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- Artículo cargado el 17/05/2010 - 21:46
La clase trabajadora, eje central de la lucha emancipatoria
Angel RialSocialismo Latinoamericano
Recordar la gran huelga que llevaron adelante los trabajadores fabriles de Chicago en el año 1886, como sus reclamos, legítimos por cierto, que fueron dirigidos a reducir en 8 horas la jornada laboral es, claramente, de suma importancia en una fecha como hoy.
La valentía de los obreros fusilados, como de todos aquellos que participaron de esta enorme medida de fuerza, es una digna demostración de la fuerza real con que cuentan los trabajadores organizados. Claro que, hábil y vilmente, algunos intentan ocultar para desesperanzar y evitar cualquier intento de emancipación.
En nuestro país existen varios casos. Un 1º de Mayo 1894, ocho años después de la masacre de Chicago, un librecambista cipayo como Juan B. Justo, decía lo siguiente: “Los derechos políticos están en esta republica al alcance de todos los trabajadores, que el día que quieran podrán usarlos en beneficio de su causa. Pero ni los trabajadores de origen extranjero los han solicitado, ni los nativos han sabido usarlos con criterio.”[1]
Otro primero de Mayo, más precisamente de 1909, se producía una masacre contra obreros anarquistas en Plaza Lorea, siendo responsable de la misma el Coronel Ramón Falcón. Poco tiempo después, un obrero anarquista, se tomaría revancha asesinándolo.
Los obreros habrían de conseguir una reducción en la jornada laboral en el año 1929, producto de la ley sancionada en el gobierno de Yrigoyen. Pero esta sanción no hubiese sido posible, sin el movimiento de masas que se registro desde comienzos del siglo.[2]
Por supuesto que, posteriormente, vendrían momentos que calaron hondo en el movimiento obrero como el periodo de la “década infame” y los dieciocho años de proscripción del peronismo que facilitaron, a todo el arco oligárquico-imperialista, el avance y posterior aniquilamiento de los sectores nacionales y populares vigentes que, con sus aciertos y errores, no pudieron doblegar la fuerzas contrarrevolucionarias que esquilman al país desde 1976.
Aquellos sectores nacionales y populares, que defienden los reales intereses de los trabajadores y luchan por reconstruir a un movimiento obrero hoy atomizado, serán los artífices del quiebre de todo el arco partidocrático que intenta perpetuar la dependencia. Para ello, son necesarias políticas que promuevan programas nacionales-democráticos como las que propone Guillermo Hamlin2, donde claramente, se acentúa la importancia de una defensa integral del territorio, nacionalizando los recursos básicos de la banca y del comercio exterior.
El 1 de Mayo, debe ser un resorte emocional para los trabajadores y en clara sintonía junto aquellos que tengan la decisión irrenunciable de liberar definitivamente a nuestra Patria del yugo imperialista.
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