de esas prescripciones es indiscutible: un judío debe creer en Dios. En este punto, sucede a los judíos lo mismo que a los católicos o a los musulmanes. ¿Dónde se ha visto un musulmán ateo? ¿Dónde se ha visto un católico no creyente?

A no ser, cabe reiterar, que los judíos sean algo diferente que una comunidad religiosa. Pero si el judaísmo no es una religión? ¿Qué es? Los “alosemitas” han tenido siempre a mano una respuesta: los judíos constituyen una raza diferente de otras razas, o una etnia diferente de otras etnias, o un pueblo diferente de otros pueblos, o una nación diferente de otras naciones. Si esto fuera cierto, entonces un judío argentino no sería enteramente argentino. Sería un individuo que aunque haya nacido en Argentina y aunque viva en Argentina pertenecería a otro pueblo u otra nación. No hace falta ser antisemita para proponer, a partir de este supuesto, que ciertos derechos políticos deberían ser recortados a los judíos, dada su condición de extranjeros.

Quienes rechazamos el “alosemitismo” (tanto en su versión antisemita como en su versión filosemita), debemos sostener, en cambio, que una persona judía es una persona que profesa la religión judía. La “judeidad” interpela a un individuo en la dimensión religiosa de su identidad, y no en la dimensión nacional o étnica. En consecuencia, un judío puede perfectamente ser argentino, pero no puede ser católico, musulmán o… ateo.

El “derechista” Borger tiene razón contra el “progresista” Grynwald. Pero en lo que respecta a los argentinos, el debate es importante porque en su trasfondo aparece la política identitaria con la que el imperialismo pretende erosionar la unidad nacional-popular con la que los países oprimidos se defienden de sus opresores.

Con la bandera de los “derechos humanos” y de las “políticas de la diversidad”, debidamente manipuladas, los imperialistas quieren que los argentinos y los latinoamericanos no nos reconozcamos como argentinos y como latinoamericanos sino como judíos, como aymarás o como mapuches. Es decir, quieren que la identidad nacional que se nutre de un pasado en común, estalle dejando al descubierto todos sus componentes parciales y multidimensionales, para que de ese modo no haya un futuro en común. Porque si uno pertenece a la “nación judía” (o a la “nación mapuche” o a la “nación aymará”), entonces Argentina o Latinoamérica no son el “nosotros” sino que son el “otro”. Y cuando nosotros (los argentinos o los latinoamericanos) nos convertimos en el “otro”, entonces el auténtico otro (el imperialismo) empieza a convertirse en parte de “nosotros”.

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Comentarios:

mario gianfra dijo:

Artículos como el presente colaboran a esclarecer bastante esa cuestión de la “victimización” que proponen los judios ante quien no comparte su religión, como si   fueramos culpables ante ellos,  sin darse cuenta que con las divisiones garantizamos la opresión de las mayorías en su diversidad.

Enviado el 20/08/2009 a las 20:54

Carlos A. Zelada dijo:

El tema es interesante porque a partir de la conciencia teòrica, no digo de la teorìa que no es lo mismo, se puede llegar a esclarecer el derrotero de la Naciòn.

El tema de la preeminencia del individuo sobre el grupo no solo encierra como a primera vista pareciera un problema de creencia religiosa. Implica, para bien o para mal, el hecho de si un hombre es ciudadano en funciòn de la nacionalidad que detenta o, por el contrario, su condiciòn de “humano” lo hace portador de “derechos” preexistentes a los grupos sociales, llamense tribus, naciones, razas o de cualquier otra forma.

La manera de enjuiciar el tema y, como consecuencia decidir que es lo “cierto” con la relatividad que tiene toda verdad, tiene consecuencias en la praxis.
No obstante, una teorìa que se vuelve ideologìa, debiera partir de la realidad “la ùnica verdad” segùn dijera Aristòteles.

Los judìos son, a mi parecer claro y sin que esto signifique ningùn sentimiento antisemita, un cuerpo extraño dentro de cualquier paìs. Ellos, tal vez justificadamente, pònen a su fe por encima de la Naciòn y como tienen un Estado que los aglutina, el Estado de Israel, constituyen, aun a la distancia, parte de un Estado Teocràtico, màs o menos ortodoxo, màs o menos liberal.

Su lealtad a la Naciòn—siempre segùn mi impresiòn—se verìa afectada seriamente en caso que el paìs donde residen se encontrara en pugna con Israel.
No es lo mismo tener el acendrado sentimiento de un mundo màs allà de los fenòmenos que tener la convicciòn que, hijos de nuestro entorno con todas las limitaciones que ello implica, debemos lealtad a nuestros conciudadanos y a los antepasados que permitieron la construcciòn de la Naciòn.

Enviado el 27/08/2009 a las 22:33

Marcela Brusa dijo:

Es obvio que la estupidez no reconoce ideologías.
Es perfectamente posible ser argentino y ateo, creanme.
Y es perfectamente posible ser judío y argentino.
Los que sospechan a los judíos de ser “extranjeros” son tan racistas como los que aquí en USA sospechan a todo el que tenga rasgos latinos de ser “indocumentado”
Puro antisemitismo, que en la derecha digamos que se entendía, pero en la izquierda no sólo es lamentable sino vergonzoso.

Enviado el 14/10/2010 a las 02:57

Carlos A. Zelada dijo:

Estupidez, racismo, izquierdismo y verguenza.

Pensar no es un ejercicio de izquierda ni de derecha. Es simplemente. Los preconceptos, que todos los tenemos, pueden atenuarse si se tiene rigor crítico.

La Política, o de otra forma, el ejercicio del Poder a través del Estado que se dan las sociedades organizadas, no está para “ser” de una determinada manera. Están para proteger los intereses del grupo social del que son su representación.

Si para ello, para proteger los intereses nacionales, es menester callar las evidentes injusticias de los hombres y de los Estados, así debe hacerse.

Estas someras consideraciones solo tienen el sentido de esclarecer que no es una cuestión personal la que me lleva a imaginar la dicotomía entre la Fe religiosa y la Lealtad Política o, de otra forma, entre lo individual—la Fe—y lo colectivo—la Lealtad Política, que no es una cuestión individual—.

En lo personal no soy racista y tampoco soy izquierdista. Espero que eso no me acredite como estúpido.

Enviado el 14/10/2010 a las 11:21

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