15 Sep 2010Nacional 

Los desafíos en la construcción del Frente Nacional

Los militantes de Socialismo Latinoamericano venimos insistiendo en la necesidad de refundar el Frente Nacional Antiimperialista –en su momento liderado por el general Perón– como prioridad estratégica.

Nuestra concepción al respecto marca claramente la diferencia entre la izquierda tradicional y la izquierda nacional. La primera no toma en cuenta que, en un país periférico y semicolonial como el nuestro, el primer paso a resolver es la cuestión nacional, y no un frente de izquierdas al estilo de las que se promueven en los países desarrollados.

La tarea de la reorganización del Frente Nacional se enfrenta a un enemigo que fundamenta su permanencia partidocrática en un fuerte apoyo de los grandes medios y cuya actividad básica es generar aparentes antagonismos como distractivo, mientras sostiene un sistema de democracia formal y colonial dispuesta a permitir el saqueo imperialista.

Frente a ello, quienes militamos en el atomizado campo nacional antiimperialista tenemos la responsabilidad de reagruparnos en un frente para formar una base política que sea capaz de desplazar y reemplazar el modelo de entrega hoy vigente.

¿Por qué no se ha podido ni se puede consolidar algo tan sencillo de formular? La causa fundamental de esta tarea inconclusa desde hace décadas es la alta dosis de pragmatismo político que anida en una gran cantidad de las diferentes corrientes que hipotéticamente integrarían este nuevo histórico Frente Nacional.

La equivocada idea de que no hay nada que discutir, de que ya está todo escrito, de que existe una doctrina que hay que seguir, de que la prioridad es construir una organización encabezada por los “más aptos” son algunas de las innumerables pretendidas imposiciones a priori que surgen cuando se intenta abrir el diálogo a fin de consolidar la estrategia para cambiar el rumbo de nuestra trágica situación semicolonial.

Frente a ello, las nuevas generaciones asumen intuitivamente que con el sistema político vigente no tienen futuro; en lugar de darles participación, se pretende plantearles concepciones dogmáticas arrastradas desde un congelado pasado, con el obvio resultado del rechazo de los jóvenes.

La formación de nuevos cuadros políticos nacionales antiimperialistas es una tarea esencial para la reconstrucción del Frente Nacional. Para encontrar eco en las nuevas generaciones, es indispensable tener la capacidad de escuchar los problemas actuales vistos y narrados por ellos mismos, para que juntos, los militantes veteranos y jóvenes, podamos intercambiar ideas, encontrar respuestas y opciones sólidas que permitan romper el esquema partidocrático imperial.

El Frente Único Nacional Antiimperialista no podrá reconstruirse con base en falsos apóstoles representantes de profetas del pasado. El sistema político montado sobre el esquema de la globalización debe ser remplazado en este unicato imperialista que nos toca vivir.

Sí es necesario tener presentes las luchas históricas, pero tomando de ellas enseñanzas que nos permitan actuar militantemente en el presente a fin de cambiar el futuro.

La dirección política del frente no será dada por una mesa chica de lúcidos políticos, sino por los pueblos latinoamericanos con su vanguardia proletaria a la cabeza, enarbolando el espíritu revolucionario de la definitiva independencia. El Frente Nacional Antiimperialista Revolucionario que proponemos desde Socialismo Latinoamericano es concebido como la herramienta que sea capaz de acompañar ese proceso. Es imprescindible tener la humildad política para entender que, si no lo hacemos juntos todos los sectores nacionales y populares amalgamados en una misma dirección, la devastación imperial seguirá por mucho tiempo castigando a nuestros pueblos.

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  • 15 Sep 2010Nacional 

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Comentarios

El  04/11/2010 a las 23:55 Carlos A. Zelada dijo:

Frente Nacional

Así como la ciencia arranca a la Naturaleza sus secreto y la Técnica canaliza esos conocimientos en favor de la especie, la Política a la que Bonaparte definiera como el Destino, es la forma racional que los humanos utilizamos para preservar la vida.

Y no es la Vida con mayúscula, sin sustento concreto. Es la vida de las generaciones que no deben perseguir sino objetivos razonablemente alcanzables. Esto, que seguramente será despreciable para los iluminados que prefieren el Paraíso imaginado, a la pedestre realidad con que trabaja la Política, hace que sus posibilidades de acercarse al Poder, ese que es la palanca de la política, no solo les sea inalcanzable sino que es fuente de molestias menores que siembran rispideces a la obra de gobierno, de este y de cualquiera, y, en ocasiones, son causa de muertes inútiles.

No existe un Derecho per se. Cada Estado determina sus límites. Porque las instituciones son la forma en que el sector dominante de una sociedad encamina a través de ellas, el derrotero que estima es mejor para sus intereses que suelen confundirlos con los de la Nación.

Lo mejor es enemigo de lo bueno. Exigir “derechos” a un gobierno “popular”, es decir con objetivos democráticos, no es la forma de llevar agua hacia el propio molino. Uno no puede menos que preguntarse en qué medida las exigencias de máxima que ciertos sectores de “izquierda”, casi siempre minúsculos, corroyeron el gobierno de Salvador Allende y permitieron que fructificara el golpe.
El “orden” tan enaltecido por los sectores conservadores, aun cuando sea un necesario instrumento de la vida pública, no debiera ser socavado con actitudes que solo sirven de excusa para desprestigiar a un gobierno.

Un Frente Nacional no nace de la teoría sino de un inteligente manejo de la realidad. Hoy por hoy, la realidad política argentina dice que el cause principal es el peronismo. Que cualquier programa debe contar con el aval de esa corriente política. Que esa corriente política tiene su núcleo en los sindicatos.  Nos preguntamos ¿Por qué se quiere poner palos en las ruedas? ¿Acaso no se ve que, objetivamente, se está trabajando para el sector dominante? ¿O es que los pruritos intelectualoides que manejan algunos con una rigidez incomprensible es solo una intencionalidad que se cubre con la ilusión de crear las condiciones absurdas para la famosa “revolución”

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