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  • Artículo cargado el 24/09/2009 - 01:34

Honduras: resistencia popular e impotencia política

Juan Manuel LucasSocialismo Latinoamericano

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Atrincherado en la embajada de Brasil, Mel Zelaya, presidente constitucional de Honduras, permanece esperando un rotundo giro en la situación interna en Tegucigalpa que le permita forzar las negociaciones con los golpistas.

Obligado por una situación internacional que, más allá de las típicas duplicidades norteamericanas, condenó unánimemente el golpe, pero ahogado frente a una situación interna caracterizada por el ocaso paulatino de la resistencia contra el golpe, Zelaya logró apoyarse en el influyente liderazgo brasileño para retomar la iniciativa política.

De pronóstico incierto, el inestable y cambiante proceso hondureño reposa sobre un factor que se constituye, simultáneamente, en la principal fortaleza de Micheletti y sus secuaces, y en la más notable debilidad de Zelaya: la ausencia de una organización política popular con la capacidad concreta de incidir en las relaciones de poder hondureñas.

Esta ausencia es la que permite comprender las constantes tribulaciones de Zelaya frente al golpe, la inorganicidad y espontaneidad de la resistencia popular, y la homogeneidad y el monolítico control que el bloque oligárquico mantiene sobre las fuerzas armadas. 

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Comentarios:

Carlos A. Zelada dijo:

Las “tribulaciones” de Zelaya son el fruto no querido del voluntarismo polìtco. No son las buenas intenciones que, segùn se dice, està tapizado el camino al Infierno, sino la inteligencia de las implicancias que tiene una situaciòn la que debe determinar una polìtica.Es la Responsabilidad de un Gobierno que debe dar cuenta ante sus ciudadanos de los resultados y no de sus intenciones lo que debe alumbrar el derrotero de su acciòn, no su legitimidad que, a la luz de la evoluciòn humana nadie podrìa discutir.

Somos todos hijos de la Tierra. No hay “Elegidos” y “Rèprobos” como en el discurso bìblico porque no hay un Dios ni Creador ni Rector de la vida de la Especie, aunque esto sea un axioma necesario para la vida polìtica, no una verdad constatable.
Todos tenemos “derecho” a la vida. En eso està la substancia de la Igualdad que, aunque tergiversado por el Poder, se expresa en la Democracia. Pero no ciertamente en la Democracia como Institucionalidad. No porque ello sea un tema menor, sì porque Democracia quiere decir Mayorìas. Tan simple como eso. Y se parte del presupuesto que la Derecha siempre niega con la socorrida metàfora de las moscas, que la mayorìa siempre tiene razòn y eso es simplemente porque la mayorìa desea vivir, ganarse el pan buenamente y no sueña con el Olimpo del Poder omnìmodo.

Manuel Zelaya como bien dice el artìculo de Juan Manuel Lucas, solo funda sus pretensiones de hacerse con el Poder en la inoganicidad de sus seguidores. ¡Pensò acaso ser un nuevo Bonaparte desembarcando en Honduras como el Corso lo hizo en San Juan de Acre?

Pero, desde aquì, desde Argentina, todo eso, aunque no guste a quienes fundan sus legìtimos sentimientos en la Voluntad, nos debiera tener sin cuidado. Son las implicancias que la actitud de Zelaya, empujado por quienes piensan que las “ideas” son las que gobiernan al mundo y no el poder puro y simple, las que debieran preocuparnos.
“Al entrar en el Consejo de Seguridad, el tema entrò en la habitaciòn del capìtulo sèptimo.” transcribe la nota de Pàgina 12 del 27.09.09 de Santiago O’Donnell—Hundidos en Honduras -

(...) “La Organizaciòn de Estados Americanos sirviò  de pantalla para los Marines que invadieron Santo Domingo den 1965, pero en la actualidad no existe ninguna disposiciòn en el sistema de la OEA que contemple el uso de la fuerza. (...)En cambio el Consejo de la ONU si la tienes, el famoso capìtulo sèptimo, pero cuando lo usò lo hizo para intervenir en conflictos armados, no para resolver crisis institucionales, mucho menos en un pequeño paìs como Honduras.” es tambièn un fragmento del interesantìsimo artìculo de O’Donnell.

Nos preguntamos ¿Estaremos convalidando la intervenciòn extranjera en nombre de la “Democracia”? Cuando veas las barbas de tu vecino cortar….pon las tuyas a remojar. 

El Fin de los Gobierno no es preservar un sistema polìtico, ni aun los “derechos humanos” que a lo largo de la Historia, aun en el presente se siguen ignorando olìmpicamente. El cargo de los gobiernos, de los de ayer, de los de hoy y de los futuros, es preservar la libertad que hace posible la vida y administrar con tino los bienes que permiten la continuidad històrica de una naciòn.

Enviado el 29/09/2009 a las 11:49

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