• 70 años del asesinato de León Trotsky 
  • Artículo cargado el 18/08/2010 - 05:50

Sindicatos, capitalismo de Estado y administración obrera

Matías Dieztwitter @matiasdiezSocialismo Latinoamericano

En marzo de 1938 el gobierno del general Lázaro Cárdenas nacionalizó la industria petrolera controlada por empresas norteamericanas y británicas. El año anterior había tomado una decisión similar con las líneas ferroviarias. La medida provocó un enfrentamiento con los gobiernos imperialistas y contó con la desaprobación de stalinistas y socialistas, subordinados a través de la política de frentes antifascistas, a las burguesías “democráticas” de las metrópolis. Para resistir esta presión el gobierno mexicano reforzó su vínculo con los trabajadores, incorporando a representantes obreros en la administración de las empresas nacionalizadas. En un artículo escrito probablemente en mayo o en junio de 1938,[1] Trotsky analizó el significado de la medida, midió las consecuencias posibles y dilucidó a la luz de su contenido, la naturaleza de la relación de la clase trabajadora con el gobierno de Cárdenas.

El imperialismo, principalmente el británico, combatió las medidas de nacionalización del petróleo. Los capitalistas intentaron presentar a “la expropiación a los ojos de la opinión pública burguesa (…) como una medida ‘comunista’”. Los marxistas demuestran que en esa etapa de la revolución “(el) México semicolonial está luchando por la independencia nacional, política y económica”.[2]

Estas consideraciones sobre la participación obrera en la dirección de la empresa nacionalizada es analizada de forma positiva para un país dependiente (“industrialmente atrasados” los llama Trotsky) que discurre por un proceso de enfrentamiento al capital extranjero, tal el caso del México de Cárdenas, bajo un gobierno bonapartista de carácter nacionalista, que “cumple” el rol que la débil burguesía nacional estaba impedida de llevar adelante, y que para mantener su poder —en relación al capital extranjero— debía apoyarse en la relativamente poderosa clase trabajadora mexicana.

“En los países industrialmente atrasados el capital extranjero juega un rol decisivo. De ahí la relativa debilidad de la burguesía nacional en relación al proletariado nacional. Esto crea condiciones especiales de poder estatal. El gobierno gira entre el capital extranjero y el nacional, entre la relativamente débil burguesía nacional y el relativamente poderoso proletariado. Esto le da al gobierno un carácter bonapartista de índole particular.” Al apoyarse sobre el proletariado un gobierno de características bonapartista se ve obligado a realizar concesiones a la clase trabajadora. “En un país semicolonial, el capitalismo de estado se halla bajo la gran presión del capital privado extranjero y de sus gobiernos, y no puede mantenerse sin el apoyo activo de los trabajadores.” Bajo las condiciones de la dominación imperialista el gobierno se somete al capital extranjero, manteniendo una relativa autonomía, sometiendo a la débil burguesía nacional y al proletariado. En un proceso de enfrentamiento con el imperialismo el gobierno bonapartista se apoyará en la clase trabajadora y mantendrá una autonomía relativa de la burguesía nacional.

La debilidad de la burguesía nacional, dependiente tanto material como culturalmente, del capital extranjero impide que esta realice en forma autónoma las tareas democráticas y de independencia nacional que le permitirían desarrollarse más allá de los límites impuestos por el capital extranjero, y que le permitiera la consolidación de un Estado burgués independiente. Esta debilidad de la burguesía establece unas de las condiciones para la aparición de una solución bonapartista.

En el México de la década del 30 esa situación fue acompañada de un proceso de unificación y estatización de los sindicatos. La política bonapartista del cardenismo en su enfrentamiento con el imperialismo lo obliga a realizar concesiones a la clase trabajadora, incluyéndola en la dirección de las empresas. El aspecto fundamental en la formulación de Trotsky es que “(La) participación en el manejo de una cierta rama de la industria brinda (…) una amplia oportunidad de oposición política. En caso de que los representantes obreros estén en minoría en la administración, tienen todas las oportunidades para proclamar y publicar sus propuestas rechazadas por la mayoría, ponerlas en conocimiento de los trabajadores, etcétera.” En consecuencia, se trata de sostener las medidas antiimperialistas del gobierno desde una política independiente, delimitándose de toda ilusión reformista, teniendo presente que no existe una relación de “etapas” entre el programa nacional-democrático y las medidas avanzadas, de transición, que señalen la voluntad de los trabajadores de luchar por el poder. Se trata, además, de aprovechar la oportunidad que se presenta para expresar posiciones propias en el interior del movimiento obrero. Los gobiernos nacionalistas no son la vía reformista al socialismo. “Para los marxistas no se trata de construir el socialismo con las manos de la burguesía, sino de utilizar las situaciones que se presentan dentro del capitalismo de estado y hacer avanzar el movimiento revolucionario de los trabajadores.”

Esta política de participación obrera en la dirección de las industrias está relacionada con la política general hacia la clase trabajadora, en la que Trotsky llama a la lucha por la dirección de los sindicatos, oponiéndose a la conformación de sindicatos independientes, revolucionarios, aislados del conjunto de la clase trabajadora. Apela a la unidad del movimiento obrero y desde los sindicatos disputar a las direcciones burocráticas la conducción del movimiento obrero. La política en el interior del sindicato es la misma política que en el interior de las empresas nacionalizadas. Renunciar a ello es dejar el camino abierto a la dominación absoluta de la burocracia sindical.[3]

El resultado de la participación de los trabajadores dependerá de su relación de fuerzas con las clases dominantes, de la maduración de su experiencia de clase, y del carácter de los gobiernos que estén al frente de estos países. Pero sobre todo dependerá de la capacidad en formular una política independiente que prevenga a la clase trabajadora de la posibilidad de un giro reaccionario del gobierno bonapartista, y posibilitar una solución de clase de la crisis. De no ser así el imperialismo impone sus soluciones tendientes a disciplinar al movimiento obrero.

Tras casi tres décadas de “democracia colonial” comienza a emerger en el seno de la clase trabajadora corrientes que van expresando el creciente grado de maduración de la experiencia de clase. Experiencia que muchas veces se ve diluida por los intentos por parte de ciertos grupos de aislar ese proceso. Pero en los claroscuros del régimen colonial van emergiendo nuevas generaciones de luchadores, tratando de recrear una experiencia política perdida décadas atrás, estableciendo las bases para la construcción de su herramienta política.

Notas:
  1. Trotsky, León: “La industria nacionalizada y la administración obrera”, mayo o junio de 1938.
  2. Trotsky, León: “México y el imperialismo británico”, 5 de junio de 1938.
  3. Trotsky, León: “Los sindicatos en la era de transición”, Programa de transición, 1938.

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