28 Ene 2010Bolivia Izquierda Nacional
La batalla de Copenhaguen
La Cumbre de Cambio Climático organizada por la ONU en Copenhague, celebrada entre los días 7 y 18 de diciembre de 2009, fue una verdadera batalla y como tal tuvo todos los ingredientes.
Primero, hubo una importante acción psicológica previa del imperialismo preparando a la población mundial para el ataque que estaba por lanzar: forzar la firma de un pacto climático que implicaba el cobro de impuestos a la emisión de dióxido de carbono.
Segundo, hubo acciones de espionaje previos a la realización de la Cumbre que revelaron manipulaciones en los informes científicos sobre el clima, exagerando la supuesta gravedad.
Tercero, hubo más acciones de espionaje al trascender durante el curso de la Cumbre, el contenido del denominado “documento danés”, borrador del pacto a firmar que iba a ser propuesto por los países imperialistas.
No faltaron tampoco las maniobras de diversión, ni el montaje de un “clamor popular”, exigiendo a los líderes mundiales la “salvación del planeta”, conducido por las conocidas ONGs transnacionales al servicio del imperialismo, como WWF y Greenpeace, con todas sus filiales, a cuyos sinceros e inocentes militantes costearon el viaje desde remotos lugares del planeta, y la consiguiente “represión” que dio más espectacularidad a la mascarada.
No faltó tampoco el armado de una cumbre paralela “opositora al comercio de emisiones”, pero que aceptaba la tesis del IPCC que el dióxido de carbono “es el malo de la película”. El KlimaForum09, apareció como una cumbre “alternativa”, pero que hayan sido financiados por los mismos organizadores del evento de la ONU, los descalifica.
También hubo ataques sorpresivos y escaramuzas inesperadas de último momento, como la aparición de Hillary Clinton anunciando el aporte de 100.000 millones de dólares para el comienzo del programa de combate al calentamiento global.
Para concluir, el ataque final de Obama, y la resistencia de los países del Tercer Mundo, que describiremos más adelante.
Los representantes de algunos países del Tercer Mundo, expresaron, durante el transcurso de la Cumbre Climática de Copenhague, y también luego de la misma, su preocupación respecto de “la trampa tendida por los países industrializados” al proponer como límite máximo, a la elevación de la temperatura media de la tierra, los 2º Celsius.
Manifiestan que alcanzar ese valor “es inaceptable y tendrá consecuencias catastróficas”, dado que ya es observable la ocurrencia de “eventos climáticos extremos” en la retrospectiva de los últimos diez años, “que afectó especialmente a los países más pobres” y que las metas de reducción de las emisiones de dióxido de carbono y otros gases de invernadero, según “el criterio científico universalmente reconocido”, deben alcanzar para el año 2020 los niveles de, al menos 45 % y no inferiores al 80 % para el año 2050.
Paradójicamente, éste discurso de las inminentes consecuencias catastróficas del supuesto futuro calentamiento global, y con las mismas cifras, es el utilizado por los países imperialistas, precisamente para urgir a los países del Tercer Mundo, a la firma de tratados internacionales que, de ser firmados, efectivamente causarían catastróficas consecuencias a nuestros países.
Aquel guarismo, de 2º C, es el que precisamente se mencionaba en el llamado “documento danés” que se filtró al periódico inglés The Guardian. El texto completo contenía además, otras propuestas más que inaceptables .
Este texto era el “proyecto secreto” del acuerdo que el grupo de los países imperialistas pretendían que firmaran los países del Tercer Mundo. Había sido redactado por la compañía PricewaterhouseCoopers, como colofón de la reunión de empresas interesadas en los negocios “verdes”, celebrado en mayo del 2009 y distribuido entre los hombres de confianza del círculo íntimo del sistema imperialista.
Esta reunión, que se llevó a cabo en Copenhague entre los días 24 y 26 de mayo, fue organizada por los líderes de las grandes corporaciones empresarias. El evento fue denominado “La Cumbre de Negocios Globales sobre Cambio Climático”. Asistieron los principales ejecutivos de las grandes corporaciones, así como Al Gore y Ban Ki Moon Secretario General de la ONU. La ministra de Clima y Energía de Dinamarca, Connie Hedegaard, señaló que “nosotros, los políticos del mundo tenemos la responsabilidad de alcanzar un verdadero acuerdo sobre cambio climático en diciembre de 2009 en Copenhague. Pero es la sociedad empresaria la que puede proveer las herramientas para que ésta visión se convierta en realidad. Los negocios pueden suministrar las soluciones inteligentes para hacer posible la vida en una sociedad a la vez moderna y sustentable.”[1]
Todo esto tiene poco que ver con el medio ambiente y mucho de programa financiero para maximizar ganancias. Incluía límites desiguales en cuanto a la emisión carbónica para el año 2050: los países imperialistas podrían emitir hasta casi el doble de lo que podrían emitir los países del Tercer Mundo. Además se proponía la realización de auditorías independientes a éstos países, para controlar el estricto cumplimiento de las emisiones pactadas en el tratado.
Pero eso no era todo: lo peor era que se proponía que la financiación de la llamada “ayuda para la lucha contra el cambio climático”, que cancelaría la así llamada “deuda climática”, se obtuviera a partir fondos provenientes de impuestos a la emisión de dióxido de carbono que todos los países firmantes deberían pagar y confiar al Banco Mundial, quien emitiría los créditos y que junto con otras nueve organizaciones privadas formaría parte del “Fondo Ecológico Global”, a quien se le planea entregar el control de los recursos naturales del planeta.
Esta es la verdadera “trampa”. La Décimo Quinta Conferencia de las Partes (COP 15) de la Convención Marco de la Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que se desarrolló en Copenhague, Dinamarca, no tiene nada que ver con el clima, sino con la “guerra por los recursos del planeta” y Copenhague fue una de las batallas de la misma.
Este grosero, burdo y descarado borrador de propuesta de los países imperialistas, mereció el repudio inmediato de los países del Tercer Mundo, al trascender su contenido gracias a lo que podría catalogarse como una acción de “espionaje”.
También puede llamarse de esa manera a las revelaciones de los vergonzosos contenidos de los e-mails copiados del C.R.U. (Unidad de Investigación del Clima británico) difundidos por un hacker anónimo, el 19 de noviembre, unos días antes de la realización de la cumbre en Copenhague, en donde llega al conocimiento del público, lo que se le ocultó durante todo el tiempo: que el IPCC amaña los datos sobre el clima y que no hay tal consenso entre los científicos. Como consecuencia del escándalo, la justicia británica inició una investigación y debió renunciar a su cargo el Director del C.R.U. Phil Jones.[2]
El amaño de datos del IPCC y la falta de consenso entre los científicos del clima ya había sido denunciado por nosotros en el artículo de mi autoría “Acerca de la así llamada Teoría del Calentamiento Global” (versión en pdf), publicado en enero de 2009 en nuestra página www.izquierdanacional.org
Al Gore no acepta debates, a pesar de que ha sido reiteradamente desafiado a hacerlo por distintos y distinguidos científicos que refutan la teoría del calentamiento global antropogénico. Su argumento para el constante rechazo es siempre el mismo: “la ciencia está establecida”.
Los científicos que osan refutar la teoría son llamados de diversas maneras: escépticos, negacionistas, etc.
El escepticismo es la actitud esperable del científico ante la formulación de una nueva teoría científica. Tratará por lo tanto, de validar o rechazar la teoría mediante la comprobación empírica.
Un científico no “niega” una teoría, trata de comprobarla, si encuentra evidencia que no la comprueba, rechaza la teoría que se verifica como falsa.
La ciencia no puede estar “establecida”, eso significaría el fin de la ciencia, ya no habría investigación, ningún avance sería ya posible ni necesario, ya se sabría absolutamente todo. Suena parecido al “fin de la historia” ¿No es cierto?
Los interrogantes que generan éstas actitudes de Al Gore y de sus seguidores, considerando que ellos creen que hay una certeza tan grande al respecto, son: ¿Por qué no aceptar un debate público con los negacionistas y humillarlos con tan profunda sabiduría? ¿Por qué no enfrentar a los escépticos, dotados de tan sólidas evidencias, avergonzarlos públicamente y obligarlos a reconocer su error?
El científico británico Christopher Monckton, ante la negativa de Gore a debatir el tema, difundió un escrito donde demuestra que en la archidifundida película Una verdad Incómoda, que mereció el Oscar de Hollywood, hay “35 errores científicos inconvenientes”.[3]
El más importante de esos errores es precisamente, afirmar que el aumento del dióxido de carbono en la atmósfera causa el aumento de temperatura. La causalidad es la inversa: aumentos de temperatura que ocurren en el planeta debido a un incremento en la actividad solar producen con posterioridad un aumento del contenido de dióxido de carbono en la atmósfera. Esto fue comprobado al analizar información paleo climática obtenida de probetas de hielo de la Antártida.
Esto es conocido por los geólogos quienes nos advierten de que en la edad geológica de la tierra (5.000 millones de años), hubo contenidos atmosféricos de dióxido de carbono, mucho más alto que los actuales (400 ppm), hasta 17 veces, 7000 ppm en el Cambriano, 600 millones de años atrás, y 11 veces en el Ordovícico 4400 ppm, 450 millones de años atrás, cuando hubo una Era Glacial.
La pregunta que nos hacemos es ¿Por qué el dióxido de carbono se comportaría en forma diferente en el presente? La única explicación lógica es que si el CO2 no fue causa de calentamiento en el 99,99 % de la vida geológica de la tierra, tampoco lo es ahora.
Los astrónomos también saben que en estos últimos 200 años en que efectivamente hubo un calentamiento global en la Tierra, del orden de 2º Celsius, también lo hubo, y de la misma magnitud, en los vecinos planetas de Marte y Venus, donde no hay civilizaciones industriales que puedan generar incrementos de dióxido de carbono, pero que sí están bajo la influencia de los ciclos solares, al igual que nuestro planeta.
En el año 1990 el IPCC presentó dentro de sus informes un gráfico en donde se podían apreciar las variaciones de la temperatura media de la tierra desde la última Era Glacial hace 12.000 años.
Allí se observaba que hace 6.000 años atrás se había producido el Calentamiento Holoceno, con temperaturas superiores a las actuales en 3ºCelsius, luego hubo otro calentamiento llamado Romano 200 años AC, con temperaturas superiores en 2º Celsius a las actuales y en el año 1.100 DC se produjo el Calentamiento Medieval con también 2º Celsius superior a las temperaturas actuales. Aquellas condiciones permitieron a los vikingos colonizar Groenlandia (Greenland) Tierra Verde, nombre debido obviamente a la ausencia del manto de hielo que hoy la cubre.
Los vikingos debieron abandonar sus colonias cuando se produjo el enfriamiento llamado la Pequeña Edad de Hielo, de la cual nos estamos recuperando ahora, ocurrida entre los años 1.500 y 1.800, también registrada, en el gráfico del IPCC de 1990, con temperaturas medias de 2º Celsius menores a las temperaturas actuales.
Hay evidencia arqueológica de los asentamientos vikingos y de su retirada. Hay evidencias históricas del cultivo de viñedos en la cercanías de Londres y en Polonia, en la Edad Media, donde ahora no se lo puede hacer debido al frío, pero no hay evidencias arqueológicas, ni registro histórico de desastre natural alguno, ocurridas en aquellas épocas, como las que el IPCC está pronosticando, en forma alarmista, para incrementos de temperatura similares a los ya acaecidos en la historia del planeta, en épocas en que obviamente no existía una civilización industrial.
El IPCC esquiva estas obvias conclusiones mediante la difusión de un gráfico elaborado por Michael Mann en 1998, conocido como “el palo de hockey”, en donde se “borran” el Período Cálido Medieval y la Pequeña Edad de Hielo. Este gráfico fue denunciado como fraudulento por los científicos canadienses MacIntyre y Mackitrick, pero la denuncia fue desestimada por el IPCC.
Como vemos, no las tienen todas consigo. Por eso Gore y su banda esquivan los debates. Temen hacer un papelón, por eso prefieren las “apelaciones a la autoridad científica” del IPCC.
Sabemos que los 2.500 científicos que integran el plantel del IPCC, así como todo el personal de todas las burocracias creadas alrededor del mundo que trabajan, difunden, investigan y ejecutan tareas vinculadas al “calentamiento global” están incluidos dentro del sistema de lo que yo llamo “mecenazgo” del IPCC.
Se comprende que en la medida en que los estudios, investigaciones, informes, etc, de éste conjunto de personas dentro del sistema beneficiado por el “mecenazgo”, arrojen los resultados esperados por el IPCC, sus fuentes de trabajo serán “sustentables”, es decir perdurables en el tiempo.
Por lo tanto no puede esperarse, de éstos científicos informes divergentes con la verdad impuesta desde el poder, salvo el caso de algún “arrepentido” o algún valiente, que siempre los hay.
Fuera del sistema del “mecenazgo” del IPCC, hay por supuesto muchos más científicos que los 2.500 del plantel del IPCC. Para impedir que la producción de éstos científicos pueda llegar a falsear la teoría oficial, han montado un sistema defensivo, que en términos futbolísticos podríamos denominar, “5 en el fondo y 4 en el medio” (están ganando 1 a 0 con el gol que hizo Al Gore y pretenden mantener el cero en su meta). Una investigación, para ser publicada en revistas científicas que el IPCC considera “serias”, debe ser sometida a la “revisión de pares” (peer-review, en inglés). Es decir el editor de la revista envía para su revisión, la investigación candidata a ser publicada, a “pares” elegidos por el IPCC, lo que garantiza que se producirá el necesario “rechazo” del sistema defensivo, si el proyecto se opone o pone en duda la teoría oficial del IPCC, con el argumento de que “no califica” o que “no es pertinente”.
Como vemos, el IPCC de científico no tiene nada, es un organismo político de la ONU, destinado a “bajar la línea políticamente correcta” a todos los gobiernos del mundo, a sus Ministerios y/o Secretarías de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable, a todas y cada una de las oficinas y organizaciones de Meteorología, Universidades y Centros de Investigación, de todo el planeta.
Es decir no hay debate posible, es la “verdad científica impuesta desde el poder”.
Esta “verdad” científica impuesta es la que conviene por supuesto, al imperialismo, del cual la ONU es uno de sus instrumentos.
Las razones de estas maniobras fraudulentas son transparentes: la posibilidad de seguir adelante con un fraude mucho mayor aún que la fabulosa estafa de los derivativos como el del “crédito hipotecario para el negro de Alabama”, que hizo estallar la burbuja de Wall Street, y será llevada a cabo por el mismo grupo de estafadores.
El sistema de comercio de emisiones de dióxido de carbono está en constante crecimiento y se pronostica que su mercado podría llegar a ser el doble que el del mercado de petróleo, en la próxima década.[4]
Los conglomerados financieros que ya han tomado posiciones, son los estafadores globales de JP Morgan Chase, Bank of America, Merrill Lynch, Barclay`s, Citi Bank, Nomura, Societè Genèrale, Morgan Stanley, Goldman Sachs, y por supuesto PricewaterhouseCoopers, quien junto con Enron y Arthur Andersen fueron pioneros en el negocio del comercio de emisiones y que trabajando al mismo tiempo como contadores y consultores para las firmas emisoras de CO2, obran como verificadores de los proyectos de reducción de emisiones. Estos conflictos de interés estaban ya en los orígenes de los escándalos de Enron y Arthur Andersen.
Por supuesto que la legitimidad de éste comercio reside en la legitimidad del “Consenso sobre el Calentamiento Global”.
Consenso que ya hemos visto es inexistente. Los políticos pueden llegar a un consenso, pero ese concepto es impropio para la ciencia, donde una teoría es cierta o falsa, no puede ser sometida a votación.
Muchos de los científicos del clima que rechazan los procedimientos y conclusiones del IPCC, se organizaron en un Panel Internacional Nogubernamental de Cambio Climático, el NIPCC.
El último documento que emitieron, el “Global-NIPCC Final Report 2009, de junio de 2009, es un compendio de estudios e informes de científicos “escépticos” que consta de 855 páginas, las últimas 100 contienen las listas de los 31.478 científicos que firmaron el “Petition Project” presentado al gobierno de los EEUU por el Dr. Frederick Seitz, ex Director de la Academia de Ciencias de los EEUU, donde declara que “el Protocolo de Kyoto no tiene fundamento científico cierto”. Para los que estén interesados, tenemos éste documento en un archivo pdf, a disposición.
Pero además de los oscuros negocios del comercio de emisiones, el imperialismo tiene propósitos aún más oscuros: el establecimiento de un férreo control sobre los recursos del planeta, de manera de evitar el desarrollo industrial del Tercer Mundo y por ende lograr la reducción de su población, a través de un “genocidio silencioso”.
El propuesto control de las emisiones de dióxido de carbono, mediante la realización de auditorias “independientes” a los países signatarios del pacto, obraría en forma similar a los controles de la AIEA, la Agencia Internacional de Energía Atómica de la ONU. Es decir, mientras ésta última practica la política de “desarmar a los desarmados”, este nuevo ente de fiscalización propuesto por la ONU, practicaría la política de “subdesarrollar a los subdesarrollados”.
Los intentos de último momento de llegar a un acuerdo en la Cumbre fueron bochornosos, los países imperialistas con EEUU a la cabeza, trataron de forzar a los países del Tercer Mundo a firmar como un consenso de la Cumbre, el proyecto presentado por Obama.
China se negó a jugar el papel que los EEUU pretendían que jugara, el del G-2, es decir, un acuerdo espurio y antidemocrático entre los dos países erigidos en líderes virtuales de la humanidad. Hubo una búsqueda desesperada de Obama para encontrarse a solas con el presidente chino Hu Jintao, quien lo esquivó en reiteradas oportunidades. Sin el apoyo chino el ataque de Obama perdió consistencia.
Entonces los países del Tercer Mundo resistieron y no aceptaron el atropello. Fue un desenlace triunfal para el Tercer Mundo: derrotaron al imperio en la batalla de Copenhague. Celebremos que no se firmó nada vinculante.
Los países del Tercer Mundo estamos ganando algunas batallas en ésta “guerra por los recursos del planeta”, en donde el imperio utiliza todas las opciones para el logro de sus fines, desde la invasión directa como en Irak y Afganistán, hasta éste colosal fraude del “calentamiento global”, en donde pretendieron que firmáramos nuestro propio certificado de defunción: limitar las emisiones de dióxido de carbono que son las emisiones industriales por excelencia, donde las que más emiten son la siderurgia y la cementera, precisamente las industrias más demandadas en los países como los nuestros en desarrollo.
En Copenhague se pudo verificar otra vez, que el imperialismo está perdiendo poder en forma paulatina sobre el mundo en desarrollo. Su poderoso aparato bélico se empantana en Irak y Afganistán, no logra vencer la heroica resistencia de los pueblos agredidos y tampoco puede forzar a representantes del Tercer Mundo a firmar éstos tratados nefastos. Esto era impensable unos pocos años atrás.
El imperialismo acusó el impacto: los medios en general calificaron al resultado de la Cumbre como un fracaso. Por supuesto que utilizando las formas de la usual hipocresía: “Seguimos sin un acuerdo para salvar el planeta” es el título de un artículo de Joseph Stiglitz, publicado en Clarín el 8 de enero de 2010. Pero su verdadera preocupación está en la frase donde expresa que “Las consecuencias del fracaso ya se pueden ver: el precio de los derechos de emisiones del Sistema de Intercambio de Emisiones de la UE ha caído.”
El temor del imperialismo es que los escándalos del C.R.U., que es el principal proveedor de información del IPCC, y lo filtrado del documento danés, comiencen a afectar la credibilidad en la solidez de los negocios “verdes”.
En ésta Cumbre volvió a evidenciarse que ésta supuesta preocupación del imperialismo por “salvar al planeta” no es más que una hipócrita fachada que oculta los verdaderos intereses y propósitos.
No hay menciones ni recomendaciones para otros temas ambientales más que para el “calentamiento global”, el cual se ha convertido en una verdadera industria.
No se menciona, por ejemplo, el desastre ambiental producido por las intervenciones militares imperialistas sobre poblaciones del Tercer Mundo, con el objeto de apoderarse de sus recursos. La utilización de proyectiles perforantes de uranio empobrecido hace que el efecto nocivo continúe por mucho tiempo luego del conflicto, lo que agrava la situación de emergencia sanitaria provocada al colapsar, debido a los destrozos provocados por los bombardeos “inteligentes”, los sistemas de suministro de aguas corrientes, de energía eléctrica y desechos cloacales.
No se menciona la utilización masiva que hacen del agua las industrias imperialistas en Africa y América Latina, como en el caso de la minería, privando y/o limitando a la población lugareña del vital elemento.
No se mencionan los efectos que pueden provocar las industrias mineras imperialistas que hacen lixiviado con cianuro e instalan diques de cola en zonas sísmicas, en América Latina.
No se mencionan los efectos que produce en la fauna marina, la pesca depredadora que hacen las flotas de los países imperialistas.
No se mencionan las experiencias e investigaciones para la utilización del clima con fines bélicos. Nada se dice del Proyecto 2025 de la Fuerza Aérea de los EEUU.[5]
A los países imperialistas sólo les interesan los negocios y por ello deben asegurarse el acceso a los recursos de todo el planeta, para lo cual necesitan dar otra vuelta de tuerca a la “gobernabilidad” del Tercer Mundo, se preparan para otro ataque en diciembre de éste año en México, donde se celebrará la próxima “Cumbre de Cambio Climático”.
Los países del Tercer Mundo seguiremos defendiendo nuestro derecho al desarrollo que es el que el imperialismo viola de muchas maneras: la del fraude del “Calentamiento Global” es una más.



