- Editorial
- Artículo cargado el 15/07/2010 - 00:01
La izquierda nacional junto a los trabajadores, lejos del kirchnerismo
Un camino de lucha que en ningún punto se cruza con la senda de capitulaciones y seguidismo por la que marcha el gobierno
Hace un tiempo, dos redactores de La Nación –Carlos Acuña y Jorge Fernández Díaz– realizaron un encomiable esfuerzo para dilucidar el sistema de ideas que guía el comportamiento del matrimonio presidencial. La comprobación resultó coincidente: la izquierda nacional es el sustrato ideológico que anima los actos y la conducta, e ilumina el imaginario del kirchnerismo.
El primero de los autores recurrió, para dar una pátina de autoridad a su investigación, a reflexiones de Juan José Sebreli, expresión de la derecha antinacional más recalcitrante. El segundo, además de realizar una atropellada simbiosis entre nacionalismo de izquierda e izquierda nacional, citó, como testimonio concluyente, una confidencia de un ministro muy cercano a Néstor Kirchner, según el cual, el personaje en cuestión es prácticamente un discípulo de Jorge Abelardo Ramos. En las dos revelaciones un mismo personaje sirve de vínculo entre la izquierda nacional y el kirchnerismo: Ernesto Laclau, asesor supremo de la pareja presidencial.
Es justo reconocerlo: La Nación tiene varios y justificados reproches pendientes para con la izquierda nacional. Sin duda su personal dirigente no olvida las campañas electorales de 1973, cuando el Frente de Izquierda Popular enarboló como una de sus consignas centrales la expropiación de las grandes estancias de la pampa húmeda. Seguro que también tiene presente la producción historiográfica de los autores de la corriente denunciando el papel antinacional que jugó el mitrismo a lo largo de la historia del país. Sin embargo, ¿justifican estas “ofensas” tergiversar de tal modo los hechos? Hace décadas que Laclau rompió con el marxismo y con la izquierda nacional, y se ha instalado en el dominio celestial del posmarxismo, desde donde imparte lecciones académicas a sus esforzados discípulos de Essex. Señalarlo –es lo que hace Acuña– como el inspirador teórico del socialismo del siglo XXI significa, cuando menos, toda una proeza teórica, si no constituyera en verdad un auténtico dislate, del que Laclau sería el primero en sorprenderse.
¿Qué hay entonces de la identificación de la izquierda nacional con el kirchnerismo?
La revolución nacional-democrática y el socialismo
La izquierda nacional nació en las jornadas de octubre de 1945; tiene su núcleo teórico central en el marxismo; está enraizada en las contradicciones de una nación inconclusa, atrasada y dependiente –América Latina–, y construye el programa, las prácticas y la organización del socialismo a partir de un curso de radicalización de las consignas y las tareas nacionales, democráticas y antiimperialistas.
La experiencia de las revoluciones que se han desarrollado en la periferia del capitalismo en el siglo pasado y en lo que va de este siglo enseña que en los períodos de crisis orgánicas los grandes realineamientos en el campo del pueblo se desenvuelven en torno a frentes nacionales antiimperialistas, que agrupan desde obreros fabriles y proletariado rural, las grandes masas asalariadas, el campesinado pobre, los crecientes contingentes de desocupados y de semiproletarios, hasta la pequeña burguesía empobrecida y las capas bajas de la burguesía nacional, arruinadas por la expoliación del capital monopólico. Enseñan, asimismo, que la consistencia y la profundidad de la política de tales frentes depende de la capacidad que logren desplegar los trabajadores para ejercer un papel hegemónico.
En las victorias y en las derrotas, los grandes movimientos de masas que apuntan a las transformaciones que hacen historia han comprobado que las tareas de la revolución agraria y democrática y las medidas antiimperialistas alcanzarán a fijarse como una base de acumulación autónoma, siempre y cuando el poder emergente sea capaz de adoptar decisiones de corte socialista que no se detengan en los límites del régimen de propiedad existente. De más está decir que las burguesías nacionales, cuyas capas dirigentes tienen en común con el capital extranjero negocios en distintos rubros y una contradicción irresoluble respecto de los trabajadores, no están dispuestas siquiera a hacerse cargo de las tareas iniciales de la lucha emancipatoria. Pero entonces este desplazamiento hacia los trabajadores de la responsabilidad de resolver los problemas nacionales habrá de imprimir al proceso revolucionario un giro radical.
Los límites históricos del peronismo
Durante tres décadas, entre mediados de los cuarenta y mediados de los setenta, el peronismo dio expresión política a un frente de clases en el que coincidían los obreros, el conjunto de las grandes masas populares y la burguesía nacional. La contrarrevolución de marzo de 1976 puso fin a ese ciclo. Sin embargo, ya a esa altura era evidente que el movimiento fundado por el entonces coronel Perón había alcanzado sus límites históricos. El nacionalismo burgués, contenido de clase de su programa, no podía hacer frente a las contradicciones de un país en el cual la lucha de clases había adquirido un carácter explosivo.
Cuando en diciembre de 1983 se reestablecieron las formas institucionales, quedó en claro que el Partido Justicialista definitivamente se había incorporado al régimen de la partidocracia tradicional, y poco tenía para decir a los descamisados que esperaban la resurrección del viejo movimiento. Desde entonces, la tarea de reconstruir un frente nacional de contenido antiimperialista está pendiente. Les corresponde a los trabajadores afrontar esta empresa. De sus filas más avanzadas saldrá la fuerza social en condiciones de conquistar una posición política, programática y organizativa autónoma, y de superar los límites de clase del peronismo.
Ni capitulaciones ni seguidismo
Estas ideas han sido sostenidas por la izquierda nacional desde sus orígenes. A partir de ellas apoyó desde una posición independiente al peronismo, mientras éste desempeñó un papel progresivo frente a las clases y los partidos del statu quo semicolonial, y lo enfrentó cuando el Partido Justicialista se convirtió en instrumento de los enemigos de la patria. Desde esta perspectiva, la izquierda nacional sigue un camino de lucha que en ningún punto se cruza con la senda de capitulaciones y seguidismo por la que marcha el kirchnerismo.
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Comentarios:
agencia la huella dijo:
hola. sin animo de ofender me parece que en el analisis se cae en un cierto esquematismo y mecanicismo a la hora de analizar el kirchnerismo y la izquierda nacional.Por supesto que el trabajo de superacion historica debe ser impulsado por los trabajadores y bajo su conduccion,,pero hoy el problema es la disputa de esa conduccion,,y sin nunca dejar de luchar por ella,,perder d vista que los sectores mas conservadores de argentina ven en el kirchnerismo su enemigo principal es un dato importante a tener en cuenta a la hora de elegir el enemigo principal y el posicionamiento politico.
igualmente,es un tema complejo que no se puede discutir en un comentario,,,saludos,,agencia/agrupacion la huella.
Enviado el 16/07/2010 a las 00:32
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