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  • Artículo cargado el 05/09/2010 - 21:12

No será la pequeña burguesía kirchnerista quién termine con el monopolio de la prensa

Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

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Cómo hemos dicho en nuestra editorial de este mes la gran prensa, la elite patronal y la rosca partidocrática, le apuntan al gobierno con el objetivo de retornar a la situación anterior a 2001, la consolidación de los privilegios que el kirchnerismo no ha vulnerado. La pelea por Papel Prensa expresa los límites de las estrategia política de la pequeña burguesía, una estrategia que, con nuevas formas, en lo esencial repite sus estrategias utilizadas del pasado. Pero no será la pequeña burguesía democratista agitando las banderas de los “derechos humanos”, sino las masas en las calles quienes derrotarán a la rosca oligárquico-imperialista

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Gustavo Cangiano

En 1970 un desconocido grupo autodenominado “Montoneros” secuestra y ejecuta a Aramburu. Obviamente, todo el establishment político, económico, militar y cultural condena el hecho y no ahorra elogios para el “mártir”. ¿Qué posición adoptar ante semejante acontecimiento?  Sin duda, no sumar una voz de condena al coro gorila, que expresa con toda crudeza los intereses de las clases dominantes. Pero tampoco sería correcto callar lascríticas a los métodos del terrorismo pequeño burgués: la lucha contra el capitalismo en general, y contra el capitalismo semicolonial en particular, debe librarse con la organización y movilización de las grandes masas, y no con actos heroicos de pequeños grupos aislados. El objetivo de la lucha es derrocar un régimen socioeconómico, y no liquidar físicamente a sus representantes políticos, que siempre podrán ser reemplazados sin mayores inconvenientes.

Ahora en 2010, la pequeña burguesía terrorista se ha convertido en democratista (“convertido” no es la palabra correcta, porque en realidad terrorismo y democratismo van juntos; son dos caras de una misma moneda). Esta pequeña burguesía ya no cree que resulte posible acabar con los Magnetto secuestrándolos como a Born o matándolos como a Aramburu. Ahora cree que lo que hay que hacer es “llevarlos ante la Justicia” bajo el cargo de haber cometido un “delito de lesa humanidad”. ¿Qué hubiera hecho un gobierno de Frente Nacional si fueran ciertas las acusaciones que se formulan sobre el traspaso de Papel Prensa? Elemental: hubiera expropiado la empresa no para entregarla a otro grupo capitalista, sino para ponerla en manos del Estado y bajo administración de organizaciones populares; y habría convocado a una gigantesca movilización de masas para legitimar la expropiación. Es cierto que la correlación de fuerzas le impide al kirchnerismo hacer una y otra cosa (además de que difícilmente el kirchnerismo vaya a querer hacerlas), pero eso indica justamente que no se trata de un gobierno nacional-popular, o de un gobierno de Frente Nacional, y es esta circunstancia la que debe ser tenida en cuenta en el momento de ensayar una caracterización de la situación.

Hace unas semanas el semanario dominical Miradas al Sur editó el libro Silencio por Sangre. La verdadera historia de Papel Prensa, de los periodistas Daniel Cecchini y Jorge Mancinelli. Es útil leerlo a fin de conocer de primera mano la posición del kirchnerismo y para poder advertir sus puntos flacos.

La tesis central del discurso oficialista es conocida por todos: la familia Graiver, propietaria de Papel Prensa en 1976, fue obligada por la dictadura, mediante el secuestro y la tortura de sus miembros, a venderla a un precio irrisorio a una sociedad creada por Clarín, La Nación y La Razón. Esta circunstancia convertiría a la venta en un despojo, el cual resultaría encuadrado dentro de la categoría de “delito de lesa humanidad”, es decir, imprescriptible, y como los adquirentes no desconocían la situación, ellos serían cómplices del delito.

Se trata de una tesis que contiene elementos de verdad y elementos de falsedad. También silencia datos que resultan relevantes. Y, por último, incurre en contradicciones sospechosas.

A nuestro juicio debemos considerar, como socialistas y revolucionarios, y no como pequeñoburgueses “derechohumanistas”, lo que debe ser motivo de atención: la cuestión de la expropiación y la cuestión del “delito de lesa humanidad”.

En el libro que mencionamos, los autores escriben que el traspaso de Papel Prensa fue un “despojo”, una “operación de apropiación en el marco del terrorismo de Estado”; que fue un “delito económico” y que por tales razones “la apropiación de Papel Prensa es un crimen de lesa humanidad y como tal imprescriptible, por el cual deben ser juzgados todos sus responsables”.

Ahora bien, volvamos nuevamente en el tiempo. Estamos en Cuba y corre el año 1961. La Revolución acaba de proclamarse “socialista” y avanza en la expropiación de los grupos capitalistas que operaban hasta entonces. “Despojados” de sus bienes, los capitalistas cubanos no tienen opción: “en el marco del terrorismo de Estado” pueden optar por irse a Miami o ser confinados en las cárceles o campos de detención. ¿Calificaríamos la apropiación de los bienes capitalistas por parte del Estado cubano de “delito de lesa humanidad”? ¿Apoyaríamos la llegada de los “demócratas” dispuestos a restituir a sus “verdaderos propietarios” los bienes de los que fueron despojados por una “dictadura” cuyos “crímenes” son “imprescriptibles”? No se trata, obviamente, de establecer analogías entre dos gobiernos de signo tan opuesto como el de Fidel Castro y el de Videla. De lo que se trata es de advertir que los argumentos empleados para condenar a este último, mañana pueden servir para condenar al primero. Y no mañana: ¡hoy mismo! Hace poco apareció un libro en el que la profesora de la UBA Claudia Hilb hacía justamente esto: descalificar a un gobierno revolucionario en nombre de los “derechos humanos”. Y Claudia Hilb no es Nicolás Márquez: se autoproclama “socialdemócrata”, es decir, “progresista”. Dicen los autores de Silencio por Sangre: “(Lidia Papaleo de Graiver fue) despojada de las acciones de Papel Prensa que le pertenecían a ella y a su hija María Sol”. Pero, ¿cómo había llegado a pertenecerle Papel Prensa al Grupo Graiver? Los mismos autores cuentan la historia: originalmente, Papel Prensa perteneció a César Civita y a la Editorial Abril. Pero en 1973 el ministro Gelbard presionó para que sus dueños se vieran obligados a ceder sus acciones. Apareció entonces David Graiver, un hombre ligado a Lanusse y a Manrique, que beneficiándose con créditos oficiales, se apropió de la empresa. Podría decirse, entonces, que si Magnetto se apoderó, bajo la protección de Videla, de una empresa que pertenecía a Graiver, éste había hecho lo mismo oportunamente, quedándose con lo que había sido de Civita bajo la protección de Lanusse y Gelbard. ¿Y qué sucedería si el kirchnerismo consiguiera arrebatar Papel Prensa a Clarín y La Nación? La política kirchnerista orientada a “reconstruir la burguesía nacional” permite suponer que la empresa iría a parar a manos de otro grupo capitalista, debidamente protegido por el poder estatal. Todo esto no tiene nada de extraño: ¡es así como funciona el capitalismo! Hace ya más de 150 años que Marx y Engels observaban que el régimen que hace un culto de la propiedad privada funciona y se reproduce en medio de una sucesión interminable de expropiaciones o “despojos”.

Pero el discurso oficialista contra el “despojo” de Papel Prensa no sólo resulta criticable por lo que dice, sino también por lo que calla: el Grupo Graiver administraba los fondos obtenidos por Montoneros tras el secuestro de Jorge Born. ¿No resultaba comprensible, entonces, que la dictadura focalizara en él su furia represiva? ¿Y no resulta lógico suponer que fueron las conexiones entre David Graiver y Montoneros las que determinaron que sus familiares fueran secuestrados y torturados? Lidia Papaleo de Graiver regresó al país desde México para firmar el 2 de noviembre de 1976 la venta de Papel Prensa. Su secuestro se produjo cuatro meses después de que la empresa fuera vendida: el 14 de marzo de 1977. A las pocas semanas fue detenido Jacobo Timermann, director del diario antiperonista La Opinión, del cual era propietario Graiver. En Silencio por Sangre se afirma una y otra vez que “el objetivo de los secuestros fue que ni los Graiver ni sus socios cobraran jamás el precio vil que habían debido aceptar por las acciones (de Papel Prensa)”. Pero en ningún momento se ofrecen pruebas indubitables de lo que afirman. Parece mucho más factible que el motivo central de los secuestros haya sido la intención de averiguar todas las conexiones político-financieras con el lanussismo, con Gelbard y con Montoneros, cuyos fondos confiados a Graiver, dicho sea de paso, nunca le fueron devueltos.

Desde el punto de vista “de los principios”, por así decir, no podemos avalar ni los argumentos, ni su marco conceptual, ni el método político empleados por el gobierno kirchnerista en su disputa con Clarín y La Nación. Menos aún podemos, obviamente, sumarnos a la cruzada por la “libertad de prensa”[1] que lleva adelante la alianza política económica y social que encarna la oposición partidocrática. Lo que debemos hacer es estar atentos ante la nueva situación política generada. El kirchnerismo está peleando contra un enemigo más fuerte y más reaccionario. No será la pequeña burguesía ayer terrorista y hoy democratista que conforma el kirchnerismo la que derrotará a este enemigo agitando la bandera de los “derechos humanos”, que es la bandera de la contrarrevolución en su “etapa superior” (post-terrorismo de estado). Serán las masas en la calle, la clase obrera en pie de lucha, el Frente Nacional antiimperialista reconstituido los que retorcerán a su debido momento el cogote de la rosca oligárquico-imperialista.

Notas:
  1. Sobre el particular ver: Gustavo Cangiano, "Con propiedad privada no hay libertad de prensa"
.

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