- Editorial
- Artículo cargado el 17/06/2010 - 01:32
Hacia la construcción del partido revolucionario de la Izquierda Nacional
Si una enseñanza arrojan los acontecimientos de diciembre de 2001 y la restauración conservadora del período siguiente, es que una fuerza emergente, encaminada a abordar las tareas nacionales, democráticas y antiimperialistas, se construye por fuera del sistema político que constituyen las grandes maquinarias electorales del oficialismo y la oposición
Néstor Kirchner apuesta ganar las próximas presidenciales en la primera vuelta. Calcula que puede alcanzar un 40% de los votos y que la oposición no llegará a unirse en una fuerza que supere el 30%. Sabe muy bien que en una segunda vuelta no tiene posibilidad alguna. A tales fines, el gobierno ha puesto en marcha una política de reactivación vía aumento del gasto público, tratando de compensar, a través de programas sociales, el impacto del ajuste regresivo que descarga sobre las capas más pobres la inflación originada en la estructura monopólica que encorseta a la economía argentina, mientras renuncia a imponer, como en el pasado, un tope a la negociación salarial. En la Casa Rosada confían en el curso de recuperación de los precios internacionales de los productos primarios, en especial la soja, y en la excepcional cosecha de la presente campaña.
En marzo pasado, Néstor Kirchner ha afirmado en Chaco, al reasumir la jefatura del Partido Justicialista, que el oficialismo está dispuesto a gobernar hasta el 2020. Posiblemente el ex presidente crea que ese es el tiempo que se necesita para consolidar el actual modelo. Pero, ¿qué es este modelo?
El statu quo semicolonial
El kirchnerismo, gobernante en los últimos siete años, no ha alterado los fundamentos del statu quo semicolonial, consolidados tras tres décadas largas de retroceso nacional, marcados por la contrarrevolución del 76, el democratismo continuista del alfonsinismo y la revolución conservadora del menemismo y la alianza de radicales y progresistas. En estos últimos siete años el proceso de concentración y extranjerización del capital no ha dejado de aumentar, al igual que la concentración de la propiedad agraria; los recursos estratégicos decisivos como el petróleo y la minería, lo mismo que ramas claves de la economía siguen en manos del capital imperialista; la estructura impositiva mantiene un marcado sesgo regresivo que pesa fuertemente sobre la distribución del ingreso; el Estado sigue pagando una deuda externa, ilegítima y fraudulenta, negando todo intento de investigar su legalidad…
Profunda crisis de representatividad
El kirchnerismo es producto de la crisis político-institucional en que derivó el colapso del programa neoliberal en diciembre de 2001, capítulo local de un alza de masas que introdujo apreciables modificaciones en el balance de poder en América del Sur. Esto quiere decir que sobre el desenvolvimiento de su política gravita una determinada correlación de fuerzas. Esa correlación es producto de un desenlace hasta cierto punto previsible de los acontecimientos. El movimiento insurgente que se llevó puesto al gobierno de Cavallo-De la Rúa dejó las cosas a medio hacer. Lejos de la existencia de un complot, explicación que suscribieron los conservadores de todo pelaje, fue una masiva movilización de trabajadores, pequeños empresarios arruinados, ahorristas estafados, desocupados… lo que dejó al desnudo la profunda crisis de representatividad que envolvía al conjunto del orden institucional; crisis reflejada en la consigna “Que se vayan todos”. Una parte de la sociedad argentina estaba harta de quienes se repartían invariablemente el poder. Sin embargo, el componente espontáneo que dio fuerza arrolladora a las masas en las calles, encerraba al mismo tiempo los límites del levantamiento. Aquellos que ya no estaban dispuestos a seguir soportando el peso aplastante de la usura financiera, la explotación de los monopolios, la venalidad gubernamental y la corrupción de los políticos profesionales, carecían de una dirección, una organización y un programa que elevase el movimiento de rechazo a la condición de voluntad colectiva. Se creó de esta forma un vacío político que no podía permanecer como tal: si la cuestión del poder no la resolvían los de abajo que se habían revelado, habrían de resolverla necesariamente los de arriba, que a pesar de todo mantenían sus posiciones. El reflujo sucedió a la insurgencia y la restauración del antiguo orden cerró por un período la crisis. Sin embargo las cosas no fueron igual que antes. El programa de los 90’ estaba definitivamente agotado; los negocios del capital imperialista radicado en las finanzas y las empresas de servicios públicos privatizadas, fue desplazado en el círculo dominante por los intereses de la gran burguesía exportadora, con eje en la agroindustria y en las corporaciones fabricantes de insumos básicos. Por lo demás, el movimiento popular, incapaz aún de resolver problemas estratégicos, logró, eso sí, afirmar líneas de resistencia a la espera de una nueva oportunidad.
Lo que el kirchnerismo decidió ignorar
Se crearon de este modo las condiciones para una suerte de curso neodesarrollista, cuya expresión inicial fue el programa de Lavagna en el gobierno de Duhalde, y luego los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Cuando se dice que estos gobiernos son producto de la nueva relación de fuerzas se está diciendo, entiéndase bien, que hay un punto más allá del cual no pueden retroceder a riesgo de poner en crisis su propia estabilidad. Otra historia son las posibilidades que hacia adelante había abierto la crisis y que el kirchnerismo decidió ignorar. Alguno de sus militantes, los que quieren la profundización del programa, advierten que es el presente balance del poder la que le impide al gobierno avanzar. Algo similar decían en los 80’ los jóvenes de la Coordinadora acerca del gobierno de Alfonsín. Pasan por alto el hecho de que en mayo de 2003 las repercusiones de diciembre de 2001 no estaban clausuradas, al punto que Duhalde, para sostenerse en el gobierno, tuvo que convocar a elecciones anticipadas. En esas elecciones Kirchner apenas sacó el 22% de los votos, dos puntos menos que Menem. ¿Esa magra performance fue debido a que el programa era demasiado avanzado o, simplemente, a que no estaba a la altura de la nueva situación que habían creado la insurgencia popular al poner fin al ciclo neoliberal? Lo cierto es que desde un primer momento el kirchnerismo decidió consolidarse en la relación de fuerzas existente, sin afectar ninguno de intereses estratégicos que definen la condición semicolonial del país.
Construir por fuera de la “maquinaria” política
Si una enseñanza arrojan los acontecimientos de diciembre de 2001 y la restauración conservadora del período siguiente, es que una fuerza emergente, encaminada a abordar las tareas nacionales, democráticas y antiimperialistas, se construye por fuera del sistema político que constituyen las grandes maquinarias electorales del oficialismo y la oposición. Se construye con los métodos de los trabajadores y el socialismo en el curso de un proceso dirigido a producir un realineamiento de masas en torno a un Frente Nacional de todas las clases y grupos sociales opuestos al imperialismo y a sus socios del gran capital nativo; proceso que tiene por capítulo central la organización de un partido revolucionario de los trabajadores y todos los explotados. Esa es la tarea fundamental de Socialismo Latinoamericano –la Izquierda Nacional– en el presente período histórico. En la próxima crisis del orden establecido las masas no sólo rechazarán lo que ya no están dispuestas a soportar, tendrán un programa, una organización y una dirección dispuesta a luchar por el poder para enterrar definitivamente el largo ciclo de sufrimiento, explotación y sometimiento que significaron más de tres décadas de contrarrevolución.
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Comentarios:
mariano dijo:
La conclusion,es decir la construccion del Partido Revolucionario de la Izquierda Nacional,incluso su nombre me parece,pues indica varias cuestiones que no voy a relatar en estas lineas,de gran y fundamental importancia.Creo que por un tiempo deberia ser una especie de titular o sub-titulo permanente del periodico.(tal vez con algun agregado de la situacion politica presente).
Tambien dire que la necesidad del instrumento revolucionario de la clase obrera y del pueblo no emerge de la logica claudicacion del kichnerismo,sino que hunde su necesidad en lo profundo de la historia.Los acontecimientos de masas que hacen cimbrar las estructuras nos hacen recordar la necesidad de la direccion revolucionaria.Y esta es a mi poco entender la primera leccion de la historia,que singluarmente nos proveen los propios actores de dichos acontecimientos,es decir las masas populares en lucha.
Los justicialistas,los izquierdistas “democraticos”,es decir los stalinistas,han olvidado el analisis de clase.Ya ni siquiera cipayos son.Voy a dar un ejmeplo.Y me ubico yo mismo.Por mi lejania geografica y tambien comunicacional de los acontecimientos que dieon por tierra el gobierno del gentleman conservador de De La Rua,tal vez nunca hubies podido alcanzar una explicacion revolucionaria de tales sucesos. Tanto los escritos de Calello o Cangiano,y ahora los de la Izquierda Nacional,al colocar las masas populares
en el centro de la accion,por un tiempo claro esta,me sirven para explicar los futuros avatatres de la historia policica.Para los nuevos Jp y demas,incluso para algunos compaeños de la izquierda nacional las masas populares no existen.Sin embargo fueron estos anonimos,como siempre,y no el intelecto,el que echo por tierra al neoliberalismo.
Lo que intento decir,es que no habeis abandonado el analisis de clases.Y eso constituye un acto rrevolucionario.Me siento tranquilo.La victoria esta asegurada.Mariano. Viva el PRIN.Viva La Nacion Latnoamericana.Viva el Socialismo.
Enviado el 19/06/2010 a las 06:37
carlos dijo:
Comparto plenamente el objeto de la nota compañeros, no se debe cejar nunca en recomponer el partido obrero única garantía de llevar conciencia revolucionaria a la clase obrera argentina. No estan solos muchos les seguiremos en la lucha por el partido revolucionario.Saludos
Enviado el 02/07/2010 a las 17:41
gomez mariano dijo:
La nota,como dije antes esta muy bien.Sin embargo al leerla con atencion se deslizan,como en el articulo de Ferrero algunas cuestiones que pueden llevar a confusion.La necesidad del partido revolucionario no emerge de la crisis de la partidocracia liberal,democratista,carriotista,solanista,etc.De esto solo podria “emerger” una alternativa electoral.Es decir la construccion de una nueva alternativa revolucionaria no se hace solamente por fuera de los grandes aparatos electorales.En todo caso se hace por fuera del sistema de la democracia colonial,con o sin grandes aparatos.(Ademas quisiera aclarar que el PSIN nunca se propuso como alternativa electoral.Se trataba,en principio de publicitar nuestras ideas,de una oportunidad para ello…)
Enviado el 09/07/2010 a las 03:32
Francisco dijo:
Compañeros es sustancioso el análisis sobre la etapa kirchnerista y la conclusión indudable de la necesidad de una organización de carácter antimperialista, latinoamericana y revolucionaria; ésta es una urgencia que estuvo ausente en la crisis del del 2001, pero el tema es pasar de lo declamativo al trabajo concreto del resurgimiento organizatico del Partido de la Izquierda Nacional que Ramos destruyo. A los bifes, quisiera saber si hay una decisión y si se esta gestando algo en esta dirección, por favor si es así, contactarme.
Enviado el 07/08/2010 a las 10:21
Facundo Arrieta dijo:
Francisco, efectivamente, hay mucho por hacer. Te invitamos a sumarte. Si te interesa participar, escribí a .
Abrazo
Facundo
Enviado el 11/08/2010 a las 18:37
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