06 Feb 2011Mundo Árabe
La revolución egipcia quebró definitivamente el equilibrio político en Medio Oriente
En Egipto está en marcha una revolución destinada a poner fin a tres décadas de un régimen fraudulento, despótico y corrupto que arrojó a las más vastas masas a una situación de miseria y explotación, reprimió sin contemplación alguna cualquier demanda democrática y, en alianza con Estados Unidos e Israel, traicionó las luchas antiimperialistas de los pueblos árabes. La batalla que cientos de miles de egipcios sostienen en las calles reviste un contenido nacional-democrático, con posibilidades de una radicalización anticapitalista en sus corrientes más profundas, dada la naturaleza de las contradicciones de clase que ha sacado a la luz la explosión popular.
Los trabajadores y el pueblo egipcio se movilizaron masivamente no sólo contra la opresión política y los crímenes que significaban el gobierno vitalicio de Hosni Murabak y su círculo palaciego. Se levantaron al mismo tiempo para poner fin a un régimen de explotación impuesto por los programas neoliberales en pleno auge de los años 90’, cuya consecuencia directa fue someter a una condición de miseria y expoliación a las grandes masas populares. Pobreza generalizada, un estado de desempleo crónico y la ausencia de derechos elementales en un país en que la gran mayoría de sus habitantes son ciudadanos de segunda clase frente a extranjeros que gozan de todo tipo de privilegios al igual que una enriquecida minoría nativa, todo esto custodiado por los mecanismos de un Estado policial.
El imperialismo norteamericano ha desempeñado un papel central en el sostenimiento de un régimen de esta naturaleza. Encontró en el gobierno de Anuar el-Sadat y luego de Murabak la llave maestra que necesitaba para establecer en Medio Oriente el equilibrio más favorable a sus intereses y a los de su aliado sionista, y congelar por décadas la revolución nacional del pueblo árabe que entre los años 40’ y 60’ se expresó a través de nasserismo en Egipto y el partido Baas en Siria y en Irak. En efecto, hace más de tres décadas la contrarrevolución en Medio Oriente logró una victoria estrategia de importancia capital. En septiembre de 1978 Sadat y el primer ministro hebreo, Menachem Begin, bajo la tutela del presidente norteamericano Jimmy Carter, firmaron los acuerdos de Camp David, cuyas cláusulas centrales establecieron la paz entre los dos Estados y el reconocimiento egipcio de Israel. Desde entonces el cambio de frente que El Cairo había iniciado un tiempo antes, quedó consolidado por un periodo indefinido. De ahí en más los gobernantes egipcios se alinearon disciplinadamente en torno a la política de Washington y los israelíes, haciéndose cómplices incondicionales de las maniobras y las acciones militares del imperialismo y el sionismo contra los pueblos de Irak, el Líbano y Palestina.
Basta observar la preocupación que despertó en los círculos gobernantes de esos dos países el levantamiento del pueblo egipcio, para tener una idea de la importancia del nudo de intereses que ha quedado amenazado por acontecimientos en las calles de El Cairo, Alejandría y otras ciudades. La hipocresía del gobierno de Barak Obama y de sus pares de la Unión Europea no tiene límites. Le exigen al dictador democracia y una transición ordenada, luego de haber dado apoyo pleno a ese régimen infame por treinta años. Los medios han estado informando que el gobierno norteamericano está negociando con el de Murabak el abandono del poder, presentando como un hecho enteramente natural la intervención de Estados Unidos en la solución de la crisis. El gobierno ultraderechista de Israel, a su vez, está aún más preocupado, al punto que su diplomacia reprochó desde el inicio del levantamiento el hecho de que Washington y la Unión Europea no hubieran dado un apoyo decidido a Murabak. No es para menos, la caída del anciano dictador amenaza con dejarlo sin su aliado principal en el mundo árabe. Algo parecido le ocurre al gobierno de la Autoridad Palestina, cuya estabilidad sin el apoyo de Egipto e Israel corre serio riesgo. Las últimas revelaciones sobre las escandalosas negociaciones secretas con el gobierno sionista sobre el destino de los palestinos expatriados, dejó al desnudo la línea de sucesivas capitulaciones que ha emprendido la administración de Mahmud Abbas.
La “solución americana”
Según algunos observadores la explosión egipcia tomó por sorpresa al gobierno de Obama. Es probable que ni los “especialistas” de Washington ni los cerebros de los poderosos Think Tank hayan percibido la acumulación de contradicciones que minaban la base del régimen egipcio. Por lo general su mirada se centra en el estado de los distintos resortes del poder institucional, sin prestar demasiada atención a los procesos y realineamientos moleculares que suelen provocar la emergencia de una voluntad colectiva contrahegemónica. Sin embargo, difícilmente podría decirse que la administración de Obama no contemplara en absoluto la necesidad de provocar un cambio de guardia en Palacio, ante el desgaste y el desprestigio que rodeaba al gobierno de Murabak. Hace ya tiempo que sus funcionarios estaban discutiendo con los líderes opositores las características de una transición. En este terreno también hacen su trabajo ONG como la Fundación Nacional por la Democracia (NED) especializada en el financiar planes de derrocamiento de gobiernos extranjeros y la Freedom House (FH), ambas vinculadas con la CIA. Sin ir más lejos, recientemente las revelaciones de Wikileaks señalaron un encuentro realizado en Washington en 1998 de diplomáticos y políticos norteamericanos y disidentes egipcios, entre los cuales estaba un joven, representante del Movimiento 6 de Abril, quien al regresar a su país dijo que se había sellado una alianza para derrocar al gobierno de Murabak en el 2011. La revelación es ciertamente significativa, especialmente si se tiene en cuenta el papel de Movimiento 6 de abril en los acontecimientos de estos días.
Ante la conjunción de fuerzas que han decidido poner fin a las ambiciones dinásticas del dictador, la suerte de éste está sellada. Sin embargo Murabak ha decidido resistir hasta el límite y así lo advirtió haciendo suya una consigna típica: “Yo o el caos”. Para hacer cierto el presagio lanzó sus fuerzas de choque, policiales y parapoliciales y una masa de marginalizados, cuya suerte depende de la asistencia del Estado, incluidos millones de afiliados del Partido Nacional Democrático (PND), contra los manifestantes. Esto sólo significa que su aislamiento es creciente e irreversible.
En consecuencia, los interrogantes en torno a la crisis egipcia no se centran en su figura, sino en el curso de los acontecimientos que sucederán a su caída. Estados Unidos y el imperialismo europeo confían en su segundo Omar Suleimán, “torturador suave” como lo llaman algunos, como dirigente de la transición hasta la realización de las elecciones. Le han asignado el papel de garante de que la política de Egipto en Medio Oriente se mantenga sin mayores cambios. La prensa internacional ha señalado reiteradamente, no sin intención, a El Baradai como la figura más adecuada para encabezar el futuro gobierno democrático. El ex secretario general de la Agencia Internacional de Energía Atómica y máxima figura de la Coalición por el Cambio, un frente al que confluyen desde Los Hermanos Musulmanes hasta diversas organizaciones de izquierda, es un moderado respetado en Occidente que, a pesar de su oposición a los planes criminales de Bush respecto a Irak, tendría el visto bueno de Washington, cuya influencia sobre los acontecimientos ha disminuido apreciablemente. Demás está decir que una solución de este tipo está destinada a asegurar en lo fundamental el status quo respecto a los intereses de clase dominantes y las relaciones con Israel.
La batalla decisiva
Pero el principal problema que afronta la revolución es de otro tipo. La movilización popular no tiene una organización ni una dirección política, y por ahora la consigna que unifica los reclamos es el repudio al gobierno y el reclamo de democracia. Este es su punto vulnerable y no es difícil advertir que el desemboque de la crisis que pretenden Estados Unidos y los círculos dominantes nativos tiene posibilidades de imponerse, a menos que la capacidad de lucha y la formulación de un programa por parte de los trabajadores y las grandes masas, fuerzas motrices de la revolución egipcia, así como posibles realineamientos en los cuadros de la Fuerzas Armadas, les opongan una fuerza de potencia superior o, por lo menos, equivalente.
Sobre el posicionamiento y el estado de ánimo de los cuadros militares la crisis ha abierto interrogantes. Es indudable que los altos mandos y los rangos superiores han sido cooptados por el orden imperante. Los 1300 millones de dólares que anualmente envía el gobierno norteamericanos para garantizarse la sumisión de las Fuerzas Armadas y sostener un formidable aparato represivo gravitan pesadamente. Sin embargo no es menos cierto que durante las masivas concentraciones populares en la plaza Tahrir se han producido expresiones de solidaridad y confraternidad de soldados, suboficiales e incluso algunos oficiales con los manifestantes. La unidad militar no puede darse por sentada, y no está en claro la homogeneidad existente en los niveles de la baja oficialidad y de la suboficialidad. Cuanto más se baja en la escala jerárquica, más cerca están los rangos militares de las masas, más probable es el desenvolvimiento de fracciones nacionalistas, nasseristas, islamistas o antiimperialistas.
El otro factor de resolución de la crisis tiene una importancia capital. En los últimos años los obreros egipcios han sido protagonistas de un intenso movimiento huelguístico contra las formas brutales de explotación capitalista y la escalada en el precio del pan y de los alimentos básicos. La continuidad del orden capitalista semicolonial bajo formas democráticas apunta directamente contra sus intereses de clase fundamentales. Para los trabajadores es importante conquistar las libertades democráticas elementales, pero mucha mayor importancia reviste a sus ojos liberarse de las formas extremas de expoliación que les ha impuesto la burguesía. Sin embargo el problema trasciende cualquier plataforma de reivindicaciones inmediatas. Se plantea y se resuelve en el terreno de la política, terreno por excelencia de la lucha de clases, a partir de la construcción de una voluntad colectiva con eje en los cuadros avanzados de la clase obrera e influencia política e ideológica sobre las más amplias masas populares. De los pasos que dé en esta dirección el proletariado egipcio depende en grado decisivo la suerte de la revolución. Sobre esto hay algunos indicios. Las crónicas periodísticas de estos días han señalado un dato significativo de la capacidad de iniciativa de las masas. En Egipto los comités de autodefensa y en Túnez los comités de vigilancia, creados para resguardar la revolución de los contraataques de la reacción, constituyen embriones de organismos independientes y democráticos y posibles organizaciones de una fuerza revolucionaria emergente.
Más allá de estas consideraciones, los acontecimientos crearon una situación irreversible. Una nueva correlación de fuerzas, más favorable a las masas se ha establecido por todo un período y, por poca que sea la influencia que alcancen en el próximo gobierno las corrientes profundas que se han lanzado a la lucha, ese gobierno no podrá volver el estado de cosas al momento anterior a la crisis. Se ha establecido un límite del cual no es posible retroceder. El anterior equilibrio semicolonial está quebrado definitivamente, tanto en Egipto como en Medio Oriente. Así lo indican el levantamiento tunecino, y los movimientos de protesta en Yemen, Argelia y Jordania. La crisis mundial del capitalismo que se desarrolla desde el 2007 ha encontrado una vez más su repercusión más intensa en la periferia, donde las condiciones de explotación de las grandes masas son mucho más crueles que en el centro. La historia reinicia su marcha en el punto en que la había sorprendido el anterior movimiento de reflujo y reacción. En cierta ocasión Trotsky, observando la revolución que despertaba en Asia a comienzos de los años 20’, cuando ya había iniciado su repliegue en Europa, escribió lo siguiente: “La historia parece estar desenredando su madeja desde la otra punta”. Esto es justamente lo que está ocurriendo en estos momentos en el norte de Africa y el Medio Oriente.
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El 06/02/2011 a las 17:25 Pablo Rivera dijo:
‘‘La historia de la revolución es para nosotros, ante todo, el relato de una irrupción violenta de las masas al dominio donde se deciden sus propios destinos… ‘’
León Trotsky
El 07/02/2011 a las 19:59 juan manuel dijo:
El fatal destino de los nacionalismos burgueses en las semicolonias… de Nasser a Mubarak… muy buen artículo.
El 07/02/2011 a las 23:26 Pablo Rivera dijo:
De acuerdo con Juan Manuel, el capitalismo nacional antes de alcanzar sus objetivos se descompone.
La revolución nacional puede comenzar de esa manera, con el nacionalismo burgués. Pero tarde o temprano tiene que superar los límites burgueses y adoptar medidas socialistas.
El 08/02/2011 a las 18:57 juan dijo:
Lo unico que le falta a su comentario es lo más importante en la revolución egipcia, la participación en la misma de la Hermandad Musulmana, es decir aquella fuerza que en Egipto puede darle a la revolución un cariz anticapitalista por lo antimoderno, de la misma manera que en Irán se lo diera el Ayatollah Khomeini. Es decir se trata de una revolución que además de ser antiliberal, sea también antimarxista.
El 09/02/2011 a las 08:11 Pablo Rivera dijo:
Los hermanos musulmanes estaban opuestos a Nasser y hasta donde estoy enterado son ultra conservadores y se han opuesto en el pasado a medidas populares que favorecían al trabajador. Un nacionalismo anti-marxista, o anti obrero prefiero decir, minaría las bases sobre las cuales se puede construir el futuro de la revolución.
Por ejemplo, Perón tenía su principal apoyo en la clase obrera, pero al mismo tiempo la burocracia sindical le ha impedido a esta defender la revolución nacional contra la ofensiva oligárquica.
Los trabajadores necesitan tener una organización política independiente. Trotsky tiene un excelente escrito intitulado: los sindicatos en la era de la decadencia imperialista.
El 09/02/2011 a las 08:33 Pablo Rivera dijo:
Aquí mando una nota de Samir Amin respecto a Egipto.
Comentario: entre otras cosas, Samir Amin explica por qué la Hermandad Musulmana no representa una alternativa al neoliberalismo.
El Movimiento en Egipto
Por Samir Amin *
Egipto es la piedra angular del plan norteamericano para controlar al planeta. Washington no va a tolerar ningún intento de Egipto de poner fin a su total sumisión a los intereses imperiales, algo que también necesita Israel para proseguir colonizando lo que resta de Palestina. Este es el objetivo excluyente de Washington en su “involucramiento” para impulsar una “transición suave” en Egipto. En vista de esta situación, EE.UU. podría considerar que Mubarak debería renunciar. El recién designado vicepresidente, Omar Suleimán, jefe de la inteligencia militar, quedaría a cargo. Pero el ejército fue muy cuidadoso en no quedar pegado a la represión, preservando su imagen ante la sociedad.
Allí aparece entonces El Baradei. El es todavía más conocido fuera que dentro de Egipto, pero podría corregir ese defecto rápidamente. El Baradei es un “liberal”, sin ideas sobre el manejo de la economía, y por eso no puede comprender que es precisamente eso lo que ha producido la actual devastación social en Egipto. Es un demócrata en el sentido de que quiere “elecciones genuinas” y el respeto a la ley (por ejemplo, parar los arrestos y las torturas), pero nada más.
No es imposible que El Baradei pueda ser un aliado en la transición. Pero ni el ejército ni las agencias de Inteligencia están dispuestos a abandonar la posición dominante de que han disfrutado en el manejo de la sociedad. ¿Aceptará esto El Baradei?
En caso de “éxito” y “elecciones”, la Hermandad Musulmana será la principal fuerza parlamentaria. Al parecer, los EE.UU. verían con satisfacción este resultado porque han caracterizado a la HM como “moderada”, dócil, dispuesta a aceptar la sumisión del país a la estrategia norteamericana, dejando además que Israel continúe con la ocupación de Palestina. La Hermandad Musulmana está también a favor de la economía de mercado existente, que hace de Egipto un país totalmente dependiente del exterior. Ellos son, de hecho, los socios y aliados principales de la burguesía “compradora”, enfeudada de mil modos al imperialismo. No es un dato menor que la HM se haya manifestado en contra de las huelgas obreras y de las luchas de los campesinos por la propiedad de la tierra.
El Plan de Estados Unidos para Egipto es similar al modelo paquistaní: una combinación de “Islam político” más Inteligencia Militar. La HM podría compensar su apoyo a estas políticas siendo precisamente “no moderada” en su conducta hacia otras confesiones. Pero, ¿podría un sistema de ese tipo merecer un certificado de “democracia”?
El movimiento actual tiene como sus componentes fundamentales a la juventud urbana, con estudios y diplomas pero sin trabajo, apoyada por segmentos de las clases medias educadas, demócratas. El nuevo régimen podría tal vez hacer algunas concesiones –por ejemplo, garantizar su reclutamiento para servir en los aparatos estatales– pero difícilmente algo más que eso.
Por supuesto, las cosas podrían cambiar si la clase obrera y los movimientos campesinos entran en la escena. Pero por ahora tal cosa no parece estar en la agenda. Por supuesto, en la medida en que el sistema económico sea manejado de acuerdo con las reglas de la “globalización neoliberal”, ninguno de los problemas que dieron origen al actual movimiento de protesta contra Mubarak podrán ser realmente solucionados.
* Economista egipcio. Profesor en la Universidad de París y en el Centro de Investigaciones Africanas y Árabes de El Cairo.
El 09/02/2011 a las 15:20 juan manuel dijo:
En el plano política, la Hermandad Musulmana no constituye el principal sujeto político aunque si constituye un actor de importancia… pero a diferencia del resto de oriente es precisamente la modernización implementada en los 70` por Nasser la que hace que el islamismo radical carezca del peso que asume en el resto de medio oriente. Pero ademàs, si la Hermandad puede considerarse antiliberal, lo es precisamente en el plano político y cultural… pero no en el econòmico… El régimen taliban constituye un buen ejemplo en este sentido… Sólo cuando el islamismo se articula con el panarabismo antiimperialista, tal el caso de Hamas, asume un posicion antiliberal (por lo nacionalista) en el plano económico tambien matizando a su vez, el antiliberalismo político…
El 09/02/2011 a las 21:14 Pablo Rivera dijo:
Encontré otro artículo de Samir Amin pero lamentablemente está en francés. Da otros datos muy interesantes sobre Egipto y la Hermandad Musulmana.
Cuando pueda traduciré algo.
En todo caso dicha hermandad no tiene nada de progresista ni de nacionalista.
El 10/02/2011 a las 12:07 Juan dijo:
Estimados: Aclaro primeramente que la nota que suscitó tantas aclaraciones simplemente tuvo como finalidad señalar una laguna del artículo originario que no decía nada del papel que en dicha protesta en contra del régimen ha tenido la Hermandad Musulmana, segunda fuerza del país y cuyos principales dirigentes se encontraban presos siendo liberados por la revuelta.
Desde el punto de vista de un juicio de valor concuerdo plenamente con todos Uds que se trata de un grupo reaccionario, no progresista y antinacionalista y por lo tanto enemigo acérrimo de quien condujera la catastrófica guerra de 6 días contra Israel, la que le permitiera convertirse en la potencia hegemónica del medio oriente. Independientemente de los distintos sectores que componen dicha fuerza, algunos por supuesto demócratas y modernos, basándonos en el pensamiento de su principal doctrinario Sayid Qtub (colgado por Nasser) quien fuera maestro del Ayatolla Khomeini y de Bin Laden podemos sintetizar en pocas palabras su pensamiento;
1) No es progresista porque es antimoderno, no cree en el dogma del progreso.
2) No es nacionalista porque es imperial, sostiene el Califato. El nacionalismo es una manifestación moderna no muy distinta del liberalismo en tanto que sostiene la primacía de la parte, en este caso la nación, sobre el todo y cree que el sagrado egoísmo de las naciones,del mismo modo que la libre iniciativa de los individuos en el liberalismo será lo que permitirá el bienestar de todos.
3) Y es reaccionario porque ante un mundo de masas, máquinas e individuos como el creado por la dupla rusa norteamericana en los últimos años reacciona con la guerra santa. en primer lugar contra el imperialismo soviético en Afganistán y ahora contra el norteamericano en el mismo país, pero también en Irak, Pakistán y Somalia. Ante la aberración yanqui no se trata pues de un imperialismo, sino como decía Khomeini, inspirándose en Qtub,se trata de un gran Satán, de un enemigo telógico y espiritual antes que material y económico.
Saludos a todos,
Juan Marcovecchio
El 14/02/2011 a las 21:20 Pablo Rivera dijo:
Los talibanes no luchaban contra ningún imperialismo. Eran mercenarios financiados por la CIA para acabar con el gobierno progresista de Najibullah.
El Islam no es un identidad política, es una identidad religiosa.
Hay musulmanes de izquierda y de derecha, cipayos y patriotas.
Pero el Islam no es una corriente política en si.
La alternativa al capitalismo es el socialismo. No existe una alternativa islámica al capitalismo si esta no se plantea claramente como socialista.
Por supuesto desde la izquierda le podemos dar un apoyo táctico y crítico al nacionalismo islámico. Pero de ninguna manera podemos decirles a los trabajadores de luchar con banderas ajenas, sino de marchar y luchar con sus propias banderas.
Lenin hablaba de ‘‘la necesidad de luchar contra el panislamismo y otras corrientes de esta índole que tratan de combinar el movimiento de liberación contra el imperialismo europeo y americano con el fortalecimiento de las posiciones de los khanes, de los terratenientes, de los mullhas, etc.; ‘’ V. I. Lenin
PRIMER ESBOZO DE LAS TESIS SOBRE LOS
PROBLEMAS NACIONAL Y COLONIAL
(PARA EL II CONGRESO DE LA
INTERNACIONAL COMUNISTA)
Lenin era un visionario.
Por eso, los trabajadores pueden golpear al enemigo imperialista junto al nacionalismo religioso pero deben marchar separados. Aún más en el caso egipcio donde miembros de la Hermandad Musulmana votaron en el parlamento contra las huelgas obreras en 2007.
En Irán los socialistas habían participado en la caída del Shah y luego los ayatolas los metieron en cana o los mataron.
El 15/02/2011 a las 09:36 Juan Marcovecchio dijo:
En primer lugar me alegra que podamos debatir un tradicionalista y un marxista. En este mundo decadente los debates ideológicos se encuentran cerrados exclusivametne entre sectores de una misma orientación.
Paso a responderle.
Ud parte de un conjunto de dogmas que trataré de aclararle.
1º Parte de una presunción, no corroborada por ninguna documentación, de que los talibanes hayan sido agentes de la CIA. Es verdad que que EEUU para destruir a ese engendro imperialista competidor que era la URSS respaldó la resistencia afgana pero, tal como decía Bin Laden, el hecho de que los haya alegrado tal cosa no significa que tuviesen los mismos intereses. En el siglo VIII el Islam luchó contra el imperio romano de oriente y lo derrotó, y eso alegró a los persas que habían combatido contra los romanos, pero luego se encargaron de hacer lo mismo con los persas. Ahora pasa igual, luego de haber derrotado al gobierno comunista de la Urss y a su títere ‘progresista’, están haciendo lo mismo ahora con su otro títere ‘demócrata’ y con los norteamericanos. Les han producido la peor crisis de toda su historia y el fundamentalismo así como ha derrumbado al imperialismo ruso primero ahora lo está haciendo con el norteamericano.
2º Con respecto a que el Islam no es político es un grave error pues a diferencia del occidente la política forma parte de la religión. El jefe de Estado, el califa, es al mismo tiempo un ente espiritual de referencia. Que haya habido infiltraciones nacionalistas o socialistas en su seno, bueno ello forma parte de la invasión moderna del occidente. El Estado nacional tal como se lo concibe en tal civilización no es lo mismo que en el Islam en donde el mismo, más que un adminstrador de los bienes de la comunidad (como sostienen las dos ideologías modernas marxismo y liberalismo) es un ente espiritual y formativo. Tiene como meta principal abrirle a los miembros de la comunidad los caminos hacia el cielo.
3º Que el ‘visionario’ Lenin haya identificado al Islam con los intereses del imperialismo es otra muestra de lo limitado y errado de sus visiones. A cuál Islam? Seguramente que ni puede haber sido ni el de Khomeini ni de Al Qaeda ni de los talibanes. Desde cuándo los intereses de tal Islam coinciden con los de EEUU e Israel?
Insisto. La religión islámica no es ‘nacionalista’ sino ecuménica y universal. El nacionalismo es un invento moderno creado por la Revolución Francesa. En todo caso Uds pueden colaborar con sectores nacionalistas como el nasserismo u otros que no son religiosos.
Atentamente. Juan Marcovecchio
El 16/02/2011 a las 14:17 Pablo Rivera dijo:
Si yo soy un obrero y lucho contra la explotación capitalista, necesito comprender lo que es la plusvalía, pero no me hace falta convertirme al Islam.
Si yo soy un obrero y vivo en un país oprimido, tengo que luchar por la liberación nacional de mi país, pero no necesito convertirlo en un Estado religioso.
El dirigente religioso tratará de convencerme de lo contrario.
El 17/02/2011 a las 07:07 juanmarcovecchio dijo:
Me parece muy bien que trate de conocer las causas de por qué lo explotan. Pero tal fenómeno no concluirá simplemente cambiando la organización de la economía, tal como se demostrara en Rusia en donde los multimillonarios zaristas han sido suplantados por los multimillonarios marxistas (Abramovich, Ivanov, Putin, etc., además de los chinos) sino, tal como decía Nietzsche, desintoxicando primero al hombre de la economía como destino. Sólo con una clase dirigente informada en una concepción de lo trascendente de la existencia en donde la simple vida no sea la meta final puede evitarse la explotación del hombre por el hombre. Atentamente. Juan Marcovecchio
El 17/02/2011 a las 19:50 Pablo Rivera dijo:
Puedo comprender su preocupación filosofica pero dudo que el islam politico sea la solución al problema. Aquí le mando un articulo de Amin al respecto.
Atentamente, Pablo
El Islam político por Samir Amin
El 18/02/2011 a las 10:33 juan dijo:
Estimado Rivera:
Efectivamente, tal como Ud. dice en vez de que sean plebeyos los que gobiernan, es decir personas apegadas al mundo de la materia, que pueden ser ricos o pobres, nuestra meta es que gobiernen filósofos, como decía Platón, aunque el término más adecuado para nuestros días sería ascetas, es decir personas que no viven en función de la economía y que por supuesto pueden ser de todas las clases sociales.
Con respecto al texto del marxista judeo ruso Samin debo decirle que comete el mismo pecado todos los modernos, el reduccionismo. Así como un nazi reduce al hombre a la raza, un freudiano al inconciente sexual, un nacionalista a la geografía o a la cultura, etc. el marxista lo hace respecto de la economía y la clase social. Por tal razón para el mismo no es lo religioso y espiritual lo que gobierna a un hombre, sino a la inversa se trata de un recurso dialéctico y mentiroso encargado de engañar a los explotados ya que los egoísmos economicistas son los que gobiernan al ser humano. Por tal razón llega a absurdos tales como equiparar el fundamentalismo islámico con el islamismo político que no es sino la instrumentación de la religión en función de una determinada política. El fundamentalismo opina a la inversa que es la política la que está subordinada a la religión del mismo modo que lo físico lo está respecto de lo metafísico. Y esto hasta en la misma realidad puede percibirse. No son la misma cosa, a pesar de proclamarse islamistas las diferentes monarquías árabes, aliadas de los EEUU que por ejemplo Al Qaeda (que no es mencionado una sola vez por Samín) o los talibanes, o el grupo de Al Shabaab en Somalia, etc. Por otra parte su fanatismo marxista lo hace aceptar la ocupación rusa de Afganistán a la que calificara positivamente como un ‘despotismo ilustrado’. Seguro que con tal manera de pensar habría estado con Rivadavia, Sarmiento en contra de Rosas y las montoneras. Su concepto de que favoreciendo a los talibanes en su lucha en contra de los rusos los yanquis han generado un estado de apatía en la población contrasta totalmente con la realidad. Hoy no existe en todo el mundo un pueblo que con tanto heroismo esté haciendo frente a EEEUU y a sus diferentes aliados (47 naciones) que el afgano conducido por el movimiento talibán aliado de Al Qaeda.
Por lo demás el resto de sus análisis carecen de cualquier verosimilitud, sin embargo rescato su postura antiisraelí que lo ha llevado a escribir cosas interesantes.
Atentamente. Juan Marcovecchio



