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  • Artículo cargado el 17/02/2009 - 12:30

Kovadloff y la estrategia del blanco móvil

Continúa la ofensiva ideológica terrorista y antidemocrática que amenaza con imponer en la Argentina la penalización de la llamada “negación del Holocausto” .
En el día de hoy, jueves 13 de febrero, el diario La Nación dedica toda su página 15 y parte de la 14 (el editorial del diario) al tema.

Lo más sustantivo es la nota que firma Santiago Kovadloff, y que se titula “Retrato del antisemita actual”.

Kovadloff parace en el comienzo sostener una tesis correcta. Dice lo siguiente: “Es antisemitismo la decisión de considerar ciudadanos israelíes a quienes, sin dejar de ser judíos, son ciudadanos argentinos”. Y agrega: “Para el antisemita actual el judío ha dejado de ser un apátrida. Ahora tiene patria, y esa patria es Israel”.

Uno puede suscribir las palabras de Kovadloff. Siguiendo a Zygmunt Bauman, uno puede decir que la “madre de todos los errores” respecto de la cuestión judía es lo que se denomina “alosemitismo”. Es decir, considerar al judío “un otro”. Del alosemitismo se pueden derivar dos posturas: 1) el antisemitismo, es decir, el odio al judío, a quien se considera un “otro” no sólo “diferente” sino perjudicial para sus semejantes no judíos; 2) el filosemitismo, es decir, el amor al judío, a quien se considera un ser “diferente” pero virtuoso (más inteligente y bondadoso que el común de los mortales). Los nazis son el ejemplo paradigmático del antisemitismo. Los sionistas son el ejemplo paradigmático del filosemitismo. Nazis y sionistas coinciden en creer en la singularidad del judaismo, ya como expresión del “infiltrado disolvente” o del “pueblo elegido”. Es esta coincidencia la que llevó a que nazis y sionistas colaboraran en el propósito compartido de trasladar fuera de Europa a los judíos.

Frente al alosemitismo en sus dos versiones, lo que corresponde es subrayar que judía es aquella persona que profesa la religión judía. Esto no la hace ni mejor ni peor que otras personas. Si esa persona es argentina, entonces es tan argentina como un argentino no judío, sea éste cristiano, ateo, musulmán, etc Es decir, un argentino judío no es un “otro” o un “extranjero” . No existe una raza judía, una etnia judía ni un pueblo judío (salvo que se entienda por este último al pueblo hebreo habitante en Palestina desde tiempos inmemoriales y hoy bajo la cobertura estatal de Israel; pero esta acepción del término excluye obviamente a las comunidades judías de lo que los sionistas denominan “diáspora").

Dicho lo anterior, parecería entonces que Kovadloff sostiene una posición correcta respecto de la cuestión judía. Pero no es así. Los argumentos de Kovadloff, en el contexto de su discurso, sirven a lo que podría denominarse “estrategia del blanco móvil” sobre la identidad judía. ¿En qué consiste esta estrategia discursiva? En mantener deliberadamente indefinida la identidad judía (del mismo modo que Israel mantiene indefinida la delimitación de sus fronteras) de modo que siempre se la pueda definir de un modo o de otro conforme las necesidades políticas coyunturales del sionismo, que no son otras que las de controlar ideológicamente a las comunidades judías del mundo entero poniéndolas a disposición de los intereses del Estado de Israel.

Si Kovadloff creyera realmente que una cosa son los intereses estatales de Israel y otra muy diferente la identidad judía, ¿por qué escribe lo siguiente?: “Hay funcionarios del oficialismo que operan como antisemitas confesos”. Se trata de una mentira absoluta, puesto que ningún funcionario del oficialismo ha operado como “antisemita confeso”. Ni D’Elía, que además de no ser funcionario se ha manifestado expresamente contra el Estado de Israel pero no contra la comunidad judía argentina, ni tampoco Lubertino, que tras su tímida descripción de lo que hace Israel en Palestina se acobardó hasta el punto de encabezar por encargo de la DAIA la campaña sobre el falso “brote antisemita”. Si Kovadloff creyera realmente que una cosa es Israel y otra diferente la identidad judía de muchos argentinos, ¿por qué escribe “el antisemitismo iraní del cual es vocero Mahmoud Ahmadinejad” ? El presidente iraní ataca reiteradamente al sionismo y al Estado de Israel, al que por otra parte no propone destruir sino trasladar a una región de Europa, fuera de Medio Oriente. ¿Por qué llamar “antisemita” a quien propone desmontar la entidad sionista construida en Palestina en 1948? ¿No nos dice Kovadloff que una cosa es Israel, con sus ciudadanos israelíes, y otra muy diferente son los judíos, algunos de los cuales son ciudadanos argentinos? Conforme esta afirmación, ¿no es obvio que quien ataca a Israel es “antiisraelí” y no antisemita?

Pero donde Kovadloff pone de manifiesto toda su malicia es en el párrafo final de la nota publicada en La Nación. Sugiero leerlo con atención porque es un ejemplo magnífico de cómo se manipula el lenguaje para decir una cosa aparentando decir otra.

Dice Kovadloff: “El pueblo palestino, cuyo derecho a contar con un Estado propio no sólo se ve trabado por su interminable conflicto con Israel, sino también por la hipocresía de muchos dirigentes árabes y por la instrumentació n perversa que de su aflicción y de su causa hace el terrorismo islámico, dispuesto a seguir utilizándolo como rehén y carne de cañón en su ciego afán de terminar con la existencia de Israel”.

¿No revela este párrafo que a Kovadloff, so pretexto de defender a los judíos argentinos de quienes los consideran ciudadanos israelíes, lo único que le importa es defender a Israel y atacar a los palestinos?

Empieza por conceder retóricamente (¡hasta Bush lo ha hecho!) que los palestinos tienen derecho a un Estado propio. ¿Y por qué no lo tienen entonces? Primero, porque ellos, los palestinos, están trabados en “un conflicto interminable con Israel”. Segundo, porque ellos, los palestinos, son manipulados por los “hipócritas dirigentes árabes”. Tercero, porque ellos, los palestinos, son usados por “el terrorismo islámico”, que se empecina en “terminar con la existencia de Israel? Es decir, en el discurso de Kovadloff, Israel no tiene responsabilidad alguna en la inexistencia del Estado Palestino. La responsabilidad es exclusivamente de los palestinos, de los árabes y de los islámicos.

Realmente, leyendo lo que escriben algunos judíos argentinos como Kovadloff hay que concluir que se necesitará mucha paciencia para demostrarles a los “alosemitas” que la comunidad judía argentina es independiente de los intereses israelíes.

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Comentarios:

Santi dijo:

Excelente. Clarísimo. Es uno de esos textos que te abren la cabeza.

Enviado el 02/10/2009 a las 01:07

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