20 Dic 2011Politica Nacional
Primera advertencia
de los trabajadores
a la hegemonía K
Los problemas de fondo que debe afrontar la clase trabajadora y el conjunto de las masas explotadas sólo pueden ser abordados desde una perspectiva más amplia, centrada en el plano de una práctica política autónoma • Esto quiere decir que la defensa de las reivindicaciones inmediatas y la lucha por impulsar un realineamiento de masas de carácter nacional-antiimperialista forman un mismo cauce
El discurso de Hugo Moyano en la concentración realizada en Huracán ha constituido el acontecimiento político más importante desde el abrumador triunfo del oficialismo en las elecciones del pasado 25 de octubre. Desaparecida de la escena la oposición partidaria de carácter anacrónico, una línea de resistencia de significado muy diferente al parecer despunta en una fracción de la organización sindical. Su irrupción es doblemente significativa por el hecho de haber establecido un principio de diferenciación desde dentro del sistema de fuerzas que apoyan al gobierno de Cristina Fernández. Junto con la serie de legítimos reclamos obreros ante los que el gobierno no tiene respuesta, Moyano llevó hasta el límite el cuestionamiento al oponer el peronismo al kirchnerismo (“El mejor gobierno de la historia fue el de Perón, que no nos confundan”) y los trabajadores a la pequeña burguesía cristinista a la que identificó como “los chicos bien”. Para que no quedaran dudas sobre el carácter político del enfrentamiento renunció a los cargos partidarios (“No tengo vocación de bufón. No puedo aceptar que otros tomen la decisión que se debe tomar en el seno del PJ”), y definió al partido como una cáscara vacía.
Las palabras del secretario general de la CGT constituyen un desafío a la unanimidad que reina en las filas del movimiento oficialista y más importante aún, significan un corte en el relato épico en torno al que gira la dimensión simbólica del kirchnerismo, y sobre el que éste construye su capacidad de hegemonización respecto de una serie de capas subalternas. Por ahora se trata de un principio de escisión, pero que originado en el movimiento obrero encierra, más allá de las intenciones de Moyano, condiciones de un potencial realineamiento político.
La crisis del equilibrio K
Durante sus ocho años de gobierno el kirchnerismo ha desarrollado las grandes líneas de un programa próximo a los intereses del bloque de clases que tiene por eje a la gran burguesía industrial, burguesía en cuyo seno el capital extranjero conserva una posición gravitante. Ese programa fue realizado a través de una política basada en un cierto equilibrio entre el componente burgués y el componente obrero-sindical y tuvo como soporte, más allá de las diferencias de índole corporativo, un acuerdo objetivo entre la UIA y la CGT para respaldar una línea de corte desarrollista. A su vez los cambios en el patrón de acumulación respecto al período neoliberal ortodoxo de los años 90’ se tradujeron en modificaciones en el desenvolvimiento de la función estatal, que el gobierno de los Kirchner consolidó, centralizando en todo lo que pudo los procedimientos y mecanismos administrativos, para horror de la casta oposición republicana. Desde esa posición el gobierno jugó un papel arbitral negociando con unos y con otros cada una de las demandas sectoriales.
El modelo funcionó a pleno hasta que los cambios de la tendencia económica, producto de la crisis mundial del capitalismo y los desajustes internos (alto nivel de inflación, porcentaje insuficiente de inversión respecto a las tasas de PBI, déficit de las cuentas fiscales) comenzaron a achicar el margen de acumulación y decidieron al gobierno a imponer un programa de ajuste. Para los trabajadores ciertos hechos resultan sintomáticos del giro que están tomando los acontecimientos: el intento de imponer un tope a las paritarias, cuya primera manifestación fue el recorte en diez puntos del acuerdo que habían llegado los peones rurales con la patronal agraria; las advertencias desde la presidencia sobre el derecho de huelga, equiparando ciertos conflictos al chantaje y la extorsión; la extensión de hecho del impuesto al salario considerado como ganancia; la acumulación de deuda con las obras sociales; la reducción de beneficiarios de las asignaciones familiares. Simultáneamente, el rechazo del proyecto de participación en las ganancias y control sindical sobre los libros de las empresas, ha indicado claramente cuál es el sentido del equilibrio de clases sobre el que el gobierno sostiene su política.
Los trabajadores apoyaron el ciclo kirchnerista en tanto la política derivada posibilitaba la recuperación de los derechos laborales confiscados durante los gobiernos del menemismo y de la Alianza, mientras que el programa organizado según la lógica de reproducción del capital productivo, posibilitaba la acumulación de nuevas fuerzas. Para esto les bastaba una práctica sindical, que más allá de las distorsiones impuestas por la mediación burocrática, alcanzaba a realizar las reivindicaciones inmediatas. Sin embargo lo que ahora está en discusión no es la ampliación de esas conquistas, sino simplemente su mantenimiento. Para estos fines los trabajadores necesitarán más que antes de los sindicatos como organizaciones defensivas, y en este plano es de prever el fortalecimiento de las líneas más honestas y combativas. Pero la práctica sindical no será suficiente, porque el sindicato a lo sumo llegará a discutir el problema de la distribución de la renta desde dentro del modelo, y lo que en definitiva estará en cuestión a la luz de las implicancias de la crisis capitalista, será el modelo mismo.
Se dijo más arriba que las condiciones de acumulación que favorecieron al kirchnerismo, especialmente hasta la crisis que comenzó en 2007, han cambiado. Europa entra inevitablemente en recesión y Estados Unidos tiene por delante un horizonte de estancamiento; como consecuencia de estas tendencias contractivas la economía china, el mercado exterior más importante para la producción primaria local, pierde impulso. En Argentina la burguesía que se ha enriquecido en estos años invierte lo estrictamente necesario y aún menos si le es posible, mientras fuga masivamente capital. Por lo demás, en ocho años de kirchnerismo se ha acentuado la tendencia a la concentración y extranjerización del capital, las corporaciones imperialistas radicadas en la explotación minera y petrolera conservan sus privilegios, la especulación financiera se sigue beneficiando con la legislación de Martínez de Hoz, los leoninos tratados de protección al capital extranjero de los años 90’ continúan sin ser denunciados a pesar de estar todos vencidos…
Los límites de respuesta sindical
En este punto el problema se presenta en todo su alcance político: la “profundización del modelo” que pide el ala izquierda del kirchnerismo no tiene sentido. El llamado modelo ha dado todo lo que puede dar un programa de matriz desarrollista cuyo contenido no cuestiona la estructura de un capitalismo en cuyos fundamentos perdura la herencia semicolonial de los 90’. Al respecto los límites políticos de la fracción sindical que encabeza Moyano son patentes: se opone al giro que está tomando la relación entre el gobierno y los trabajadores, pero reafirma su apoyo al modelo al que caracteriza como nacional y popular. De forma tal hace presente la subordinación ideológica que el sindicalismo peronista ha tenido a lo largo de su existencia respecto del nacionalismo burgués desde sus orígenes, cuando Perón interpelaba al obrero como sujeto sindical y sus organizaciones se unificaban políticamente en torno a la jefatura bonapartista. Pero si en aquel momento el peronismo desempeñó un papel históricamente progresivo, medio siglo más tarde su contenido está agotado.
Por lo demás, el enfoque del problema desde el ángulo sindical es un enfoque realizado desde el interior de un capitalismo que sigue siendo atrasado y dependiente, a pesar de la reestructuración producida tras la crisis de diciembre de 2001; enfoque que, en consecuencia, ha incorporado como propios los límites en los cuales ese capitalismo se desenvuelve. En cambio, los problemas de fondo que debe afrontar la clase trabajadora y el conjunto de las masas explotadas sólo pueden ser abordados desde una perspectiva más amplia, centrada en el plano de una práctica política autónoma. Esto quiere decir que la defensa de las reivindicaciones inmediatas y la lucha por impulsar un realineamiento de masas de carácter nacional-antiimperialista forman un mismo cauce. Quiere decir, asimismo, que antes o después la profundización de esta experiencia pondrá a los trabajadores ante la necesidad de construir una organización política independiente, desde donde formular un programa y una línea de acción dirigidos a desarticular la hegemonía de los círculos dominantes y unificar en un bloque popular-nacional y revolucionario al conjunto de las clases empobrecidas y explotadas.
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El 22/12/2011 a las 12:48 FN dijo:
Hicimos mención a este artículo. Si gustan leer nuestra visión del enfrentamiento Moyano-Gobierno este es el enlace: http://elfrentenegro.blogspot.com/2011/12/nacional-y-popular-con-o-sin-moyano.html
Saludos cordiales.
El 23/12/2011 a las 10:29 juan manuel dijo:
Los invito a revisar nuestra página y las numerosas declaraciones, verán que jamás hemos señalado a “Moyano, y sus organizaciones sindicales, como representantes de la clase trabajadora sin más…” El “sin más” va por su parte, creemos que el doble perfil de las burocracias sindicales no puede ser olvidado en formaciones semicoloniales como la nuestra. Por otra parte, encontraran muchísimos análisis que señalan la imposibilidad del kirchnerismo para sostener un programa de liberación como el que ustedes pretenden y que nosotros compartimos. Este último, entre el que ustedes destacan la desarticulación del sistema financiero neoliberal, la nacionalización de los recursos naturales, o la estatización del comercio exterior implica retomar un rumbo suspendido en marzo del ´76 íntimamente relacionado con ese “peronismo de Perón y de Evita” que ustedes parecen subestimar. Exigir esas medidas al kirchnerismo es esperar peras del olmo o, más precisamente, antiimperialismo del progresismo semicolonial.…



