13 Jul 2011Politica Nacional
Los disparates de Filmus y la paliza de Macri al Kirchnerismo
¿Por qué Macri le asestó una paliza formidable al kirchnerismo? Acá va la explicación de Filmus, proporcionada al diario La Nación de hoy, 12 de julio: “Cuando la economía funciona bien, mucha gente prefiere que las cosas se queden como están, es menos propensa al cambio. Y Macri lo vio, porque los últimos días estuvo muy ‘cristinista’. La gente dice: ‘estamos bien’ y no sabe si es por el gobierno nacional o por el de la ciudad”.
Es decir: según el trabalenguas sintáctico de Filmus, son los éxitos económicos del gobierno nacional los que producen como resultado el encumbramiento de los representantes políticos –y hasta corporativos– de la burguesía trasnacionalizada y de la derecha neoliberal. El macrismo vendría a ser, en consecuencia, algo así como la etapa superior del kirchnerismo.
Naturalmente, se trata de un disparate. Si los porteños estuvieran tan satisfechos con el gobierno, entonces habrían votado al candidato oficialista, y no a los opositores, como lo han hecho en un porcentaje cercano al 80%. Pero de ese disparate se sigue toda una línea politica de consecuencias desastrosas para quienes aspiran a desenvolver los elementos nacional-populares que pudieran estar contenidos en el kirchnerismo.
Filmus: un clon de Macri
En efecto, si el desenvolvimiento del programa económico kirchnerista fortalece a personajes como Macri, entonces convendrá tácticamente promover, dentro del kirchnerismo, a aquellos políticos cuyo perfil más se parezca al de los personajes como Macri. Esto significa que el kirchnerismo debería mimetizarse con sus opositores a fin de ganar el favor electoral de “la gente”. Es esta creencia, precisamente, la que condujo al dedo de Cristina a señalar al propio Filmus como su candidato en las elecciones porteñas. Al fin y al cabo, ¿hay alguien más parecido al “privatizador” Macri que un ex ministro de educación pública que mandaba a sus propios hijos a escuela privada? ¿Hay alguien más cercano a la derecha neoliberal que el hombre que como funcionario menemista llevó adelante la política del Banco Mundial en el área educativa? ¿Hay alguien más pragmático y menos principista que el propio Filmus, un carrerista y trepador que pasó del grossismo al menemismo, de ahí al ibarrismo y a la Alianza y finalmente —por ahora— al kirchnerismo? Y si fuéramos más allá de la Ciudad de Buenos Aires: ¿no es el kirchnerista Scioli lo más parecido que puede encontrarse al antikirchnerista De Narváez?
Pero enfrentar electoralmente a los representantes de la derecha neoliberal con clones de esos representantes de la derecha neoliberal tiene dos inconvenientes. El primero es que la gente prefiere el original a la copia. Si tanto Macri como Filmus representan, como dice éste último, la politica económica del gobierno, es decir, un modelo de país “productivo”, entonces las diferencias entre ambos se reducen a determinar si hay que priorizar este o aquel pavimentado, o si hay que hacer a tal o cual avenida de doble mano para descomprimir el tránsito. Ante este orden de problemas, la gente se guía por un precepto de prudencia: “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Y vota a Macri.
La correlación de fuerzas
El segundo problema es de mayor complejidad y menor inmediatez, y por eso puede parecer superfluo a los estrategas miopes del kirchnerismo.
La contrarrevolución triunfante en 1976 e institucionalizada a partir de 1983 ha establecido determinada correlación de fuerzas entre las clases sociales, la cual es manifiestamente desfavorable para el campo nacional-popular. Cuando se le objeta al kirchnerismo que no toma medidas de fondo contra la rosca oligárquico-imperialista que gobierna el país (como la nacionalización del comercio exterior, la estatización de los recursos energéticos, etc.), la respuesta es siempre la misma: la correlación de fuerzas no lo permite. Sin embargo, lo que caracteriza a toda fuerza política con pretensiones más o menos revolucionarias (¿y cómo un gobierno nacional-popular no tendría pretensiones revolucionarias?) es justamente la intervención sobre la correlación de fuerzas con el objeto de modificarla, y no la adaptación pasiva a ella. Desde esta perspectiva, la derrota kirchnerista frente al macrismo en Ciudad de Buenos Aires es mucho más profunda de lo que las cifras indican. Porque una cosa es un 28% de votos que exprese un momento coyuntural en la acumulación de fuerzas claramente anti-establishment, y otra muy distinta es que ese mismo porcentaje haya sido obtenido luego de diluir el propio perfil hasta hacerlo irreconocible.
Podría objetarse: si el kirchnerismo hubiera enfrentado a Macri enarbolando las banderas de la Revolución Nacional, le habría ido peor de lo que le fue, puesto que el electorado porteño es intrínsecamente liberal y conservador. Pero sería una objeción equivocada, basada en una concepción antidialéctica de lo que es la realidad: el 28% del kirchnerismo, más el 13% de Proyecto Sur evidencian que ya hay una base social cuantitativamente significativa desde la cual batallar contra la derecha neoliberal. Y si la batalla se librara a fondo, ¿por qué no se van a sumarse sectores populares, de tradición peronista, que en esta ocasión han votado por Macri, ante la inexistencia de algo diferente y mejor? La Revolución Nacional nunca va a encontrar ya dadas las condiciones político-sociales para su realización; es su tarea construirlas fundamentalmente en la esfera político-ideológica.
Es probable que el kirchnerismo renuncie al balotaje. Si no lo hace, le espera una nueva paliza electoral. En cualquiera de los casos, la disyuntiva que se abre ante la militancia es la siguiente: o permite que los funcionarios kirchneristas terminen la obra para la cual fueron convocados luego del estallido de 2001 -la recomposición del régimen demoliberal partidocrático-, dejando que los Macri de todos los pelajes sean el futuro próximo o, por el contrario, dan la espalda a los cantos de sirena del poder que quiere cooptarlos y avanzan hacia la reconstrucción del Frente Nacional Antiimperialista.



