30 Ago 2011Politica Nacional 

Sindicalismo y Progresismo: el kirchnerismo y sus “contradicciones secundarias”

Socialismo Latinoamericano

La categórica victoria del oficialismo en las primarias abiertas y obligatorias permite visualizar un horizonte político caracterizado por las disputas y contradicciones en el seno del kirchnerismo entre las invocaciones a la profundización, o al cambio de “el modelo”.

La fortaleza electoral del oficialismo puede desagregarse, independientemente de la composición de la infame y miserable oposición, en el creciente protagonismo de dos sujetos sociales que en su articulación definen el componente popular del kirchnerismo: sindicalismo y progresismo pequeñoburgués. El Partido Justicialista se limita en este marco a negociar sus intereses burocráticos propios, traduciendo territorialmente las distintas correlaciones de fuerzas que en el seno del kirchnerismo se establecen entre estos dos componentes básicos.

El componente pequeño burgués ha sido el encargado de dotar de una perspectiva ideológica propia al oficialismo aumentando paulatinamente su capacidad de interpelación desde áreas tradicionalmente sensibles a las ansías progresistas: el derecho humanismo (con la reactivación de los juicios), las cuestiones de género (con el matrimonio igualitario) o las disputas simbólicas (con la implementación de la ley de medios) han constituido una serie de hitos que sedujeron particularmente a amplios sectores medios ilustrados y que, hoy por hoy, se proyectan en la eventualidad de la despenalización del aborto o el consumo personal de estupefacientes. La consolidación de este imaginario, tan ecléctico y contradictorio como eficaz, se evidenció en las multitudinarias movilizaciones durante el bicentenario o las exequias de Néstor Kirchner.

El componente sindical, por su parte, ha adquirido un creciente protagonismo sobre las altas tasas de crecimiento, la recuperación del empleo formal, y la posibilidad de renegociar la tasa de explotación sosteniendo el salario año a año. Si un curioso setentismo democratista y de “izquierdas” moviliza a la pequeña burguesía k, un peronismo ortodoxo y referenciado en la primera década sostiene las invocaciones sobre aquella idílica comunidad organizada que fija los límites discursivos de los más lúcidos referentes de la CGT. Cristalizada en la recuperación de los aportes previsionales, la asignación universal, o la expansión de los derechos jubilatorios, su proyección inmediata se enmarca en el proyecto Recalde sobre participación de los trabajadores en la rentabilidad empresaria.

Las divergencias entre clase obrera y pequeña burguesía han sido una constante en la historia argentina expresándose ideológicamente en las disputas entre nacionalismo popular antiimperialista y reformismo democrático progresista. El núcleo del poder oficialista dejó clara su postura con respecto a estas dos perspectivas favoreciendo un considerable crecimiento de su factor pequeño burgués a costa de cuadros, espacios y cargos que la CGT disputó reasumiendo el desafío de trascender los límites específicamente sindicales de su práctica.

El rotundo triunfo electoral del oficialismo desde esa estrategia no parece preanunciar una radicalización antiimperialista por parte del gobierno, no sugiere la posibilidad de cambiar, transformar o superar un modelo de inocultables deudas con la estructura de la dependencia periférica.

La eventualidad de un cambio de rumbo en franca oposición al capital extranjero no dependerá, en este marco, de las disputas con que la partidocracia, desde el Pro al neocamporismo, entretiene a los editorialistas dominicales, sino de las formas en que la clase obrera, con sus direcciones burocratizadas incluidas, asuma un complejo desafío que apunta en dos direcciones decisivas y en tensión, pero imprescindibles y complementarias desde el punto de vista de la emancipación: un aumento de la autonomía obrera con respecto al estado y sus satélites, particularmente al pejotismo; y un imprescindible y urgente proceso de democratización en sus estructuras organizativas en que el protagonismo político no sea concebido como una graciosa concesión que se mendiga, sino como el resultado de la lucha, la movilización y la reorganización de las amplias masas laburantes, esas que, aún hoy, guardan la clave de la liberación nacional.

  • 30 Ago 2011Politica Nacional 

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