19 May 2011Nacionalismo, internacionalismo y socialismo
La perspectiva de un nuevo internacionalismo
Mi nota “Internacionalismo, nacionalismo y latinoamericanismo” ha merecido unas muy agudas y pertinentes reflexiones de parte del cro. Osvaldo Calello. Si hubiera que sintetizarlas en dos palabras diría que tenemos un acuerdo general de orden histórico-político sobre el tema, y que las diferencias se establecen a partir de las perspectivas del internacionalismo práctico, por llamarlo así. Calello cree que mi punto de vista es “decididamente escéptico respecto del papel que puede desempeñar una organización internacional…”. No niego que esta conclusión puede extraerse fácilmente de mi escrito. Sin embargo, pienso que este escepticismo no es absoluto, sino que deja una puerta entornada a otras perspectivas menos probables en lo inmediato, como cuando digo por allí, refiriéndome al divorcio histórico entre los trabajadores del centro en relación a los de la periferia, que “no hay mal que dure cien años” o cuando pienso que puede ser viable una Internacional en el tramo final de la crisis del capitalismo. Es entonces un texto con cierta ambivalencia, no establecida por cálculo “para apostar a dos puntas”, sino surgido espontáneamente como un reflejo de mis propias dudas respecto de la perspectiva, (demasiado anclada quizá a las posiciones clásicas decididamente no-”internacionalistas” de Ramos y Spilimbergo) y del curso objetivo —ambiguo, contradictorio— del desarrollo (o retroceso ahora) del sistema capitalista mundial.
En efecto. Osvaldo plantea con la debida prudencia la posibilidad de que la crisis del capitalismo, al acentuar de parte de la burguesía metropolitana la explotación de los trabajadores del Centro del sistema, es decir: de sus propios trabajadores, disminuya drásticamente las posibilidades de que se mantenga el acuerdo tácito entre ambas clases para el disfrute —desigual pero cierto— de la plusvalía colonial y semicolonial acumulada en las metrópolis. En este caso, la lucha de clases típica del capitalismo —burguesía .v. proletariado— reaparecería en los países burgueses imperialistas. “De ser así —concluye Calello— los principios de solidaridad internacionalista encontrarán una nueva base sobre que sostenerse”.En principio estoy de acuerdo, admitiendo incluso que “la gravedad creciente de la crisis que experimenta el capital y sus implicaciones no están suficientemente incorporados a mi análisis”. Las reflexiones de Osvaldo llenan este bache.
Estoy de acuerdo… pero señalando que una cosa —”la nueva base” del internacionalismo— no es un producto automático de la otra: la crisis capitalista y la exacerbación de la lucha de clases metropolitana. La tendencia dominante y razonablemente previsible es la que Osvaldo indica, pero la burguesía de los países centrales cuenta con ciertos recursos que pueden funcionar por algún tiempo —largo o corto— como verdaderas contratendencias que demoren la aparición o el desarrollo de la perspectiva señalada por él. Esos recursos, no por ser de orden superestructural —cultural, político— son menos fuertes y operativos, dado el carácter inercial y el retraso de la conciencia colectiva respecto a los hechos y considerando que siendo fenómenos de masas adquieren —como lo dijera en célebre frase el propio Marx— la naturaleza de una fuerza prácticamente material. Tales recursos, ya existentes en la realidad actual y pasibles de crecimiento y desarrollo, son por lo menos tres: primero —por nombrarlos en cualquier orden— la permanencia, en el seno de las masas en los países centrales, del menosprecio, hondamente interiorizado, hacia los países de la periferia y sus clases trabajadoras mestizas, negras o amarillas, según el cliché prejuicioso de la arcaica sociología de los “caucásicos” imperialistas; segundo, un redoblado aumento de la tasa de explotación de la fuerza de trabajo de los países dependientes para no acentuar demasiado el recorte del nivel de vida de “sus” trabajadores, lo cual no podría hacerse sin la puesta en acción del poderío bélico occidental, especialmente estadouni dense, que reduciría a nuestros países a una condición similar a la tan terrible que pintara Jack London en “El Talón de Hierro”; y finalmente, el recurso al “chivo emisario”, que con tanto éxito respecto a la pequeñoburguesía alemana supo articular Adolfo Hitler. Vale decir: desviar el descontento de las masas desocupadas o superexplotadas por obra y gracia de la burguesía, hacia un enemigo imaginario. El nazismo lo encontró en los judíos. La burguesía mundial de estos días lo ha encontrado en los “espaldas mojadas”, los “latinos”, los “inmigrantes clandestinos” que disputarían y privarían supuestamente de su puesto de trabajo al obrero de los países centrales. }
Estas puntualizaciones no van dirigidas a desalentar la perspectiva que traza Osvaldo, sino a matizarla, introduciéndole un poco de la ambigüedad y las contradicciones de la realidad contemporánea, y señalando al mismo tiempo la importancia del factor subjetivo en el proceso. Osvaldo lo destaca en sus aspectos favorables; yo indico sus razgos de freno y con tención. Diría, redondeando, que mi escepticismo es a corto y mediano plazo mientras que mi optimismo es del largo plazo: para el tramo final de la crisis del capitalismo, en el que me parece no hemos entrado aún, aun que deberemos entrar en algún momento, ya que el capitalismo, como los demás Modos de Producción anteriores, es una categoría histórica y por ende perecedera.
De cualquier manera, sea cual sea el momento en que la perspectiva que ampara Calello cristalice, estamos de acuerdo en que esta nueva “Internacional” debe ser una cosa diferente a las cuatro del pasado: No un “partido mundial de la revolución”, con aprioris acerca del comportamiento de las clases y de la sucesión de las etapas; no una dirección centralizada omnisciente y jerárquica, sino —como dice Osvaldo— “acuerdos de tipo estratégico de orden general”. Si estos acuerdos son el “internacionalismo táctico-organizativo” de la nueva etapa, no tengo nada que objetar.
Pero en lo que nos toca, no podemos sentarnos a esperar este curso prometedor. En América Latina las condiciones están mucho más maduras que en un nivel mundial-global para pensar en nuestra propia Internacional “regional”, como las anteriores internacionales fueron de hecho Internacionales “regionales” de Europa y Rusia. Mantengo mi idea de una “Oficina de Información Latinoamericana”, como germen de mayores desarrollos.
Córdoba, 05 de abril de 2011.



