- Politica Nacional
- Artículo cargado el 07/09/2011 - 23:07
¿Gestionar o gobernar?
Guillermo HamlinSocialismo Latinoamericano
El sustantivo “gestión” y el verbo “gestionar” son repetidos frecuentemente en los discursos de los miembros de la “partidocracia”. Tanto los pertenecientes al oficialismo como los que militan en la así llamada “oposición”. Parece haber un reemplazo de significados, tendiendo a usar dichos vocablos en lugar de “gobierno” y “gobernar”.Las palabras “gestión” y gestionar” nos remiten a la administración que un gerente hace en una empresa, antes que al gobernante de un país. Este desplazamiento de la utilización de dichos vocablos tiene que ver, a mi juicio, con los límites que los miembros del oficialismo y los que aspiran a sucederlo, aceptan en su desempeño como gobernantes.
Estos límites son claros en una empresa. Al gerente contratado para su administración o “gestión”, ni se le ocurre meterse con la estrategia de la empresa y sus más importantes decisiones, que las toma el dueño o el directorio que representa a los accionistas. Los gobernantes de nuestro país y los que aspiran a su reemplazo, lo que denominamos la “partidocracia”, también tienen bien claro cuáles son sus límites: administrar o “gestionar” la estructura socioeconómica instalada por el autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”, sin salirse de sus precisos contornos. Ni se les ocurre cambiar dichas estructuras.
El nefasto golpe cívico-militar, de inspiración oligárquico-imperialista, contrarrevolucionario, desmanteló los avances logrados por la Revolución Nacional conducida por el Gral. Perón entre 1946 y 1955 y que de alguna manera y en cierta medida, habían perdurado hasta 1976. Reubica a la Argentina en la división internacional del trabajo, reduciéndola a un perfil de economía primarizada.
El entramado legal que enmarca todo este cambio estructural, comienza con la legislación financiera de 1977 y la de inversiones extranjeras de 1980, ambas establecidas durante el gobierno de facto de Martínez de Hoz-Videla. Ambas leyes siguen hoy vigentes manteniendo la “seguridad jurídica”, para beneplácito de las corporaciones transnacionales. El ilegítimo y fraudulento endeudamiento externo contraído en ese período, es reconocido como legítimo durante el gobierno de Raúl Alfonsín. Los gobiernos sucesivos siguen incrementando el endeudamiento y pagando sus servicios. En 1989 y 1990 durante el gobierno de Domingo Cavallo-Menem, se firman los Tratados de Paz con Gran Bretaña, declinando soberanía en todos los renglones, dando seguridades a las inversiones británicas y prioridad ante otras naciones. Tratados Bilaterales de Inversión similares se firmaron con el resto de las naciones de la Commonwealth y de la Unión Europea, Estados Unidos y Japón. Estos tratados hoy siguen vigentes y en condiciones de ser denunciados. Durante el gobierno de Cavallo-Menem se entregaron a precio vil las Empresas Estratégicas del Estado. Esto no fue revertido por gobiernos posteriores. Desde principios de 1990 se comienza a implementar una nueva política minera, que introduce cambios sustanciales en la legislación, que permiten la depredación de nuestros recursos mineros y contaminación del medio ambiente, que hoy está a la orden del día. En 1994, la reforma constitucional realizada por la “partidocracia”, cuyo contenido transfiere a los estados provinciales la propiedad de los recursos del subsuelo, ha fomentado los intereses de burocracias provinciales corruptas, ha facilitado la entrega al extranjero de recursos para su explotación y que importantes ganancias sean remitidas al exterior, ha tergiversado el concepto de federalismo y ha dejado a la nación sin planificación estratégica.
Si bien el kirchnerismo forma parte de la “partidocracia”, se diferencia del arco de la así llamada “oposición”, a la que ha derrotado en las elecciones primarias en forma categórica. Ciertos avances en el papel del Estado como regulador de determinadas áreas de la economía, innegables mejoras en distintos rubros, que mejoran la situación social de las clases de menores recursos, la convocatoria a los jóvenes hecha por Cristina F. de Kirchner en tono épico a “profundizar el modelo” le ha permitido contar con un respaldo electoral decisivo. Los trabajadores y las masas populares saben que del arco opositor no pueden esperar nada. Este haber será aprovechado por el kirchnerismo y Cristina F. de Kirchner tendrá cuatro años más para seguir, según su discurso, profundizando el “modelo”. Es posible, que las bases que aprueban lo hecho hasta ahora, presionen para que profundizar el modelo, signifique romper con las estructuras que mantienen a la Argentina en dependencia semicolonial.
En la medida en que la crisis del capitalismo golpee a la economía argentina, se incrementarán las tensiones sociales, lo cual a su vez aumentará la divergencia entre el discurso “épico” y los hechos reales. En ese momento, los jóvenes convencidos por el relato “épico” y los trabajadores, sobre quienes el golpe de la crisis se descargará con mayor fuerza, reclamarán, presionarán, para que el “relato épico” se transforme en una real epopeya de liberación nacional. En esas circunstancias, Cristina Fernández de Kirchner se enfrentará a la cavilación hamleteana de ¿ser o no ser? ¿Gestionar o Gobernar?
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