• Editorial Periódico 
  • Artículo cargado el 13/08/2009 - 02:47

¿Hacia dónde va el kirchnerismo?

Etiquetas/Temas:

Las señales que emitió el gobierno tras los resultados del pasado 28 de junio indican que el kircherismo no tiene otra aspiración que llegar lo más honorablemente posible al 2011. En todo caso, tratará de mantener la línea política que ha seguido en los últimos seis años, sólo que con mayores concesiones a una oposición regiminosa, encaminada a cerrar el proceso de restauración que se inició tras el reflujo de las movilizaciones de masas en diciembre de 2001.”Lo que ahora empieza es una restauración: la reinstalación de la forma institucional que nos había habitado desde 1983 hasta 2003”, escribió días atrás Mariano Grondona, típico vocero de la más rancia reacción conservadora. Más allá de la falacia que significa ubicar el año de corte en 2003, el pronóstico es indicativo de la naturaleza de los cambios a que aspiran los grandes grupos patronales.

En realidad lo que está en disputa no es el 2011, sino el período que esa oposición llama de “transición”. Y esto no es otra cosa que la política de ajuste destinada a afrontar la crisis que impacta sobre la economía y provoca un creciente desbalance en las cuentas públicas. En definitiva, la lucha entre capitalistas y trabajadores por decidir quién paga los costos de la crisis. ¿Qué otra cosa son sino los marcados aumentos en las tarifas del gas y la electricidad que caen sobre las capas populares, o, en otro orden,  la intención de la dirigencia de la Unión Industrial de fragmentar el salario mínimo por sector? El programa de la reacción patronal, que se ha unificado en los planteos de la Asociación Empresaria Argentina, es característico: reestablecimiento pleno de la relación con el FMI, acuerdo con los bonistas que no entraron en el canje de la deuda, pago al Club de París, dólar más alto y salario real más bajo, respeto sacrosanto por la propiedad privada del gran capital y “seguridad jurídica” para los monopolios mediáticos y, por supuesto, una política exterior lo más cerca de Chile y Brasil y lo más lejos que se pueda de Venezuela.

¿Y el gobierno? Los cambios en el gabinete, e incluso ciertas medidas destinadas a revalidar los compromisos con los grandes grupos exportadores, por ejemplo, la nueva modalidad de entrega de permisos de embarque para los despachos de trigo, o el cambio de la normativa de la adjudicación de la cuota Hilton, disposiciones que ambos casos favorecen la concentración del negocio a favor del capital monopolista, ponen en evidencia que el giro anhelado por quienes aún creen que éste es un gobierno “nacional y popular”, no está en el horizonte del kirchnerismo.

No es con un grupo de funcionarios, atados por múltiples lazos y compromisos al pasado, con lo que se hace las grandes transformaciones. Por el contrario, son los trabajadores, las grandes masas explotadas, quienes deben tomar directamente en sus manos los asuntos fundamentales que deciden la suerte del país. En su iniciativa reside la posibilidad de construir un gran frente de lucha con todas las fuerzas del campo nacional, y retomar la marcha que ponga fin a más de tres décadas de contrarrevolución.

¿Le pareció interesante esta nota? Compartir

Comentarios:

Carlos Carcavallo dijo:

Completamente de acuerdo con lo expresado en el articulo, lo que hay que tener cuidado, en los planteos, sino quedamos como apoyando al enemigo, todavia algo se puede hacer, siempre que reconozcan —los oficialistas— la importancia de los trabajadores y el pueblo. Un abrazo

Enviado el 31/08/2009 a las 13:22

Carlos A. Zelada dijo:

“No es con un grupo de funcionarios, atados por múltiples lazos y compromisos al pasado, con lo que se hace las grandes transformaciones. Por el contrario, son los trabajadores, las grandes masas explotadas, quienes deben tomar directamente en sus manos los asuntos fundamentales que deciden la suerte del país. En su iniciativa reside la posibilidad de construir un gran frente de lucha con todas las fuerzas del campo nacional, y retomar la marcha que ponga fin a más de tres décadas de contrarrevolución.”

Lo que antecede con que cierra el Editorial de IN es cierto. Los dirigentes que se creen iluminados o, lo que es peor, los que creen que el pueblo, la vieja voz con que se disignaba en otros tiempos a las mayorìas, puede ser embaucado como hiciera el despreciable felón Menem enancado en el prestigio del Peronismo, viven ensoñados en una ilusiòn.

Los primeros son disculpables y los resultados, a veces, suelen hacerlos bajar del caballo con que imaginan ser nuevos San Martines. Así pasó genericamente hablando con la izquierda a ultranza, aquella que imagina que construir la realidad es solo la voluntad de hacerlo. La praxis polìtica siempre arranca de lo dado y, cuando su lectura es correcta, visualiza no solo las aspiraciones de las mayorías sino el modo con que esas mayorìas no conseguiràn todo pero si algo. El viejo dicho que lo mejor es enemigo de lo bueno es parte de ese algo que los dirigentes debieran tener en cuenta, cualquiera sea el sentimiento que los anima, respetable como todo sentimiento que no nace porque uno lo desea… sino porque expresa lo que uno es.

Saliendo de las nubes metafìsicas que parecieran envolver el comentario, la praxis política de la Argentina actual, debería partir del reconocimiento de la falta de un discurso comprensivo no solo de la realidad sino de los fines a los que se apunta. No es la Revolución a lo que aspira el pueblo argentino, cualquiera sea el valor que se le asigne y las necesidades teóricas que se aduzcan. Es un mejoramiento cierto de un nivel de vida que, de no conseguírselo, no terminará en la toma del Palacio de Invierno, sino es alguna dictadura apoyada por los centros de poder externos.

El proyecto burgués que se supone es solo el desfiladero de las Termópilas hacia el Paraìso, no es solo un estadìo de la vida polìtica nacional. Es, con todas las relatividades que tiene hacer futurología, lo mejor que pudiera pasarle a nuestro país.

Somos algo menos de 40 millones de personas que no viven decentemente en un paìs que puede albergar el cuàdruple. La Conquista del Oeste, de nuestro interior aun despoblado, es el vector donde debiera apoyarse la dinámica económico-política que hará que un nuevo país sea posible, con una clase dirigente que probablemente internalice el sentimiento nacional desdibujado por las necesisdades que un buen sector de la población padece y que la avidez de las clases medias ignora en su ciega búsqueda de ascenso social.

Enviado el 14/09/2009 a las 11:46

COMENTAR ESTE ARTÍCULO





Recordar mi información personal

Por favor ingrese la palabra que se ve en la imagen de abajo:



¿Notificarme de comentarios nuevos?

*  Campos obligatorios

ENVIAR ESTA NOTA POR E-MAIL A UN AMIGO





SUSCRIBIRSE A NUESTRA LISTA DE CORREO

¡Unirse a nuestra lista de correo!

  • image
  • A 70 años del asesinato de León Trotsky
 
El contenido de esta página es de libre circulación mencionando la fuente • Izquierda Nacional, publicación del grupo Socialismo Latinoamericano, se realiza sin aportes de particulares, es un esfuerzo militante.