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  • Artículo cargado el 27/02/2010 - 00:22
EXTRACTOS DE "MI TESTIMONIO, MEMORIAS DE UN COMUNISTA MEXICANO" DE VALENTÍN CAMPA

La participación del comunismo argentino en el asesinato de León Trotsky

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El texto que sigue es parte del impresionante testimonio del dirigente comunista mexicano Valentín Campa referido al asesinato de León Trotsky ordenado por la URSS y en cuya ejecución participó, entre otros, el jefe del Partido Comunista argentino Victorio Codovilla.

Si Campa dice haberse opuesto a que mataran a Trotsky, ello se debió exclusivamente a consideraciones de conveniencia táctica. En ningún momento Campa profundiza en la naturaleza reaccionaria, profundamente antiobrera y antisocialista que signó al crimen. Al mismo tiempo, sólo se refiere tangencialmente a la monstruosidad política (disfrazada de “internacionalismo proletario”) que implica que un partido político de un determinado país (el PC mexicano en este caso), esté subordinado a las decisiones que se toman en otro país (la URSS en este caso). Y, por último, Campa reivindica el XX Congreso del PCUS, en el cual la burocracia contrarrevolucionaria hizo de Stalin y algunos de sus secuaces el chivo expiatorio funcional para su perduración en el poder.

Hoy, cuando muchos ex stalinistas y ex codovillistas andan cacareando por Argentina y Latinoamérica y quieren disimular su verdadero rostro haciendo profesión de fe guevarista, bolivariana o “socialista del siglo XXI”, cuando se transfiguran en marxólogos profesorales expertos en Gramsci, Mariátegui y hasta en personajes menores como el ultraizquierdista Mella, o cuando posan de abanderados del “derechohumanismo” y se autoproclaman custodios de “la memoria”, es hoy, entonces, cuando urge difundir entre las nuevas generaciones de luchadores episodios tan trágicos como el asesinato del último de los clásicos del marxismo revolucionario: León Trotsky.

La campaña contra Trotsky

En esos días el camarada Laborde nos llamó a Rafael Carrillo y a mí, ambos miembros del secretariado del comité Central, para tratarnos un problema confidencial sumamente delicado. Se trataba de lo que le había comunicado un camarada que se acreditaba como delegado de la Tercera Internacional Comunista: éste le había planteado la decisión de eliminar a Trotsky y le requería su cooperación personal como secretario general del Partido y la de un equipo adecuado para asegurar la eliminación de aquel. El camarada Laborde le dijo que era un problema sumamente delicado, que el PC consideraba a Trotsky como un político derrotado y que necesitaba unos días para resolverle. El delegado de la III Internacional le indicó que nadie más debería saber de este asunto pues era estrictamente confidencial.

Sin embargo, Laborde decidió tratar el caso con nosotros dos. Los tres estábamos completamente entendidos de que era un problema sumamente grave y estrictamente secreto. Con mucha calma y cuidado examinamos el problema. Después del análisis riguroso que merecía, concluimos en lo que reiteradamente habíamos venido señalando: que Trotsky estaba políticamente derrotado, que su influencia era casi nula y que, además, lo estábamos exhibiendo en todo el mundo. Su eliminación, por otra parte, traería como consecuencia un gran daño para el PCM y para el movimiento revolucionario en México, así como para el PCUS, la URSS y el movimiento comunista internacional en su conjunto. Decidimos, pues, que era evidentemente un gran error el planteamiento de la eliminación de Trotsky. Expuesto este punto de vista, Laborde le expresó al delegado de la III Internacional nuestra decisión. Dicho representante lo amenazó; le dijo que se atuviera a las consecuencias derivadas de su actitud puesto que la indisciplina a la III Internacional se pagaba muy caro. Laborde le expresó que nosotros actuábamos de acuerdo con nuestros principios y considerábamos incorrecta la idea de eliminar a Trotsky.

Ante las amenazas del enviado de la III Internacional a Laborde, examinamos en el secretariado el problema y decidimos ir a Nueva York para entrevistar a Earl Browder, miembro del CO de la III Internacional. En la primera oportunidad nos trasladamos hasta Nueva York y los tres hablamos con Browder. Le expusimos en todo detalle este problema y sin meditarlo demasiado nos dijo categóricamente que estaba de acuerdo con nosotros. Nos daba la razón y nos conminó a no tratar ya nada con el enviado. El iría a Moscú y explicaría el problema.

Se orquesta la intriga

A las pocas semanas se presentaron movimientos muy sospechosos. Llegó a México Vittorio Codovilla, argentino; Martínez, venezolano, y otros compañeros enviados por la III Internacional, diz que a cooperar con el PCM ante la situación crítica en la que se encontraba. Luego se observó la intervención directa de los enviados en todos los asuntos del PCM. Se nos comenzó a colocar en el banquillo de los acusados a Laborde, a mí, que seguíamos una línea, según ellos, sectaria-oportunista. El oportunismo residía en la línea de “unidad a toda costa”. En efecto, era oportunista, pero ellos se hacían de la vista gorda; pretendían no saber que dicha línea había sido impuesta por la Internacional Comunista, no obstante nuestra resistencia en junio de 1937. de tal suerte que resultaba bastante grotesco que, siendo una línea establecida en México en forma indicativa, en disciplina a la Internacional y con intervención directa de Browder, ahora por aplicarla se nos acusara de oportunistas. Así fue como se desenvolvió toda una actividad muy deshonesta, basada en intrigas, particularmente contra Laborde y contra mí. Se suspendió a Laborde de la Secretaría General, a mí del Buró Político y se integró una llamada comisión depuradora de la dirección del Partido, encabezada por Andrés García Salgado. Pocos años después éste se convirtió en un sindicalero gubernista.

Yo procuraba, en ese ambiente, asistir todavía a las reuniones de la dirección. Hice unos apuntes y expresé con cifras y fundamentos que en 1939 el general Cárdenas había iniciado un giro hacia la derecha (…) Codovilla se interesaba por esta exposición (…) Impresionado, según él, por el giro del cardenismo, Codovilla tuvo una conversación conmigo a solas. Comentando sobre la crisis en el PCM, me insinuó con toda claridad que yo era el abocado para ser el secretario general en sustitución de Laborde. Rechacé esta insinuación y le dije que él y otros sabían de mis diferencias con Laborde, de carácter secundario y táctico, pero que yo no estaba dispuesto a todo ese maniobrerismo, que estaba considerando regresar a mi trabajo en los ferrocarriles y que esa era mi posición de acuerdo con la norma de honestidad revolucionaria que me había fijado. Codovilla se molestó. A partir de entonces se acuñó la frase “los sectario-oportunistas Laborde y Campa”.

“Stalin es un cabrón”

Llegamos así al congreso extraordinario en el cual se nos expulsó. Yo me presenté a él y rechacé los cargos que se nos imputaban. Laborde no se presentó porque dijo que era evidentemente una farsa. El ya estaba convencido de que Stalin estaba participando en todo el problema de la liquidación de Trotsky y en la utilización de la Internacional Comunista en contra nuestra por la actitud que asumíamos. El siempre había tenido un buen concepto de Stalin pero ahora lo rectificaba, pues esto era un hecho sumamente grave. Indignado por sus maniobras, en una ocasión llegó a decir que Stalin era un “cabrón”. Examinamos la situación en que se nos colocaba. Al ser expulsados todas las agencias internacionales, particularmente las norteamericanas, nos asediaron. Querían declaraciones de nuestra parte, pues Trotsky había escrito un artículo señalando que nuestra expulsión tenía relación con las intenciones de Stalin de liquidarlo. Trotsky escribió: “Lo que sucedió, muy probablemente, fue que la GPU encontró cierta oposición entre los dirigentes del PCM… quien se oponga a un atentado contra la vida de Trotsky, es, evidentemente, un trotskista”

Algunos camaradas plantean el interrogante de si en esa fase de la crisis del PCM no hubiese sido preferible plantear el fondo del problema para contrarrestar la crisis. En 1940 ni siquiera examinamos esa hipótesis. El ambiente general en el movimiento comunista internacional era de una disciplina incondicional a la III Internacional dirigida por el PCUS. Plantear discrepancias implicaba expulsión del movimiento comunista con la satanización correspondiente (…).

Todavía no habíamos sido expulsados del PCM cuando Laborde y yo recibimos informes de que Sequeiros estaba organizando un equipo de compañeros para asaltar la casa de Trotsky, actividad que realizaba con gran ligereza. En el semanario dominicano “Ahora” apareció una entrevista a Sequeiros con el título “Sequeiros narra atentado contra Trotsky” en la cual David declaró: “Stalin estaba preocupado de que en su exilio en México Trotsky pudiera ser el centro de otro movimiento chovinista que buscara sustituirse a sí mismo por el poder soviético. Así que ordenó a un alto funcionario de la NKSD, Leonid Eitington, organizar la liquidación física de Trotsky y le concedió medios ilimitados. Pero el líder del PCM, Laborde, se mostró renuente a apoyar este acto de violencia y en la práctica se negó a ayudar… Finalmente, Laborde y su gente fueron expulsados y el partido fue dejado bajo nuestro control”.

Sequeiros expone con gran desparpajo los hechos relacionados con lo que fue un drama político para nuestro Partido y para el movimiento comunista internacional.

Fracasado el intento de Sequeiros se puso en práctica una tercera variante. Ramón Mercader, que operaba bajo el seudónimo de Jacques Mornard, asesinó a Trotsky la tarde del 20 de agosto de 1940.

(…)

Durante décadas, Laborde y yo nos mantuvimos firmes resistiendo las calumnias e infamias lanzadas en nuestra contra por tipos como Rafael Carrillo y otros. No podíamos defendernos porque al hacerlo hubièramos creado situaciones políticas muy tensas dentro del marco que estableció la Segunda Guerra Mundial ya en marcha. Nuestra defensa hubiera implicado un grave daño a la URSS, al movimiento comunista internacional y, en particular, al PCM.

Laborde y yo comentamos que era una necesidad informar de la verdad. Lo requieren las nuevas generaciones de comunistas y revolucionarios para tener en cuenta esas experiencias y actuar en forma más consecuente y eficaz en las luchas de nuestra patria.

Desde que salí de la prisión, en 1970, insití ante la dirección central del PC en la necesidad de aclarar esas verdades históricas. Se estuvo de acuerdo, con la consideración de que había que esperar el momento adecuado para hacerlo.

(…)

Yo mantuve discusiones y diferencias con Laborde sobre problemas políticos y tácticos, lo que es normal en la dirección del Partido, pero siempre constructivamente y con una solidaridad muy fuerte ante todas las peripecias que nos tocó experimentar juntos.

Codovilla conoció esas diferencias y en forma sucia, trató de utilizarlas intentando halagarme con objeto de indisponerme contra Laborde. (…)

El XX Congreso del PCUS se realizó del 14 al 25 de febrero de 1956, cuando aún no había transcurrido un año desde la muerte de Laborde. Poco después del XX Congreso, el PC francés invitó al PCM a enviar una delegación a su congreso nacional. Estos hechos le habrían dado un gran gusto. En relación con el XX Congreso, yo me lamentaba de que no hubiera vivido un año más para confirmar lo justo de sus ataques violentos contra Stalin por haber ordenado la liquidación de Trotsky y estar de acuerdo en las sucias maniobras contra nosotros por parte de Browder y Codovilla.

(de Mi testimonio. Memorias de un comunista mexicano, Valentín Campa)

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