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  • Artículo cargado el 10/01/2012 - 22:14

Sobre burócratas, traidores y “auténticos representantes”

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Osvaldo Calello

En una segunda nota referida a posiciones sostenidas desde Socialismo Latinoamericano y publicada en su Página web,[1] los compañeros de El Frente Negro reafirman posiciones respecto a dos asuntos que en el presente revisten importancia política capital: la caracterización de la burocracia sindical de una parte, y el potencial transformador del kirchnerismo, de la otra. Todo esto a la luz de la confrontación que se desarrolla entre el gobierno y la fracción de la CGT encabezada por Hugo Moyano.

La nota en cuestión sale al cruce de la siguiente afirmación: “a través de una fracción de la burocracia, ha comenzado a expresarse la tensión creada por el programa de ajuste gubernamental en un sector del movimiento obrero”.[2] Si uno se atiene literalmente a la réplica de El Frente Negro no hay tal ajuste ni tensión alguna: “dudamos mucho que la actitud de Moyano sea expresión de una tensión existente entre la clase trabajadora y el gobierno, que en todo caso, con su ‘ajuste’ está afectando a los sectores más pudientes de la sociedad y pidiendo racionalidad a los reclamos de los ‘obreros’ más privilegiados”. Resulta un tanto difícil de aceptar que el ajuste (sin comillas) en los servicios públicos, el congelamiento de las escalas del impuesto al salario o los topes de las asignaciones familiares, así como la revisión de los plus salariales de los empleados públicos o el intento de establecer un límite a los aumentos paritarios por debajo de la inflación, afecte sólo a los “sectores más pudientes”, éstos sí verdaderos privilegiados por la política de subsidios al capital de los últimos años.

Simplemente, para El Frente Negro “la tensión que encarna Moyano es la de sus pares de la oligarquía sindical”. Sin duda Moyano expresa intereses particulares y personales que tienen que ver con posiciones de poder, con sus negocios y también con su situación judicial. Pero, ¿se trata sólo de esto? La nota en cuestión admite que “sin duda muchos de los reclamos que enarboló Moyano son legítimos”, pero señalan que lo sustancial del asunto es el corte político que estableció respecto del gobierno. Éste es sin duda uno de los centros de la presente discusión. En efecto, una vez consumada, la ruptura política se independiza de sus motivaciones iniciales y adquiere un significado más complejo de acuerdo al contexto en que se inserta. A este significado no son ajenos los cambios que se han producido en la relación entre el gobierno y la dirección de la CGT desde la muerte de Néstor Kirchner, claramente visibles a la luz de la exclusión de representantes sindicales en las listas electorales del Frente para la Victoria, con casos sintomáticos como los desplazamientos de Piumato y Schmid.

Burocracia y kirchnerismo

Esta decisión reveló en todo su alcance la idea que tiene la actual dirección del kirchnerismo respecto del movimiento obrero y de la burocracia. Pero quienes la expresan con todas las letras son los militantes de El Frente Negro. En uno de los párrafos más significativos de su nota dicen lo siguiente: “Los burócratas nunca apoyaron al kirchnerismo realmente, sino en la medida en que pudo revestir beneficio para sus intereses egoístas inmediatos. Del mismo modo no apoyan a la clase trabajadora ni a la causa nacional, sino en la medida en que son instrumentos para su sed inagotable de poder”. De un solo golpe el texto reduce a la burocracia a la condición de capa puramente parasitaria, enquistada en los aparatos sindicales con un único objetivo: la reproducción ampliada de sus propios intereses materiales. Solo faltó clasificarla como una anomalía, externa a la experiencia de clase. El enfoque es, en el mejor de los casos, unilateral. No puede explicar, por ejemplo, por qué en los 90’ el MTA rompe con la CGT menemista y enfrenta la política neoliberal del gobierno y, luego, en el 2000 se convierte en la fuerza que encabeza la resistencia obrera a la nueva vuelta de tuerca de la flexibilización laboral del régimen de la Alianza. ¿Acaso es posible explicar esos enfrentamientos reduciéndolos simplemente a la defensa de intereses estrechamente corporativos? Por el contrario, en ambas experiencias, sectores importantes de la clase trabajadora se valieron de lo que tenían a mano –los sindicatos controlados por la burocracia– para resistir la presión estatal impuesta por los círculos dominantes del gran capital.

Tampoco esta simplificación es válida para explicar la alianza entre la dirección de la CGT y el kirchnerismo. En realidad la política de los sindicatos originalmente alineados en el MTA, que luego conquistarán la dirección de la central obrera y establecerán la alianza con el gobierno de Néstor Kirchner, se desarrolla desde la segunda mitad de los 90’, y bajo el gobierno de De la Rúa sigue un curso paralelo a la línea de diferenciación establecida en los círculos de los grandes negocios por el llamado Grupo Productivo (UIA, Cámara de la Construcción, CRA) en busca de una política burguesa con centro de gravedad en el capital productivo, que abortara los planes de dolarización provenientes de la banca multinacional. Esa orientación se expresó en el apoyo primero al gobierno de Duhalde-Lavagna y luego al de Kirchner-Lavagna. De esa orientación formó parte también la política de la CGT.

Difícilmente pueda pasarse por alto que la burocracia sindical, hoy repudiada por muchos kirchneristas,  jugó el papel de fundamental importancia en el sostenimiento de los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández, en las horas más difíciles del enfrentamiento con las patronales agrarias, las corporaciones periodísticas y la vieja oligarquía partidocrática, y también en la contención de las demandas salariales que no se ajustaban a las exigencias del modelo. Es esto lo que le echó en cara, con todo derecho, Moyano al gobierno. A través de los cuadros de los aparatos sindicales, aún con todas las distorsiones y deformaciones conocidas, los trabajadores expresaron consentimiento o apoyo; en todo caso, afirmaron su decisión de no retroceder a una correlación política anterior a la crisis de diciembre de 2001. Muchos de los dirigentes de esa burocracia son genuinamente peronistas, cosa que no podrían demostrar más de uno de los actuales funcionarios de palacio. Desde esta ubicación Moyano opone el peronismo al kirchnerismo y establece un quiebre en el relato oficial.

¿Profundización del modelo?

Naturalmente, si como sostienen nuestros críticos, el ajuste sólo afecta a “los sectores más pudientes de la sociedad” y, en consecuencia, no genera tensión alguna en las bases obreras, el conflicto quedará circunscripto a la relación del gobierno con una fracción de la cúpula sindical. En este caso el desenlace es fácil de predecir.  Pero los compañeros de El Frente Negro no ignoran que la situación no es tan sencilla. En su escrito destacan la capacidad que ha demostrado el kirchnerismo para tomar la iniciativa en situaciones críticas (ley de medios, estatización de las AFJP, etc), pero inmediatamente reconocen que no se han conmovido los “cimientos fundamentales” heredados del neoliberalismo: “ley de entidades financieras, privatizaciones de los servicios públicos y provincialización de los recursos naturales. Entre otros temas”. Bien, éste es el punto. Esta herencia es una pesada carga que, a medida que pasa el tiempo, gravita en forma creciente sobre el balance del poder, y llegado el momento exigirá una definición. Ese momento no está en un tiempo indefinido. En su respuesta El Frente Negro cita un artículo publicado en Miradas al Sur, en uno de cuyos pasajes se afirma que “cambiar un estado de cosas en temas que son el corazón del capitalismo financiero (reforma financiera, impositiva y del Banco Central) significa ponerse a las corporaciones del poder económico en contra sin la certeza que los propios beneficiarios mantengan una conducta sostenida de compromiso político con el cambio. Por otro lado, no avanzar en esa dirección deja dos flancos delicados. El primero es que con el contexto de crisis internacional o se pone un dique a las multinacionales y a los grandes bancos o son los trabajadores y la clase media los que pagan. El segundo es que buena parte de la militancia que sostiene el kirchnerismo va en esa dirección y espera un debate seguido por medidas efectivas”. 

Está claro que la situación ha de definirse en un sentido u en otro: o el kirchnerismo decide enfrentar el poder de los bancos y las multinacionales o, por el contrario, sigue sin tocar los “cimientos fundamentales” de la estructura heredada de los 90’, y entonces los costos de la crisis y del sostenimiento del modelo lo pagan los trabajadores y las capas populares de clase media. Por eso cuando en la nota que dio origen a esta discusión señalamos que la consigna “profundizar el modelo” no tiene sentido, ya que ese modelo ha dado todo lo que se podía esperar de un programa de matriz desarrollista, lo que estábamos afirmando es que los factores estructurales heredados del período neoliberal son internos (no externos) al presente patrón de acumulación de capital, vale decir, resortes determinantes de su funcionamiento. Aludíamos, en consecuencia, a la necesidad de que los trabajadores formulen su programa político general por fuera del modelo, apuntando a la desarticulación de esos factores y afirmando una línea de construcción autónoma.

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Comentarios:

Ignacio Cárdenas dijo:

Ecelente análisis. Dos ideas destaco:
“...Moyano opone el peronismo al kirchnerismo y establece un quiebre en el relato oficial.”

“O el kirchnerismo decide enfrentar el poder de los bancos y las multinacionales o, por el contrario, sigue sin tocar los “cimientos fundamentales” de la estructura heredada de los 90’, y entonces los costos de la crisis y del sostenimiento del modelo lo pagan los trabajadores y las capas populares de clase media.”

Enviado el 10/01/2012 a las 22:32

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