13 Jul 2011Politica Nacional 

Los progres, “Maurizio” y el medio pelo

Socialismo Latinoamericano

Paradojas de reformista bonachón y dócil; el progresismo despliega, ante el triunfo del menos perspicaz de los hijos reconocidos de Franco Macri, su infinito arsenal de zonceras.

No es demasiado difícil imaginar lo que Don Arturo Jauretche opinaría sobre sus nóveles epígonos de la pequeña burguesía ilustrada. Lo cierto es que tratando de dotarse de cierta pátina de antiimperialismo acorde a los tiempos “nac & pop”, el progre argentino cree por fin comprender a uno de los más insignes pensadores populares argentinos: azonzado por la apropiación apócrifa de la figura de Jauretche, el típico clasemediero eleva sus acusaciones contra la clase media reproduciendo una zoncera que se ha extendido en relación directa al desconocimiento del que todavía es víctima el autor de “El Medio Pelo en la Sociedad Argentina”.

Según la lógica de pensamiento del progresista antimacri, si es que hay algo de lógica en un pensamiento tan superficial, la elección del domingo pasado puede reducirse a lo siguiente: ganó Macri, al que llaman “Maurizio” por la brutalidad, la idiotez y la atolondrada confusión de la clase media, a la que denominan “medio pelo”. Dos zonceras en una sola afirmación constituyen una auténtica hazaña teórica. Confundir a un oligarca liberal con un nazi y a la clase media con el “medio pelo” jauretcheano no deja de evidenciar la profunda incomprensión que en el progresismo pequeño burgués genera la denominada cuestión nacional, algo que los lectores dominicales de página 12 reducen, en el mejor de los casos, a una incómoda excentricidad nacionalista.

Con respecto a la primera zoncera, se trata de una adjetivación que se está propagando con una inusitada velocidad entre los lectores de Feinman, Bonasso o Bayer ya que tiene la asombrosa capacidad de ser aplicada indistintamente a Macri o al mismísimo Perón. El progre, en tanto derivada colonial del triunfo mundial de los imperialismos democráticos sobre los totalitarios, confundirá siempre los nacionalismos ofensivos y eurocéntricos que emergen en las formaciones sociales imperialistas relegadas como resultado del crack del `29, con los nacionalismos populares y defensivos de los países semicoloniales que se consolidan en el tercer mundo gracias a la crisis mundial del Imperialismo durante la posguerra.

A pesar de que el nacionalismo popular latinoamericano constituye la negación del nacionalismo imperialista, “nazi” o “facho” son los insultos típicos del furibundo demócrata de izquierdas. Constituye un escapismo, una fuga de una realidad que se resiste a los corsés azonzados de la corrección política progre y sus polarizaciones entre “derechas e izquierdas”, “democracias o dictaduras”, “civiles o militares”, “procesistas o derechohumanistas”, y un sinnúmero de zonceras que exigirían varios más que un manual, una enciclopedia de zonceras argentinas. Una identidad tributaria de los grandes lineamientos políticos y teóricos de los imperialismos democráticos y sus órganos de diseminación y adoctrinamiento, aún cuando se trata de una zoncera, que el destinatario de tales adjetivaciones sea Maurizio puede considerarse, inclusive, auspicioso si se considera la tendencia del progresismo a confundir antiimperialismo con fascismo.

Sin embargo, la segunda de las zonceras es preocupante si pensamos en tipos que pueden pasar un verano entero leyendo por puro gusto a Zizek o a Lacan y que, no obstante, insisten con reducir el concepto de “medio pelo” al de clase media. Se trataría, retomando aquello de la lógica, de una falacia de autoridad (“Argumentum ad verecundiam” como la denominaría con gusto cualquier figurón de academia) sino constituyera una absoluta tergiversación de la producción del propio Jauretche.

La respuesta está a sólo seis hojas. Menos que muchas de las tediosas notas de los aparatos de prensa de la social democracia vernácula… Seis hojas en una prosa súper accesible, ágil, profundamente seductora… diez minutos de lectura atenta como mucho… Dos paradas de subte, cincuenta cuadras en micro, un corte publicitario en 6,7,8, el entretiempo del fútbol para todos… No está en las conclusiones, ni en ninguno de sus capítulos de desarrollo. Se encuentra en la advertencia preliminar con que Jauretche abre el libro, pagina 19 de la histórica edición de Peña y Lillo: “Cuando en la Argentina cambia la estructura de la sociedad tradicional por una configuración moderna que redistribuye las clases, el medio pelo esta constituido por aquella que intenta fugar de su situación real en el remedo de un sector que no es el suyo y que considera superior. Esta situación por razones obvias no se da en la alta clase porteña que es el objeto de la imitación; tampoco en los trabajadores ni en el grueso de la clase media”. Intersección estructural entre burguesía industrial en ascenso y oligarquía en crisis (los primos pobres al decir de Don Arturo) el medio pelo es el resultado, precisamente, de los esfuerzos intelectuales y políticos por sostener durante la sustitución de importaciones y en los marcos del amplio frente antiimperialista que constituía el Peronismo a los sectores populares de la pequeña burguesía.

Sí al menos uno de los formadores de opinión progresista se hubiera molestado en la lectura de esas seis páginas, sí sus ansias psico bolches les hubieran permitido encontrar en Don Arturo algo más que un refranero de chicanas y artilugios para la discusión de café, se evitarían ser la evidencia empírica de “Los Profetas del Odio y la Yapa”: en una correspondencia casi mecánica con las zonceras que la pedagogía colonial y sus aparatos de prensa, particularmente los de izquierdas, inoculan en el tejido social de la patria vasalla apuran lecturas de ocasión, memorizan un par de términos, y ya se asumen como representantes del pensamiento jauretcheano, caracterizado, precisamente, por ridiculizar y escarnecer los macaneos con que la pequeña burguesía académica se entretiene “pensando”.

“El Medio Pelo” no constituyó en modo alguno una crítica global a la “clase media”, heterogéneo y multifacético colectivo que ha sostenido a las más lúcidas y poderosas inteligencias del antiimperialismo latinoamericano, Jauretche por ejemplo, y a los zonzos,  macaneadores y cagatintas del progresismo cipayo que no dudan en citarlo para tergiversarlo, evitándose una autocrítica profunda en que emergerían inesperadas coincidencias con Maurizio, y paradojales proyecciones de oposición con cada uno de los pensadores nacionales y populares.

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Comentarios

El  05/09/2011 a las 18:14 Norberto dijo:

Extrordinario!!!

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