19 May 2011Nacionalismo, internacionalismo y socialismo 

La izquierda nacional debate sobre el internacionalismo

gcangiano Socialismo Latinoamericano

En mi opinión, el nudo problemático del tema en discusión es el siguiente: ¿resulta viable una organización revolucionaria internacional que agrupe a las organizaciones revolucionarias nacionales en calidad de “secciones”? ¿Supone lo anterior que cada organización revolucionaria nacional debe, por así decir, “perder soberanía” (o al menos compartirla) frente a organizaciones revolucionarias extranjeras o frente a una organización trasnacional o internacional?

Internacionalismo teórico-metodológico e internacionalismo organizativo

El solo planteo de estos interrogantes hace ochenta o cien años habría bastado para levantar toda clase de gritos indignados en la “familia marxista-leninista” contra quien los formulara. Pero ahora, entrado el siglo XXI, y tras la experiencia proporcionada por el fracaso de las sucesivas internacionales de los siglos siglos XIX y XX, la pregunta resulta por demás pertinente.

En un escrito anterior propuse —siguiendo a Spilimbergo— distinguir el internacionalismo teórico, analítico o metodológico del internacionalismo organizativo. El primero me parece enteramente legítimo, pues considera al capitalismo como un “sistema mundo” en el cual las partes no pueden ser entendidas sin la referencia al todo. Así, por ejemplo, la pretensión kirchnerista de “reconstruir la burguesía nacional” como eje de un desarrollo autocentrado resulta vana (desde el punto de vista de los intereses nacional-populares) porque pierde de vista el entrelazamiento de esa burguesía con el capital trasnacionalizado. Pero la legitimidad del internacionalismo teórico o metodológico no implica la legitimidad del internacionalismo organizativo. Por varias razones. Una de ellas es el carácter asimétrico del capitalismo mundializado, que se manifiesta en el hecho de que no existe un proletariado mundial homogéneo, con los mismos intereses económico-sociales en todas partes. Las condiciones de vida del proletariado inglés o norteamericano, por ejemplo, están directamente determinadas por la explotación del proletariado argentino o chileno. Si el proletariado argentino o chileno llevara adelante una revolución socialista que pusiera fin a la explotación imperialista, el proletariado inglés o norteamericano verían seriamente afectadas sus condiciones de vida.

Otra razón para rechazar el internacionalismo organizativo es la siguiente: el sujeto de la revolución, en tanto sujeto político, no se constituye solamente en la esfera económico-social. En su constitución intervienen factores culturales (costumbres, moral, religiosidad, etc.). Estos factores culturales constitutivos del sujeto revolucionario determinan la inevitable exterioridad de una dirección política que pretenda situarse por encima de ellos. En este plano, el sueño de una organización internacional “puramente” marxista, leninista y trotskista, despojada de toda esa “estrechez pueblerina” que le da el colorido particular a cada proletariado nacional, me parece un sueño tan irrealizable como aquel del esperanto como idioma universal.

Hay, por último, una razón estrictamente práctica que a mi juicio condena al fracaso al internacionalismo organizativo. Si una organización revolucionaria nacional se ha convertido en un partido de masas, o al menos “con influencia de masas”, y si por ese motivo sus dirigentes son reconocidos por la clase y disponen en consecuencia de un poder real de decisión, ¿cómo haría la organización internacional para obligarla eventualmente a modificar la línea política en caso de considerarla errada?

El compañero Antoine tiene una respuesta para todas (o casi todas) estas objeciones: la organización internacional reúne a todos aquellos grupos o partidos que comparten una misma teoría revolucionaria (el marxismo y el trotskismo) y que aplican una misma estrategia revolucionaria derivada de esa teoría. Las “secciones nacionales” se encargan, entonces, de decidir por sí mismas la táctica, pero no así la estrategia, la cual sólo exige ser aplicada. Si una sección nacional asume una posición táctica, la dirección internacional deberá respetarla; pero si la decisión de la sección nacional compromete la línea estratégica general, entonces habrá que obligarla a modificarla.

Mi objeción a Antoine es la siguiente: no existe ninguna teoría revolucionaria, ni ninguna estrategia revolucionaria, de las cuales se derive una y sólo una línea táctica. Por ejemplo: la Teoría de la Revolución Permanente en tanto orientación estratégica de los revolucionarios, no indica si hay que llamar a votar al PT en Brasil (como hicieron algunos partidarios de la Revolución Permanente), o si hay que llamar a votar contra el PT (como hicieron otros partidarios de la Teoría de la Revolución Permanente). Esto significa que una misma línea estratégica es en principio compatible con diferentes posicionamientos tácticos. Por otro lado, la demarcación que podemos trazar entre las cuestiones tácticas y las estratégicas es bastante problemática. No siempre está claro qué decisión corresponde al plano de la táctica y qué decisión corresponde al plano de la estrategia. Por esta razón, existirá siempre la posibilidad de que una decisión táctica (la de votar al PT, por ejemplo) sea considerada por quienes no acuerdan con ella como una decisión con implicancias estratégicas.

Intentaré escarbar un poco más en la idea con valiéndome de la siguiente analogía: al psicoanálisis se le ha criticado muchas veces que dispone de explicaciones retrospectivas (a posteriori de ocurridos los hechos) de la conducta sexual anómala de un individuo; sin embargo, carece de poder predictivo al respecto. Es decir, puede explicar qué circunstancias condujeron a tal o cual persona a desarrollar una identidad homosexual, por ejemplo. Pero no puede asegurar que un individuo que atraviesa circunstancias semejantes desarrollará una identidad homosexual. Del mismo modo, la Teoría de la Revolución Permanente y la Ley del Desarrollo Desigual y Combinado pueden explicar el fracaso (o eventualmente el éxito) de tal o cual proceso revolucionario. Pero no pueden asegurar lo que vaya a suceder con un proceso revolucionario en curso. La razón es que intervienen factores coyunturales, contingentes y “tácticos” que la Teoría no puede prever.

Trotskismo y terrorismo

En la reunión del pasado viernes mencioné a modo de ejemplo de lo que digo, el punto de vista de Trotsky sobre los métodos de acción política que le están permitidos y que le están prohibidos al partido revolucionario. Voy a precisar mejor ahora el ejemplo.

En junio de 1971 la revista Izquierda Nacional (Nº 13) fijaba como posición la condena del terrorismo individual que practicaba por entonces la organización PRT-ERP, que sería reconocida como sección nacional argentina por la IV Internacional (la de Ernest Mandel). Izquierda Nacional recurría a un argumento de autoridad: la palabra de León Trotsky y de Vladimir Lenin. De Trotsky se reproducía una parte de su libro Los crímenes de Stalin: “El Estado capitalista —escribía Trotsky— no reposa sobre ministros y no puede ser destruido destruyendo sus ministros. Encontrará en seguida otros servidores, el mecanismo continúa intacto y sigue funcionando”. De Lenín se reproducía un párrafo de su folleto “El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”: “El marxismo —escribía Lenin— se distingue de todas las formas primitivas del socialismo en que no vincula el movimiento a ninguna forma de lucha específica y determinada (...), rechaza incondicionalmente todo lo que sean fórmulas abstractas o recetas doctrinarias, reclama que se le preste la mayor atención a la lucha de masas en marcha”.

Extrañamente (visto desde hoy), los editores de Izquierda Nacional no parecían advertir que Lenin y Trotsky no decían exactamente lo mismo en los párrafos seleccionados: Trotsky condenaba el terrorismo individual cómo método de lucha, pero Lenin no lo condenaba, sino que decía que la teoría y la práctica marxista no se encuentran entrelazadas con un método de lucha en particular.

Unos años después, en 1975, cuando el terrorismo pequeño burgués practicado por los “trotskistas” del PRT-ERP (que estaban girando aceleradamente hacia el castrismo, el guevarismo y el stalinismo) desnudaba con toda claridad su contenido antiobrero, antipopular y antinacional, otro grupo pretendidamente trotskista, el PST de Nahuel Moreno, editaba un pequeño librito con textos de Trotsky condenado el terrorismo (Contra el terrorismo, ediciones Pluma, Buenos Aires, 1975). Se reiteraban allí los argumentos centrales de Trotsky sobre el tema.

“Los marxistas —decía Trotsky— consideramos que la táctica del terrorismo individual es inconveniente para la lucha liberadora, tanto del proletariado como de las naciones oprimidas. Un héroe aislado no puede reemplazar a las masas”. Ilustraba este punto de vista con un ejemplo aleccionador: “Al calor de la guerra imperialista, Federico Adler (líder marxista austríaco GC) asesinó al ministro-presidente austríaco Stuergkh en un restaurante vienés. El escéptico oportunista heroico no pudo encontrar otra válvula de escape para su indignación y desesperación (...). A la acción individualista de Adler contrapuse el accionar de Carlos Liebknecht, quien en plena época de guerra salió a una plaza de Berlín a distribuir un manifiesto revolucionario dirigido a los obreros”.

Apuntaré, de pasada, dos cosas: un terrorista no tiene que ser necesariamente un hombre aislado, desesperado y escéptico, como Trotsky lo pinta tomando sin demasiada razón a Adler como ejemplo, sino que puede ser un optimista militante de una organización política de masas. Además, resulta curioso que Trotsky contraponga la acción políticamente inconducente de Adler a la acción de Karl Liebknecht, que también resultó ser inconducente, si consideramos el desenlace de la lucha de clases de esa época en Alemania y Austria. Pero lo que me interesa resaltar es esto: Trotsky (y supuestamente también Lenin, según Izquierda Nacional) condena explícitamente el terrorismo individual debido a que —dice— la supresión del individuo que ocupa un puesto relevante dentro del a maquinaria política de la burguesía (como el presidente Stuergkh) no puede afectar a la maquinaria misma. Si una sección nacional de una organización internacional trotskista decidiera recurrir a prácticas terroristas, entonces merecería ser excluida de la organización internacional debido a que sus diferencias no son meramente tácticas, sino estratégicas y teóricas (cosa de la que no pareció apercibirse la IV Internacional mandelista, según parece; pero dejemos esto a un lado por ahora).

En un texto llamado “Clase, Partido y Dirección. ¿Por qué fue derrotado el proletariado español?”, escrito en Coyoacán en 1940, Trotsky formula interesantes observaciones sobre el papel de la personalidad en la historia y la política. Discutiendo con quienes minimizan la importancia de la personalidad en beneficio del proceso histórico objetivo, Trotsky escribe: “Existen , naturalmente, importantes causas objetivas que crearon el gobierno autocrático de Hitler, pero sólo estúpidos pedantes del ‘determinismo’ pueden negar hoy el enorme rol histórico de Hitler. La llegada de Lenin a Petrogrado el 13 de abril de 1917 hizo virar a tiempo al Partido Bolchevique y lo capacitó para llevar la revolución a la victoria. Nuestros sabios podrían decir que si Lenin hubiera muerto en el extranjero a principios de 1917, la revolución de octubre habría tenido lugar ‘exactamente lo mismo’. Pero no es así. Lenin representaba uno de los elementos vivos del proceso histórico. Personificaba la experiencia y la perspicacia del sector más activo del proletariado. Su oportuna aparición en la arena del a revolución fue necesaria para movilizar a la vanguardia y darle la oportunidad de unir a la clase obrera y las masas campesinas. La dirección política en los momentos cruciales de virajes históricos, puede llegar a ser un factor tan decisivo como el rol del comando supremo durante los momentos críticos de la guerra”.

La pregunta que me formulé al leer este párrafo fue la siguiente: ¿cómo conciliarlo con la anterior condena taxativa al terrorismo individual?

Si en determinadas circunstancias un individuo puede desempeñar un rol determinante en el curso de un proceso histórico, ¿por qué habría que renunciar de antemano a la posibilidad de suprimirlo físicamente, si ello se estimara conveniente? De las palabras de Trotsky se desprende que para la burguesía mundial habría sido altamente beneficioso que un terrorista liquidara a Lenin antes de su llegada a Petrogrado en abril de 1917. Análogamente, ¿no habría sido conveniente para el proletariado alemán que un atentado terrorista hubiera acabado con Hitler antes de que se hiciera del poder absoluto? Hay un claro indicador de que las respuestas a estas preguntas puede ser afirmativa: de hecho, tanto en el campo de la revolución como en el campo de la contrarrevolución, siempre se ha recurrido a la supresión física de individuos que personificaban la fuerza de la clase enemiga. Obviamente, la inexistencia de “mundos paralelos” con los que confrontar lo que hubiera sucedido de no haber acontecido lo que aconteció (Por ejemplo: ¿qué hubiera sido de la Revolución Rusa con Lenin muerto en 1917? ¿O qué habría sido de la Revolución Española si los anarquistas no hubieran fusilado a José Antonio Primo de Rivera en 1936? Es imposible saberlo, obviamente; sólo puede especularse al respecto).

Pero lo que ahora estoy considerando es lo siguiente: la advertencia trotskista de que los métodos terroristas son incompatibles con los intereses de la clase obrera que lucha por el socialismo, debe ser relativizada a la luz de la afirmación también trotskista según la cual los individuos pueden jugar un rol determinante en los procesos históricos.

Si una organización internacional decidiera homogeneizar (o disciplinar en nombre del “centralismo democrático”) a sus secciones adherentes en los principios teóricos y estratégicos del marxismo y del trotskismo, dejándoles libertad de acción sólo para las decisiones tácticas, se encontraría al poco tiempo con que esto resulta problemático. Existían tantas razones teóricas y estratégicas para justificar que un comando revolucionario ejecutara a Hitler, a Mussolini o a Franco, por ejemplo, como para justificar la oposición a esa ejecución. ¿Significa esto que una u otra decisión tuvieran el mismo valor político? De ninguna manera. Pero no es en el nivel teórico-estratégico donde se podrá dirimir la cuestión, sino en el nivel táctico-político. Y en el nivel táctico-político la voz cantante no es la de los dirigentes internacionales, sino la de los dirigentes nacionales. A esto me referí al afirmar que en la disputa entre Trotsky y Andrés Nin respecto de si el POUM debió o no dar su apoyo electoral al Frente Popular en 1936, la decisión última tenía que recaer sobre Nin y sus compañeros. Así debía ser, y así fue.

La historia del internacionalismo organizativo es la historia de un fracaso repetido durante todo el siglo XX. Hay que tomar nota de ello para que las relaciones de camaradería y colaboración entre revolucionarios de diferentes países o culturas encuentren modalidades adecuadas, basadas en posibilidades reales, y no en meras expresiones de deseo.

  • 19 May 2011Nacionalismo, internacionalismo y socialismo 

¡Suscribite a nuestra lista de correo!

Comentarios
Comentar





Recordar mi información personal

Por favor ingrese la palabra que se ve en la imagen de abajo:



¿Notificarme de comentarios nuevos?

*  Campos obligatorios

Blog de comentarios provisto porDisqus

Compartir / Imprimir
Enviar por e-mail este artículo a un amigo





Más notas en Izquierda Nacional

Socialismo Latinoamericano • Izquierda Nacional

Socialismo Latinoamericano • Izquierda Nacional

Socialismo Latinoamericano • Izquierda Nacional

Descargar afiche de:Peronismo, camporismo e Izquierda Nacional

Ediciones de Socialismo Latinoamericano publicará en mayo Peronismo, camporismo e izquierda nacional y a continuación un segundo libro sobre Ramos y la izquierda nacional. Se trata de los primeros títulos de una colección destinada a librar en el terreno de la política, la historiografía y la cultura, una batalla de capital importancia por constituir una visión totalizadora que descifre las claves del pasado y eche luz sobre los problemas candentes del presente. América Latina ha sido a lo largo de su historia tributaria de las ideas que imperaban en las metrópolis y, en consecuencia, presa de una perspectiva deforme y subordinada respecto del sentido de las luchas de sus pueblos y su trágica balcanización. Mientras tanto nuevas cuestiones –problemas identitarios,  demandas ecológicas, crisis de las experiencias socialistas…– se han presentado y exigen ser abordadas. Aquel pasado histórico, cuyos asuntos pendientes reaparecen en el presente, y los problemas que definen una nueva época, deben ser dilucidados desde una perspectiva crítica, emancipada de todo tutelaje ideológico de los viejos y nuevos núcleos de intereses que dominan en los círculos editoriales, el periodismo y el terreno cultural.

Descargar afiche de:Salió Socialismo Latinoamericano número 29
Descargar afiche de:Salió Socialismo Latinoamericano número 28
Descargar afiche de:Revisionismo Histórico