15 Ago 2011Crisis del capitalismo 

La crisis del capital

ocalello Socialismo Latinoamericano

El derrumbe mundial de las bolsas, la violenta rebelión en el Reino Unido, el movimiento de los indignados en España, la resistencia de los trabajadores y la juventud griega, incluso las movilizaciones de protesta en Israel, que con distintos alcances y contenidos ocupan desde hace semanas las primeras planas de los diarios, constituyen síntomas característicos. Señalan que la crisis orgánica que arrastra el capitalismo desde hace cuatro años, lejos de alejarse es cada vez más profunda; ha entrado en una nueva fase en cuyo transcurso es la agudización de la lucha de clases lo que da el tono al cuadro de situación.

Como suele ocurrir cuando se alcanza el límite, la crisis ha sacado a la luz el hecho fundamental de la vida social bajo el capitalismo: el capital sólo puede sobrevivir imponiendo grados crecientes de sobreexplotación a la fuerza de trabajo. Los planes de ajuste, que se han convertido en moneda corriente en Europa y Estados Unidos, ponen en evidencia que la burguesía ha decidido transformar la crisis en la gran oportunidad para avanzar todavía más en esa dirección. La última noticia al respecto viene de Italia. El régimen de Berlusconi, bajo el tutelaje de los gobiernos de Francia y Alemania, tiene decidido, además de las típicas medidas de recorte en las pensiones y los salarios de los empleados públicos, suba en la edad jubilatoria, etc., presionar para que se dejen de lado los convenios laborales de alcance nacional y se firmen acuerdos por empresa, de modo de liquidar el estatuto dei lavoratori que prohíbe los despidos sin justa causa. Uno de los inspiradores de la medida es Mario Draghi, director del Banco Central y ex vicepresidente del Goldman Sachs cuando el pulpo financiero tomó el encargo de trampear las cuentas públicas del gobierno griego. En España una reforma de similar contenido fue aprobada recientemente, pero el FMI no se mostró conforme y le señaló al gobierno que “la política laboral debe pecar por audacia en vez de gradualismo”. En Irlanda la organización patronal le pidió a la Comisión Europea que presionara al gobierno para que llevase adelante el desmantelamiento de la legislación laboral, recordando que ese objetivo ya tenía el aval de la propia UE y del FMI, y señalando que en los últimos años los contratos que se habían firmado al margen de esa legislación resultaban un 25% más baratos.

Parasitismo y depredación

Está visto que la burguesía ha dispuesto desplegar su programa hasta las últimas consecuencias: rebaja de salarios y despidos en el Estado, drásticas reducciones de los derechos laborales, recortes en el gasto social y privatización de empresas y servicios públicos esenciales, reconvertidos en negocios privados y fuentes de ganancia para el capital. Su política consiste el sacar el máximo provecho de la crisis para alcanzar lo que en condiciones de estabilidad capitalista no habría conseguido. En consecuencia, ha renunciado a ejercer algún tipo de hegemonía ideológico-cultural sobre las clases populares, y presenta su versión del “interés general” en los crudos términos de un programa de clase.

El capitalismo keynesiano se agotó hace algo más de tres décadas y no hay retorno posible a lo que algunos consideraron el período dorando del capital. Bajo el dominio del capital financiero el capitalismo se ha vuelto un régimen cada vez más regresivo, parasitario y depredador. Un solo dato basta para ilustrar la transformaciones que se han operado en el modo de acumulación en las últimas cuatro décadas. En Estados Unidos, a comienzo de los 70’, el aporte de la industria a la generación del PBI era dos veces mayor que el correspondiente al negocio financiero. En la actualidad la proporción se ha invertido, y el producto bruto fabril apenas se acerca al 60% del valor computado a las finanzas. Esta mutación les ha dado a los bancos, fondos de inversión, compañías de seguros, agencias de calificación de deuda, etc., un poder discrecional sobre las políticas públicas. Sólo teniendo en cuenta esta capacidad de decisión es posible entender como planes de ajuste basados en una brusca contracción del gasto fiscal se impongan uniformemente, agravando la recesión, pero creando las mejores condiciones para el negocio financiero.

A comienzos de agosto Rebelión reprodujo un artículo de Ismael Hossein-Zade dando detalles de crisis de la deuda de Estados Unidos a la luz de las formidables distorsiones que afectan a su economía.[1] Además del auxilio por varios billones de dólares que la administración estadounidense suministró a lo largo de la crisis bajo la forma de préstamos secretos a bancos y compañías en bancarrota, según reveló una auditoría de la Reserva Federal; del aumento de 90% de los gastos militares (sin contar entre otros los costos de las guerras en Irak y Afganistán) entre el 2000 y el presente, hay que sumar los beneficios que recibió del Estado el capital monopólico. Entre 2008 y 2010 doce corporaciones líderes, entre ellas Exxon, Mobile, Wells Fargo, DuPont, Boeing, IBM y General Electric, fueron favorecidas con exenciones impositivas y en cambio recibieron 2.500 millones de dólares en concepto de reembolsos. Paquetes multibillonarios de rescate en favor del parasitismo financiero en quiebra, multiplicación del costo de las guerras y el militarismo, regalos tributarios a las compañías monopólicas, pago de abultados sobreprecios a aseguradoras y firmas farmacéuticas del sistema de salud… constituyen señales inequívocas acerca de cuál es la naturaleza de la burguesía que ejerce el poder en la mayor potencia mundial. 

Alerta urgente

La contrapartida de este cuadro es la tendencia socialmente declinante de importantes capas empobrecidas de obreros, empleados y clase media de profesionales y comerciantes, agobiados por un endeudamiento impagable, mientras la brecha social se amplía constantemente. Los riesgos de esta derivación no podían pasar inadvertidos para los intelectuales orgánicos del capital. La advertencia más significativa la formuló The Wall Street Journal en una nota publicada en abril pasado con la firma de Paul Farrell. “Sí, fiscalicen a los súper ricos. Y háganlo ahora. Antes de que el 99% restante desencadene una nueva Revolución Estadounidense, una implosión y la Gran Depresión”, se lee en las primeras líneas como anticipo de lo que vendrá. Señala que esa capa privilegiada cree que es inmune, que está protegida de las consecuencias de “apabullar a los estadounidenses por tres décadas con la cantaleta del libre mercado y del chorreo de las doctrinas de Reagan que los hicieron super ricos”. Están seguros que las mismas doctrinas “los protegerán de la inevitable depresión que se nos viene. ¿Por qué? Debido a que tienen megadólares guardados. Sus ‘provisiones’ para el largo plazo. Viven en recintos cerrados, custodiados por mercenarios”. Una formidable concentración de la riqueza es el fondo de este cuadro de opulencia: hasta hace unos pocos años una minoría de 300.000 estadounidenses, la décima parte del 1% más rico, acaparaba una parte igual del ingreso nacional de la que recibían los 150 millones que constituían la mitad más pobre de la sociedad. El final de la nota es un alerta apremiante. “¡Despierten amigos! El espejismo de los súper ricos está destruyendo el sueño estadounidense para el resto de nosotros. Y a los súper ricos no les importa” (…) Después no digan que no les advirtieron. Es tiempo para empezar a planificar para la revolución que se avecina, y para otra Gran Depresión”.

¿Una visión catastrófica desde el corazón del imperio financiero? Lo cierto es que el capitalismo no se cae solo; por lo demás, las teorías del derrumbe fueron refutadas por la teoría y fácticamente muchas décadas atrás. Sin embargo la crisis persiste y mientras aumenta las condiciones de sufrimiento y explotación de las masas, crea condiciones de escisión de la sociedad en campos irreconciliables, de maduración de los antagonismos; en definitiva, condiciones necesarias para la emergencia de los trabajadores y las clases subalternas en una dirección antiimperialista y anticapitalista. El desenvolvimiento de las presentes luchas obreras y populares, aún incipientes y fragmentarias, dirán si esas condiciones han madurado lo suficiente, hasta alcanzar la consistencia subjetiva del programa y la organización, en condiciones de hacer frente exitosamente a la barbarie del capital.

Notas:
  1. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=133397
  • 15 Ago 2011Crisis del capitalismo 

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Comentarios

El  18/08/2011 a las 16:48 Ignacio Cárdenas dijo:

Excelente artículo.

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