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  • Artículo cargado el 04/08/2010 - 00:02

Separatismo e indigenismo

Andrés Soliz RadaIzquierda Nacional de Bolivia

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El primer período de gobierno de Evo Morales sirvió para neutralizar el separatismo de la “Nación Camba”, cuyos líderes gestionaban ante la comunidad internacional el estatus de “protectorado” para Santa Cruz de la Sierra, en tanto el alcalde cruceño Percy Fernández dijo que había llegado la hora de “trazar la raya” entre el oriente y el occidente de Bolivia

Los separatistas, cuya poderío se asentaba en grandes haciendas, control de medios de comunicación, Bancos y relaciones con trasnacionales, canalizaron en su beneficio legítimas demandas de autonomías departamentales en Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija, Chuquisaca y Cochabamba. Llegó un momento en el que Evo no podía ingresar a seis de las nueve capitales de departamento del país.

Para derrotar este riesgo, el régimen exacerbó el indigenismo. La consigna de 36 inexistentes naciones precolombinas coadyuvó a reprimir y derrotar a sus oponentes. La concesión de bonos, a diestra y siniestra, y la atolondrada aprobación de un texto constitucional incoherente, en el que se contraponen irreconciliables regímenes autonómicos regionales, departamentales, municipales e indígenas vinieron en ayuda del grupo palaciego. Los enfrentamientos provocaron decenas de muertos. En ese momento clave, UNASUR dio a Evo un apoyo decisivo. Con ese aval, el régimen expropió tierras a grandes hacendados, en tanto importantes líderes autonomistas fueron perseguidos, encarcelados y acusados de terrorismo.

Sin embargo, después de su victoria, ratificada con su reelección, con el 64 por ciento de votos, el Primer Mandatario advirtió, para desencanto de las ONG, que el reconocimiento de las inventadas naciones indígenas era inviable, sobre todo después de frecuentes linchamientos, cometidos a nombre de justicias comunitarias, y de crecientes pugnas internas por territorios, competencias y recursos naturales. Simultáneamente, Brasil cobró su apoyo en UNASUR, al mantener paralizada a YPFB. Solo funcionan con eficiencia los mega campos operados por Petrobrás, y que alimentan al coloso de San Pablo. Chile hizo lo mismo, al conseguir que Bolivia no reclame su salida al mar en los foros internacionales.

Lo anterior explica el retorno al centralismo más secante. Muchas de las anunciadas transformaciones culturales, algunas altamente valiosas, y las competencias autonómicas serán aplicadas con cuenta gotas y en próximas décadas. Los planteamientos de retorno al Tawantinsuyo y el tema de las 36 naciones han desaparecido de los discursos oficiales. El desorden institucional y económico (salvo en la macroeconomía, que entrega a EEUU y la Banca foránea el manejo de las reservas monetarias), hace que el gobierno trate de esbozar un proyecto nacional, con algunos signos alentadores, como la instalación de una termoeléctrica de 100 MV en Tarija y de una plata hidro metalúrgica de cobre en La Paz. Asimismo, resolvió aumentar la presencia estatal en fronteras, auditar a empresas madereras y fiscalizar la hasta ahora incontrolable explotación aurífera en la región amazónica.

Pese a que la oposición, sin excepción alguna, está castrada política e ideológicamente, el oficialismo no puede ocultar el aumento del contrabando y el narcotráfico. Las hábiles campañas internacionales que presentan a Evo como defensor del cosmos, del agua y de pueblos indígenas no compensan la extrema debilidad de la gestión de gobierno y la corrupción interna. Una mezcla de estafa, prostitución y asesinato impidió a Bolivia contar con la primera planta separadora de líquidos del gas que se exporta a Argentina y Brasil. El Poder Ejecutivo ha adquirido sin licitación, lo que es imposible de explicar jurídicamente, un avión presidencial por 38 millones de dólares, en tanto busca destituir al opositor alcalde de Potosí, René Joaquino, por comprar algunos camiones usados para su municipio.

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Comentarios:

Carlos A. Zelada dijo:

Separatismos

Las llamadas “autonomías” que, ciertamente no es solo un problema de Bolivia, es un tema que viene de largo, especialmente cuando el Estado Central, por razones diversas, esencialmente económicas, no puede maniobrar para paliar las necesidades de las regiones, de los grupos minoritarios y, a veces, como en el caso de Bolivia, el conglomerado de etnias que, ciegamente, intentan una independencia inviable.

En Europa, Italia, con la Liga del Norte, en España, con Catalunya y el país Vasco, en la misma Francia con entidades más o menos acusadas como Bretaña que sin exigir el separatismo guardan reserva hacia el Poder Central, etc. son muestras inequívocas que el problema de los regionalismos no son encarados como debieran, es decir, políticamente.

Entre nosotros, cuando la crísis del 2001, diarios extranjeros recogieron los comentarios desaprensivos de dirigentes que propiciaban la sepración de la Patagonia como entidad distinta de Argentina. Fogoneados por intereses que permanecen en la sombra, la posibilidad de ver disgregado al país, seguramente los incentivaron a publicar tamaña heregía.

La vida actual, cualquiera sea la “sanata” acerca de la Democracia, especialmente la llamada participacionista, exige un núcleo duro de gente que, trascendiendo sus intereses de clase e identificados con el destino de la Nación misma, exijan la Autoridad necesaria para tomar las decisiones adecuadas.

Todo gobierno implica un respaldo de la Fuerza. Ello no conlleva necesariamente a la arbitrariedad. Pero el mal llamado “centralismo” se vuelve inevitable. Pero más que para decidir cosas puntuales, el Estado Nacional debe fijar los niveles de decisión que eviten los particularismos.
El caso de los llamados “grupos originarios” deben ser integrados al país, si es necesario, limitando legalmente su ciudadanía.
Miguel de Unamuno decía y con razón:
   
“La Patria es el idioma”

Esto equivale a forzar a todas las etnias que viven en el territorio nacional a saber el castellano con solvencia y no permitir ningún otro idioma oficial. Ello no equivale a prohibir el ejercicio de ningún idioma en el ámbito privado que incluye su difusión por los medios de comunicación. Pero cualquier actividad pública, desde el Matrimonio, el Nacimiento y los Derechos de los deudos cuando se produce un fallecimiento, deben ser exigidos en Castellano que es nuestro idioma. Y en la nominación del ámbito público el idioma Castellano debe establecerse como un Rey Absoluto.
Asimismo, la doble nacionalidad y hasta la triple, como la que tiene el actual Ministros de Relaciones Exteriores, Sr. Timermann, no deberían ser permitidas en nombre de ningún “humanismo” ni “internacionalismo”. 
Los países no son una unión provisoria a ser refrendada por cada generación. La lealtad que conlleva ser miembro pleno de una nación implica su declarada elección en todo lo que afecte la vida del país. Aun viviendo en el extranjero, debería optarse la nacionalidad y los consecuentes deberes. Todo ello implica restricciones a la libertad del individuo pero también los beneficios de la pertenencia a la Nación. No hay ciudadanos del mundo. Solo hay ciudadanos de cada país. Si alguien se siente “ciudadano del mundo” que se asiente donde sus leyes prioricen su individualidad. Pero, nos guste o no, el individuo es hijo de un medio y es justo que ese medio le exija deberes.

El Estado Nacional no está para defender a la Humanidad. Si así fuera debería instituirse un Estado Mundial con la aquiescencia de todas las naciones existentes. Pero eso, la “humanidad” es solo una entelequia de los “ideólogos” que carecen de la suficiente modestia para admitir que sus divagaciones no tienen entidad real. Y, dado que esos intelectuales carecen de libertad real, pretenden instituir un reino de la libertad que no existe en ninguna parte.
Es menester, de una vez por todas, dejar de ser hormigas que siguen el camino trazado e instituir una Política que, como toda política, se edifica sobre la realidad, no sobre romanticismos trasnochados.

Enviado el 04/08/2010 a las 17:23

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