07 Dic 2007Nacional 

La nueva cara del modelo

Socialismo Latinoamericano

La excelente acogida que el nombramiento del nuevo ministro de economía ha generado en los medios más influyentes de la Argentina no parece auspiciar, para aquellos que todavía lo esperan, un cambio de rumbo en la claudicante reconstrucción económica y política que sostiene el progresismo kirchnerista.

La joven promesa de la economía argentina ha desnudado el programa que la burguesía exportadora ha impuesto a cada una de las expresiones partidarias del hipócrita democratismo.

Ex asesor del referente económico de la Concertación Carriotista —Alfonso Prat Gay—, e hijo dilecto del referente económico de la Concertación centroderechista de Lavagna —presidente del Banco Central durante la presidencia de Menem— Javier González Fraga, la designación de Lousteau debe considerarse como una terminante prueba empírica del grado de recomposición hegemónica que ha logrado sostener el núcleo de intereses compartidos entre la burguesía trasnacionalizada y el capital extranjero: el resultado político de las últimas elecciones no hubiera cuestionado el diseño estructural de la economía argentina impuesto, allá lejos y hace tiempo, por el tandem Remes Lenicov-Lavagna.

Matizada por el cambio de estilo en la “gestión gubernamental”, la consolidación de la estructura exportadora basada en el remate de la riqueza y el trabajo nacional que garantiza la competitividad, determinada a su vez por el mísero valor global de la fuerza de trabajo argentina, se mantendrá intacta. 

Después de haber equilibrado relativamente el paroxismo social y el desbarajuste partidocrático post 2001, la elección de Lousteau ha evidenciado nuevamente los contrastes y las contradicciones entre forma y contenido que caracterizan a los gobiernos coloniales de raíz pequeño burguesa: el joven díscolo, rebelde y heterodoxo que publicitan los medios, un progresista al gusto de la pareja presidencial y hasta portador de cierto tinte antiimperialista si se considera su “alocada” experiencia como corresponsal de guerra en Pakistan, se desdibuja apenas uno considera los ejes políticos de su programa.

¿Cómo va a consolidar el crecimiento el nuevo ministro? ¿Cómo se controla la inflación que amenaza los salarios, los precios relativos y las tarifas? 

¿Habrá llegado el momento, teniendo en cuenta que “las masas populares se han pronunciado en las urnas” de pegar el batacazo revolucionario? ¿Habrá llegado, luego de la consolidación del Frente “Popular”  para unos, “Antiimperialista” para otros, la hora de la verdad k? ¿Se apresta el kirchnerismo a sostener una política nacional que, por fin y terminando con los denostados noventa, meta en caja las rentas financieras, petroleras y agrarias que en manos extranjeras o nativas resultan siempre antinacionales y mantienen la estructura de la dependencia?

¿Reeditara Lousteau un programa económico desde el nacionalismo industrialista que caracterizó a la década peronista?, ¿El ministro y el presidente estarán en estos momentos analizando las alternativas para superar las limitaciones de aquella histórica experiencia?, ¿Acaso el ministro masculla en la soledad de los despachos presidenciales la utopía expropiatoria de la sobredimensionada “oligarquía vacuna?, ¿La abultada victoria electoral, no habrá consolidado los sostenes sociales del kirchnerismo garantizando la masa crítica de poder para sostener un proceso de liberación nacional?, ¿Habrán terminado los condicionamientos y las excusas del “quiero pero no puedo”?

¿Puede el Kirchnerismo desembarazarse de sus determinantes sociales estructurales y de origen para sostener un programa voluntarista de corte antiimperialista en la perspectiva de la liberación latinoamericana?

Nada más lejos de la objetiva y tozuda realidad. Para desdicha del campo “popular” que embandera los actos oficialistas con el rostro del Che Guevara, los beneficios de la neo-colonia exportadora seguirán orientados a lo que algunos oficialistas insisten en denominar como burguesía o empresariado “nacional”. Los lineamientos generales de la política propuesta por el futuro ministro no dejan, por su parte, de evidenciar el carácter profundamente antihistórico de esta última adjetivación. 

Frente a la tradicional conducta especulativa y antipatriótica de la burguesía nativa, finalmente no será el estado el encargado de impulsar un proceso de desarrollo nacional autocentrado como en los mejores días del Peronismo. El déficit de las inversiones para construir el capitalismo “nacional” que pretendería el kirchnerismo se cubrirá seduciendo a los sectores más concentrados del capital extranjero.

El contraste entre el ahistórico discurso sobre “burguesías y capitalismos nacionales” y la política de seducción frente a los sectores más concentrados y usureros del gran capital imperialista es, en definitiva, un claro síntoma del origen liberal y cipayo del progresismo.

El “nuevo” programa retoma, en la medida en que las posibilidades de crecimiento actuales ya no son las de la plena recuperación post crisis, los lineamientos centrales del programa del gran capital nativo trasnacionalizado frente a dos aspectos críticos del actual modelo de acumulación: inflación e inversiones. Ambas se encaran con una política común de clara orientación antipopular. Muy básicamente, refuerzo del superávit fiscal, limitación del gasto público, incentivos al ahorro y penalizaciones al consumo. Todo ello con el objetivo de evitar un recalentamiento por inflación y garantizar la alta rentabilidad empresaria de los sectores de elevada competitividad e inserción global.

La consolidación del cambio, por otra parte, será una nueva, cabal y lamentable muestra del particular “antiimperialismo” oficialista. Después de haber reconocido, desde su cancelación, la deuda argentina con el FMI, el kirchnerismo comienza a apresurarse para convocar a los tenedores de bonos todavía hoy en default.

La necesidad de evitar en el plano externo las oportunas y oportunistas confusiones internas que legitiman al kirchnerismo obligó hace unos días a la entonces candidata a garantizar la “seguridad jurídica” en la Argentina instando al capital norteamericano a invertir en esta tierra en que el saqueo, o la “rentabilidad” según la diplomática verba de la futura presidenta, no es pecado.

Garantizarla exige reconocer “honorablemente” la ilegítima deuda con el Club de París para recomponer el flujo de inversiones extranjeras creando las condiciones para un nuevo ciclo histórico de saqueo nacional.

Tras los “papers” del ministro, sus idílicas alusiones al modelo australiano, y la utópica pretensión de alcanzar un índice de pobreza inferior al 5% sin un programa de neto corte antiimperialista, el kirchnerismo se apresta a ofrecer a sus defensores “nac & pop” otro buen y contradictorio ejemplo entre formato social demócrata y contenido liberal

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  • 07 Dic 2007Nacional 

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