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  • Artículo cargado el 11/12/2009 - 01:30

Ni oportunismo ni ultraizquierdismo

Gustavo Cangianotwitter @gcangianoSocialismo Latinoamericano

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La alternativa clasista de los trabajadores no pasa por el aislamiento y la consiguiente impotencia política de sus sectores de vanguardia sino por la posibilidad de enhebrar una política de Frente Único Antiimperialista, en cuyo seno la clase obrera luche por conquistar la hegemonía e imponer el horizonte socialista como perspectiva.

A través de una nota firmada por Marcelo Ramal, aparecida en Prensa Obrera y titulada “Una nueva etapa después de Kraft”, el Partido Obrero expone su orientación táctica y estratégica. Dice Ramal que el conflicto en Kraft se produce en un contexto signado por “la demolición política del gobierno kirchnerista”, resultado de “los despidos, la carestía, el aumento de la pobreza o los tarifazos” que han determinado que “el centro de la situación política ha vuelto a las calles”. Ante este panorama, Ramal opina que “la huelga de Kraft abrió una nueva etapa política, donde tendrá que dirimirse qué fuerzas sociales se harán cargo de la crisis que emerge con la descomposición del kirchnerismo”.

¿Cuáles son esas fuerzas sociales que se aprestan a ocupar el lugar próximo a ser dejado vacante por el kirchnerismo? Dice Ramal: “la disyuntiva que se abre después de Kraft es clara: por un lado, está la jauría patronal que exige el arreglo inmediato con el capital financiero, los tarifazos y un ‘ordenamiento’ de las relaciones laborales de la mano de la infantería; por el otro, está la profunda corriente de lucha que ha emergido con Kraft, que exige poner en pie una alternativa propia de los trabajadores”.

El análisis de Ramal expresa cabalmente la posición ultraizquierdista del PO.

Desproporción de fuerzas

Supongamos, por un instante, que el cuadro de situación pintado por el PO se correspondiera con la realidad; supongamos que estamos asistiendo a la “demolición” del kirchnerismo y a una lucha de clases “centrada en las calles”. Si así fuera, tendríamos ante nuestros ojos una disputa entre las fuerzas de la Revolución y las fuerzas de la Contrarrevolución; Ramal procede a identificar a unas y a otras. Nos dice que las primeras están representadas por “toda la jauría patronal”. ¿Qué abarca esa categoría? Podemos inferirlo: el conjunto de los partidos políticos, los grandes medios de prensa, la gran burguesía, la burocracia sindical, el imperialismo estadounidense, la patronal sojera, las instituciones represivas del Estado, etc. ¿Y cuáles son las fuerzas de la Revolución? Ramal es claro al respecto: es “la profunda corriente de lucha que ha emergido en Kraft”.

Ahora bien, ¿no resulta evidente que, de corresponderse con la realidad, el panorama que pinta Ramal no permite augurar nada bueno para las fuerzas de la Revolución? ¿Acaso alguien puede creer que la poderosa y multifacética “jauría patronal”, que se apresta a saltar sobre el kirchnerismo, será detenida y derrotada por los combativos activistas de Kraft y sus aliados del movimiento estudiantil? ¿No es evidente la desproporción de fuerzas entre ambos bandos?

La funcionalidad

En uno de sus programas televisivos, Mariano Grondona, calificado vocero de la Contrarrevolución, invitó al principal delegado de Kraft (militante del PCR), a Alderete (CCC-PCR), a Vilma Ripoll y a Castells. Departió amigablemente con ellos, en un marco de coincidencias en la condena al gobierno, a la burocracia sindical, a la patronal estadounidense y, de paso, a la ley de radiodifusión que violaría la “libertad de prensa”. Podría suponerse que los invitados de Grondona expresan a “la corriente de lucha que ha emergido con Kraft”, para decirlo en términos de Ramal; no deja de extrañar, entonces, el buen trato que recibieron de parte de uno de los principales abogados de la “jauría patronal”. La pregunta es: ¿habrá sido Grondona funcional a los intereses de la clase obrera en la lucha que representarían supuestamente los invitados? ¿O habrán sido los invitados funcionales a los intereses de la “jauría patronal” que representa Grondona?

El oportunismo

Por supuesto, de lo anterior no debe concluirse que haya que dar la espalda a la lucha de los trabajadores de Terrabusi-Kraft ni que haya que silenciar las críticas a la traición de la burocracia sindical y a las agachadas y complicidades con la patronal del gobierno kirchnerista. Semejante posición oportunista es la que sostienen personajes como Norberto Galasso y la camarilla profesoral centroizquierdista (es decir, no nacional-popular) de Carta Abierta. Para Galasso, “el gobierno kirchnerista, en líneas generales, está en un proceso nacional y popular”, es decir, no llega a ser un gobierno de Frente Nacional o de Frente Único Antiimperialista; sin embargo, afirma que al gobierno “hay que darle apoyo” para… ¡“mantener una perspectiva estratégica que siga hacia el socialismo”! Ver declaraciones en el libro Las izquierdas en la política argentina.

Cuesta creer que semejante postura sea confundida por ciertos analistas con las de la Izquierda Nacional, en cuyo nombre siempre ha pretendido hablar el peronista de izquierda, Galasso.

Ni oportunismo (Galasso) ni ultraizquierdismo (Ramal). Lo que debe concluirse de lo antedicho, en cambio, son dos cosas:

a) Que cuando ayuda a disimular su auténtica naturaleza antipopular y antinacional, las fuerzas de la Contrarrevolución no tienen inconveniente en recurrir a un barnizado “izquierdista” (no sólo Canal 26 y Grondona cedieron su espacio a “trotskistas” y maoístas;  América TV lo cedió a Néstor Pitrola, en tanto que, en La Nación, Beatriz Sarlo escribe contra Kirchner y en favor de las comisiones internas y las corrientes “clasistas” y “antiburocráticas”);

b) Que las fuerzas de la Revolución deben encontrar, en el campo de la acción política, la traducción de las demandas de la clase obrera, articulándolas a las de otros sectores con los cuales urge poner en pie un Frente Nacional Antiimperialista.

El ultraizquierdismo

Sin un Frente Nacional, la vanguardia obrera está condenada al aislamiento y a la impotencia; “las fuerzas sociales que se harán cargo de la crisis que emerge con la descomposición del kirchnerismo” no serán otras que las de la “jauría patronal”. Por tal razón, las palabras del líder del PO, Jorge Altamira, constituyen el más cristalino ejemplo de esa mixtura de “maximalismo táctico” y “minimalismo estratégico”, inherente a la ultraizquierda pequeñoburguesa que se autoproclama “clasista”.

Escribe Altamira (ver PO núm. 1108): hoy, cuando se asiste al “cuestionamiento a la gestión del gobierno desde la izquierda”, hay que alertar contra “la utopía reaccionaria de volver a establecer un frente nacional donde la burguesía maneje la batuta y se lleve la plata y los obreros deban someterse a los caudillos nacionalistas”. Según Altamira, “hay que plantear, claro y alto, la lucha por la autonomía política de la clase obrera frente al nacionalismo, sea burgués o pequeñoburgués”, porque “el nacionalismo se ha convertido en una teta estéril a fuerza del uso y abuso de ella por parte de los enemigos del proletariado y del socialismo”.

Revolución permanente

Calificar como “utopía reaccionaria” la reconstrucción de un Frente Nacional que reagrupe al conjunto de clases y sectores interesados en fogonear un proceso de emancipación nacional y social significa, además de olvidar las enseñanzas de Lenin y Trotsky al respecto, dejar el campo expedito para que sea la “jauría patronal” la que emerja como única alternativa posible ante la bancarrota del kirchnerismo.

La alternativa clasista de los trabajadores no pasa por el aislamiento y la consiguiente impotencia política de sus sectores de vanguardia sino por la posibilidad de enhebrar una política de Frente Único Antiimperialista, en cuyo seno la clase obrera luche por conquistar la hegemonía e imponer el horizonte socialista como perspectiva. En este proceso en curso, que es el que nos muestra tanto el pasado como el presente de América Latina y los países semicoloniales, lo que en un momento inicial puede ser el contenido estrechamente “burgués” y “nacionalista” del Frente Nacional puede devenir, a partir de las alternativas de la lucha de clases, en la “superación” hacia una instancia socialista. ¿No se refería Trotsky a este devenir posible cuando hablaba de “revolución permanente”?

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Comentarios:

Carlos dijo:

Buena nota. Es imprescindible para la Izquierda Nacional delimitarse políticamente tanto de los grupos ultraizquierdistas, funcionales a la rosca oligárquica, como del oportunismo filo-kirchnerista que marcha directo a la bancarrota.

Ese es el espacio político vacante, que debe ocupar la izquierda nacional por tradición ideológica y militante.

Enviado el 11/12/2009 a las 15:59

Pablo Rivera dijo:

Excelente nota, el imperialismo y la ‘‘jauría patronal’’ tienen dos manos: la izquierda y la derecha y las usan alternativamente para impedir la construcción de un frente nacional anti imperialista, para aislar a los sectores del campo nacional, tanto de izquierda como de derecha y condenarlos a la impotencia.
La clase obrera argentina y la de América Latina en general no tiene el peso social suficiente para actuar sola lo cual no significa que deba renunciar a la lucha por el socialismo sino que tiene que hacerlo a través de la construcción de un frente nacional antiimperialsita que intente acaudillar.

Enviado el 13/12/2009 a las 15:20

silvia di denko dijo:

felicito por los articulos. Desearia leer el libro Historias en el espejo de Silvia Burkis, no lo consigo si es posible les pido que me asesoren como conseguirlo .Mis saludos para Raul Paulinovich con quien me gustaria contactarme .

Enviado el 22/12/2009 a las 01:07

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