06 Feb 2011Energía
La integración energética regional sudamericana: ejes, determinantes geopolíticos y perspectivas.
I. Introducción
La coyuntura actual aparece como propicia para la vinculación creciente de los Estados nacionales sudamericanos ante la perspectiva de la consolidación de una matriz de políticas públicas con una fuerte gravitación geopolítica en lo que respecta a la planificación del acceso, control y manejo de los recursos naturales minerales, hidrocarburíferos e hídricos a escala planetaria.
Asimismo, junto a la tendencia descrita, se acentúa la puja entre actores nacionales estratégicos en distintas regiones del mundo por el control de las fuentes de recursos naturales renovables y no renovables, tanto en regiones continentales como marítimas.
En lo que respecta a los recursos hidrocarburíferos —fundamentalmente, petróleo y gas—, estas tendencias se ven agravadas por la consolidación de un escenario de escasez estructural en materia de exploración, desarrollo y extracción de hidrocarburos en los principales yacimientos actualmente en actividad, situación que está íntimamente relacionada con el agotamiento de la tasa natural de extracción combinada con los cada vez más infrecuentes hallazgos de yacimientos gigantes.[1]
A su vez, en el área de refinación, transporte y comercialización de hidrocarburos, se suman las dificultades por la creciente saturación de la capacidad instalada de refino en todo el mundo y por el aumento de la conflictividad política, económica y social en áreas geográficas clave para el aseguramiento del suministro constante de hidrocarburos (Golfo Pérsico, estrecho de Ormuz, Golfo de Bengala, estrecho de Malaca, Mar de la China, canal de Panamá, entre otros puntos nodales de las redes de abastecimiento de crudo y gas).[2]
Finalmente, la acentuada tendencia a la inflación de precios en la mayoría de los mercados de materias primas, impacta severamente en todos los sectores del negocio hidrocarburífero, acicateando la espiralización especulativa sobre las curvas de precios de los combustibles fósiles que son considerados como meros commodities transables en el casino global de las finanzas, lo cual consolida el peso específico de las expectativas negativas asociadas a la inminencia del pico de extracción petrolera.[3]
En efecto, en el escenario internacional sucintamente descrito, creemos que se abren perspectivas promisorias para avanzar en políticas públicas nacionales que, en materia de planificación energética, persigan el objetivo de garantizar el acceso, control y manejo soberanos de recursos naturales que son estratégicos para la consolidación en el tiempo de un modelo de desarrollo socio-económico progresivo.[4]
II. Identificación de los proyectos-ejes de integración predominantes
Nos proponemos, en primer lugar, identificar los ejes concretos a través de los cuales los gobiernos sudamericanos están construyendo la integración regional en materia energética, para luego describir las determinantes geopolíticas fundamentales de la complementación energética regional.
Las tendencias y procesos sucintamente señalados en la introducción no son más que la descripción de un escenario caracterizado por una matriz de generación y consumo de energía que, en buena medida, es todavía altamente dependiente de los recursos de origen fósil en toda la región sudamericana.
En ese contexto, los gobiernos nacionales sudamericanos han encarado —en las últimas dos décadas— procesos de planificación con alcance regional contenidos en dinámicas de integración más amplias y complejas que han sido mutuamente excluyentes en términos de los actores, la naturaleza y los objetivos planteados.
Nos referimos, fundamentalmente, al denominado proyecto ALCA que surgió a mediados de la década de los 90 bajo una lógica de integración predominantemente comercial, con infraestructuras de transporte multimodal y de generación de energía concebidos como plataformas para el desarrollo de una dinámica exportadora abierta al mundo y, por ello mismo, centrada en los requerimientos y demandas de los países centrales. Desde ese proyecto, los recursos energéticos han sido administrados, a su vez, como meros commodities transables en el sistema comercial internacional en función de los requerimientos de la demanda. Asimismo, dentro de este eje o modelo de integración, la región sudamericana ha conocido el desarrollo de la propuesta IIRSA[5], en cuyo marco se planificó la ejecución de proyectos que impactaban esencialmente en los ejes de transporte multimodal, por un lado, y en el eje de la integración física vial, portuaria y eléctrica, por el otro.

En contrapartida, hacia fines de la primera década del Siglo XXI y al calor de la nueva coyuntura abierta a partir del frenazo que sufrió el ALCA en la Cumbre de Mar del Plata en noviembre de 2005, los países sudamericanos comenzaron a delinear un nuevo instrumento de integración política continental, la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), que se constituyó el 23 de mayo de 2008 como corolario de un proceso de cumbres regionales en los que, recurrentemente, se han considerado proyectos de integración física en el eje de transporte, rutas y puertos y, por el otro, en el eje de la generación, transporte y distribución de energía.[6] La novedad de estos tiempos está dada por el cambio del eje gravitacional sobre el que se ha intentado construir la integración, que ha sido el reflejo de modelos económicos basados en el mercado interno, en la recuperación del rol del Estado como inversor y árbitro entre los sectores del poder económico y en la progresiva reconstrucción de poder soberano sobre los recursos naturales estratégicos. En este cuadro regional, el eje Venezuela-Brasil-Argentina se constituyó en la columna vertebral de los avances de los proyectos de integración energética regional que impactan en todos los niveles de la cadena del sector energético. En simultáneo, Ecuador, Bolivia, Paraguay y Uruguay han sumado sus perspectivas fortaleciendo la corriente en pro de un avance progresivo de la integración energética regional.
Por ende, en la actual coyuntura regional, se despliegan en simultáneo dos tendencias opuestas en la dinámica de la integración. Una, identificada con un eje estratégico-político de vocación y proyección atlantistas, y otra que reproduce una lógica altamente dependiente de los mercados mundiales y que está liderada por Chile-Colombia-Perú en el eje del Pacífico.
Desde este costado del análisis, con fuertes implicancias geopolíticas, la problemática de la planificación energética y sus posibilidades reales de concreción en proyectos, está afectada por la diversidad de las miradas estratégicas.
A pesar de ello, UNASUR ha dado un puntapié inicial a través de la creación de un instrumento de planificación y formulación de política energética, creado en 2008, que es el Consejo Sudamericano de Energía. En el mismo, estas visiones subyacentes impactan decididamente sobre las condiciones de posibilidad de los proyectos insertos en las dinámicas de integración petrolera, gasífera y eléctrica, situación que ha limitado fuertemente la posibilidad concreta de avances.[7]
Como resultado de ello, los proyectos realmente existentes que podemos identificar en los ejes de complementación aludidos se caracterizan por alimentar lógicas de acción con impacto geográfico limitado —fundamentalmente— al orden de las relaciones bilaterales pero que, a pesar de ello, implican un salto mayor en términos de la consolidación de un hábito político-estratégico afincado en la planificación energética y en la formulación de proyectos en los distintos eslabones del sector.
Veamos ahora, entonces, cuáles son las determinantes geopolíticas de la integración energética que pueden avanzar más dinámicamente en Sudamérica, teniendo en cuenta la coexistencia de dos visiones diversas de la problemática de la integración.
III. Las determinantes geopolíticas de la integración
Las determinantes geopolíticas aludidas impactan sobre las tres dinámicas de proyectos de integración tendencialmente complementarios: por un lado, la sustentada en el petróleo como principal recurso hidrocarburífero a escala planetaria, por el otro, la arista de la integración gasífera, que tiene una gravitación cada vez más importante en Sudamérica y, finalmente, el vector de la complementación e integración eléctrica, que constituye un subsector estratégico a la hora de garantizar un abastecimiento confiable y seguro de energía en los grandes conglomerados urbanos e industriales.
En cada una de estas dinámicas de la problemática energética regional, emerge como marca relevante el importante desequilibrio existente entre Estados productores y Estados consumidores,[8] situación estructural que reproduce parcialmente —aunque con diferentes condimentos propios de la naturaleza subdesarrollada de la economía de nuestros países— el cuadro geopolítico dominante a escala planetaria en materia de distribución de los recursos energéticos.
En efecto, desde una mirada centrada en lo regional, el continente suramericano tiene fuertes desequilibrios entre los Estados nacionales en lo que respecta a posesión de niveles de reservas comprobadas, por un lado y a la tasa de extracción de petróleo y gas, por el otro. Tal es así que del análisis de dos de las variables medulares que —junto a los niveles de consumo— forman parte de la tríada de datos duros que son fundamentales a la hora de determinar el peso relativo de las riquezas hidrocarburíferas, se desprende que Venezuela es el actor de mayor peso estratégico en términos de posesión de reservas hidrocarburíferas[9], mientras que Brasil —con sus recientes y sucesivos descubrimientos en su extenso litoral marítimo desde el 2007 hasta la actualidad, en los denominados campos pre-sal—[10] es el segundo actor más relevante si se lo mide en términos de niveles de reservas, extracción y consumo. Por su parte, Bolivia[11] completa un eje de relevancia geopolítica fundamental, como poseedor de las segundas reservas comprobadas de gas en el continente, luego de Venezuela.
En concreto, en este esquema inicial de los grandes jugadores regionales con peso propio como poseedores de reservas comprobadas de hidrocarburos, el eje Venezuela- Brasil-Bolivia conforma el Hinterland regional sudamericano más dinámico en materia de posesión de riquezas hidrocarburíferas.
Por otro lado, qué ocurre en el otro gran sector del tablero energético regional, es decir, el de los consumidores. Aquí es importante destacar, ante todo, la particular situación de la República Argentina que- a pesar de ser junto a Brasil la economía más significativa de la región- en materia energética acumula preocupantes déficits de carácter estructural que se desprenden de la incesante caída en niveles de reservas y de extracción en los últimos veinte años, agudizados por el aumento sostenido de los niveles de consumo de energéticos en los últimos ocho años de fuerte crecimiento de la economía. Ello ha provocado que el horizonte de autoabastecimiento en materia de oferta energética total se haya erosionado fuertemente, lo cual convierte a la hipótesis de la integración regional en una alternativa crucial para la Argentina en orden a equilibrar en le mediano plazo su riesgo de seguridad energética.[12]
Por su parte, en el eje de complementación del Pacífico, Chile es el país que en los últimos años afrontó las mayores dificultades en materia de abastecimiento seguro y confiable de energía, ya que uno de los reaseguros esenciales ligado a la Asociación Estratégica con la Argentina en materia de provisión de gas a través de ocho gasoductos de exportación desde mediados de los 90 hasta comienzos de 2004, desapareció literalmente como alternativa, debido a la drástica reducción de las reservas gasíferas en la Argentina y a la falta de inversiones significativas que permitieran sostener la continuidad de un sendero exportador que, de por sí, era ya desaconsejable para un país como la Argentina que tenía importantes reservas de hidrocarburos, pero que jamás fue un “país OPEP”, como para habitar seriamente la alternativa exportadora de hidrocarburos. [13]
En el caso del Perú, en los últimos años comenzó a posicionarse como un importante productor de gas natural a partir del proyecto Camisea en la región amazónica, que ha impactado fuertemente en las dinámicas económicas de los países de la Unión Andina, aunque no parece augurar una situación de cambio geopolítico radical en términos del balance entre oferta y demanda de recursos energéticos, ya que el Perú no es, tampoco, un país pletórico en riquezas hidrocarburíferas en el continente. El caso del Perú, entonces parece ser un eco de caminos ya transitados por otros países, como Argentina y Chile.
Si se observa, por su parte, la situación imperante en el subsector eléctrico en toda la región, podemos identificar espacios crecientes de proyección de manejo integrado de generación, transporte y distribución de energía en dos corredores geográficos bien determinados. Uno, el tributario del eje del Pacífico, a través del avance de los proyectos de interconexión eléctrica y gasífera entre los países miembros de la Comunidad Andina[14], mediante la Alianza Energética Andina, iniciativa creada por los Ministros de Energía de la región a comienzos de 2004. Algunos de estos proyectos, incluso, podrían canalizarse a través de IIRSA, con el apoyo de la Corporación Andina de Fomento ( CAF) y otros organismos regionales.[15] El otro, es el que vincula a los países del Mercosur en el eje atlántico de integración, cuya columna vertebral es la creciente dinámica de complementación del sector a través del intercambio compensado de despachos de energía eléctrica en los diversos períodos estacionales, destacándose el vínculo argentino-brasileño y, simultáneamente, la renegociación entre Brasil y Paraguay de las cláusulas de precios de la energía eléctrica generada en el marco del Tratado de Itaipú, lo que le permitió a Paraguay triplicar el monto de ingresos provenientes de la exportación de sus excedentes energéticos a Brasil.1[6]
IV. Conclusión
Todo lo descrito en materia de cosmovisiones estratégicas y en los determinantes geopolíticos de la planificación energética en materia de petróleo, gas y electricidad- que se cruzan con las contradicciones de los modelos de integración vigentes en la región- reactualiza una pregunta- problema de vieja data: los recursos fósiles y los bienes energéticos efectivamente generados en términos de oferta total disponible, ¿son recursos estratégicos o meros commodities destinados a la libre comercialización y exportación en tanto y en cuanto existan condiciones de demanda que así lo requieran?
La resolución de este auténtico dilema estratégico, que atraviesa ideológicamente a las dirigencias políticas suramericanas, se convierte en la piedra de toque fundamental sobre la que es posible encarar un real proceso de integración física en las tres dinámicas complementarias de la integración energética regional, la petrolera, la gasífera y la del subsector eléctrico.
En definitiva, la problemática de la integración energética regional suramericana sólo puede materializarse como proyecto geoestratégico en la medida que adquiera trascendencia en el imaginario de la planificación política, el objetivo históricamente postergado de un desarrollo económico, social y cultural justo, soberano e igualitario.
Anexo estadístico
- Ver http://www.worldenergyoutlook.org/docs/weo2010/weo2010_es_spanish.pdf↑
- Ver Ver Lahoud, Gustavo: “La dinámica de la coyuntura energética mundial”, Centro Latinoamericano de Investigaciones Científicas y Técnicas, abril 2009. Se lo puede consultar en http://www.cienciayenergia.com↑
- Ver Lahoud, Gustavo: “Geopolítica de la energía: escasez estructural, crisis y nuevos actores. Ejes de un posible diagnóstico”, Centro Latinoamericano de Investigaciones Científicas y Técnicas, junio 2008. Se lo puede consultar en: http://www.cienciayenergia.com↑
- Ver http://www.cienciayenergia.com/Contenido/pdf/080428_i_gol.pdf En el documento citado, se elabora una aproximación teórica a la problemática de la Soberanía Energética y la Integración Regional Sudamericana.↑
- IIRSA: Iniciativa de Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana↑
- Ver Tratado Constitutito de la UNASUR. http://www.pptunasur.com/downloads/tratado-constitutivo-UNASUR.pdf ↑
- Ver http://www.pptunasur.com/inicio.php?idiom=1 ↑
- Ver Lahoud, Gustavo: “Geopolítica de la energía: escasez estructural, crisis y nuevos actores. Ejes de un posible diagnóstico”, op. Cit.↑
- De hecho, una vez concluida la certificación de reservas de la denominada Faja del Orinoco- rica en petróleos pesados y extrapesados- Venezuela podría transformarse en el principal poseedor de reservas de petróleo en el mundo. Ver http://www.pdvsa.com ↑
- Estos sucesivos descubrimientos, que no han sido definitivamente certificados todavía, podrían convertir a Brasil en un jugador de peso estratégico en el tablero del petróleo mundial, con reservas superiores a los 10.000 millones de barriles. Ver http://www.petrobras.com y anexo estadístico.↑
- Aquí es importante señalar que Bolivia debe concluir también un proceso de certificación de reservas, ligado a la necesidad de asegurar fuertes inversiones en prospección, exploración y desarrollo de campos petrolíferos y gasíferos.↑
- Ver Lahoud, Gustavo: “Los ejes energético e hidrográfico de la integración regional sudamericana”, Centro Latinoamericano de Investigaciones Científicas y Técnicas, abril de 2008. Se lo puede consultar en: http://www.cienciayenergia.com ↑
- Ver De Dicco, Ricardo y Lahoud, Gustavo: “La política energética chilena en la Administración Bachelet”, Centro Latinoamericano de Investigaciones Científicas y Técnicas, agosto de 2008. Se lo puede consultar en : http://www.cienciayenergia.com↑
- Ver http://www.comunidadandina.org/energia/alianza.htm↑
- Ver www.iirsa.org y Calcagno, Alfredo Eric y Calcagno, Eric: El motor de la Uniòn Sudamericana. Hacia un nuevo bloque geopolìtico, Le Monde diplomatique, setiembre de 2004, pp. 8 y 9.↑
- http://www.telesurtv.net/secciones/noticias/54701-NN/paraguay-y-brasil-logran-historico-acuerdo-sobre-hidroelectrica-itaipu/↑



