14 Mar 2011Polémica Regali
Respuesta a algunas reflexiones de Gustavo Cangiano
Todo libro sobre todo si es excesivamente voluminoso, genera debates, reflexiones, puntos de vista diversos, especialmente entre los que osadamente logran transitar las más de 500 páginas.
En el caso de Cangiano entre los temas centrales que critica voy a tomar dos que me parecen sustanciales y ligados: 1) el agotamiento y alejamiento de la realidad del proyecto de la Izquierda Nacional y su “relativo fracaso”, circa 1985 –dejando en claro los triunfos y/o las sobrevivencias de algunas de las principales ideas y acciones de la IN- con el consiguiente ingreso al peronismo y 2) la posición del FIP en 1973 y el posible ingreso al FREJULI, debate este último de algún valor histórico pero que en realidad conlleva la intención de debatir sobre momentos actuales.
El proyecto de la izquierda nacional
Sostengo que todo grupo que adquiere, en momento de la historia, cierto grado de desarrollo y persistencia como fue y es, el caso de la IN, tuvo, tiene y tendrá posibilidades de triunfar. Por cierto ni un “parmenídico absoluto” cree que los avatares de la historia son definitivos. No hay –con perdón de los árabes- destino escrito. Esta en parte es la razón por la cual el itinerario de la IN tiene importancia.
Son numerosos los ejemplos de grupos pequeños –no sé si más o menos pequeños que la IN- que lograron llegar al poder, no siendo este el caso –hasta ahora-. Me refiero, para dar dos de los ejemplos más utilizados, a los nazis y los bolcheviques, aunque hay otros. Resalto que tampoco es de descartar un triunfo futuro de alguna izquierda nacional más ortodoxamente parecida a la de Ramos (las versiones actuales de Lula, Evo, Chavez, Correa solo tienen similitudes), ya que la desaparición biológica de los fundadores implica muy poco visto desde la historia universal. Marx por ejemplo creó una corriente de pensamiento político que le sobrevivió, sin que él pudiera ver la concreción parcial de su ideario en Rusia, China, Vietnam o Cuba y agreguemos que en todos los casos nada fue tal como él lo imaginó…me refiero a los aspectos concretos de los diferentes sucesos.
Cuando hablo de “fracaso relativo” o agotamiento me refiero en todo momento a las variables políticas que Ramos y la IN intentaron. Centralmente se pensaba que –lo dice Ramos en su último discurso- éramos el ala izquierda, socialista, del movimiento nacional encabezado por el peronismo pero que debíamos tener independencia política, ideológica y organizativa. Alguna razón teníamos si juzgamos lo que sucedió a la JP que, palabras más o palabras menos, apostaron a ser esa ala izquierda dentro del peronismo. Hicieron oportunismo, cambiaron lenguajes, deambularon a tientas sin comprender de fondo al justicialismo que decían pertenecer. Se autoproclamaban “auténticos” peronistas desechando a los “traidores”, para terminar en una trágica masacre.
Continuando con la IN. Paralelamente, y de ello dejan hoy mudos testimonios en numerosos artículos de Lucha Obrera, Izquierda Popular, La Patria Grande y también la revista Izquierda Nacional, se pensaba que en algún momento la crítica realidad que se vivía devendría en una revolución de la que el FIP podía llegar a ser protagonista y conductor. Abelardo lo afirma en una carta que le dirige a Blas en 1979. Esperaba la adhesión de las masas.
En lo que difería Ramos, esencialmente, con otros grupos de izquierda era en que sostenía la necesidad de apoyar a Perón y al peronismo –no al peronismo sin Perón– como un movimiento nacional de progresividad histórica, aunque incompleta. Esta postura central, podemos decir que la mantuvo, con diversos grados de entusiasmo, casi hasta su ingreso al justicialismo, aunque me permito especular en base a todo lo leído sobre el movimiento, que las dudas más firmes sobre esta posibilidad comienzan a manifestarse alrededor de 1985.
Dicho esto, guste o no a quien todavía es atrapado por el pasado y lo desarrolla tal una película de ficción, mi afirmación sobre el destino de la IN que Ramos y todos nosotros (ya que fui militante de dicha corriente) construimos, fracasó como proyecto específico, particular –no en un sentido general histórico, lo cual sería una predicción insostenible- , en el intento de crear una herramienta que permitiera llegar al poder. Hubo sacrificios, militancia, producción intelectual trascendente, que hasta el día de hoy sobrevive y reaparece en la realidad política actual, pero ya no es aquella construcción que se apagó en 1994. Chávez, Evo, Correa (exceptuando parcialmente a Cuba) y otros resultan productos del siglo XXI que no se alejan del populismo.
Describo, no especulo. Los hechos hablan por mí y toda otra suposición es puro idealismo. Existe una tendencia dentro del marxismo –también en otras estructuras ideológicas- al idealismo cuando la realidad confronta y demuele viejas ideas, que en el caso del hombre de Treveris, arrancan en el siglo XIX y en el de Lenin o Trotsky de principios del XX. Si en cambio, hacemos algo de materialismo histórico es preciso admitir que las ideologías del marxismo-leninismo-trotskismo tuvieron su expresión material en la URSS, con su progresividad histórica y su decadencia policial y burocrática iniciada por el stalinismo pero mantenida aunque de diversas maneras por sus sucesores. La paradoja central y a la vez demostración del pleno fracaso de este autoritarismo utópico, fue que los mismos obreros o proletarios que el comunismo ruso decía representar se encargaron de derrotarlo.
Habrá compañeros que legítimamente sostienen que la construcción de una herramienta política de izquierda nacional –sea movimiento o partido- tiene vigencia y no solo es loable esta convicción, sino que resulta imposible negar de plano la posibilidad de éxito –si algo demuestra la historia es su imprevisibilidad-. Pero esto es harina de otro costal y futurismo (lo del éxito), ciencia que está en plena etapa experimental.
Personalmente creo que el marxismo como sostén ideológico de los grupos de izquierda en América Latina, no logró triunfo alguno. La Izquierda Nacional fue la que más cerca estuvo aunque sin embargo lo que pudo hacer fue a la vera del peronismo en el caso de Argentina. La falta de logros se debió a mi modo de ver a la inadaptabilidad que las ideas de Marx tuvieron en nuestras tierras. Con todos los esfuerzos realizados por la IN, nunca llegamos a comprender como sí lo hizo Jauretche que tenía mayor importancia para nosotros, latinoamericanos, la Revolución Mexicana (anterior a la de Rusia en 7 años) que la de los bolcheviques, Mao o Ho Chi Min. La primera república moderna en el mundo –aunque con mucho de aristocracia- fue la de las colonias americanas del norte, pero nosotros nunca, ni siquiera hoy, sacamos las conclusiones necesarias y seguimos adheridos a la Revolución Francesa.
Cuba fue una sorpresa de la historia en la que un grupo de guerrilleros apoyados en primera instancia por los sectores “democráticos, occidentales, bien pensantes de América toda, incluido los EE. UU.”, se pasó, sin más ni más, al mundo del “socialismo” soviético, para sobrevivir…Tal vez en el sandinismo de 1979/80 se podría encontrar algún sabor a PC latinoamericano, pero estos guerrilleros tomaron el poder mediante una alianza populista que incluía a grupos liberales democráticos (Violeta Chamorro viuda del asesinado dueño de La Prensa) que luego los derrotarían en elecciones limpias, tan limpias que el Sandinismo como gobierno las controló. Hoy Ortega es solo una neblina de lo que fuera su movimiento guerrillero. En fin, fueron los movimientos nacionales y populares los que con sus avances y retrocesos, alianzas a veces non sanctas y otras más entendibles, desde la perspectiva de la IN, quienes lograron llegar al poder en el continente. Más que una permanente lucha de clases, lo nacional popular integra, entremezcla, produce movilidad social ascendente sin que se supriman los conflictos entre diferentes clases y grupos, establece alianzas con un conjunto de fuerzas ora nacionales ora influidas por los lobbys extranjeros. En suma las políticas y acciones de estos movimientos poco tienen que ver con lo que la Izquierda Nacional puede sostuvo.
La convicción marxista de que en Europa el socialismo debía imponerse en los países más avanzados industrialmente por la presencia proletaria, ilusión que compartieron entre otros, tanto Lenin como Trotsky, se mostró equivocada, en el siglo XX, ya que solo pudo triunfar legítimamente en Rusia, luego China, Vietnam, tal vez en Yugoeslavia… En Europa Oriental fue sobre todo una imposición. Todos los mencionados constituían sociedades con una importante estructura agraria, al punto que en China y Vietnam el método de ascenso al poder fue el de las guerrillas rurales. Ni que hablar de la centenaria profecía de que “el mundo marcha hacia el socialismo” hoy sabiamente olvidada por la intelectualidad. No obstante, reitero, en Historia nada puede ser tomado taxativamente. ¿No serán efectivamente los países más desarrollados los que accedan al socialismo?
Pienso que lo revolucionario en América Latina en tanto ha logrado transformar la realidad de la mayoría de los países y ponerlos en una perspectiva de integración continental, a la vez que humanizar el capitalismo vigente (con todas las carencias que implica solo mejorar) han sido los movimientos nacionales y populares y mucho más luego de la caída del Muro y la URSS, en que se perdió la posibilidad –discutible pero realizable al fin– de sostenerse en la tercera posición. Hoy la posibilidad de que el UNASUR prospere y efectivamente se realice es difícil pero se trata de una agenda realizable sostenida por estos gobiernos que hoy predominan en el sur continental. Por cierto la clase obrera o proletaria actual, en Argentina o Brasil o Chile es tan diferente a la idealizada en épocas pretéritas… su número disminuyó, se “tecnologizó” en sus funciones y en muchos casos se encuentra socialmente en escalones económicos y a veces culturales, más altos que la denominada pequeño burguesía urbana…de aquí la histeria que a veces invade a esta última que aspira a no dejarse “alcanzar”. El MERCOSUR, principal envión a la unidad efectiva del Sur y escollo a una plena intromisión norteamericana, fue concretado por gobiernos populistas moderados o –concedo– hasta conservadores… Pero fueron los únicos que pudieron hacerlo, todo lo otro que se dice y escribe, ayer y hoy (me refiero a los que sostienen que el MERCOSUR fue una unidad en el neoliberalismo) solo es abundante retórica. El UNASUR es obra del nuevo nacionalismo que recorre América Latina y se apoya tanto en aquel como en la Comunidad Andina.
Creo que Ramos percibió todo este cambio que comienza a darse en los 90 y ahonda todas sus reflexiones y transformaciones doctrinarias iniciadas lentamente en 1974. No es casualidad. El movimiento nacional justicialista había entrado en una crisis de liderazgo y JAR aspiraba a conducir un nuevo Frente Nacional. Para hacerlo era necesario dejar de lado posiciones “ideologistas” –no ideológicas– basadas en centenares de ejemplos históricos traídos de otros países extraños al sentir iberoamericano o contundentes afirmaciones marxistas poco realistas o consignas “sangrientas” dignas de otras sociedades como fuera: “Para comer carne buena y barata hay que faenar a la oligarquía”. La recuperación frustrada de Malvinas, el triunfo de Alfonsín y luego la caída de la URSS, profundizó la necesidad de adoptar posiciones más nacionales y latinoamericanas. No había otra posibilidad que la del acercamiento con el Justicialismo, que era la única fuerza capaz de encabezar un nuevo proceso de recuperación nacional luego del desastre alfonsinista-radical que tantas expectativas había generado hacia 1983 en la izquierda bien pensante, incluido ciertos miembros de la izquierda nacional entendida esta en el sentido amplio del término.
El ingreso al peronismo, de ninguna manera fue un suicidio. Fue la única perspectiva posible de hacer política para lo poco que quedaba en pie del movimiento. Lo otro hubiera sido condenarse a ser un grupo de propaganda, como bien afirma “el Colorado”, redactores de artículos inteligentes o de conferencias para solaz de grupos que “piensan” o cuadros políticos. Por supuesto que era una ilusión mantener una corriente nacional dentro del PJ, pero esta verdad no va en desmedro de la otra que era ingresar al peronismo. No había tiempo ni condiciones. Había que pensar nuevas estrategias y nuevas ideas, imaginar el futuro que se venía. Por el contrario, la afiliación al movimiento surgido en 1945, fue el último esfuerzo de Ramos por hacer sobrevivir lo principal de las ideas elaboradas por él y otros compañeros de ruta. El feminismo o la unidad, por lo menos de Suramérica, están hoy inmersas en el peronismo actual aunque a veces –sobre todo lo latinoamericano– se diluya en medio de las urgencias y los pragmatismos de una dirigencia que se apoya en Perón para terminar justificando un “puro presente”. Por lo tanto cual arroyo de montaña las principales ideas de la IN se encuentran a veces sumergidas y a veces a flor de roca, tal vez falta que sea torrente…que así sea.
El no ingreso al FREJULI en 1973
No entro en un análisis sobre que hubiera sucedido si el FIP se hubiera integrado al FEJULI porque esto, para ser serios, requeriría un estudio de historia contrafáctica que no estoy preparado para realizar.
Sí digo, aun reconociendo que las opiniones de Ramos en el último discurso sobre su supuesta “minoría dentro del partido” era solo un recurso polémico, que el análisis sobre las condiciones pre revolucionarias existentes en aquella Argentina fueron una sobrevaloración del partido. Reconozco también que no era fácil ser “profeta”, ya que las clases medias que movilizadas son sumamente ruidosas, estaban en plena efervescencia como producto de la incertidumbre que el retiro de Europa y particularmente Gran Bretaña del Río de la Plata, significaba para ellas, aunque no lo percibieran o no fueran consientes de ello. Esto impactaba en un partido constituido en gran medida por estudiantes, intelectuales o filo intelectuales.
Sin embargo la verdad que “nunca es amarga, sino que no tiene remedio” fue que las clases obreras y también a poco de andar la pequeño burguesía no estaban dispuestas a una revolución socialista. Aspiraban a un mundo con mayor justicia social y bienestar. Cuando Perón define que su movimiento seguía siendo “nacional y popular” (léase Patria Peronista), la soledad y decadencia de la JP fue tremenda y su popularidad se encogió como una piel de carnero puesta al sol. Digamos a favor del “error” del FIP que la convulsión era importante y que se sacaron en 1973 unos 70.000 votos, lo que hoy serían “oro” en polvo si tenemos en cuenta que se trataba del primer comicio de la historia de la IN. También digamos que luego de esto la militancia se achicó rápidamente debido a la fuerza de gravedad del peronismo, especialmente en los sectores juveniles que acompañaban al FIP.
No obstante todos estos atenuantes, la realidad indicaba que toda la política del FIP era más factible si nos sumábamos al FREJULI, que constituía un marco amplio de debate y acción. De otra manera quedábamos reducidos –como ocurrió- a un grupo inteligente, brillante, puro e intransigente con buenas relaciones y admirados por muchos pero que no se acercaba al poder ni siquiera tangencialmente. Habíamos hecho muchísimo: superamos el pequeño grupo ideológico, captamos a militantes que no provenían en todos los casos de la universidad, construimos un partido en todas las provincias casi de la nada… Pero en el momento de seguir mezclándonos con el frente nacional real, no el ilusorio, nos temblaron las piernas y otras cosas y decidimos quedar al margen de la realidad.
El gran valor de Ramos, aunque no el único, fue darse cuenta de los errores y comenzar a enmendarlos. Giobergia antes de Fortín Cero, en diciembre de 1974, criticaba el sectarismo y el izquierdismo de Spilimbergo en lo que hace a las posiciones partidarias. JAR en aquel momento inicia una verdadera revolución interna.
De todas maneras nadie está hoy en condiciones en abundar sobre que hubiera sido del FIP en el FREJULI, lo que no significaba en el peronismo. En efecto tengamos presente que entrar al FREJULI era solo formar parte de un frente, conducido por Perón pero en el que las distintas fuerzas no perdían su identidad, aunque muchas terminaron diluidas o con sus militantes dentro del justicialismo. Estimo fue un error considerable no haber formado parte del frente, error que arranca con nuestra genética de izquierda.
Esto ya es historia. Hoy estoy convencido que es dentro del justicialismo en donde se encuentran los mejores elementos y sobrevivencias del nacionalismo popular, aunque la lucha interna de poderes no siempre permita que estos sectores prevalezcan. Y voy a diferir mi estimado amigo –y lo de estimado sabes que no es sarcástico ya que compartimos buenos años de militancia y aprecio tu pasión intelectual y tu sinceridad– en aquello de que quienes estamos en el PJ lo hacemos a título individual y porque abandonamos aquellas ideas. Por el contrario, nuestra presencia en el PJ y en lugares que van desde cargos en los gobiernos a otros menores en la estructura partidaria, está dada por la fuerza que la IN o el nacionalismo de izquierda surgido de aquel PSIN, y antes del PSRN, nos dio.
No se trata de entrismo, es la convicción de que en los movimientos nacionales y populares se encuentra la potencialidad necesaria para enfrentar los problemas actuales: la pobreza, la inseguridad, la inculturación antinacional, los avances de las grandes potencias, la recuperación de Malvinas o la soberanía efectiva que hoy está en duda sobre territorios del extremos sur. Asimismo está latente la unidad de América Latina o al menos en este primer momento de Suramérica y la igualdad de la mujer. Hay que nadar en aguas encrespadas tratando que la corriente en contra no nos arrastre.



