- Politica Nacional
- Artículo cargado el 08/12/2010 - 00:07
La trampa antisemita del sionismo
Un instrumento de opresión ideológica y moral sobre los argentinos de fe judía
El sobreseimiento de Roberto Martino por parte de la Cámara de Apelaciones de los cargos por violación de la Ley Antidiscriminación dejó en evidencia la patraña que significaron las acusaciones dadas por válidas por el juez Claudio Bonadío. Este juez, uno de los que figuraban en la lista de magistrados menemistas controlados por el ex ministro Corach, había acusado al dirigente del Movimiento Teresa Rodríguez de haber participado de un ataque antisemita durante un acto de recordación a la fundación del Estado de Israel. Martino seguirá en prisión de todos modos, acusado de la supuesta tenencia de armas de guerra, material inflamable y documento de identidad ajeno.
La acusación de antisemitismo ha sido convertida por el sionismo en una suerte de respuesta de sentido común, ante cada manifestación de repudio a los crímenes del Estado de Israel. En marzo pasado el juez de la ciudad de Buenos Aires Bentolila condenó a seis meses de prisión en suspenso al dirigente de Convergencia de Izquierda Juan Carlos Beica acusado de promover “prácticas discriminatorias con un sector del pueblo judío”. El delito de Beica había sido tomar participación activa en enero de 2009 durante las movilizaciones de condena al criminal ataque de fuerzas israelíes contra el pueblo palestino en la Franja de Gaza. En la ocasión tanto el juez como el fiscal Massaglia declararon que “todo ataque al sionismo implica un ataque a los judíos en general”; más aún, “ni Beica ni nadie que no sea judío pueden cuestionar al sionismo…”.
El fallo constituyó un ataque descarado a las libertades democráticas elementales y se alineó con el reclamo del embajador israelí, que en reiteradas ocasiones ha exigido que se repriman las expresiones de repudio contra la política terrorista que sigue Israel en Medio Oriente.
La construcción simbólica de una relación de identidad entre antisemismo y antisionismo y de un vínculo equivalencial entre la condición judía, el sionismo y el Estado de Israel, ha adquirido la forma de una política sistemática entre las organizaciones locales que responden a los intereses de Tel Aviv. En agosto pasado el titular de la DAIA, Aldo Donzis, en presencia de ministro israelí de Relaciones Públicas y Asuntos de la Diáspora, Yuli Edelstein, aseguró que es “muy difícil luchar contra el antisemitismo y el antiisraelismo en los distintos países de América Latina sin estar estrechamente vinculados a Israel”. Y agrego: “Entendemos que hoy la lucha contra el antisemitismo no es castigar el antisemitismo sino es luchar por la positiva: mostrarle a la sociedad y al mundo entero los beneficios que puede dar Israel a todo el mundo”.
El sionismo no sólo es una herramienta política al servicio de una potencia extranjera; es también un instrumento de opresión ideológica y moral sobre los compatriotas de fe judía, en su mayoría ajenos a los crímenes que practica la burguesía sionista al frente del Estado de Israel.
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