- Estados Unidos
- Artículo cargado el 11/12/2009 - 00:42
Otros estilos, las mismas políticas
Facundo Arrieta
Está por verse qué efectos tendrá en el futuro inmediato el desencanto en los sectores estadounidense que apostaron por Obama. Sin duda, cualquier cambio significativo en las políticas de EU mucho dependerán de que se modifiquen las relaciones de fuerza en su sociedad; mientras tanto, en América Latina, no debemos dejarnos engañar por el estilo Obama ni esperar de brazos cruzados un deseable cambio en la sociedad estadounidense.
Acostumbrados a que, en América Latina, la clase política (empleada de lujo de quienes realmente concentran el poder), los “intelectuales” y “opinólogos expertos” (justificadores del poder fáctico y sus empleados de lujo, más que oferentes de ideas originales) “piensan” y actúan en función de la inmediatez, muchos tienden a creer que en EU se actúa con la misma lógica. No es así: el poder real en los EU trabaja en función del presente y del futuro en sus diferentes proyecciones.
Las expectativas que, en muchos ingenuos bien intencionados, despertó la elección de Obama no tardaron en desvanecerse, dentro y fuera de los EU. Su estilo, por cierto, dista mucho del de Bush, pero sus actos, al igual que los de Bush, responden a los mismos intereses, los de una clase dominante que impone sus políticas desde hace décadas, más allá de los estilos más o menos “progresistas” o reaccionarios de los ocupantes de la Casa Blanca.
Los ejemplos de Israel y Colombia
No hace mucho, la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) aprobó –a pesar de la oposición de Europa y EU (Obama)– una resolución que exhortaba a Israel a suscribir el Tratado de no proliferación nuclear (TNPN) y abrir sus instalaciones nucleares a su inspección. ¿Alguien se enteró de esta noticia a través los medios de comunicación que nos abruman con “el peligro atómico iraní” y nada dicen de las más de trescientas armas atómicas que posee Israel?
La narcodictadura colombiana ha dicho que no tiene intenciones de atacar Venezuela, al tiempo que firmó con Washington un tratado mediante el cual EU ocupará siete bases militares en Colombia, en las proximidades de la frontera con el país vecino. EU comenzará a reconstruir la base militar de Palanquera –cerca de Bogotá– con un presupuesto de 48 millones de dólares aprobado por el Congreso.
Lo más interesante respecto a las bases de EU en Colombia –una vez más, no se difundió en los medios masivos de comunicación– son los muy significativos argumentos que la Fuerza Aérea de los EU dio para justificar los millonarios recursos que se destinarán a la infraestructura de una de ellas, la de Palenquera: 1º “Palanquera garantiza las operaciones del espectro completo por toda América del Sur”. 2º “La seguridad y estabilidad de EU están bajo amenaza constante por gobiernos antiestadounidenses, las insurgencias terroristas financiadas con el narcotráfico, la pobreza endémica y los frecuentes desastres naturales”. 3º “La fuerte relación de cooperación en seguridad (con Colombia) ofrece una oportunidad para conducir operaciones de espectro completo por toda Sudamérica”. 4º “La ubicación aislada (de la base) ayudará a las capacidades de seguridad operativa y la protección de fuerza, minimizando el perfil de la presencia militar de EU”. 5º La “intención es utilizar la infraestructura existente el máximo posible, mejorar la capacidad de EU para responder rápidamente a una crisis y asegurar el acceso regional y la presencia de EU a un coste mínimo”. 6º “Aumentará nuestras capacidades de ‘guerra expedita’, es decir, organizar a las fuerzas armadas de una nación para luchar en el exterior, especialmente cuando ya están ubicadas en bases militares extranjeras.”
Si los argumentos señalados se difundieran parcialmente en la prensa comercial, muy probablemente la preocupación de los gobiernos de Sudamérica, en especial del venezolano, no resultaría “desproporcionada” a los ojos de muchos.
Lo dicho, mientras nuestros gobiernos –tal vez hoy a excepción del de Brasil y Venezuela, con sus peculiaridades– actúan sólo en función de sus intereses inmediatos, el de EU lo hace pensando en el futuro. Así, el abierto respaldo al golpe de Estado en Honduras, a la narcodictadura en Colombia, el hostigamiento a Venezuela y el boicot a Cuba (mientras sostiene relaciones diplomáticas y comerciales con China y Vietnam, por ejemplo) pueden parecer “desubicados” en el contexto de una América Latina mayormente conducida por gobiernos “democráticos”, democráticos, “progresistas” y de liberación; pero en realidad las acciones de EU –independientemente del estilo de su presidente en turno– responden a recuperar liderazgos perdidos y, en particular, a llamar la atención del gobierno de Brasil para que no se tome demasiado en serio su aparente o real liderazgo regional y su soberanía sobre los importantes recursos petroleros descubiertos en su territorio marino, olvidándose de quien realmente manda, al menos por ahora, y de cómo siempre se esgrimirán los “argumentos” necesarios (léase “peligro iraquí”) para garantizar a EU los recursos –en este caso, energéticos– que considere vitales.
Cambiar algo para que nada cambie
El papel que EU continúa cumpliendo en el mundo (Oriente Próximo, Guantánamo, Afganistán, Irak, La Corte Penal Internacional… la lista es muy larga) pone en evidencia que las diferencias entre las gestiones de Bush y Obama son sólo de estilo, sólo aparentes; esto no debería sorprendernos si no pecamos de ingenuidad y nos atenemos a las enseñanzas de la historia. La credibilidad de Obama cae en picada incluso entre los propios estadounidenses que confiaron en él como agente de cambio.
Está por verse qué efectos tendrá en el futuro inmediato el desencanto en los sectores estadounidenses que apostaron por Obama. Sin duda, cualquier cambio significativo en las políticas de EU mucho dependerán de que se modifiquen las relaciones de fuerza en su sociedad; mientras tanto, en América Latina, no debemos dejarnos engañar por el estilo Obama ni esperar de brazos cruzados un deseable cambio en la sociedad estadounidense. Nuestro compromiso debe seguir siendo la lucha por desenmascarar los “estilos” vernáculos y construir las opciones que nos permitan cambiar la relación de fuerzas en nuestras patrias chicas, siempre con la vista puesta en la Patria Grande.
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