• Medio Oriente 
  • Artículo cargado el 28/09/2011 - 00:25
TRAS SEIS DÉCADAS DE LUCHA HEROICA

Los palestinos levantan bien alto sus banderas

Osvaldo Calellotwitter @ocalelloSocialismo Latinoamericano

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A pocas horas de finalizada su presentación ante la Asamblea General de Naciones Unidas el titular de La Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, declaró su rechazo al pedido de reiniciar negociaciones con el gobierno israelí formulado por el denominado Cuarteto de Medio Oriente (Estados Unidos, Unión Europea, Rusia y ONU). La propuesta carecía de toda seriedad; simplemente fijaba un cronograma que debía culminar en un acuerdo de paz, mientras aceptaba de hecho que Tel Aviv continuara implantando asentamientos en territorio palestino. El solo hecho de que el representante de ese patético cuarteto sea Tony Blair, el mismo personaje canallesco que secundó a Bush en las invasiones a Iraq y Afganistán, revela el grado de credibilidad que puede reclamar para sí este tipo de diplomacia. Antes de esto los delegados de la Asamblea General habían tenido que escuchar el grotesco discurso del presidente Obama, abogando abiertamente por los intereses de la burguesía sionista, como si los palestinos fueran los ocupantes que someten a prácticas de limpieza étnica a los habitantes de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este. El discurso había sido precedido por amenazas de Washington a los dirigentes palestinos para que no formulasen el reclamo de reconocimiento estatal ante el Consejo de Seguridad y la Asamblea General, junto con advertencias de represalias económicas a la ONU si la iniciativa prosperaba.

La hipocresía y el cinismo del “premio nobel de la paz” superó todo lo que podía esperarse cuando afirmó que palestinos e israelíes debían arreglar sus diferencias mediante una negociación, y no por la decisión de una instancia extranacional, como si ocupantes y ocupados, opresores y oprimidos estuvieran en un pie de igualdad. ¡La burguesía sionista en Washington y en Tel Aviv dicta la política exterior al presidente norteamericano en los asuntos de Oriente Medio, y éste se subordina a sus imposiciones, pendiente del voto judio en las próximas presidenciales así como del financiamiento de su campaña electoral! Obama sabe muy bien que entre palestinos e israelíes no hay posibilidad de negociación alguna, simplemente porque el régimen sionista no está dispuesto a aceptar la existencia de un Estado palestino, como lo prueba el hecho de que sus sucesivos gobiernos se han burlado sistemáticamente de los acuerdos de Oslo y de las resoluciones de Naciones Unidas reclamando la devolución de territorios ocupados. Siguiendo una política sistemática, que no diferenció colores partidarios, esos gobiernos han fragmentado de tal modo el territorio de Cisjordania con asentamientos, cordones sanitarios, carreteras restringidas a los colonos judíos y el Muro de la Vergüenza, que de hecho volvieron insostenible la existencia de una estructura estatal independiente. Ni aún realizando concesiones cercanas a una capitulación por parte de la ANP, existió nunca posibilidad de un acuerdo.

La intransigencia irreductible de la burguesía sionista quedó al desnudo a comienzos de este año al difundir la cadena Al-Jazeera 1600 documentos relativos a las negociaciones secretas sostenidas en 1998 entre el régimen de Abbas y el gobierno de Ariel Sharon. Según esos papeles la ANP estuvo dispuesta a convalidar la anexión de los barrios judíos establecidos en Jerusalén Este a partir de 1967, a aceptar el intercambio desfavorable de territorios y a limitar el “Derecho al retorno” a la repatriación de 100.000 refugiados palestinos en un plazo de diez años, de los cinco millones que permanecen expatriados. Así y todo al gobierno de Sharon no le pareció suficiente y la negociación fracasó.

Menos que nadie el actual primer ministro Netanyahu puede afirmar en la ONU: “la verdad es que Israel quiere la paz, la verdad es que yo quiero la paz (…) La verdad es que hasta ahora los palestinos se han negado a negociar”. No es para asombrarse. El personaje es conocido dentro y fuera de Israel como un mentiroso. En julio del año pasado el Canal 10 de Israel difundió un video en el que Netanyahu (sin saber que lo estaban grabando) explicó como a fines de los 90’, siendo primer ministro, había engañado al presidente Clinton haciéndole creer que estaba poniendo en práctica los acuerdos de Oslo, realizando retiros parciales de Cisjordania, cuando en verdad estaba reforzando la ocupación. Durante su involuntaria confesión Netanyahu admitió que lejos de ser defensiva la represión militar contra los palestinos que en esos momentos desencadenaban la segunda Intifada, tenía el propósito de aplastar a la Autoridad Palestina para obligarla a aceptar las condiciones que el régimen sionista decidiera dictarle. En un pasaje ilustrativo señaló que Israel debía infligir “golpes que sean tan dolorosos que el precio sea demasiado grande para soportarlos… Un amplio ataque contra la Autoridad Palestina, para llevarlos al punto de temer que todo se esté derrumbando”. Cuando se le preguntó por la actitud que adoptaría Washington respondió sin dudar: “A Estados Unidos se le puede mover fácilmente. Mover en la dirección correcta… No se interpondrá en nuestro camino… Un ochenta por ciento de los estadounidenses nos apoya. Es absurdo”.

La revolución árabe en marcha

El gobierno de Tel Aviv ha dicho de todos los modos posibles que no está dispuesto a volver a las fronteras anteriores al 4 de junio de 1967. Estados Unidos, por su parte, ha desencadenado una presión extraordinaria para impedir que el reclamo palestino obtenga la mayoría de nueve votos, y por tanto sus representantes se vean obligados a utilizar el privilegio de veto, aumentando el desprestigio de que goza su política entre las masas árabes. Pero lo cierto es que tanto Israel como Estados Unidos ya están políticamente derrotados. El viejo equilibrio del Oriente Medio, que tuvo por llave maestra los acuerdos de Camp David firmados hace más de tres décadas por los gobernantes egipcios e israelíes, está definitivamente quebrado. Las revoluciones populares que en Egipto pusieron fin al régimen de Hosni Murabak y en Túnez al de Ben Alí, y se extendieron como masivos movimientos de protesta en el resto de la región, hundieron el balance de poder que le permitió a los gobernantes israelíes someter al pueblo palestino a un régimen de apartheid en Cisjordania y reprimirlo brutalmente en Gaza, sabiendo de antemano que podían contar con el beneplácito cómplice de El Cairo, Riad y Amman. Durante ese extenso período de reflujo de la revolución árabe, sólo la heroica resistencia del pueblo palestino impidió que el sionismo consumara su proyecto de extender su dominio definitivo sobre el total de Palestina. Sin embargo, desde comienzos de este año la situación ha cambiado. No fue por nada que una sensación de temor y preocupación invadió a la dirigencia sionista cuando vio tambalear a los corruptos regímenes de Mubarak y Ben Alí; no fueron desinteresados los desesperados llamados que lanzó a sus aliados occidentales para que intervinieran contra la rebelión popular. En Egipto el gobierno militar, bajo una fuerte presión de masas, como reveló la reciente ocupación de la embajada israelí en El Cairo, ha tomado distancia de Tel Aviv; otro tanto ha hecho el gobierno de Turquía, luego del asesinato de nueve de sus ciudadanos, integrantes de la flotilla que llevaba ayuda humanitaria a Gaza. La administración del ultraderechista Netanyahu, coaligado con laboristas y partidos religiosos, está cada vez más aislada. Sólo puede contar con el apoyo de Washington y sabe que no es seguro el respaldo de los países europeos. Aun cuando esa oligarquía llamada Consejo de Seguridad no apruebe la incorporación de Palestina como Estado miembro con plenos derechos, la próxima votación abrumadoramente favorable en la Asamblea General, reconociendo parcialmente esos derechos, constituirá una sensible derrota política para el régimen sionista y sus contados aliados. Pero sobre todo constituirá una advertencia de que la historia no se detiene; puede hacer un alto, a veces de varias décadas, en el cual las peores calamidades se descargan sobre los pueblos como en el caso de los palestinos, pero finalmente reemprende su marcha y deja atrás toda la escoria, la maldad y la infamia que acumuló en la época de reacción.

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Comentarios:

KAMATE INTI dijo:

EXELENTE ESTE ARTICULO,COINCIDO TOTALMENTE CON UDS EN CADA PALABRA.LA UNICA INCERTIDUMBRE KE TENGO ES SI ALGUN DIA ESE HEROICO PUEBLO PALESTINO PODRA TENER UN ESTADO LIBRE,SOBERANO E INDEPENDIENTE.LA HIPOCRECIA SIONISTA NO ES SOLO DEL JUDAISMO KE HABITA EN USA O ISRAEL, TAMBIEN ES POTESTAD D LA COMUNIDAD D NUESTRO PAIS.RECUERDO COMO SALIAN A RESPALDAR LOS BOMBARDEOS DE EL LIBANO DESDE TODAS LAS ENTIDADES SIONISTAS D NUESTRO PAIS. LAMENTABLENTE LO MISMO OCURRE CON EL TEMA D PALESTINA,HE ESCUCHADO BARBARIDADES TALES COMO KE TODOS LOS PALESTINOS SON TERRORISTAS KE OBLIGAN AL ISRAEL A DEFENDERSE D SUS AGRECIONES,EL COLMO DEL CINISMO DESDE AKI LES MANDO UN GRAN ABRAZO CAMARADAS Y SIGAN DENUNCIANDO LOS ATROPELLOS CONTRA EL PUEBLO PALESTINO. X ULTIMO UN GRAN SALUDO A TODA LA COMUNIDAD PALESTINA,TODOS ESTAMOS CON UDS EN ESTA LUCHA,FUERZA,VENCEREMOS!!!

Enviado el 03/11/2011 a las 19:33

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