• Editorial 
  • Artículo cargado el 17/05/2010 - 22:18
TAREA CENTRAL PARA LA NUEVA GENERACIÓN DE MILITANTES

Romper la falsa polarización entre oposición y oficialismo

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El próximo gobierno mantendrá, en lo esencial, una línea de continuidad, ya que la nueva administración difícilmente reúne fuerzas suficientes para imprimir un giro decisivo a la situación En la historia política de las últimas décadas, estos giros fueron precedidos por crisis orgánicas que afectaron al conjunto de la sociedad: el golpe de Estado de 1976; el terrorismo económico de los “mercados” en 1989; el estallido de la convertibilidad en 2001 Nada de esto está presente ahora en el horizonte

El periodismo “independiente” está comprobando, con alarma, que los grandes partidos de la oposición, en los que afirma sus esperanzas de sacarse de encima al kirchnerismo, no están a la altura de la noble empresa. El pasado 25 de abril la nota política de fondo del “gran diario argentino” dio cuenta de la amarga comprobación en los siguientes términos: “Los líderes de la oposición estarían empezando a tomar conciencia sobre algo. Es cierto que resta un tramo largo e incierto hasta el 2011. Pero todo el tiempo que ellos dilapidan es aprovechado por los Kirchner para arroparse con herramientas del Estado, vaciar las instituciones (las trabas en el Congreso son un ejemplo) y llevar hasta la anemia a una oposición de origen heterogéneo y débil”. En la redacción de La Nación la inquietud es similar. Mariano Grondona, su sesudo analista dominical, terminó la reflexión publicada es mismo día, con este perturbador interrogante:

“¿Será posible que la irreflexiva dispersión de sus opositores termine por abrirles a los Kirchner las puertas de una ambición que cualquier mandatario prudente juzgaría descabellada? Esta temible pregunta amenaza con acompañar a los argentinos hasta octubre de 2011”. Anteriormente, Grondona se había interrogado acerca de si la Suprema Corte se atrevería a impugnar la futura candidatura presidencial de Néstor Kirchner, del mismo modo como la justicia colombiana lo había hecho con la de Uribe. Bien explicado, el asunto es sencillo de entender: “Ajustándose al principio que excluye las reelecciones indefinidas, nuestra reforma constitucional de 1994 limitó a dos períodos consecutivos el plazo presidencial. Si Néstor Kirchner insiste ahora en su candidatura presidencial para 2011, estará violando aquel principio porque, al digitar a Cristina en 2007, lo que obtuvo, en realidad, fue su propia reelección a través de ella, a la que en 2011 seguiría, si la consiguiera, una tercera presidencia consecutiva”.

Más allá del dislate senil de Grondona sumido en la impotencia, lo que traducen estos análisis periodísticos, es la certeza de que las fuerzas partidarias tradicionales, enfrentadas al kirchnerismo, ni siquiera como oposición tienen un mínimo de cohesión y consistencia política; mucho menos como alternativa de poder. En consecuencia, lo que a partir del 28 de junio pasado se daba como seguro en 2011, ahora resulta incierto.

¿Un gobierno del bloque de radicales, cívicos y socialistas, hoy prácticamente disuelto, o de Unión Pro, alianza victoriosa en la provincia de Buenos Aires en las pasadas legislativas, ahora en crisis por la rivalidad entre Macri y De Narváez? Basta interrogarse sobre el grado de consolidación gubernamental y el margen de maniobra que podría alcanzar alguna combinación surgida de esas fuerzas, para comprender la preocupación que gana terreno entre quienes apuestan a la derrota del gobierno el próximo año. Ni siquiera en los altos círculos del poder económico, un recambio gubernamental de esa naturaleza inspira demasiada confianza, a pesar de las pruebas de sometimiento que han dado los jefes de esa oposición.

Si algo ha quedado en claro en las dos últimas décadas, es que la única maquinaria política en condiciones de gobernar adaptándose a los cambios en las correlaciones de fuerzas que se produjeron en las esferas del poder de clase, ha sido el Partido Justicialista. En los 90’ siguiendo al pie de la letra el programa del capital financiero internacional y de las trasnacionales intervinientes en el festín de las privatizaciones; en al década siguiente ajustándose al nudo de intereses que giran en torno a los negocios de la gran burguesía industrial y los grupos exportadores.

Así las cosas, hacia adelante lo más importante no es si el próximo gobierno surgirá de las filas de la oposición o si se mantendrá la sucesión de presidentes justicialistas iniciada en e 2002. En todo caso se mantendrá, en lo esencial, una línea de continuidad ya que la nueva administración difícilmente reúna fuerza suficiente para imprimir un giro decisivo a la situación. Sobre esto hay que tener presente que en la historia política de las últimas décadas, estos giros fueron precedidos por crisis orgánicas que afectaron al conjunto de la sociedad: el golpe de Estado de 1976; el terrorismo económico de los “mercados” en 1989; el estallido de la convertibilidad en 2001. Nada de esto está presente ahora en el horizonte.

En el 76’ mediante el terrorismo de Estado y en el 89’ a través de la hiperinflación, se crearon las condiciones para una reestructuración a fondo de las estructuras económicas y sociales según las imposiciones del capital financiero, que a partir de mediados de los 70’ habría de alcanzar una posición dominante a escala mundial. En diciembre de 2001, en cambio, fue la resistencia de la sociedad y la movilización de las masas populares lo que precipitó la crisis del régimen existente y los cambios en el balance del poder. En esta ocasión fue la inmadurez y las contradicciones de las fuerzas emergentes (ausencia de dirección, programa y organización) las que facilitaron la restauración de las instituciones y de la corporación partidaria, ayudaron a la recomposición del bloque dominante y establecieron una relación de fuerzas que en lo fundamental habrá de mantenerse el período inmediato.

Nada puede esperarse, en consecuencia, de la posible alternancia entre oficialistas y opositores. Si bien es cierto que juzgados individualmente, personajes como Cobos, Carrió, Macri o De Nárvaez son lo peor que puede presentar la política nacional, no lo es menos que la opción kirchnerista del “mal menor” es una trampa, producto de una falsa polarización, montada para bloquear posibles realineamientos que escapen a los límites del presente statu quo. Quebrar esa falsa polarización es la tarea principal de la militancia que bajo las banderas nacionales, democráticas, antiimperialistas y socialistas, está dispuesta a luchar en las fábricas, en las empresas y en los sindicatos, en los barrios, en las escuelas y las universidades, en los cuarteles… para cambiar el presente y construir un futuro más digno y más justo para todos.

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Comentarios:

Lourdes Bianconi dijo:

No-todo es lo mismo, y que precisamente esa tendencia de homogeneizar y fundir y confundir oficialismo con oposición solo permite comprender que la izquierda así de esta manera de vigilancia pasiva solo afirma la propia incapacidad, siempre esperando que un “otro” opositor venga a gritar lo que hoy por hoy, la izquierda no puede hacer, porque se quedó en el túnel del tiempo, no tiene verdadera presencia porque perdió de vista muchos objetivos que el gobierno “K” de forma quizás insuficiente trajo a la discusión de la distribución, del modelo-...

Enviado el 21/05/2010 a las 14:58

Esteban dijo:

Lourdes:
Con todo respeto, ya me tienen las bolas hinchadas los que desde su casa se dedican a dar consejos a la izquierda sobre lo que debería hacer, especialmente que esos consejos siempre tienden a que la izquierda deje de ser izquierda y apoye a los gobiernos administradores del sistema capitalista. Claro que no son lo mismo los K, Menem, Carrió, Macri, etc. Tampoco son lo mismo River, Boca, Racing… pero todos forman parte del negocio de la AFA. La izquierda está contra la AFA y por eso toma distancia de todos los que juegan para la AFA aunque se enfrenten entre sí.
Salgo a la calle y veo cartoneros muertos de hambre. Los K y sus amigos son multimillonarios. Vos querés que la izquierda apoye a los K o que haga algo para que los cartoneros dejen de ser cartoneros?
Eso de que la izquierda se quedó en el tunel del tiempo es una pelotudez salida del menemismo. Menem decia que la izquierda se quedon en el 45, y él, muy pragmático y muy moderno, vendió el país y así quedamos. Te aconsejo no repetir esas frases hechas porque son pavadas difundidas por los enemigos del pueblo.
Esteban

Enviado el 21/05/2010 a las 21:28

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