09 Feb 2011Mundo Árabe 

Revueltas populares en Egipto y Túnez: ¿renacimiento de la conciencia nacional árabe?

golahoud Socialismo Latinoamericano

Enero de 2011 será recordado, posiblemente, como la fecha simbólica del comienzo del despertar del mundo árabe que, para sorpresa de analistas y observadores, salió masivamente a las calles para repudiar a los gobiernos de Túnez y Egipto, desatando, con ello, una fuerte reacción de solidaridad que ha alcanzado a toda la región del Magreb africano, con fuertes implicancias políticas, económicas y sociales que amenazan con extenderse a toda la región de Medio Oriente.

Pero la caída en pocos días del gobierno tunecino de Ben Ali y la dramática situación en Egipto, con miles y miles de jóvenes y trabajadores exigiendo en las calles la renuncia de Hosni Mubarak y todo su gobierno, como las reacciones en cadena en la región, tienen un trasfondo en común: la creciente percepción popular de ilegitimidad política de estos regímenes que se han consolidado durante las últimas décadas al compás del juego geoestratégico de las grandes potencias occidentales en la región magrebí y del Medio Oriente.

En efecto, una de las grandes razones de la impopularidad de los gobiernos árabes y, particularmente, del gobierno egipcio, ha sido su consecuente funcionalidad a los intereses geopolíticos y económicos de Estados Unidos e Israel, que se identifican básicamente con el control del acceso a las fuentes de petróleo y gas y con la creciente influencia político-diplomática y militar sobre los regímenes árabes en pos de consolidar los intereses territoriales y económicos de la élite anglosajona-israelí.

Por otro lado, la contracara casi perfecta de este gran juego de simulación y la raíz misma de las políticas de doble standard con las que se analizan los sucesos políticos, económicos y sociales en la región, fue la consolidación de autocracias con fuertes estructuras de control policíaco-militares que, como en el caso de Egipto, servían tanto para asegurar los privilegios de los sectores dominantes- entre ellos, las fuerzas armadas y los grupos empresarios asociados a las principales familias del país- como para obturar los canales de participación y movilización de amplios sectores de la población que no eran representados por la estructura partidocrática existente que, durante casi tres décadas, armó una fachada de juego democrático de la que surgían siempre los mismos ganadores, el Partido Nacional Democrático de Mubarak y sus satélites. Fue justamente en reacción a estos manejos profundamente autoritarios y excluyentes, que una parte importante de la sociedad civil egipcia comenzó a organizarse en movimientos de reivindicación democrático-populares, uno de cuyos ejemplos más recientes ha sido el progresista movimiento Kefaya, nacido en 2005.

Otro de los aspectos relevantes de la actual situación de crisis política y social que permite descubrir la hipocresía del doble juego de los factores de poder internos y externos en toda la región, es la amenaza siempre latente de los denominados grupos islamistas radicales que, según la argumentación del bloque israelí-anglosajón, constituyen una fuerza centrífuga y antisistémica que pone en riesgo la estabilidad institucional en los países árabes y que debe ser combatida para evitar que su ideología y modos de acción ganen influencia en toda la sociedad y, fundamentalmente, en los jóvenes y en los sectores económicos oprimidos. Valga decir que es el viejo y remanido argumento que, luego del 11 de septiembre de 2001, se convirtió en el anatema que sirvió para obstaculizar cualquier intento de apertura política y de democratización social y económica en buena parte del mundo árabe. Tal es el caso de los Hermanos Musulmanes, que es la agrupación más importante de la oposición política en Egipto y que ha sido perseguida constantemente por el régimen de Mubarak, que ha encarcelado y torturado a cientos de sus militantes, bajo el pretexto de representar una grave amenaza por su programa político religioso de carácter integrista.

De hecho, en buena parte de los países árabes- sean repúblicas o emiratos monárquicos- la presencia de grupos políticos que reivindican su filiación religiosa musulmana como constitutiva de su identidad social , no significa stricto sensu que sean ineludiblemente extremistas. Es más, suele haber diferencias importantes y alas más o menos moderadas aún dentro de las agrupaciones, si se trata de analizar la cuestión desde el ángulo de los vínculos entre religión y política. Por cierto, no deja de ser llamativo que el ex Presidente de Túnez Ben Ali- quien se arrogaba un pensamiento laicista, moderno y tolerante en materia religiosa- se haya refugiado en Arabia Saudita- centro neurálgico de las visiones islámicas más conservadoras y aliado estratégico de Estados Unidos- luego de su huida tras la caída del gobierno el pasado mes de enero de 2011. Este tipo de “lealtades intraelitistas” entre protagonistas de la escena política del mundo árabe que aparecen como enfrentados ideológicamente, suelen ser distorsionadas o directamente ignoradas, ya que permiten correr el velo sobre las complicidades existentes entre todas las jerarquías gobernantes en los países de la región, lleven la fachada de una república democrática o de un emirato hereditario.

Por otra parte, si observamos el conflicto en Túnez y Egipto desde la doble dimensión económica y social, podremos ver otro de los efectos devastadores de las visiones cortoplacistas e interesadas que han sido persistentemente ignorados por los gobiernos de turno y los aliados estratégicos occidentales, acompañados en ello por los centros de estudios especializados en la problemática árabe y los grandes medios de comunicación, que se encargan de informarnos y formarnos con la muy vendible imagen demonizada y maniquea de las sociedades árabes. Concretamente, desde 2008 aproximadamente, comenzaron a estallar reclamos y manifestaciones por la constante alza de precios de los alimentos de primera necesidad, en medio de una ola especulativa creciente en los mercados de materias primas de todo el mundo liderada por las hipertrofiadas y desreguladas finanzas mundiales, situación que impactó fuertemente en toda la región magrebí y en los países árabes del Mediterráneo. En tal sentido, el actual Director de la Organización Mundial para la Alimentación de las Naciones Unidas y ex Presidente de Senegal- Jacques Diouf- alertó repetidamente sobe la inacción de los gobiernos centrales, al tiempo que se denunciaba la continuidad de la práctica de subsidios e incentivos a la producción alimentaria por parte de los países europeos y los Estados Unidos, con el consecuente perjuicio para muchas de las economías subdesarrolladas, altamente dependientes de la exportación de sus productos agrícolas. De hecho, Egipto y otros países del Magreb han sido protagonistas en los últimos dos años de episodios de protestas vinculados a la problemática de la seguridad alimentaria de sus poblaciones, lo cual agravó los estructurales desfasajes de economías profundamente desiguales, concentradas y dependientes de la explotación intensiva de recursos naturales no renovables- hidrocarburos esencialmente- y de la especulación financiera e inmobiliaria a gran escala- de cuya dinámica pueden dar cuenta los emiratos del petróleo y del gas de la península arábiga, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Oman, Dubai, Bahrein, Arabia Saudita.

No es un dato menor que, en los últimos años, en muchos de los países de la frenja territorial magrebí-mediterránea, las mismas administraciones comenzaran a dar cuenta de la necesidad de poner en marcha planes masivos de asistencia social, subsidios al transporte, a los alimentos y a la energía, amén de programas para paliar la problemática del desempleo y la alta incidencia de la informalidad económica y del trabajo precario. Concretamente, Egipto- el país más densamente poblado del mundo árabe musulmán- es uno de los más afectados por la profundización de la brecha de la desigualdad socioeconómica y por la explotación laboral a gran escala a manos de una elite plutocrática y especulativa.

Finalmente, hay otro aspecto saliente de la actual crisis política que envuelve al mundo árabe y que se ha expresado en una participación masiva de miles de jóvenes no sólo en Egipto sino en Túnez y en otros países. De hecho, son fundamentalmente los jóvenes- que constituyen una parte importante de la población hoy movilizada en Egipto- quienes enarbolan los reclamos por un cambio estructural en el régimen político, que permita terminar con el control absoluto de la autocracia gobernante. En una sociedad con una pirámide poblacional dominada por jóvenes de menos de 30 años, castigada por la profundización de la desigualdad, la pobreza y la falta de oportunidades, las razones para la rebelión están a la vista, aunque se verá en el futuro reciente si el espontaneísmo popular de las masas irrumpiendo en la escena pública y comunicándose por Facebook y Twiter, puede dar paso a una auténtica organización popular de resistencia que sea capaz de instaurar una alternativa nacional de desarrollo, no sólo en Egipto, sino en el resto de los países árabes.

  • 09 Feb 2011Mundo Árabe 

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Comentarios

El  09/02/2011 a las 23:04 Pablo Rivera dijo:

Los hermanos musulmanes estaban opuestos a Nasser y hasta donde estoy enterado son ultra conservadores y se han opuesto en el pasado a medidas populares que favorecían al trabajador y según Samir Amin son funcionales al neoliberalismo.

El  10/02/2011 a las 22:12 Pablo Rivera dijo:

Constitución de una Federación egipcia para sindicatos independientes

El 30 de enero, militantes y responsables del movimiento obrero egipcio
dieron una conferencia de prensa para anunciar la creación de una nueva Federación
egipcia para sindicatos independientes, llamar a los trabajadores a formar por todas
partes comités de defensa y de protección en todas las fábricas y las empresas, y lanzar la
contraseña de huelga general para el lunes, 31 de enero. Esta conferencia de prensa tuvo
luagar a las 15h 30 (la hora local), en pleno centro del Cairo, plaza Tahrir.
Había allí representantes de los sindicatos
ndependientes de los inspectores de los impuestos, de los profesionales de la
salud, de la unión de los jubilados, representantes de los sitios y complejos industriales importantes como Helwan,
Mahalla Al-Kubra, la Ciudad nueva de 10 del Ramadán, El Sadat City, así como
trabajadores del tejido y del vestido, de la metalurgia, industrias farmacéuticas y
químicas, funcionarios del Estado, hierro y acero, del automóvil, etc.

“Los trabajadores y el pueblo han luchado

durante décadas y

ellos participaron, en particular después

los cuatro últimos años, en acciones

de protesta recurrentes sin precedentes

para defender sus derechos inscritos en la ley.

Ellos alcanzaron esto aunque no dispongan

de una organización sindical independiente,

que les ha sido robada poco a poco hasta el final

desde hace décadas. Ellos alcanzaron

a atraer sectores sociales enteros y

a movilizar la simpatía de la sociedad egipcia,

trabajadores y movimientos

sindicales (...).

Las luchas obreras abrieron la vía de la revolución

popular que está en curso. Es por eso que

los obreros y los empleados egipcios

rechazan absolutamente que la federación general

“gubernamental” los represente y hable

en su nombre, porque ella negó a menudo

sus derechos y reivindicaciones, y hasta publicó

la declaración famosa del 27 de enero en

la cual ella anunciaba que se oponía a toda acción

de protesta en este período.

Es por eso que los sindicatos y los comités independientes

(RETA, sindicato de los trabajadores

jubilados, sindicato de los profesionales de salud,

sindicato independiente de los profesores), al

lado de grupos independientes de obreros de las

industrias, se pronuncian por la creación de la

Federación

para sindicatos independientes y de

su órgano constitutivo el domingo, 30 de enero

2011, e insisten sobre esto:

1. El derecho de los ciudadanos egipcios a trabajar

— y la obligación hecha al gobierno de

dar “compensaciones por desempleo”;

2. la definición de un salario mínimo de al

menos 1 200 libras egipcias, con un aumento

anual proporcional a la inflación

; la garantía para los trabajadores de

derecho a un bonus y prestaciones sociales

según el valor del trabajo, en particular

compensaciones para los que enfrentan

los riesgos del trabajo; además, el salario máximo

nunca debería sobrepasar diez veces el salario

mínimo;

3. el derecho para todos los ciudadanos egipcios

de gozar de una seguridad social justa,

incluyendo el derecho a cuidados, a la vivienda, a

una educación que garantice la educación libre

y el desarrollo de conocimientos adaptados

al desarrollo científico y tecnológico,

y el derecho para todos los jubilados a

jubilaciones y prestaciones sociales decentes

;

4. el derecho para los obreros y los empleados

de organizarse, de crear sus propias reglas

de funcionamiento; la retirada de todas

las restricciones legales a este derecho;

5. la liberación de todos los detenidos

encarcelados

después del 25 de enero.

El órgano constitutivo de la Federación egipcia

para sindicatos independientes apela

a todos los trabajadores de Egipto para crear

comités civiles con el fin de defender sus lugares

de trabajo, a los trabajadores y a los ciudadanos

en este período crítico, y a organizar acciones

de protesta y huelgas sobre los lugares

de trabajo, a excepción de los sectores vitales,

con el fin de realizar las reivindicaciones del pueblo

de Egipto.»

Federación egipcia para

sindicatos independientes,

” órgano constitutivo “,

El 20 de enero de 2011

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